Como llevábamos toda la mañana danzando y, al final, el trayecto desde la isla de Nantes al hotel llevaría una buena tirada andando y hay que economizar fuerzas para el resto del viaje, decidimos coger el tranvía nº 1 en la parada Chantiers Navals y desde allí todo seguido hasta nuestro destino. Previamente habíamos adquirido billetes para el mismo en un estanco y aquí tuvimos la “franchutada” del viaje que al que más y al que menos le ha ocurrido cuando ha viajado a la tierra de Asterix. Me dirijo al dependiente y le pido dos billetes para el tramway (el tranvía) y se ve que el “tram” no lo debo pronunciar muy académicamente porque me rectifica, lo pronuncia de manera gutural, a su manera, y me anima a intentarlo.
En ese momento no doy crédito: un “gabacho”, a lo Rottermeier, me está corrigiendo la pronunciación de una palabra que ni siquiera es francesa….
Le sigo el juego, pronuncio el vocablo hasta que consigo su placet, me entrega los billetes, nos despedimos con una amplia sonrisa y yo mentalmente, en modo vegetal, le mando a freir asperges y a donde amargan los concombres.
A propósito, el billete de tranvía tenía un coste de 1,80 euros (en 2023 ha subido a 1,90 euros) y se puede usar durante una hora. Más información: www.tan.fr/.
[align=center]BILLETE DE TRANVIA EN NANTES
En ese momento no doy crédito: un “gabacho”, a lo Rottermeier, me está corrigiendo la pronunciación de una palabra que ni siquiera es francesa….
A propósito, el billete de tranvía tenía un coste de 1,80 euros (en 2023 ha subido a 1,90 euros) y se puede usar durante una hora. Más información: www.tan.fr/.

Llegamos a la parada, accedemos al vagón y validamos los billetes en unas máquinas que hay a la entrada del mismo. El tranvía tiene buena frecuencia de paso, es rápido y va lleno de gente. Nada que objetar. Nos bajamos y antes de llegar al hotel pasamos a un supermercado, compramos algún recuerdo alimenticio y, lo más importante, pillamos la comida para el día siguiente en Puy du Fou. Como la comida de parque de entretenimiento no suele destacar por su precio y calidad, amén del tiempo que uno pierde en avituallarse, nuestra idea fue comprar comida, entrarla al parque, que está permitido, y comer allí en los merenderos que hay dispuestos a lo largo del recinto.

Antes de llegar al hotel pasamos por delante del Castillo de los Duques de Bretaña y nos encontramos con una lámina de agua con chorros que pretende remedar al miroir d´eau de la ciudad de Burdeos pero que no le llega a la suela de los zapatos. Algo falla porque la muralla del castillo no se refleja correctamente en el estanque pero, aun así, está curioso de ver…

Por fin llegamos al Hotel Terminus y tocaba echar lo que quedaba de tarde hasta la hora de la cena en programar el día siguiente en Puy du Fou. Para entonces ya aparecían en la web y en la aplicación los horarios del jueves y el viernes y tocaba ahora encajar todos los espectáculos entre los dos días. A lo tonto se fue más de una hora porque la aplicación se supone que te ayuda y proporcionándole los espectáculos que quieres ver y el ritmo que quieres llevar te lo autoorganiza pero, a la hora de la verdad, luego quedan muchos huecos de tiempo sueltos por lo que te da una idea pero toca encajar los eventos manualmente para optimizar las jornadas.

Como ya era la hora de cenar nos encaminamos a la creperie Fleur du Sel, perteneciente a la lista de restaurantes que llevábamos para cenar. De camino nos encontramos con una muestra del arte urbano que ha ido quedando en la ciudad como parte de las muestras de los certámenes de “El Viaje a Nantes”.

En la crepería cenamos muy bien y por un precio razonable. Nunca me cansaré de ponderar el hecho de que en Francia, sin tener que decirlo, te traigan directamente la jarra de agua sin coste y te la repongan sin hacerse los remolones. Aquí en Madrid casi tienes que pedir perdón por hacerlo y si quieres que te la rellenen ponen hasta malas caras…
Volvimos al hotel caminando tranquilamente y deleitándonos con la iluminación de las murallas del castillo. Nos vamos fijando también en que la nomenclatura de las calles está en francés y en bretón porque no en vano estamos muy cerca de la región de Bretaña y fue capital de este ducado en sus tiempos (en la actualidad es capital de otro departamento, el de Pays de la Loire).

Mañana comienza el plato fuerte del viaje: Puy du Fou. Pero eso será contado en una próxima etapa.
Conclusiones que nos deja el día:
. Nantes nos ha parecido una ciudad muy francesa pero, a la vez, muy cosmopolita. Lo céntrico es muy paseable y los diferentes medios de transporte facilitan los desplazamientos. Había mucho ambiente nocturno pese a ser entre semana y las terrazas de los locales de restauración estaban a rebosar de gente.
. La oferta cultural de la ciudad es bastante notable por lo que se te pueden ir unos días para ver todo lo que ofrece.
. En las máquinas de la isla no importa si están con las explicaciones a la mitad porque hacen el recorrido en bucle y de manera consecutiva de manera que te enganchas a ese momento hasta que, nuevamente, empiecen por aquél por donde tú comenzaste. No perderse no sólo los animales sino también las plantas porque muchas también están mecanizadas.
. Puede ser interesante descargarse la aplicación para móvil de la atracción porque añade información a lo que se está viendo y es en español. Dejo el enlace con la información: www.lesmachines-nantes.fr/ ...e-maquinas.
. Y, por último, los “franchutes” son así… Tienen ese chauvinismo innato, esa forma de comportarse…. No lo hacen con maldad, es que les sale de dentro…