Hoy, nos han dicho que nos invitan a casa de Seinab, y que pasarán a buscarnos al mediodía. También nos han dicho que Lauttasaari tiene playa, así que vamos a probarla.
Tomamos el café en la terraza, cogemos el bañador, y caminamos hacia el oeste hasta llegar a la playa Kasinonranta.


Vaya que si tiene playa. Hay una parte bastante grande de arena, un chiringuito, y detrás, un parque con césped y algunos árboles. Además, está bastante animada. Hay gente bañándose, tomando el sol, haciendo un picnic en el césped, leyendo, paseando... Ponemos nuestras toallas entre angunos finlandeses, que parecen estar concentrados para intentar absorber los rayos del sol. Metemos los pies en el agua y nos llevamos un susto. El Báltico está frío de verdad, pero da igual. Hace sol, calor, y hemos llegado con la idea de bañarnos, así que lo hacemos. Creo que nuestros gritos, teniendo en cuenta el silencio finlandés, se escuchan desde la otra parte de la playa, hasta que nos acostumbramos a la tempratura del agua. Pasamos un rato en el agua y salimos para secarnos, y pensamos que, por primera vez, es posible que seamos los más morenos que hay en la playa. El baño ha estado bien así que volveremos si encontramos otro momento.
Mientras damos un paseo muy agradable por el parque, nos llama Valtteri para decirnos que ya está libre.
Quedamos con él en el apartamento y nos dice que hay otros lugares interesantes en Lauttasaari. Nos lleva al norte de la isla, a una pequeña colina en la que se conserva uno de los cañones que se usaron durante la Guerra de Crimea (la de antes, de 1854 al 55), cuando Finlandia pertenecía al Imperio Ruso. El lugar se llama Myllykallion bunkkerit, y creo que, si se tiene tiempo, merece la pena visitarlo por ser un pedazo viviente de la historia de Helsinki.

Vamos en coche hasta Seurasaari, que está en una isla a la que se accede desde un puente, y que tiene un museo al aire libre que consiste en un conjunto de casas de oficios tradicionales que están ambientadas como en antaño, todo dentro del bosque. Es una muestra de la vida rural finlandesa hasta el siglo XX.
Planificando nuestro viaje, vimos que Estocolmo tiene algo parecido, el parque Skansen. Decidimos visitar el de Helsinki en lugar del otro por varias razones: porque no tiene zoo (creo que no hay necesidad de enjaular animales autóctonos si ya no están por allí, solo para mostrarnos una realidad que se resuelve con una proyección, un cartel o algunas fotos antiguas), y porque se puede pasear de manera gratuita por el recinto, siempre y cuando no se visite el interior de las casas. Escogemos el paseo gratis.

Cruzamos el puente y nos encontramos con el Helsinki más tradicional. Hay granjas, casas de madera, algunos cobertizos, y un molino, todo a tamaño natural. También vemos una hoguera gigante preparada para celebrar el Midsummer del año próximo (nuestro Sant Joan). A las que no encontramos es a las famosas ardillas rojas de las que se dice que son muy descaradas. Es una pena. Paseando por allí, sí que vemos a una mamá cisne con unos cuantos patitos que deben tener pocas semanas. Esto arregla un poco lo de las ardillas. También hay unos cuantos patos de raza agresiva, de esos que son blanco y negro. Fijándome bien, tienen más aspecto de ocas que de patos.

El paisaje de la isla es muy bonito y además hace muy buen día. Damos un paseo largo por el bosque y salimos en dirección al parque Sibelius.

Otra vez, el parque es una maravilla natural. Hay árboles de diferentes especies, mucho césped y está junto al mar. Casi todas las cosas que hemos visitado en Helsinki se organizan alrededor de la naturaleza. En cuanto se sale un poco del centro, todo es mar y bosque, y estamos hablando de la distancia de 3 paradas de metro.
En el parque, nos dirigimos hacia el Sibelius-monumentti (este nombre es fácil). Es más pequeño de lo que lo imaginaba, pero tiene su gracia. Valtteri me explica que la mejor perspectiva se obtiene fotografiándolo desde abajo. Aquí, la prueba:

Son las 15:00, y Valtteri nos pregunta si tenemos hambre. Le contestamos que sí (porque todavía no hemos comido) y nos dice que ya podemos ir a casa de Seinab, que vive en Espoo.
Vamos en su coche y tardamos muy poco en llegar. Lo que se ve desde el coche es una arquitectura totalmente funcional que emerge de entre los árboles, que abarcan hasta donde alcanza la vista.
Llegamos al apartamento y otra vez nos encontramos con ese diseño nórdico omnipresente: blanco, negro, madera, plantas, luz natural... Para nosotros, el interiorismo nórdico es una moda, pero allí lo tienen integradísimo como un básico.
Nos sentamos a comer un estofado buenísimo (han hecho una versión vegetal y otra con carne), una ensalada, y una pasta oscura, viscosa y extraña, que se llama mämmi. Se vende dentro de una bolsa y se compra congelada. No sabemos muy bien lo que es, ni si es un postre o si es pan. Nos explican que la base es de harina de centeno y que se suele acompañar con algo dulce o con leche. Parece una de esas cosas que, o te gustan mucho, o las odias. Nos gusta mucho. Tiene un sabor algo dulce y el paladar se nos va acostumbrando poco a poco a él. Esta pasta podría ser un desayuno todo el uno porque sabe a dulce y lleva salado.
Son las 16:30 y no sabemos si lo que acabamos de hacer es comer o cenar.
Pasamos un rato en su apartamento y nos llevan a un centro comercial de Espoo para tomar algo. A nosotros no nos gusta mucho el ambiente que suele haber en los centros comerciales, pero en Finlandia, como tienen inviernos tan largos, es muy común que todo el mundo haga vida en ellos en algún momento de la estación, así que el ambiente y los comercios de allí se parecen más a los podría haber en cualquier calle. Vamos a una cafetería y pido un cannolo. De cannolo tiene solo la forma, pero había que probar...
Nos dicen que esta noche nos quieren llevar a un local de salsa. Parece ser que a los finlandeses les encanta bailar salsa, y además, hay locales por todas partes. Nos parece una idea divertida así que les decimos que vale.
Antes, vamos a ver el apartamento nuevo de Valtteri, que está dentro de la zona B de transportes, y cogemos el bus hacia el centro de Helsinki, para el que también nos sirve nuestro abono de dos días. El sol se acaba de poner, y Valtteri nos lleva corriendo hacia la catedral de Helsinki, porque dice que a esta hora, fotográficamente, es cuando mejor luce. Vemos que el centro de la ciudad está en calma, aunque todavía no se ha hecho de noche.


Después, vamos al Apollo Terrace Bar, cerca de la estación central. Es un bar enorme con varios ambientes, situado en uno de los centros comerciales del centro, con una terraza interior rodeada de edificios. Los miércoles se convierte en la “Terraza latina”, y suena salsa y alguna cosa más. Una vez más, les invitamos a la bebida, algo más cara aquí. Está sonando salsa y el local está lleno de finlandeses bailando sorprendentemente bien y tomándoselo muy en serio. Es muy común que les guste bailar salsa, pero choca por lo antagónico de su carácter con respecto a la música que suena. El ambiente es divertido y muy respetuoso, y nos quedamos un rato allí.
Cuando salimos, vamos caminando a la estación central, porque hay una parada de hot dogs que nos han dicho que tenemos que probar. Hacemos la cola y conseguimos el nuestro. Muy bueno y muy completo por 2 o 3€. Vemos que el ambiente en la estación central a estas horas de la noche no es de lo más recomendable. Hay algunos borrachos pero no parece que tengan intención de interactuar con la gente. He visto estaciones con peor ambiente a plena luz del día.
Salimos corriendo para no perder el último bus hacia Lauttasaari. Nuestro plan es ir mañana a Tampere y pasar allí la noche, así que tampoco necesitamos madrugar demasiado.

