Hoy era nuestro último día y queríamos aprovecharlo. Queríamos ir a Murano y Burano, pero se tarda bastante en ir y nos apetecía pasar la tarde en Venecia para terminar de verlo. Al final decidimos ir solo a Burano. Si hubiéramos tenido más días hubiéramos ido a las 2, pero no queríamos ver las dos islas deprisa y corriendo. Nos decidimos por Burano porque creemos que es más distinta a Venecia y porque no nos llamaba la atención las fábricas de soplado de vidrio.
Cogimos en plaza de Roma el vaporetto 3 que tarda una media hora hasta Murano. Te deja justo al lado de su famoso faro y allí cogimos el vaporetto 12 hasta Burano.

Nos encantó nada más llegar, las casas de colores vivos la hacen muy especial. Está llena de tiendecitas de encaje y cristal de Murano.


Fuimos hasta su campanario inclinado, compramos recuerdos y nos perdimos por sus calles y sus puentes de madera. Fue un acierto haber elegido Burano, ya que a primera hora no había demasiada gente. Pero comimos pronto, sobre la 13:00h, y a esa hora ya se notaba que llegaba mucha gente que venía de haber estado primero en Murano. Creo que si se quiere ir a las dos islas la mejor idea es ir primero a Burano para ir en contra de la gente.

Después de comer pusimos rumbo al hotel, hacia muchísimo calor para estar a las 15:00h por la calle. Ya por la tarde volvimos a la plaza de Roma y decidimos ir andado por el barrio de Dorsoduro. El día anterior nos había encantado lo poco que habíamos visto de este barrio y no podíamos irnos sin conocerlo mejor.

Nuestra idea era buscar un sitio para cenar, pero se había nublado y tenia pinta de que iba a haber tormenta. Encima el peque se había dormido, así que decidimos volver a Mestre y cenar cerca del hotel. Cogimos el vaporetto y fue el mejor trayecto del viaje. La temperatura era buenísima, había poca gente por lo que nos pudimos sentar fuera y ver anochecer mientras se iluminaba Venecia. Había un montón de relámpagos y truenos. Al bajarnos del vaporetto fuimos corriendo al autobús, porque tenia pinta de que se iba a ponerse a llover. Y fue subir y ponerse a diluviar.
Terminamos cenando en la estación, mientras dejaba de llover, antes de irnos al hotel a hacer las maletas.