Día 2 – El Cotillo | Tindaya | Betancuria
Como solía ser bastante habitual en las islas, amaneció algo nublado, pero pasadas unas horas se fue despejando poco a poco. Este día lo dedicaríamos casi enteramente a visitar varias de la playas de la costa occidental de la isla, además no íbamos con intención de bañarnos, la idea era de hacer una ruta meramente paisajística.
Playa del Bajo de la Burra
La Iniciamos con una de las playas más instagrameadas de Fuerteventura, conocida como “la playa de las palomitas”, o mejor dicho La Playa del Bajo de la Burra, para llegar desde Corralejo lo hicimos por la pista de tierra que discurre bordeando la costa en dirección a El Cotillo, es una pista llana y sin dificultad alguna, en poco más de diez minutos nos plantamos en la playa.

El efecto al pisar la playa es sorprendente, realmente parece que este repleta de palomitas de maíz recién hechas, pero en realidad es coral blanco, más exactamente son unas algas calcáreas conocidas técnicamente como rodolitos, lo mejor que podemos hacer pasada la primera impresión, es sentarnos plácidamente a contemplar el paisaje.

Siguiendo la pista de tierra pasamos por el tranquilo pueblo pesquero de Majanicho, con poco más de 100 habitantes, está situado en una apacible bahía con una playa de arena blanca y algunos rodolitos también sobre ella.


Faro del Tostón
Al llegar al Cotillo, nos dirigimos hacia el Faro de Tostón, que está a unos 5 kilómetros, donde por suerte el cielo se fue abriendo, asomando el sol por algunos claros. En la zona del faro el paisaje se entremezcla la oscura roca volcánica con pequeñas dunas de arena blanca, como podéis ver en la fotos, cuando el sol incide en la arena crea un gran contraste, es un lugar ideal para ver la puesta de sol.

Cuando nos volvimos aponer en marcha , al arrancar el coche, vi que se encendía una luz de aviso de avería del motor en naranja, así que llamé a atención al cliente de Cicar, esta vez si que respondieron, y me dijeron que me dirigiera a las oficinas de Corralejo , en el puerto, un fastidio pues era media hora de ida y otro tanto de vuelta, pero mejor prevenir.

Una vez en las oficinas de Cicar en el puerto, la verdad es que nos dieron largas, nos empezaron diciendo de que si podía ser solo los gases, al insistir en una sustitución me dijeron de que no tenían ningún coche similar para dejarnos, además añadieron de que Cicar Fuerteventura y Cicar Lanzarote son empresas de propietarios diferentes aunque lleven el mismo nombre, total, que nos fuimos otra vez con el mismo coche y habiendo perdido más de una hora.
El Cotillo y sus playas
Regresamos a la zona de El Cotillo para proseguir con nuestra ruta playera deteniéndonos por el camino en la playa los Charcos y la playa La Concha, son playas cercanas a la población, bastante amplias de dorada arena fina.


Una vez en el pueblo, aparcamos cerca de la playa de El Cotillo, para acercamos al Castillo de el Cotillo o Torre del Tostón que fue construida en el año 1700 para defender el puerto de las incursiones piratas. desde la torre es de donde sale la pista de tierra que nos llevará a las siguientes playas.


La primera que nos encontramos es la Playa del Aljibe de la Cueva, tiene una longitud de un kilometro y medio por treinta metros de anchura, cuando estuvimos nosotros había muy poca gente, es de arena fina dorada.


Una par de kilómetros más adelante nos encontramos con La Playa del Águila, esta situada bajo un acantilado, para llegar a ella hay que descender por una larga escalera que te lleva a la arena, habíamos leído que estaba en bastante mal estado, pero actualmente (Junio – 2021) está reparada y se puede bajar perfectamente desde la zona de aparcamiento, si bien es desde arriba de donde se obtienen la mejores vistas de toda la playa.


En poco más de un kilometro llegamos a la última de las playas de el Cotillo, La Playa de Esquinzo, está situada entre dos acantilados, al llegar vimos que estaba repleta de surfistas, por lo que hemos leído es la más recomendada para la práctica de este deporte, al igual que las anteriores, el entorno es precioso con los contrastes del agua turquesa, la arena dorada y el acantilado volcánico.


Tindaya y sus playas
Había llegado la hora del almuerzo, justo cuando estábamos cerca de la población de Tindaya , no es que hayan muchas opciones para comer en la población, nosotros elegimos el Restaurante Los Podomorfos, un restaurante que nos sorprendió con una comida de excelente calidad y sabrosa. Os recomiendo, principalmente sus deliciosas hamburguesas de ternera, ya se que no es una comida típica, pero nos apeteció en aquel momento.


Continuamos con nuestra ruta paisajística playera, al salir de Tindaya cogimos la pista de tierra que nos llevaría a las siguientes playas, habíamos leído que las pistas de tierra estaban en mal estado, pero me imagino que durante la pandemia han reparado la mayoría de ellas, pues nosotros nos encontramos que estaban bastante bien para poder circular con cualquier coche. La primera que nos encontramos pasados unos 5 kilómetros, es la Playa de Tebeto, una pequeña playa solitaria de arena más oscura que las anteriores, situada entre rocas, pero con un gran encanto.

Tras dos kilómetros más de pista de tierra llegamos a la Playa de La Mujer, es una pequeña playa muy tranquila, casi se podría considerar una cala, de arena dorada, en marea baja se crean pequeñas charcas para bañarse evitando el oleaje.

Muy cerca de la playa de la Mujer, en poco más de 500 metros, nos encontramos con la Playa de Jarubio, la última a visitar de esta zona, es de arena fina de color marrón claro con unas rocas que sobresalen sobre la arena, ideales para tener un poco de sombra, en toda la playa tan solo nos encontramos con otra pareja, supongo que al estar un poco alejadas y el acceso por pistas de tierra no tienen tanta afluencia.

Aguas Verdes
Regresamos a Tindaya para dirigirnos por carretera, hacia Aguas Verdes, en este lugar hay una pequeña playa que no tiene mucho interés, pero lo mejor es su tesoro oculto, se trata de sus piscinas naturales o charcos, formados por la lava, similares a los que nos encontramos en el Hierro.

Una vez aparcamos el coche hay que ir hacia el lado derecho de la playa, superando una zona de rocas, al principio no se ven por lo que desalentó a mi pareja, pero una vez superadas la primera rocas allí están, una bellas piscinas de aguas cristalinas esperándonos, lástima que no íbamos con idea de bañarnos, pero me quedé con las ganas de darme un baño en ellas.
Betancuria
Salimos hacia el parque Rural de Betancuria siguiendo la revirada carretera que nos llevaría a los Miradores de el Morro Velosa, diseñado por Cesar Manrique, desde este mirador nos ofreció unas vistas espectaculares de una Fuerteventura distinta, formada por un paisaje agreste de colinas redondeadas de múltiples colores ocres.


Siguiendo la carretera FTV-30, nos encontramos con el Mirador de Guise y Ayose, uno de los más recientes, desde donde pudimos admirar el Valle de Betancuria, en él hay unas estatuas de bronce que representan a los Antiguos Reyes de Fuerteventura antes de la conquista de 1.402, Guise y Ayose, que gobernaban los dos reinos el de Jandía y Maxorata, donde hay el mirador estaba el muro defensivo que dividía los dos reinos.

Al llegar a la población de Betancuria me sorprendió pues es bastante pequeña, me había hecho la idea que sería mucho más grande al haber sido la capital de la Fuerteventura entre los años 1405 hasta 1834.

Hicimos un recorrido por su cuidado casco histórico, Betancuria al estar situada en mitad de un oasis disfruta de bastantes palmerales y zonas ajardinadas que hacen mucho más agradable el paseo, el inconveniente que tuvimos nosotros fue que eran más de las 6 de la tarde y nos encontramos con todo cerrado, pero nos conformamos con poder ver los exteriores de los edificios, no pudimos visitar la Parroquia de Santa María de Betancuria, ni el Museo Arqueológico de Betancuria.


Aquí dimos por concluidas la visitas de día, regresamos hacia Corralejo, pasando otra vez por el embriagador parque Natural de la Dunas de Corralejo, donde nos detuvimos en un par de sus playas para observar a los surfistas evolucionar sobre las olas. Una vez en Corralejo, cenamos en el apartamento y a descansar que lo teníamos merecido.
