El día amaneció nuevamente soleado, y tras un breve desayuno, continuamos nuestra marcha por el sur de Islandia. Al poco tiempo el paisaje empezó a cambiar, comenzamos a divisar kilómetros y kilómetros de campos de lava con formas imposibles y recubiertos de musgo que te transportan a otro planeta (Los campos de Eldhraun) , de hecho esta zona fue utilizada como zona de entrenamiento para la tripulación del Apolo XI antes de su misión lunar. Todo esto se ocasionó con la erupción del Volcán Laki (1783), una de las más violentas de la historia del país. Esto ocasionó daños irreparables en las cosechas y una hambruna cuyas consecuencias fueron la muerte de una cuarta parte de la población islandesa y un gran números de animales domésticos (la gente pensó que se trataba del fin del mundo). Una vez se solidificó la lava, cayeron sobre ella las esporas de musgo transportadas a través del viento .Al musgo, que no tiene raíces, le encantan los ambientes húmedos así que encontró el clima perfecto para su proliferación que ha llegado hasta nuestros días, y ahora es muy apreciado por los turistas como nosotros. Así que nos detuvimos en diversos miradores para apreciar su belleza.

Para llegar a nuestro siguiente destino nos desviamos por la carretera 206 unos pocos kilómetros. Se trata del cañón de Fjaðrárgljúfur. Al finalizar la última glaciación (hace 9000 años), se formó una gran laguna aguas arriba de la actual ubicación de Fjaðrárgljúfur. Su desagüe dio lugar a una gran cascada, que fue excavando una tortuosa garganta en las capas de rocas expuestas tras la retirada de los glaciares. Eventualmente, la laguna fue colmatándose con los sedimentos de los ríos glaciares, hasta desaparecer. Con el tiempo, el río Fjaðrá perdió la mayor parte de su antiguo vigor, convirtiéndose en un dócil río pluvial. Durante el proceso, relativamente breve si hablamos de tiempos geológicos, se formó uno de los cañones más extraños y fascinantes de la isla. Tras dejar el coche en el correspondiente parking (de pago), seguimos el sendero marcado hasta el final del cañón. A lo largo del camino, mayoritariamente ascendente, hay varios miradores para observar la belleza del lugar. El camino finaliza en un mirador que da a una bonita cascada, y el regreso es por el mismo camino de la ida. Una visita imprescindible, aunque con bastante masificación de gente que te llevará aproximadamente 1 hora.


Unos pocos kilómetros más adelante llegamos a un lugar bastante curioso, situado a pocos metros de la carretera 1; Kirkjúgolf, es una extensión de 80 metros cuadrados de losas de piedra que se erosionaron lentamente cuando el mar cubrió la zona. Las “baldosas” hexagonales parecen un suelo hecho por el hombre, pero nunca ha habido construcciones humanas en este lugar. Es todo natural. El lugar se encuentra a escasos metros del pueblo de Kirjubaejarklaustur. Aquí sufrimos un pequeño percance, ya que el GPS nos jugó una mala pasada y nos envió un par de Kilómetros más adelante, hasta una pista de grava en muy mal estado. Menos mal que nos percatamos del error y dimos la vuelta a tiempo… aunque este fallo nos permitió descubrir una preciosa cascada escondida a aproximadamente 1 km. De Kirkjúgolf: Stotjornafoss. Se encuentra junto a un pequeño camping y vale mucho la pena su visita, ya que se puede acceder hasta la caída de agua , que se produce a un pequeño estanque de aguas tranquilas.


Tras este incidente que nos ocasionó algún que otro momento de tensión , seguimos nuestro camino por la costa sur. No pasa un kilómetro sin que te sorprenda algo en el camino... una cascada junto a la carretera, la vista del gran glaciar Vatnajökul a lo lejos (el más grande de Europa, cuyas superficie ocupa un 8%de toda Islandia) un montaña espectacular, un acantilado maravilloso, unas ovejas al lado de la carretera... de vez en cuando vamos parando para observar más detenidamente algún lugar, como esta cascada superfotogéncia; Foss a Sidu, que tiene la peculiaridad de que se encuentra en propiedad privada, con lo que una verja te impide acercarte hasta el agua.

Conforme avanzábamos hacia el parque Nacional de Skaftafell el cielo se iba poniendo más negro, y justo cuando estábamos entrando al enorme parking comenzó a llover. Para llegar hasta aquí hay que dejar la carretera 1 y coger la 998, una carretera perfectamente asfaltada, durante un par de kilómetros. Accedimos directamente hasta el restaurante-cafetería del Centro de Visitantes. Era la hora de comer, y decidimos comer allí los bocadillos que habíamos preparado por la mañana y aprovechamos para recargar los móviles a ver si había suerte y dejaba de llover antes de que comenzáramos la ruta hacia la cascada Svartifoss. Aquí también comienza una ruta hacia una de las lenguas del glaciar con, según dicen, muy buenas vistas, pero no teníamos tiempo de todo.
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