Aunque contaba con varios destinos interesantes, el recorrido de esta jornada era corto, ya que en total sumaba unos 73 kilómetros, con el siguiente perfil según Google Maps:

Bahía y Castelo de Santa Cruz (Oleiros).
Después de desayunar un par de cafés con churros y zumo de naranja en una de las cafeterías que hay en torno al hotel, salimos hacia la Bahía de Santa Cruz (Concello de Oleiros) para ver su Castelo, situado en un islote al que se llega por una pasarela.

Afrontábamos otro día soleado y caluroso, con lo cual las playas volverían a estar a tope. Como era temprano, no tuvimos problemas para aparcar en el casco urbano del Porto de Santa Cruz, desde donde tardamos apenas tres minutos en llegar frente a su fotogénico Castelo. El lugar nos pareció muy bonito, aunque la marea baja le quitaba un pelín del encanto que hubiese tenido con la pasarela sobre el agua.

Después de fijarnos en la playa, muy chula, llegamos al islote, donde se encuentra esta antigua fortaleza, que se empezó a construir en 1594 con el propósito de defender las costas de A Coruña, cuyo puerto se divisa perfectamente desde su ubicación. Según las crónicas, las piezas de artillería del castillo tuvieron mucha utilidad durante el ataque franco-holandés a La Coruña en 1639.

A mediados del siglo XVIII, tras perder su valor estratégico defensivo, fue sacado a subasta y puesto a la venta. Lo adquirió el marido de Emilia Pardo Bazán para convertirlo en residencia estival. En 1938, su hija lo donó al Colegio de Huérfanos de Caballería para colonias de verano de huérfanos de guerra. Quedó desocupado en 1978.


En 1989, lo adquirió el Ayuntamiento de Oleiros. Fue declarado Bien de Interés Cultural y Monumento en 1984. Actualmente, el edificio se utiliza como museo y para exposiciones temporales que pueden visitarse gratuitamente. No obstante, lo mejor es perderse por el islote en que se ubica y disfrutar de la paz y tranquilidad que transmite el entorno, poco masificado pese a estar en pleno mes de julio.

Las vistas son preciosas desde todos los miradores y la visibilidad perfecta hacia La Coruña en un día tan luminoso como era aquel. Muy recomendable este sitio, que se encuentra apenas a 30 kilómetros de la capital coruñesa.


Luego, paseamos un rato por la playa y llegamos hasta algunos de sus miradores. Pensamos en volver por la tarde para contemplar el panorama con marea alta, lo que le daría un aire muy diferente, pero ya no fue posible.

Betanzos.
Nuestra primera idea era pasarnos por el Pazo de Mariñán antes de ir a Betanzos, pero nos dimos cuenta de que cierra a medio día, así que invertimos las visitas, lo que no era ningún problema pues ambos lugares se encuentran a unos cinco kilómetros de distancia.

El problema esa mañana era, sin embargo, el calor casi asfixiante que limitó nuestros movimientos, incluso los patos y las ocas buscaban la poca sombra que les proporcionaban las barcas. Aparcamos en el Paseo de la Tolerancia, a orillas del río Mandeo, muy cerca del Puente Viejo, donde ya pudimos ver los anuncios de sus famosas tortillas.


Betanzos se ubica en una península formada por los ríos Mandeo y Mendo, que se unen en la ciudad para formar la Ría de Betanzos. Según la leyenda, la fundó Breogán, el mítico caudillo celta, y fue la histórica Betanzos de los Caballeros, capital de una de las siete provincias que formaban el antiguo Reino de Galicia. Su casco viejo, situado en lo alto de una colina, está catalogado como Conjunto Histórico Artístico. Confieso que no llevaba bien preparada la visita y luego me arrepentí, pues, entre otros lugares, me quedé sin ver el Parque do Pasatempo, del que oí hablar después.

Era hora de almorzar y, antes de nada, fuimos en busca de un restaurante: queríamos, por fin, saborear una buena comida en la provincia de A Coruña. Pasamos por alto la Porta de Ponte Vella, "aterrorizados" por la descomunal cuesta que vislumbramos al fondo
. Esta puerta, junto con las del Puente Nuevo, Ribeira y Hórreo, todas ojivales, formaban parte de las antiguas murallas del siglo XV.

Rodeando el casco antiguo no tuvimos suerte, así que, finalmente, nos resignamos a trepar por otra de las calles, que nos llevó directamente hasta la Iglesia de Santiago, del siglo XI, aunque fue reedificada en el XIV. Estaba abierta, pero con lo del restaurante, dejé la visita para después. Y, claro, cuando acabamos de almorzar, la iglesia ya estaba cerrada. Una pena. Sin embargo, el exterior también merece mucho la pena, en especial algunas de las esculturas de sus portadas.


Esta iglesia se encuentra en la Plaza de la Constitución, que ofrece un conjunto realmente bonito gracias a edificios como el Pazo de Bendaña (siglo XV), la Torre Municipal o del Reloj (siglo XVI) y las casas porticadas y con galerías acristaladas; y también el Ayuntamiento, del siglo XVIII.



Nos acomodamos en el restaurante del Hostal Pórtico, en cuyo comedor con aire acondicionado estuvimos muy a gusto. Tomamos la típica tortilla de Betanzos (poco hecha, derramando huevo y sin cebolla, como manda la tradición), unos mejillones tigre, una ensalada ilustrada y flanes de postre. Aunque parecía poco, el camarero nos aconsejó no pedir más de momento, pues la tortilla se sirve entera y con el resto quedaríamos satisfechos. Y así fue.

Después, continuamos visitando la ciudad, aunque no era el mejor momento, pues, tal como suponía, las iglesias estaban cerradas. De todas formas, mereció la pena ver los exteriores de la Iglesia de Santa María de Azoque y de la Iglesia de San Francisco, ambas góticas y del siglo XIV, que forman un conjunto espectacular, completado por una fuente y un crucero. Están al lado la una de la otra y las dos están catalogadas como Monumentos Nacionales y Bienes de Interés Cultural.



Al lado, divisé también el pintoresco Mercado de Abastos, pero está cerrado, pues se halla en pleno proceso de restauración, con andamios y operarios en pleno trabajo. Pese a las cuestas, merece la pena fijarse con atención en las casas, sobre todo algunas góticas que hay en la rúa de la Cerca y en las de colores que bajan hasta las puertas de entrada.


También bajamos hasta la zona más moderna de la Plaza de los Hermanos García Naveira, con la Fuente de Diana Cazadora, e igualmente recorrimos un corto tramo del paseo que bordea la ría. Lástima que hiciera tanto calor.


Me gustó Betanzos y no me importaría volver para visitar los interiores de las iglesias y otros sitios interesantes con más tranquilidad.


Te mando estrellitas. Abrazos.