Martes 04/04/23
Hoy tenemos otro fresco pero soleado día en el que nos despertamos en Gante, tomamos el tren y nos dirigimos a Brujas, donde pasaremos las próximas dos noches.
Si la estación de Gante está alejada del centro, la de Brujas directamente es que está fuera de la ciudad. Por suerte hay autobuses urbanos frecuentes que nos dejan muy cerca del hotel.
Dejamos las maletas y estamos a pocos minutos de la pintoresca plaza Jan Van Eyck, presidida por una estatua del artista homónimo.
Durante los siglos XIII, XIV y XV, Brujas fue el centro del comercio de toda Europa, fundando la primera bolsa de cambio del mundo. Tras su declive, el comercio pasó a Amberes, que la haría florecer tanto en riqueza económica como cultural.
Por suerte para nosotros, Brujas quedó anclada en el tiempo, ni siquiera los Nazis la consideraron relevante para ser bombardeada, así que nosotros la podemos disfrutar como si hubiéramos viajado media docena de siglos al pasado.
Todo el casco antiguo es Patrimonio de la Humanidad.
En medio del meollo se encuentra la plaza del ayuntamiento, llamada Burg.
La casa consistorial es un monumental edificio gótico que sirvió de inspiración para otros ayuntamientos de Flandes como el de Bruselas o el de Gante.
De dimensiones más modestas que el de la capital, pero igual de elegante y ornamentado, como podremos comprobar el sábado.
La entrada a su interior es de pago, pero el acceso al patio es gratuito.
En la fachada de la derecha se encuentra la pequeña entrada a la sorprendente Basílica de la Santa Sangre. Parece un portal particular, pero las escaleras dan acceso a una pequeña iglesia gótica multicolor.
Los vitrales, el techo de madera, el muro del altar, todo está riquísimamente decorado con vivos colores.
A cuatro pasos está la otra gran plaza, llamada Grote Markt, donde se encuentra el campanario o belfry de la ciudad. En este no subiremos, ya sufrí bastante en Gante, y este es aún más alto.
y a continuación paseamos en dirección sur, haciendo la parada obligatoria en el muelle del Rosario o Rozenhoedkaai,
Echamos un vistazo a la iglesia de Nuestra Señora Onze-Lieve-Vrouwekerk que actualmente sirve de museo de arte religioso
y entramos al tranquilo beguinaje, un recinto de casitas blancas rodeando un florido jardín en el que desde hace siglos habitan mujeres que sin ser monjas, llevan una vida un tanto monástica.
Y en el extremo sur de la ciudad se encuentra el apacible parque del lago Minnewater, literalmente “lago del amor”.
Se ha hecho la hora de comer y encontramos un puestecito alejado del centro donde podemos comer al solecito.
Por la tarde nos acercamos a los molinos del extremo noreste del centro de Brujas.
Y para cenar nos acabamos metiendo en otro pub irlandés, si es que no tenemos remedio…