De nuevo desayuno temprano, normalito, como el del día anterior.
Para este día teníamos preparada una excursión un poco atípica que nos llevaría a distintos puntos de la ciudad, unos más visitados que otros.
Cogimos el tren de JR para bajarnos un poco más adelante, en Saga-Arasiyama, y comenzamos a caminar dirección Norte por una zona residencial sin nada a destacar hasta llegar al Templo Daikaku-ji; disfrutamos del entorno, muy bonito, la entrada, los jardines… muy agradable.
De ahí continuamos callejeando pero por fuera de la ciudad, por los campos de arroz; el atractivo está en ver a los paisanos trabajando el campo, haciendo vida normal. Nos cruzamos con la misma señora paseando al perro como 6 veces, ya se reía al vernos
Caminando caminando llegamos a Saga Toriimoto, una calle(s) preservada con casas típicas. Es muy bonita y tranquila, no hay mucho turista la verdad. Lo que sí hay que tener en cuenta es que muchas casas (más bien chalets) de las calles adyacentes tienen carteles pidiendo que no se hagan fotos (deben estar un poco cansados ya jeje). Aprovechamos para tomar algo en una cafetería del barrio y seguimos bajando visitando un par de templos más que se nos cruzaron en nuestro camino: el Giou-ji (precioso el jardín sobre todo ahora con el incipiente momiji) y el Templo Nison-in, muy del estilo del resto de templos budistas, pero parada obligatoria en nuestro camino.
Llegamos a una estación de tren, la de Torokko Arasiyama. Ahí se puede coger el tren turístico que te lleva por la zona, el Romantic Train, no lo cogimos pero es un recorrido muy bonito en un tren que va lento y es panorámico.
Nosotros cogimos por detrás de la estación, por un caminito, y llegamos a la trasera del Bosque de Bambú de Arasiyama.
Ventajas: al estar al final del “camino oficial” hay menos turistas y se puede disfrutar y fotografiar más, porque el bosque en sí es para eso, para sacar fotos y pasear. Como dicen muchos, al final te haces a la idea según las fotos sin gente y editadas, pero en persona defrauda un poco. Aún así, es bonito, y merece la pena la visita.

Salimos por la entrada principal, a contracorriente (ahí sí que parecía eso una feria, y no eran ni las 12 del mediodía) y nos fuimos al pequeño pero famoso Sushi Bar Naritaya. Espectacular, la calidad del sushi muy muy buena (de lo mejorcito que probamos en Japón), y la anguila… brutal. Nos dieron un imán a elegir por poner reseña en Tripadvisor (muy típico en Japón eso de dar cosas a cambio de reseñas. Éticamente cuestionable, aunque tampoco van a leer lo que has puesto jeje. Al menos donde usamos ese reclamo fuimos sinceros).

Con el estómago lleno (estuve pidiendo anguila hasta que no pude más) pasamos por la Estación de Arasiyama y su bosque de kimonos (muy chulo para jugar con la fotografía).
Seguimos andando hasta la siguiente estación, la de JR de Saga-Arasiyama y de allí cogimos el tren hasta Kyoto Station para ir al Templo To-ji y su Pagoda de 5 plantas, y también para aprovechar que ese día había mercadillo en el parque (el día 21 de cada mes). El mercadillo es enorme y te puedes encontrar de todo: curiosidades, antigüedades, segunda mano, artesanías, comida…

La pagoda, la más alta de Japón, espectacular, pero nos dio la sensación de vieja (que lo es) pero menos cuidada que el resto de las que vimos, le falta restauración. Aun así, el jardín, la pagoda y el mercadillo merecieron la visita.

De ahí cogimos un bus para el Kiyomizu-dera, al cual llegamos casi al cerrar porque nos paramos también en el Zuigudo. El balcón del Kiyomizu-dera estaba en obras (cosa que ya sabía de antemano) por lo que no nos dimos demasiada prisa en subir.
Como nos coincidió con el atardecer, las vistas y la estampa de Kyoto sí que las disfrutamos.

No quisimos detenernos mucho ya que se nos echaba el tiempo encima para el último objetivo del día: el Sanjusangen-do, al que llegamos de milagro. Enorme, espectacular. No pudimos disfrutarlo mucho porque iban a cerrar pero mereció la pena la entrada.
De ahí y con la ruta del día hecha, quisimos volver de nuevo a la zona de Pontocho a pié, es un camino largo y no muy agraciado, pero que nos permitió entrar en algunos templos o santuarios pequeños pero curiosos (el Zenkyoan, dedicado al cerdo, muy chulo iluminado de noche). Lo bueno de la ruta a pié es que nos metimos de lleno en Gion, y conseguimos ver a una geisha de verdad; iba andando muy rápido esquivando miradas (casi todos se giraban para verla), no fue mucho tiempo, pero pudimos ver algo que no todos pueden llegar a ver.
De nuevo fuimos al “italiano” de Pontocho a por muestra cerveza happy hour y luego a comer.
Esta vez nos queríamos pegar un lujo después de la caminata, y nos fuimos a comer Kobe al Yakiniku Douraku. Por precio imagino que no eran los mejores cortes posibles de Kobe (salió sobre los 100€) pero comimos bastante bien (de nuevo con lo de las reseñas en Google y Tripadvisor, sacamos una cerveza y un corte extra de costilla). La verdad que para degustar la carne a un precio contenido, un buen sitio.

Y de ahí a la cama, ya con la lección del bus aprendida.
Mañana más.