El cuarto día nos levantamos temprano para recorrer un tramo del Buckskin Gulch canyon.
Se trata del cañón más largo del mundo, con unos 38 km de longitud. También se considera el cañón más peligroso de los EEUU, dado el riesgo de inundaciones. Hay que recordar que una vez estás metido dentro del cañón, solo puedes salir por uno de los dos extremos, que pueden estar ya a varias horas.
Es necesario solicitar un permiso, que obtuvimos días antes por internet. También pedimos permiso para ir a "the Wave", que está a muy poca distancia, pero se otorgan poquísimos permisos al día y no tuvimos suerte.
Cuando llegamos al parking habría media docena de coches, que probablemente estaban visitando the Wave.
Había por ahí un ranger controlando lo poco que había por controlar, y le preguntamos cuál era la previsión del tiempo y si había algún riesgo por meterse en el cañón.
"Nice day, no problems, man"
Realmente hacía un sol del carajo, pero en estas fechas, lo normal es que por la tarde se organice la de dios.
Vamos hacia el cañón, y a la media hora recorriendo el barranco empieza el cañón propiamente dicho.
A los pocos metros hay un tronco atravesado que tenemos que sortear. Una decena de metros más adelante, hay una piedra infranqueable. Volvemos hacia atrás y vemos que se puede evitar dando un rodeo por fuera y descendiendo por unas rocas grimpando. Nos volvemos a meter en el cañon, y un centenar de metros más adelante, encontramos otra piedra y que tras ella hay un desnivel de unos tres metros. Parece que antes había una escalera de madera, pero hace pocos días hubo una inundación y había desaparecido.
Podíamos descender haciendo escalada de chimenea, pero sin asegurarnos con cuerdas era bastante peligroso, sobre todo porque el regreso podía ser bastante jodido y la podíamos liar parda. Además, tampoco sabemos si el cañón será transitable o estará todo igual.
Total, que decidimos dar media vuelta, y pasear un poco por encima del cañón. El paisaje es igualmente espectacular:
Cuando nos fuimos nos cruzamos con un grupo que se metía en el cañón.
Media hora después, cuando ya estábamos en el coche, se desató una tormenta del carajo, con rayos y truenos y lluvia a lo bestia.
Mientras tanto, la radio del coche y todos nuestros móviles recibían avisos del servicio de Alertas por Inundaciones, alertando de "flash floods" y que nos alejásemos de cauces de los ríos y de zonas inundables.
No sé qué hizo el otro grupo, pero espero que estén vivos.
El siguiente destino es Page. Ahí cerca está la conocidísima Horseshoe Bend del Glen Canyon, o "herradura del Colorado", donde el río del mismo nombre decidió dar un giro de 180 grados para regalarnos una vista espléndida, con acantilados a más de 300 metros en vertical sobre el río. Un lugar ideal para matarse con unas vistas del copón bendito. Llegamos por la tarde y vimos la puesta del sol, aunque no creo que sea la mejor luz para apreciarlo.
Por la noche fuimos a cenar a un restaurante muy animado -el Gone West Family Restaurant- con música country en directo.
Quizá fuese algo guiri, pero nos dejamos llevar por el ambiente y salimos al escenario a cantar "Country roads", de John Denver.
Un buen final para un gran día.
Gracias por compartirlo!