Después de un buen desayuno, salimos a descubrir el centro histórico de Kruje, comenzando por uno de sus principales reclamos: el antiguo bazar otomano. Este mercado se caracteriza por sus casas de piedra y tejados de teja y madera labrada. Una serie de calles estrechas repletas de puestos de artesanía y souvenirs de Albania. Los vendedores no son muy insistentes y había cosas interesantes. Allí compré una camisa, unos pendientes y algunos imanes.
Desapercibida entre los puestos del bazar está la mezquita Murad Bey, generalmente cerrada al público. Lo que no pasa inadvertido es su minarete, presente en casi todas las panorámicas de Kruje.
Las calles del bazar conducen al otro gran atractivo turístico de la ciudad: el castillo, considerado un símbolo de la resistencia albanesa contra el imperio otomano, liderada por el héroe nacional Skanderbeg. En el recinto fortificado encontramos edificios originales de la época otomana, unos en mejor estado de conservación que otros, como la torre campanario que vemos apuntalada, los restos de la mezquita Fatih Sultan Mehmet o el Dollma Tekke.
También hay en el castillo edificios de reciente construcción, como el Museo de Skanderbeg y el Museo Etnográfico Nacional. Nosotros no visitamos ninguno.
Dimos por concluida nuestra breve visita a Kruje y volvimos a la carretera para ir a Berat. Tras más de dos doras de camino llegamos a nuestro alojamiento para esa noche, Veranda B&B. Es un pequeño alojamiento familiar, con 3 habitaciones en una casa particular a las afueras de Berat, pero a poca distancia a pie de del centro histórico. Está regentado por un matrimonio mayor, muy amable y hospitalario. La señora no habla nada de inglés, pero nos dio una cálida bienvenida, y el marido nos explicó lo que podíamos ver en la ciudad, dónde comer, etc.
Lo primero que hicimos fue irnos a comer, que ya tocaba. De todas las opciones que hay en Berat, nos decantamos por un restaurante escondido en un callejón, el Zgara Zaloshnja, totalmente recomendable. Platos típicos albaneses, pequeños para probar varios, con buena calidad y precio ajustado. Además, los camareros son muy amables. Uno de ellos hablaba español y estuvo un buen rato hablando con nosotros para practicar.
Ya con la barriga llena, fuimos a recorrer el barrio de Mangalem, uno de los 3 barrios históricos de Berat. Mangalem es considerado el barrio musulmán de Berat, con una arquitectura característica por la cual Berat es conocida como la ciudad de las 1000 ventanas. Mangalem es un entramado de calles estrechas y empinadas, con flores, mezquitas increíbles y otros edificios históricos.
Mezquita de los Solteros. Esta pequeña mezquita está encajada entre las casas de Berat, junto al río. La encontramos cerrada, pero por la tarde volvimos a pasar por allí y estaba abierta, con varias personas rezando. Nos asomamos discretamente para apreciar las pinturas de su interior.
Mezquita del Rey y tekke de los Halveti. Son dos edificios que están en la misma plaza y que pueden visitarse de forma conjunta, siempre que no haya rezo, pagando la pequeña cantidad de 100 leke o 1 euro. En ambos lugares destacan las pinturas, muy bonitas, y el techo de madera policromada. En la mezquita del Rey puede subirse a la galería de las mujeres para tener otra visión del lugar.
Mezquita del Plomo, que recibe el nombre del material que recubre su cúpula. Es la mezquita más grande de la ciudad, pero no pudimos visitarla. No sabemos si es visitable o solo abre para el rezo.
A pocos metros, en la misma plaza, está la Catedral Ortodoxa de Berat.
También visitamos el palacio del Pachá Ahmet Kurt en Berat, que está en ruinas. Entre lo que queda en pie destaca la logia porticada y una puerta de acceso.
Desde Mangalem se puede subir caminando al barrio del castillo, Kalaja, pero nosotros dejamos esa visita para el día siguiente, así que cruzamos el río por el moderno puente peatonal para ir a Gorica, el barrio cristiano.
Cuando cruzamos el río fue cuando tomamos consciencia de las 1000 ventanas de Berat, pues es desde Gorica que podemos apreciar la famosa panorámica de Berat.
Para cenar fuimos al Friendly House, que me lo recomendaron por varios sitios y la experiencia no fue muy buena. Tiene una terraza junto al minarete de la mezquita de los Solteros, que si logras sentarte ahí las vistas son muy disfrutables. Pero la comida y el servicio, regular. Se olvidaron de uno de nuestros platos, encontré un pelo largo en mi comida, y el resto de las cosas no estaban malas, pero tampoco era ninguna comida destacable.