Al día siguiente el autobús nos llevó hasta Dzibilchaltun, una zona arqueológica maya al este de Yucatán. Seguramente su edificación más famosa será “El templo de las 7 muñecas”, llamado así porque los arqueólogos encontraron en él 7 pequeñas figuras. A este templo sí que se podía subir y así lo hicimos.
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Tras observar el resto de ruinas caminamos hasta el cenote Xlacah. Los cenotes vienen a ser cavernas inundadas, cuyo techo se ha derrumbado, dando lugar así a una especie de pozo o lagunas, en ocasiones, muy profundas. El guía ya nos advirtió la víspera de que llevásemos traje de baño los que quisiésemos darnos un chapuzón en el cenote, y así lo hicimos. Un bañito en las fresquitas aguas del cenote que nos vino de cine, bajo el sol del Caribe (ya casi ni nos acordábamos de la amenaza de Dolly!).
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Tras bañarnos en el cenote y disfrutar con la belleza del paraje, el bus puso rumbo hacia la ría de Celestún, reserva de la biosfera, donde nos esperaban varias lanchas que nos iban a conducir a toda velocidad a través de las aguas de la ria hasta los flamencos.
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Desgraciadamente julio-agosto no es la mejor época para ver flamencos y aunque vimos algún grupito, parece ser que en otras épocas del año se puede ver el espectáculo rosa de miles y miles de flamencos juntos. Además de los flamencos tuvimos ocasión de observar otras aves exóticas y tras esto, las barcas se internaron en el manglar.
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El manglar es una zona con una vegetación muy poblada, con árboles que crecen directamente en el agua.
Y llegó la hora de la comida. Jesús nos llevó hasta el restaurante “La Palapa”, en la playa del pueblo de Celestún. Se trata de un restaurante especialista en pescados y mariscos. Nosotros nos decantamos por la langosta y, siguiendo las consejos de Jesús, pedimos al camarero que nos retrasara un poquito la presentación de la langosta y así aprovechar para previamente darnos un bañito en la caribeña playa. ¡Nuestro primer contacto con el Caribe en este viaje! El restaurante está preparado para el asunto y cuenta con una zona de duchas donde quitarte el salitre después del baño.
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Y tras el baño y la ducha, entramos al comedor donde pocos minutos después llegó la langosta y el resto de la comida. Y después de comer, rumbo a Mérida. Llegamos pronto en comparación a otros días y nos dio más tiempo a pasear por la ciudad con luz aún diurna. Aprovechamos para sacar bastantes fotos y hacer compras (sombreros de mariachi, tequila…. nada original como podeis ver).
Y a la hora convenida, nos presentamos en la Plaza Grande. Ah…. Se me había olvidado comentaros!! Este día teníamos un paseo en calesa por las calles de Mérida, paseo incluido en el precio del circuito.
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La calesa nos llevó hasta el Paseo de Montejo. Allí pudimos ver la ubicación del que según el folleto iba a haber sido nuestro hotel, El Conquistador, muchísimo más alejado del centro del que nos tocó en suerte.
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Tras el rápido paseo en calesa fuimos caminando hasta la zona donde se ubican el Parque Hidalgo y el Parque de la Madre. Por allí había varios puestos callejeros de artesanía y bisutería y pus, bares y restaurantes con terrazas, alguno con música en directo. Buena pinta. Tuvimos un rifi rafe con un camarero que además del importe de nuestras bebidas nos traía ya incluido el importe de la propina que él estimó procedente. A pesar de que le dijimos que le daríamos la propina si lo considerábamos conveniente en base al servicio y al trato y que de momento no nos cobrase “su propina” el individuo nos la cobró. Nos debió de ver cara de tontos. Le llamamos y le obligamos a devolvernos la propina obligada. Por supuesto, al marcharnos, no le dejamos ni un céntimo y la cosa casi pasa a mayores….. en fin, una nota discordante en el desarrollo general del viaje. Bueno, dimos un último paseo por la Plaza Grande, como siempre un hervidero de gente y tenderetes y nos fuimos a la cama.
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