A las 10:30 llegamos a la estación de Varanasi Junction Train Station (BSB). No hubo tiempo para tomarnos un te masala con mis compañeros viajeros y nos tuvimos que separar. Aunque hay oficina de taxis prepago, regateé con un conductor directamente, consiguiendo mejor precio, para que me llevara a uno de los hoteles cerca del Manikarnika Ghat.
La primera experiencia por los callejones en la orilla del Ganges es intensa. Es un laberinto de calles y más calles estrechas, que se cruzan sin orden, donde te vas encontrando con templos, tiendas, talleres, humildes viviendas, algunos hoteles, centros de meditación,…calles repletas de gente, vacas, perros…-por Dios, en lo último que me gustaría reencarnarme es en un perro de Varanasi- vienen a mi recuerdo los olores intensos, la ausencia absoluta de limpieza… Es apasionante y a la vez agobiante. Perderse en sus calles es facilísimo. Cuando por fin llegas a la orilla del Ganghes es una experiencia emotiva. En mi caso recalé justamente al Ghat de Manikarnika. El ghat más grande de Benarés. Justamente se estaban celebrando varias ceremonias funerarias. Sobrecoge la escena. Las hogueras, la comitiva de familiares, el humo, los montones de leña, el calor, el olor. Apabulla el espectáculo. Enseguida se me echaron encima los trileros. Tienen un olfato especial para los recién llegados, las presas más fáciles. En Varanasi esta gente es especialmente abundante, sobre todo en los alrededores de este ghat.
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Encontré una buena habitación en Shanti Guest House. No es el mejor sitio pero las vistas desde la terraza, la habitación y el precio no están mal –150rp/dia–. Ya me di cuenta que es un albergue muy popular entre mochileros, donde se dan cita muchos de ellos en la terraza por la noche. La ubicación del hotel es muy buena también. Disponen de servicio de barcas exclusivo y gratuito para los clientes todas las mañanas y anocheceres. Es un punto a su favor interesante, aunque ciertamente es mejor buscarse la exclusividad de una barca para uno solo.
Varanasi es una ciudad que hay que saborear despacio. Sus atractivos no son tanto los templos, los museos, o sus centros de artesanía. Lo que hace especial a Varanasi es su estatus de ciudad santa, el aura que la envuelve, la simbiosis tan especial que tiene con el río Ganges. Para apreciar ese carácter especial hay que dejarse envolver por la ciudad, sosegadamente, paseando por su orilla, disfrutando del espectáculo de los anocheceres sentado en una terraza con vistas al Ganges, acudir con las primeras luces del sol a realizar una puja, sentarse en una azotea a observar la ciudad saboreando un te masala, leer, hacer yoga… Un lugar al que hay que acudir para disfrutar del espectáculo al amanecer o al anochecer es al ghat principal de Dasaswamedth. Varanasi es una ciudad donde merece la pena dejar pasar el tiempo para disfrutarla realmente.
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