Pues ya cogido todo lo importante pusimos rumbo a la primera parada: Helsinki.
Helsinki en Julio: cuando nosotros fuimos hizo calor para lo que es, con mínimas de 18 y máximas de 28; una temperatura muy agradable para hacer turismo. Amanecía a las 3:30 de la mañana (recomiendo llevar antifaz) y atardecía a las 11:30 de la noche. Además, no llegaba a hacerse de noche del todo.
Jueves 17 de julio.
Primer error del viaje: miré mal los horarios del vuelo y pensé que era a las 10:50, así que cogimos mi pareja y yo el autobús a las 8:50. Al final pasamos el control enseguida y no hubo mayor problema.
Nosotros cogimos el vuelo con Finnair, aunque lo operaba Iberia. La duración del vuelo fueron 4 horas, sin incidencias. Llevamos bocadillos y de cortesía sirvieron agua y zumos.
Para ir del aeropuerto al centro tienes diversas opciones, pero lo más fácil es coger el tren. Llegar al andén no tiene ningún tipo de pérdida: está bien señalizado con un dibujo de un tren. Una vez en el andén es un poco lioso porque cuando llegas hay dos vías. Cualquiera de ellas te lleva a la estación central de Helsinki (trenes I y P).
Nosotros compramos en la propia máquina del andén un billete de ida de zona ABC (es el que necesitas) que cuesta 4,40 euros; pero también puedes pasar el contact less en los lectores que hay dentro del tren. La compañía es HSL y esta es la página en inglés www.hsl.fi/en.
Lo bueno del billete físico es que es válido por 90 minutos, por lo que no tienes que pagar nada adicional si quieres usar el tranvía o el metro después, puedes hacerlo con un único billete.
Llegamos a la estación central y cogimos el tranvía 6T hasta el alojamiento. El alojamiento estaba fenomenal, tenía una pequeña cocina americana con microondas y dos fuegos, menaje e incluso café molido y cafetera de émbolo. Bajamos a hacer una pequeña compra (el supermercado era el portal de al lado) y salimos a descubrir Helsinki.
Paseamos por el centro sin rumbo fijo, disfrutando de la ciudad. Nos llamó la atención al pasar por Old Church Park que hubiese un cementerio sin vallar ni nada. Era un poco creeppy. Aunque por comentarios que he leído de otros usuarios en Finlandia es habitual.
Continuamos por esplandi y llegando a kauppatori, que es como el puerto donde está allas pool y la noria gigante. Después nos acercamos a la colina para observar la Iglesia Ortodoxa del siglo XIX construida en clinker rojo con 13 cúpulas que recuerda a la de S. Petesburgo.

Nos sentamos en la colina a descansar. Había muy buen ambiente y mucha gente con cervezas en la propia calle, así que dimos por hecho que no estaba prohibido. El día acompañaba, con la luz dorada y buen tiempo. Así que decidimos ir al super más cercano y nos cogimos dos raddler, que nos costaron 3 euros cada una. Un robo a mano armada.
Nos sentamos en el puerto, frente al casino de Katajanokan. Un lugar idílico. Entre la luz, ver el mar, la tranquilidad que se respiraba…Había otras personas haciendo lo mismo, viendo los barcos pasar. Incluso gente sola leyendo o simplemente disfrutando la vista. Se respiraba mucha paz.

Después de terminar la cerveza, nos acercamos caminando hasta la isla de Tervaasari (desde la cual se ven de frente varias fachadas de edificios históricos) y vuelta hacia la zona del alojamiento.
Cenamos cerca del alojamiento, en “Restaurant Levant Bulevardi”, comida de la zona de oriente medio a muy buen precio. Pedimos Mezze con varias cosas y, dado que en estos países te ponen agua por cortesía, no pagamos bebida. Así que nos salió 38 euros dos personas. La comida estaba muy buena.
En esa misma calle había un montón de sitios con buena pinta e incluso terraza. Otra cuestión a tener en cuenta: en Finlandia cierra todo super pronto, a las 21 o 22 horas; así que revisad en Google por si acaso. Nosotros escogimos este restaurante por cerrar a las 22, aunque es cierto que fuimos pronto (20:30).

Después seguimos para dar una vuelta por el puerto de Koydenpunojankatu, en el que había varios barcos curiosos (algunos rompe hielos) que se podían ver sin acceder. Fue un paseo muy agradable y había muy poca gente.
Y ya volvimos al alojamiento a descansar, que después de la paliza de viaje no podíamos más.