Como cada mañana el despertador suena temprano, ya tenemos comprobado que por estos lares no les gusta demasiado eso de madrugar, lo que nos permite esquivar algo los atascos y alguna cola en los monumento, nos vamos hacia Harman, el pueblo es pequeño sin otro atractivo que no se la iglesia fortificada, pero esta si merece una visita tranquila.
Con la entrada nos facilitaron un folleto en español muy detallado sobre el monumento, había muy poca gente, lo que hizo la visita mas atractiva, mención especial merecen las pinturas de la torre de la capilla, realmente bonitas, entramos, salimos, hicimos fotos y disfrutamos de Harman un montón.





La siguiente parada fue Prejmer, la iglesia es más grande tiene cuatro alturas frente a las dos de Harman, y realmente impresionante, pero nos gustó un poco menos,
puede ser porque aquella fuera la primera, pero ambas son paradas imprescindibles.



Regresamos Brasov para ver la iglesia negra, las entradas se compran en la tienda que hay justo enfrente, no había visitas guiadas.



A la salida un café y algo dulce en La Vatra, que dicen es la pastelería más antigua de la ciudad, con el animo repuesto seguimos paseando por la ciudad, la sinagoga solo la pudimos ver por el exterior, ya que estaba cerrada por razones del Covid; llegamos hasta el callejón de la cuerda, decepción total, un callejón estrecho, anodino sin ningún atractivo, lleno de pintadas cutres, no merece la pena un minuto de tu tiempo.

Seguimos hasta la zona donde sale el teleférico , y luego bajamos hacia el centro de nuevo, se hacía la hora de cenar y nos llamó la atención el restaurante Mediterranea, junto al teatro de marionetas, los platos de pescado que vimos tenían muy buena pinta y nos apetecía cambiar de comida, fue todo un acierto, personal agradable y comida rica.


Volvemos al hotel, toca hacer maletas que mañana cambiamos de ciudad