Comenzábamos la semana visitando uno de los pueblos más conocidos de Francia. Fue declarado Monumento Histórico y atesora numerosos ejemplos de la arquitectura medieval francesa. Se alza sobre magníficos acantilados de piedra caliza, a unos 100 m de altura respecto al río Lot. Se encuentra ubicado dentro del Parque natural de los Causses du Quercy, muy cerca de Cahors, pero el camino discurre por carreterillas secundarias y el trayecto nos llevó una media hora. Ya este día nos dimos cuenta de que esta zona está atravesada por una maraña de pequeñas carreteras que conectan todos los pueblos, hay muchos posibles caminos para ir de un sitio a otro y todos atraviesan los pueblos por las calles principales. Lo bueno es que, en general, no hay mucho tráfico.

El pueblo es muy pequeño, apenas unas pocas calles y alguna plaza, pero cuenta con 4 parkings públicos, lo que da una idea de la cantidad de visitantes que recibe. Nosotros madrugamos y aparcamos en el Parking 4, que es el más cercano al centro urbano, pero se llena pronto y entonces hay que ir aparcando cada vez más lejos del pueblo, así que en fechas de alta afluencia como en verano conviene ir lo antes posible. El parking es de pago, pero a partir de las 19:00 es gratis.

Tras dejar el coche nos encaminamos a la Place du Sombral, donde se encuentra la oficina de turismo, ya que queríamos preguntar por el "Chemin de halage", del que luego escribiré. De camino ya vas viendo las callejuelas del pueblo, suelos empedrados, casas medievales perfectamente mantenidas, el entorno verde que lo rodea... y mucha gente. Pese a ser temprano ya éramos muchos turistas los que estábamos allí, lógico siendo Agosto. Dedicamos la mañana a pasear por el pueblo con tranquilidad.

Los puntos más destacados son:
-La Iglesia de San Cyr: data del siglo XVI y está dedicada a San Cyr, el santo mártir más joven, ya que murió a los 3 años, y a su madre, Santa Juliette. La entrada es gratuita y dentro se pueden ver pinturas murales.


-Ruinas del castillo de los Cardaillac: Está situada muy cerca de la iglesia, y aunque las ruinas no tienen gran interés, las vistas desde ellas sí que merecen la pena.

-La roca de la Popie: se trata de una gran roca que da nombre al pueblo, situada junto al acantilado. Su nombre se debe a que tiene forma de ubre o mama. El primer castillo se ubicó sobre esta roca.
-Albergue de los marineros, o Maison André Breton: muchos artistas (pintores o escritores) se han enamorado de esta zona de Francia y compraron casas que luego rehabilitaron. El escritor André Breton fue uno de ellos y adquirió la casa más antigua del pueblo, del siglo XIII, y que cuenta con una torre.
-Castillo de la Gardette: hoy es el museo Rignault.
-Casas nobles: dentro del conjunto de casas medievales destacan algunas como la casa de la Fourdonne , que hoy es el ayuntamiento o la casa Daura, donde se encontraba el taller del pintor catalán Pierre Daura. También ha sido un hospicio y hoy en día es una residencia para artistas que vienen aquí buscando inspiración. Destaca por sus ventanas con columnas y arcos góticos.


-Puerta de la Pelissaria o de Rocamadour: es una de las dos puertas que quedan de las tres con las que contaba la villa. Desde aquí se tienen unas de las mejores vistas del conjunto urbano.
-Calle y puerta de Peyrolerie: es la zona cercana a la plaza de Sombral, y donde se ubican la mayoría de los restaurantes y bares de Saint Cirq.
A media mañana aprovechamos para tomar unos smoothies en una terracita que encontramos algo escondida, junto a las ruinas del castillo. El pueblo nos gustó mucho, está muy bien conservado y tiene merecida la fama de ser uno de los más bonitos de Francia. Eso sí, se nota que prácticamente vive del turismo y todo el mundo que estaba allí son turistas o trabajadores del sector, pero aún así, es una de las visitas imperdibles de la zona.
Sobre las 12:30 empezamos a mirar sitios para comer pero estaba ya todo lleno. En todos los restaurantes que preguntamos había cola de espera, y además los precios eran altísimos, así que decidimos dejar el pueblo y buscar otro sitio para comer. De este día nos quedaba aún una visita, el "Chemin de halage" o "Camino de sirga". Se trata de un sendero que conecta el propio Saint Cirq con el vecino pueblo de Bouziés. La ruta discurre a la orilla del río Lot y gran parte del camino fue tallada en la roca, y servía para que caballos o mulos tiraran de las barcas que surcaban el río transportando mercancías tirando de unas sirgas (de ahí su nombre) al remontar las esclusas del río. Hoy aún es posible pasear por el río en barcos turísticos pero no lo hicimos.
El camino tiene unos 8 Km entre ida y vuelta, y además la parte más bonita e interesante se encuentra en el lado más cercano a Bouziés, por lo que se si hace desde Saint Cirq es una buena caminata y hacía bastante calor ese día. Decidimos coger el coche y trasladarnos a este pueblo vecino y comer allí. Mirando el googlemaps sólo encontramos un restaurante, dentro de un hotel, ya que Bouziés es aún más pequeño que Saint Cirq y mucho menos turístico, pero aún así decidimos probar. Pusimos el GPS y telita.... nos llevó por las peores carreteras de todo el viaje, incluso un buen tramo por caminos sin asfaltar, pero bueno, tenía también su encanto porque estábamos metidos en lo más profundo de la zona, rodeados de bosques y alguna cabaña ocasional.
Cuando llegamos nos encontramos con un gran parking de pago en el centro del pueblo, junto al río, y allí aparcamos. Desde el parking vimos un furgón que anunciaba Pizzas y nos acercamos... era un puesto ambulante que las hacía allí mismo en un horno de leña y que te las podías llevar al parque que había justo al lado del río, una explanada de hierba con algunas mesas de madera. Por suerte quedó libre una de las mesas y decidimos comer allí, y fue una buena elección. Pedimos una pizza cada uno, una de ellas flambeada, que la habíamos probado en la Alsacia y nos gustó mucho, y estaban muy buenas las dos!! Y mientras tanto el Starito podía revolcarse por la hierba que es lo que a él le gusta.

Desde este mismo punto se pueden comprar los billetes para los barcos que surcan el río Lot y allí mismo aprovechamos para tomar el café para despejarnos antes de emprender la caminata. Allí mismo también se puede ver una playita en el río, y aunque nosotros no nos metimos el perro sí lo hizo y se dio el primer baño en un río de los varios que le esperaban durante todo el viaje. El inicio del camino está perfectamente señalizado y tampoco es que tuviera mucha pérdida pues iba bastante gente buscándolo también. No tiene nada de pendiente así que es muy sencillo de realizar.

Nada más salir de Bouziés te encuentras con algunas curiosas esculturas como unos mamuts, y un antiguo puente ferroviario de hierro. Más adelante empiezan las paredes de los acantilados, con algunas cuevas, y por fin la zona excavada en la roca. Llama mucho la atención el trabajo que hiceron para poder construir el camino en esas paredes verticales. En una zona también se puede contemplar un mural realizado por el escultor Daniel Monnier. A través de esta obra excavada en la roca se representa el entorno del río, su fauna, su flora y sus fósiles. Después se llega a la zona de la esclusa y pudimos contemplar cómo un barco la atravesaba. Llegados a este punto nos dimos la vuelta y regresamos a Bouziés.



Desde el punto de partida se pueden ver algunas cuevas excavadas en la roca en la orilla opuesta del río. Sirvieron como escondites o refugios. La más grande está reforzada por una muralla almenada: es el "Château des Anglais".

Con esto poníamos punto y final a las visitas del día y nos volvimos a Cahors para darnos un bañito en la piscina de la residencia y descansar.