Martes 15 de abril de 2025
Hoy es nuestro segundo día en Suzhou, pero por la mañana hacemos una excursión al cercano pueblo de Tongli.
Es uno de los varios pueblos con canales de la región.
Al planificar el viaje estuvimos sopesando pros y contras de los distintos pueblos con canales, también llamados “water towns”, pero nos parecían todos buena opción.
Elegimos Tongli porque se podía llegar en metro desde Suzhou. Acabamos yendo en taxi.
Es cierto que es mucho más caro que el transporte público, que un trayecto cuesta meros céntimos, pero la comodidad, sobre todo para ir a sitios que no tienen conexión directa, es impagable.
Llegamos a Tongli a las 10 y media de la mañana, y estaremos unas seis horas, con pausa para comer.
Se puede visitar con la mitad de tiempo, pero se está tan a gusto saliendo unas horitas del meollo de la gran ciudad, que no tenemos prisa por irnos.
En Tongli hay que pagar entrada para visitar el casco antiguo, es decir, la zona de los canales, que cuesta 100 yuanes (12 euros) y da acceso a varios edificios históricos.
Si 12 euros son el precio a pagar para no tener las masificaciones de Shanghai, Hangzhou o Suzhou, es dinero bien invertido. Es uno de los lugares más tranquilos que encontraremos en todo el viaje.
La calle que da al canal principal es la más turística y concurrida, pero girando por cualquier callejuela secundaria, se encuentra el auténtico remanso de paz típico de un pueblo de antaño.
De los lugares de interés incluídos en el ticket, uno de los que más nos gusta es el Gengle Hall, con su bonito estanque de carpas en el jardín y sus intrincadas decoraciones en las salas interiores.
Lo llamativo de estas antiguas residencias de lujo es que el edificio se distribuye alrededor de un minuciosamente diseñado jardín. Así todas las salas y pabellones son super luminosas y tienen unas bonitas vistas hacia la naturaleza.
Al mediodía nos sentamos a comer en una de las terrazas al lado del canal, dispuestos a pagar la turistada, pero, aún siendo uno de los menús más caros que vemos en el viaje, un plato de fideos con ternera apenas llega a los 7 euros (58 yuanes).
Lo celebramos con dos Tsingtao, una de las cervezas más famosas de China.
Sin cargo alguno el plato incluye una tetera llena de té verde para compartir, una amabilidad infinita, a pesar de las dificultades de la barrera lingüística, y unas vistas preciosas del canal y del ir y venir de las barcas.
Habiendo comido y habiendo dado ya mil y una vueltas por las callejuelas peatonales, y habiendo entrado en todos los monumentos visitables, tomamos otro DiDi de regreso.
Esta vez vamos a la otra calle tradicional con canales de Suzhou, Pingjiang.
Son las seis de la tarde de un martes cualquiera de abril y parece que todo el mundo y su madre han venido a pasear por esta zona. La verdad es que hace un tiempo divino que acompaña.
Nos llama la atención la gran cantidad de chicas ataviadas con vestimenta tradicional haciéndose sesiones de fotos profesionales o amateurs.
Cientos de princesas Tourandot con chales de pedrería, vestidos de gasa con mangas infinitas, intrincados tocados repletos de perlas esperan pacientemente ese nanosegundo en que no salga ningún turista en el plano para crear la foto perfecta.
No es inusual encontrar sesiones de fotos con vestimenta tradicional en lugares pintorescos de China, pero aquí abundan más de lo habitual.
Recorrer la calle nos toma una hora y media y ya ha oscurecido.
Decidimos regresar al hotel caminando y pasamos por la comercial calle Guanqian.
Nos deslumbran los miles de neones.
Cenamos en la habitación del hotel algo que compramos en una tienda de conveniencia y a dormir.
Otras fotos del día: