DÍA 9
20/09/2022
Después de habernos alojado en un lugar tan maravilloso, no podíamos sino despertarnos un poco antes para ver el amanecer desde las rocas que daban al mar Jónico. No importa el frío de la mañana ni el sueño cuando ves cómo el cielo se aclara con los primeros rayos del sol.

Después de dormir un poco más, nos despertamos sobre las 9h y decidimos que era una buena hora para un chapuzón. El agua estaba fresca y el sol calentaba todavía poco, pero fue una gran forma de comenzar el día y espabilar. En las rocas, tenían pasarelas de madera y escaleras de metal para poder descender al agua de forma segura, aunque lo mejor es alejarte un poco nada más te sumerges para que la corriente no te lleve de nuevo hacia las rocas.
Desayunamos, ya con más energía y nos dispusimos a disfrutar de un merecido día de playa y descanso. Lo meditamos un poco y enseguida decidimos que queríamos quedarnos otra noche allí. Teníamos una noche "comodín" en nuestro planning por la que podíamos repetir y seguir viendo y llegando a todos los sitios que queríamos ver. Nada estaba garantizado, ni teníamos nada reservado, pero habíamos pasado tan buena noche y el sitio era tan increíble que preferimos no tener que correr y subirnos a un bus o coche ese mismo día.
Nos pasaríamos el día disfrutando de las playas. Y así lo hicimos.
Después de catar el agua, ya cambiadas y desayunadas, nos pusimos rumbo al pueblo. No había mucho que decir de este salvo que eran calles de casas y callejas a través de las cuales llegabas a las playas principales: Plazhi i Spillese, Plazhi i Himarës y Plazhi i Maraçit. Nosotras, sin embargo, buscábamos algo un poco más aventurero o único y optamos por ir a alguna cala.
Buscamos por Google Maps alguna cercana a Himarë, ya que íbamos andando, y nos llamó la atención la Plazhi i Filikurit o la playa Filikuri.
Tras dejar las calles y las casas atrás, recorrimos un breve sendero campo a través que nos llevó al borde de un pequeño acantilado bajo el cual estaba la cala.

Continuamos bordeándolo y descendiendo con cuidado por pequeñas pendientes de tierra y rocas hasta llegar a un punto en el que teníamos que descender con una cuerda que habían dejado instalada allí. Por supuesto, nuestro día de playa no quedaría exento de aventuras.
Allí pasamos unas cuantas horas entre baños y toalla. La playa era de rocas, así que no era la más cómoda para tumbarse, pero en cuanto encontrabas postura, todo bien. También aproveché para coser un poco mi mochila, que se había empezado a descoser. Desde entonces, procuro llevar alguna más recia. También una de mis chanclas decidió desistir y se rompió justo allí. Se despegó la tela delantera y no había forma de arreglarlo. Por suerte, llevaba también mis zapatillas, así que no supuso mucho drama para la vuelta.

Tras pasar unas cuantas horas allí, volvimos al pueblo. Comimos algo y decidimos probar suerte a ver si alguien nos acercaba a Dhërmi. Se considera también una de las joyas de la ribera albanesa. Habíamos atravesado el pueblo el día anterior con el coche cuando nos llevaron hasta Himarë, pero queríamos volver y ver con tranquilidad el pueblo y sus playas. Sin embargo, apenas pasaron coches y los que lo hicieron o no paraban, o no se dirigían hacia allí. Solo conseguimos unos cuantos picotazos de mosquitos, así que pasado un buen rato desistimos y decidimos caminar a la Plazhi i Livadhit o playa Livadi. Era bastante grande y estaba suficientemente cerca para ir andando. Caminamos por la carretera porque no había ningún camino para poder ir hasta allí.
Nos desviamos por la calle Himare-Livadh y allí pararon unos chicos muy simpáticos que se ofrecieron a llevarnos hasta la playa, que estaba bajando toda esa carretera. Llegamos en apenas unos minutos, lo cual agradecimos y nos despedimos de ellos. Nos dieron también su teléfono por si a la vuelta seguían por allí y necesitábamos transporte.
La playa Livadhi era bastante grande, ancha y tenía partes más arenosas, aunque también había piedras. Estaba ya anocheciendo cuando llegamos, así que nos dimos un chapuzón rápido y luego disfrutamos de ver cómo el cielo se oscurecía y el sol se escondía bajo las olas.

Conforme perdíamos la luz, debatimos sobre cómo volver. Según el google maps, había un sendero por el que se podía llegar desde esa playa, bordeando la costa, directamente hasta nuestro camping. No lo teníamos muy claro porque era muy posible que aquel sendero no fuera transitable o ni siquiera existiera, y supondría tener que recorrer toda la playa de vuelta, subir toda la carretera y luego descender por la carretera principal. Eso nos llevaría algo más de 1 hora.
Como nos gustaba la aventura, decidimos probar suerte con el sendero. Y nos salió bien. Ahora es un sendero oficialmente marcado en el mapa, pero por aquel entonces era una línea gris sin ningún tipo de indicación que solo pudimos intuir que fuera de verdad un camino. A todo esto hay que añadir que estábamos ya sin luz y lo recorrimos con las linternas de los móviles, esperando que no se terminara en cualquier momento y tuviéramos que darnos la vuelta.
Al poco, el camino nos llevó a la zona del camping, donde callejeamos un poco más y llegamos a nuestro destino. Sin duda nos hubiera ahorrado tiempo en el viaje de ida a la playa, pero por lo menos pudimos descubrirlo a tiempo y no tener que dar un rodeo innecesario de noche.
Nos tumbamos en unas hamacas en el camping y cenamos un poco mientras planeamos nuestros siguientes días. La idea era recorrer el resto de la costa albanesa al día siguiente, así que necesitábamos cerciorarnos de los horarios de autobuses y de las posibilidades que teníamos de llegar a nuestro destino. Aunque eso era ya problema de otro día.
¡Buenas noches!
