Como cada mañana, nos levantamos temprano para aprovechar la luz del día.
Este día tenemos reserva a las 12 en el Antelope Canyon. Elegimos esta hora porque es cuando el sol entra hasta el fondo del cañon, bañando las paredes de luz y mostrando los mejores colores.
Antes de ello, decidimos echar un vistazo al Lago Powell.

En realidad es una presa sobre el río Colorado, que originó un lago de más de 400 kilómetros de largo.
A lo largo del inmenso lago, hay un montón de puertos, embarcaderos, playas, y urbanizaciones. Por la carretera ves a un montón de coches transportando todo tipo de barcos, ya que ese enorme lago ofrece muchos alicientes para navegar durante varios días, con paisajes muy diversos.
A las 11.4 hacemos el check-in para el Antelope Canyon. Este lugar está en territorio navajo, y administrado por navajos. Nuestro guía se llama Sony, y es un tipo la mar de majo. Nos llevan en grupos de 10 en un remolque hasta el inicio del cañón.
Todos hemos visto fotos del Antelope Canyon en algun fondo de pantalla de Windows, y siempre me he preguntado si aquellos colores eran reales o eran editados. Doy fe que los colores son igual de mágicos y espectaculares. Sony, que conocía el cañón como la palma de su mano, nos iba diciendo los mejores planos para echar fotos.
Aquí no pararía de colgar fotos
El día anterior hubo una riada y marcaba un nivel de 2 metros sobre el suelo. Realmente, si te pilla dentro, date por jodido.
El cañon es muy corto y el paseo apenas dura media hora, pero vale mucho la pena. No tiene el saborcillo de aventura de otros cañones, pero la luz y el lugar es increíble.
Comimos en un restaurante mexicano en Page, muy bien ambientado. En la mesa del lado había unos navajos con los que entablamos conversación. En un momento dado, uno de ellos -que iba algo pasado de alcohol- nos propuso enseñarnos lugares secretos de los navajos, aunque una compañera suya desvió el tema.
Al cabo del rato, y tras hablar entre ellos decidieron llevarnos a ver alguno de esos lugares, aunque el navajo que hacía de chofer reconoció que iba demasiado bolinga para conducir. Una lástima.
Después de comer, cogemos el coche y enfilamos hacia uno de los platos fuertes del viaje: ...el Grand Canyon!
Llegamos por la tarde, y agradecimos el cambio de temperatura y paisaje. Tras varios días de calor sofocante y ver matorrales, llegamos a un denso bosque de pinos y una temperatura que rondaba los 20 grados. Enseguida vimos en la cuneta a un ciervo macho con una cornamenta enorme, que se dejaba fotografiar por los turistas.
Lo primero que hacemos es tomar posesión del camping y montar las tiendas. Queremos ver el Sunset sobre el Gran Canyon, y cuando volvamos ya será de noche.
Vamos al Mather Point y disfrutamos durante media hora larga del espectáculo de la puesta de sol sobre el Gran Cañón. Algo impresionante que te pone la piel de gallina. Sobran los adjetivos para describir la inmensidad de ese espacio.
Creo que todo el mundo debería poder ver el Grand Canyon, al menos una vez en su vida.
Gracias por compartirlo! 


