7 de julio de 2023.
Para el día de hoy tenemos reservada una ruta por varios pueblecitos de la región.
Hemos contratado la excursión a través de la web Get your Guide y se llama “Tour de las 4 maravillas de Alsacia”. Con un nombre así ¿quién puede resistirse?
Además de visitar cuatro de los pueblecitos más bucólicos de la zona, también incluye una cata de vinos.
A las nueve de la mañana nos recoge el conductor/guía con una minivan en la que iremos seis turistas.
Como sorpresa nos ofrece acercarnos primero al castillo de Haut Koenigsbourg para que podamos visitarlo, y luego hacer toda la ruta planificada.
Nosotros (y las otras dos parejas) estamos encantados con la sugerencia.
A las diez ya estamos dentro del castillo.
Se encuentra en una colina rodeado de viñedos y con unas vistas preciosas a la cordillera de los Vosgos.
Su orígen es del siglo XII, con una buena ampliación en el siglo XV, pero el estado actual se debe a una minuciosa restauración del principios del siglo XX de los restos que quedaron abandonados después de un ataque en la Guerra de los Treinta Años.
La entrada cuesta 9€ por persona y te dan un folleto con distintas explicaciones de las salas. Recorremos desde la bodega y la cocina hasta la sala del Emperador, la capilla y las torres de vigilancia.
El castillo, de piedra arenisca de tono rosado, tiene una estructura claramente defensiva y luce imponente en medio del monte.
El conductor nos ha dado una hora para la visita, pero nos ha pasado volando, hubiéramos estado media horita más leyendo los paneles informativos y contemplando más los detalles.
Pero hoy el día será largo y hay que seguir. Hacemos una breve parada a un viñedo, donde nos explica algunas curiosidades de la uva.
El primer pueblo es Ribeauvillé. De los cuatro que visitaremos, es el que menos parte antigua tiene.
Bajamos de la furgoneta enfrente de la medieval torre del reloj. Desde la calle principal, o Grand Rue, se vislumbra a la distancia las ruinas de dos castillos.
Cuando llegamos a la plaza de la fuente el guía nos cuenta la historia de la patrona de Alsacia, Santa Odilia.
Ayer en Colmar vimos todo tipo de merchandising y figuritas de cigüeñas, pero ninguna real.
En este primer pueblo ya vemos el primer nido de este curioso pájaro migratorio. Están tan inmóviles oteando el paisaje desde las alturas del tejado que nos parecen de mentira, ¡hasta que se mueven y nos damos cuenta que son de verdad!
El siguiente pueblo es Riquewihr, donde el guía nos busca un restaurante para comer todos juntos.
Aquí el guía nos recomienda un vino fresquito de la región para acompañar la típica comida alsaciana. El plato de chocroute no solo incluye lo que entendemos por chucrut, que es col fermentada, sino también cinco tipos de carnes distintas.
Bien comidos paseamos por este encantador pueblecito. Son prácticamente cuatro calles y dos plazas, pero cada esquina es más bonita que la anterior, las casitas de este pueblo destacan por ser más coloridas que en los otros.
En la calle principal se encuentra una de las casas medievales más altas de la zona.
En el extremo norte del pueblo encontramos una de las torres de piedra de la antigua muralla.
Hay muchos turistas pululando por la calle principal, pero en cuanto tomamos una callejuela secundaria estamos prácticamente solos.
El siguiente pueblo es Kaysersberg. También consiste en una calle mayor con casitas con vigas de madera a vista, una bonita fuente y muchas flores por todas partes.
Al final de la calle principal hay un puentecito de piedra que cruza un riachuelo, repleto de vegetación. Aquí la parada es muy breve pero nos da tiempo para tomar varias fotos.
A continuación, la siguiente parada es una bodega familiar en las afueras de otro pueblo, llamado Katzenthal.
En el sótano polvoriento, sonando música de los sesenta de un vinilo, nuestro mismo guía va abriendo una nevera y va sacando una tras otra botellas de vinos.
Nos sirve generosísimas raciones para la degustación y nos cuenta algunas características de cada uno de los vinos. En Alsacia se cultiva mayoritariamente uva blanca, pero también tienen un Pinot Noir muy sabroso.
Entre los vinos más populares están el Muscat, el Gewürztraminer y el Riesling.
También probamos el Crémant, su versión de vino espumoso, muy refrescante. También nos ofrece vinos dulces pero no nos gustan mucho.
Y finalmente nos queda un último pueblo por visitar. Es la joya de la corona. Parecerá un tópico, pero es que realmente Eguisheim parece sacado de un cuento de hadas.
Como todos, tiene una florida fuente, una pequeña iglesia, y un entramado de callejuelas peatonales pintorescas, pero Eguisheim destaca porque mantiene su forma de círculo de las antiguas murallas, y la estrecha callejuela adoquinada Rue du Rempart, con sus diminutas casitas rodea todo el pueblo y en cada rincón nos parece estar anclado en un idílico momento de siglos atrás.
En todos los pueblos hay un par o tres de nidos de cigüeñas en los tejados y ellas se distraen mirando a los viandantes.
Hemos estado casi una horita en este último pueblo, tomando infinitas fotos, y a las siete y media el guía nos deja de regreso a Colmar.
Ha sido una excursión super completa, aunque la veracidad histórica de la información que nos daba el guía deja un poco que desear.
Hemos bajado de la minivan enfrente de la estación de tren, porque nuestro próximo destino para esta noche es el pueblo de Sélestat.
La idea era alojarnos aquí para mañana tomar el shuttle que nos subiría al castillo Haut Koenigsbourg, pero habiéndolo visitado ya hoy, mañana iremos directamente a Estrasburgo.
Sélestat es un pueblo más grande y mucho menos pintoresco. Tiene algunas casas medievales y algunas calles peatonales pero es totalmente prescindible. Una sabrosa tarte flambée para cenar y a descansar.