Para llegar a la cascada era necesario realizar una ruta de unos 3 kilómetros desde el parking de visitantes, un camino muy entretenido que pasa cerca de tres cataratas: la Magnúsarfoss, la Humdafoss y la Þjófafoss. Llovía con fuerza cuando partimos hacia la cascada. La cascada Svartifoss es un salto de agua de 20 metros. Su nombre significa cascada negra y su belleza recae en las oscuras columnas de basalto que le rodean. De hecho, la forma de esta cascada inspiró al arquitecto de la Hallgrímskirka, la famosa iglesia de Reikiavik.
Hace miles de años, la lava fluyó por esta región y se enfrió rápidamente al entrar en contacto con el aire frío y el agua. Este rápido enfriamiento provocó que la lava cristalizara y se fracturara en columnas hexagonales, un fenómeno observado en formaciones basálticas en todo el mundo. Con el tiempo, a medida que la implacable fuerza del agua erosionó la roca más blanda que había debajo, las columnas de basalto más duras permanecieron, creando el espectacular telón de fondo de Svartifoss que vemos hoy. Y, milagrosamente, justo cuando estábamos a punto de llegar hasta ella dejó de llover, se abrió el cielo y salió un radiante sol, lo que nos permitió disfrutar sobremanera de la que es para mí la más bella cascada de Islandia.
Durante la bajada, sin lluvia, pudimos apreciar mejor la bonita ruta de subida y las explicaciones del centro de visitantes sobre el retroceso del glaciar provocado por el cambio climático. Y Ya sin prisas partimos hacia la guinda de otro día excepcional: las lagunas glaciares.
Hace miles de años, la lava fluyó por esta región y se enfrió rápidamente al entrar en contacto con el aire frío y el agua. Este rápido enfriamiento provocó que la lava cristalizara y se fracturara en columnas hexagonales, un fenómeno observado en formaciones basálticas en todo el mundo. Con el tiempo, a medida que la implacable fuerza del agua erosionó la roca más blanda que había debajo, las columnas de basalto más duras permanecieron, creando el espectacular telón de fondo de Svartifoss que vemos hoy. Y, milagrosamente, justo cuando estábamos a punto de llegar hasta ella dejó de llover, se abrió el cielo y salió un radiante sol, lo que nos permitió disfrutar sobremanera de la que es para mí la más bella cascada de Islandia.
Durante la bajada, sin lluvia, pudimos apreciar mejor la bonita ruta de subida y las explicaciones del centro de visitantes sobre el retroceso del glaciar provocado por el cambio climático. Y Ya sin prisas partimos hacia la guinda de otro día excepcional: las lagunas glaciares.

Durante el trayecto nos encontramos algunas lenguas del glaciar espectaculares. Era increíble lo cerca que nos encontrábamos de estos fenómenos de la naturaleza. Y así llegamos a la 1a laguna Glaciar: Fjallsärlon. Fjallsárlón se nutre del glaciar Fjallsjökull, una de las numerosas lenguas glaciares que nacen al sur del gran Vatnajökull.. Como tantos glaciares de Islandia, el Fjallsjökull lleva menguando desde finales del siglo XIX, cuando alcanzó su extensión máxima en época histórica. En aquellos tiempos, sus hielos se unían a los del Hrútárjökull, formando una lengua única. Desde entonces, ha retrocedido más de 2 kilómetros, perdiendo un 23% de su superficie y un 35% de su volumen. En la actualidad, tiene una longitud cercana a los 13 kilómetros, cubriendo un área de 44 kilómetros cuadrados.


La laguna tiene una superficie de aproximadamente 4 kilómetros cuadrados. Según recientes estudios, su existencia sería una de las causas, junto con el calentamiento global, del acelerado retroceso del glaciar. La presencia de un lago glaciar tendría el doble efecto de elevar la temperatura del frente de hielo, a la vez que haría de lubricante, facilitando tanto el deshielo como el deslizamiento de éste. Deslizamiento que a su vez se traduce en una mayor velocidad de toda la lengua glaciar, liberada del freno de su zona más baja.
Tras llegar al parking (de pago) caminamos los 300 metros que nos separaban de la laguna y comenzamos a disparar las cámaras sin parar. La tarde soleada contrataba con el hecho de pensar que teníamos toneladas de hielo a pocos metros, el Glaciar se apreciaba perfectamente en frente nuestro. La mayoría de icebergs se apelotonaban en un lateral de la laguna, dejando el otro bastante libre. Había muy poca gente, lo que permitía acercarse a la orilla de la Laguna y tocar el agua sin problemas. Podías observar como los enormes bloques de hielo se derretían poco a poco… una pena que en no demasiados años todo esto haya desaparecido.
A pesar de su belleza, esta laguna nos decepcionó un poco, es bastante pequeña y no había muchos icebergs. En cambio su hermana mayor Jökulsárlón superó todas nuestras expectativas. Con una superficie de aproximadamente 20 kilómetros cuadrados y más de 200 metros de profundidad, está repleta de icebergs que flotan en sus aguas. Cuando llegamos, el parking (de pago) estaba abarrotado y tuvimos que esperar a que alguien saliera para poder aparcar. Allí pudimos apreciar la belleza de los cientos de icebergs que flotan en sus aguas y también a un simpático grupo de focas que nadaban entre ellos. Nos parecía increíble estar presenciando este espectáculo. Por cierto, nos volvimos a encontrar con la pareja de Madrid que parecía perseguirnos durante todo el viaje.
En cuanto al origen de esta laguna glaciar, pese a lo que pueda parecer, es bastante reciente. Tanto es así, que hasta hace menos de 100 años Jökulsárlón no existía, ya que el glaciar Breiðamerkurjökull (que forma parte del glaciar Vatnajökull) se extendía incluso más allá de la carretera de circunvalación. Lamentablemente, el aumento de la temperatura del planeta ha provocado que el glaciar retroceda creando esta impresionante laguna glaciar.
Tras llegar al parking (de pago) caminamos los 300 metros que nos separaban de la laguna y comenzamos a disparar las cámaras sin parar. La tarde soleada contrataba con el hecho de pensar que teníamos toneladas de hielo a pocos metros, el Glaciar se apreciaba perfectamente en frente nuestro. La mayoría de icebergs se apelotonaban en un lateral de la laguna, dejando el otro bastante libre. Había muy poca gente, lo que permitía acercarse a la orilla de la Laguna y tocar el agua sin problemas. Podías observar como los enormes bloques de hielo se derretían poco a poco… una pena que en no demasiados años todo esto haya desaparecido.
A pesar de su belleza, esta laguna nos decepcionó un poco, es bastante pequeña y no había muchos icebergs. En cambio su hermana mayor Jökulsárlón superó todas nuestras expectativas. Con una superficie de aproximadamente 20 kilómetros cuadrados y más de 200 metros de profundidad, está repleta de icebergs que flotan en sus aguas. Cuando llegamos, el parking (de pago) estaba abarrotado y tuvimos que esperar a que alguien saliera para poder aparcar. Allí pudimos apreciar la belleza de los cientos de icebergs que flotan en sus aguas y también a un simpático grupo de focas que nadaban entre ellos. Nos parecía increíble estar presenciando este espectáculo. Por cierto, nos volvimos a encontrar con la pareja de Madrid que parecía perseguirnos durante todo el viaje.
En cuanto al origen de esta laguna glaciar, pese a lo que pueda parecer, es bastante reciente. Tanto es así, que hasta hace menos de 100 años Jökulsárlón no existía, ya que el glaciar Breiðamerkurjökull (que forma parte del glaciar Vatnajökull) se extendía incluso más allá de la carretera de circunvalación. Lamentablemente, el aumento de la temperatura del planeta ha provocado que el glaciar retroceda creando esta impresionante laguna glaciar.


Junto a la laguna glaciar de Jökulsárlón, justo al otro lado de la Ring Road, se encuentra la Playa de los Diamantes o Diamond Beach. Su nombre resulta muy representativo, ya que en esta playa es posible ver icebergs flotando por el río Jökulsá, el más corto de Islandia, hasta llegar al mar. Cuando hay marea baja, los icebergs quedan atrapados en la costa haciendo posible pasear entre estos gigantescos diamantes de hielo. Si no queréis pagar Parking 2 veces, debéis dejar el coche en el lugar que vayáis primero y acudir caminando al 2º, ya que se encuentra a escasos 300 metros uno del otro. La visión al atardecer de los icebergs llegando a la playa de arena negra, y ver como se convierten poco a poco en “diamantes” no tiene precio.

Estábamos totalmente eufóricos con lo vivido durante el día y decidimos retirarnos a descansar. Nuestro alojamiento se encontraba en la localidad de Hofn, el Arnanes Hostel. Se trataba de unas cabañas prácticamente nuevas con habitaciones con baño compartido (todo estaba nuevo). También teníamos un balcón con buenas vistas y un salón para cenar tranquilamente. Aquí conocimos a una madre y una hija de Oregon (USA), con las que tuvimos una animada conversación durante la cena. Sin duda, uno de los mejores alojamientos del viaje. Las previsiones de auroras daban muchas opciones para esta noche (KP5), pero estábamos tan cansados que nos dormimos enseguida… otro día será.
