Van dos meses de un largo viaje de mochilero y en el cuerpo se empieza a sentir el cansancio. Empecé la travesía en la fría Finlandia y ya están llegando las últimas etapas de un recorrido que ya me resulta cuesta arriba. Estoy en Bulgaria, mas precisamente en Sofía. Son las diez de la noche y salgo del hostal con mi enorme mochila. Voy por las calles de una ciudad que no conozco mucho en dirección a la estación de autobuses. En mi mano tengo un pasaje hacia Skopje que solo me salió un par de euros. La estación está completamente desierta, no hay un alma y ni siquiera un autobús a la distancia. Pasan los minutos y sigo dando vueltas sin saber que está pasando. ¿Me habré equivocado de horario? Sera en otra parte? Sera una estafa? Y más importante…en el hipotético caso de que no salga este autobús…donde voy a pasar la noche?
Mi ansiedad empieza a crecer cada vez más y estoy a punto de volver al hostel cuando veo que en el parking aparecen de a poco algunas personas. Nadie se habla, pero se acercan a donde estoy y van dejando sus cosas. De pronto de un momento para otro aparece a toda velocidad una pequeña van y se estaciona en frente mío. El señor se baja y grita SKOOOOOPIIEEE como si se le fuera la vida con ello. Acto seguido todos salimos corriendo en su dirección agitando nuestros tickets. La razón es sencilla…la van no parece muy grande y somos muchos. ¿Habrán revendido pasajes? Milagrosamente soy uno de los primeros en subir y me ubico en uno de los últimos asientos. Al lado mío se sientan dos abuelitas con sendas canastas llenas de comida. Se ponen a charlar mientras el resto de la gente sigue subiendo. De vez en cuando en búlgaro, macedonio, serbio o algún otro idioma me ofrecen frutas y sándwiches. Pero las señoras están incomodas y se pasan más adelante. Es ahí que entran a escena una parejita joven con un monociclo y dos valijas gigantes. Milagrosamente logran sentarse y disponer de todas sus cosas en el mínimo espacio que le quedan.
Luego de jugar al tetris con los pasajeros durante un largo rato el conductor logra por fin acomodarnos a todos y estamos listos para partir. Ya estoy listo para dormir toda la noche y descansar un poco antes de llegar a mi destino, pero en el momento exacto de arrancar aparecen tres hombres que comienzan a golpear las puertas de la van. Son tres turistas malayos que han llegado tarde. Los pasajeros y el conductor quieren seguir, pero los malayos no se rinden y luego de algunos minutos logran frenar la van. Se abre la puerta y se quedan contemplando el interior, pero hay un problema. No hay lugar para todos, lo que lleva a la ronda de discusiones entre malayos y conductor por la falta de espacio, pasajeros con conductor para que arranque y deje a los malayos por llegar tarde y entre pasajeros vaya a saber porque (al no hablar en inglés no entendí nada) El resultado es que dos malayos se sientan en el mismo asiento y el tercero va en el piso. Todo muy seguro jaajaja
La camioneta arranca por fin en dirección a Skopie. En teoría el viaje debe durar solo unas horas ya que la distancia es de 230 km pero me ilusiono con una larga noche de sueño después de unos días agitados. La pareja del monociclo les llama la atención mi cara poco balcánica y de inmediato nos ponemos a hablar sobre qué hago haciendo turismo en la zona. Ellos van a un festival de circo y arte callejero en Skopje que se viene haciendo hace unos años. Intentamos seguir una conversación, pero nos quedamos dormidos.
Al cabo de algunos minutos pasamos por la frontera y eso significa dejar nuestros pasaportes al policía búlgaro. El trámite es rápido y esperamos que sea igual del lado macedonio. Volvemos a dejar nuestros pasaportes, pero todo se demora. Seguimos esperando en la oscuridad de la van algunos minutos hasta que aparecen los policías macedonios. Entregan todos los pasaportes búlgaros y macedonios y luego el mío ¿Quiénes faltan? Obviamente los malayos que son obligados a bajar de la van y requisados. Les hacen preguntas y revisan una y otra vez sus papeles. No les convence mucho la idea de turismo en esta parte del mundo y siguen interrogándolos. Pasado un tiempo logran convencer a las autoridades y con sus pasaportes vuelven otra vez a la camioneta. Al cabo de algunos minutos todos volvemos a caer dormidos hasta la llegada a Skopje.
Es de madrugada y como zombis salimos de la van como podemos. Nuestras valijas, canastas, monociclos, viandas y otras cosas van saliendo como pueden de la mini van y cada uno comienza con su camino. Estoy desorientado y no se bien dónde estoy. Estoy en ese momento extraño después de dar mis primeros pasos en un país que no conozco ¿Hacia donde salgo? ¿Dónde estoy? ¿Qué hago acá?
Llego en medio de la madrugada así que espero un poco hasta que comience a amanecer y pueda ubicar mejor. Por suerte el hostel queda cerca y en unos minutos logro encontrarlo. Pero la idea es volver a la estación de autobuses para intentar llegar a Tetovo el hogar de los albaneses en Macedonia del Norte.