Aunque he ido haciendo comentarios de todo lo visto en cada etapa, siempre me gusta poner al final un breve resumen y algunas conclusiones basadas en nuestra experiencia. Más que ofrecer recomendaciones inútiles, pues cada cual tiene sus gustos y su forma de moverse, mi intención es dar alguna pista a futuros viajeros que puedan estar interesados en este maravilloso destino, si bien, como todos los lugares, tiene sus cosas buenas y sus cosas no tan buenas.

Itinerario.
Después de determinar la duración del viaje, lo primero es decidir si se quiere recorrer solo montaña o si se desea aprovechar también para ver algunas ciudades del noreste italiano. En nuestro caso, teníamos claro que queríamos dedicar la mayor parte de los diez días disponibles a la naturaleza, visitando solo Trento y Bresanona. A toro pasado, quedamos muy contentos de nuestra decisión, incluso nos hubiésemos quedado más tiempo. Si no se es tan entusiasta de la montaña, creo que al menos conviene dedicarle tres días completos a los Dolomitas. También es necesario consultar diariamente el pronóstico meteorológico y llevar planes alternativos para prevenir cambios bruscos en el tiempo. Por ejemplo, no vale la pena gastarse un dineral en un teleférico si no se puede disfrutar de las vistas.

En cuanto a la manera de plantear el viaje, lo más cómodo es, lógicamente, ir en avión hasta una ciudad de pille bien y allí alquilar coche. Nuestro caso fue diferente por los motivos que ya he comentado. De todas formas, no nos arrepentimos y puede ser una opción interesante para quienes no les guste viajar en avión.

Época del viaje y clima.
Quedamos muy contentos de haber ido a partir del 23 de junio. Aunque pasamos calor, tuvimos mucha suerte con el tiempo, con solo un dos o tres tormentas que no nos quitaron de nada y con una visibilidad perfecta para descubrir cada pico. Además, a partir del 16 de junio, abren todos los teleféricos y telesillas que funcionan en la temporada de verano y hay mucha menos gente que en julio y agosto, cuando los Dolomitas llegan a masificarse. Había turismo, sí, pero no agobiante. Otro extra para el paisaje fueron los prados de un color verde intenso y la infinidad de flores que los cubrían. Una maravilla.

Alojamientos.
Empecé a mirar hoteles a principios del mes de marzo. Aunque me parecieron carísimos (sobre todo en Cortina d'Ampezzo y Val Gardena), encontré algunas buenas ofertas que mantuve hasta el final. Otras reservas -con cancelación gratuita-, las fui cambiando según variaba el itinerario. También me di cuenta de que no siempre se obtienen mejores precios por reservar con mucha antelación. Es cuestión de mirar, ya que a veces surgen ofertas de última hora. Por lo demás, nos gustaron los hoteles que escogimos; todos incluían desayuno de buena calidad y bastante variedad, lo que puede justificar un precio más alto. Algunos tenían aire acondicionado y aparcamiento incluido. Por cierto, cuidado con el tema de las estafas con las reservas hechas en booking.com, que a nosotros también nos la quisieron colocar tal como expliqué en su momento.

Comida y restaurantes.
Si te gusta la pasta cocida al dente, como era nuestro caso, en Italia, hambre no vas a pasar. La tienen buenísima en casi todos los restaurantes; también ofrecen otros platos, claro está. El precio es quizás un poco más alto que en España, pero no tuvimos la sensación de recibir "sablazos". Además, se puede compensar el gasto en restaurantes con los bocadillos ya preparados que venden en las panaderías y supermercados, muy ricos y variados, que vienen muy bien para excursiones, senderismo y algunas cenas. Por supuesto, evitad comer en los restaurantes de los refugios, estaciones de teleféricos y plazas céntricas: abarrotado, caro y de poca calidad. En fin, nada que no suceda en otros lugares.

Carreteras.
Por supuesto, tratándose de carreteras de montaña, son muy viradas, algunas incluso tortuosas, aunque lo peor es el tráfico, pues son multitud los ciclistas que circulan por ellas, además de motoristas, autocaravanas y autobuses de todo tipo. Aunque suelen tener buen firme, nos encontramos con multitud de obras. Se nota que el invierno hace mella y necesitan muchos trabajos de conservación, por no hablar de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2026 en Cortina d'Ampezzo. El combustible está más caro que en España. El diésel normal, rondaba un precio de 1,70 euros, si bien llegamos a repostar por 1,64. Tuvimos buen cuidado de llenar el tanque en Barcelona, así que en los Dolomitas solo repostamos dos veces y una tercera con lo imprescindible para llegar a Génova sin problemas. En cuanto a los peajes, solo pagamos en los viajes de ida y vuelta entre Génova y Trento (unos 30 euros cada trayecto completo). En los Dolomitas, no utilizamos autopistas.

Rutas de Senderismo y utilización de teleféricos y telesillas.
Nos habían advertido que terminaríamos subiendo en varios teleféricos, pese a lo cual fuimos con la idea de utilizarlos lo menos posible, pues nos gusta mucho el senderismo. Una vez allí, tuvimos que rendirnos a la evidencia. Ciertamente, son muy caros, pero en unos minutos ascienden a unas alturas que te llevaría todo el día alcanzarlas a pie. Y una vez arriba, ¿tendrías tiempo, ganas y fuerzas para caminar más? Los Dolomitas (como Suiza y una parte de los Alpes franceses) es una zona de montaña preparada para el turismo de masas y los deportes de invierno, un turismo cómodo y con dinero disponible que en verano aprovecha para divisar unas panorámicas increíbles que en otros lugares solo contemplan quienes se lo ganan con su esfuerzo. Hay que asumirlo y cada cual que decida lo que prefiera. Nosotros lo tuvimos claro a partir de Seceda.

Precios.
No me voy a extender en este apartado porque ya he ido poniendo en cada etapa los precios del ferry, los hoteles, los restaurantes, los teleféricos... Así que es fácil echar las cuentas. Si se quiere ahorrar, se pueden utilizar los autobuses públicos y también unas tarjetas que incluyen varios remontes (casi nunca los más espectaculares) y diversas atracciones, algunas incluso las facilitan gratuitamente los hoteles en que te alojas. Nosotros no las contemplamos porque cada Valle suele tener la suya propia y una que permitía varias zonas no nos salía a cuenta. En fin, que los abonos existen, pero antes de lanzarse a comprarlos hay que comprobar detenidamente si compensan.

Imprescindibles.
Depende mucho de la duración del viaje y de la climatología. Si hace bueno, casi todo es bonito, incluso lo que se publicita menos. Luego está el asunto de la masificación. La verdad, yo prefiero ver un lago a una hora de poca afluencia por mucho que la vista difiera de la maravilla que muestran los influencers al amanecer, al atardecer... Claro que a veces también está condicionado al itinerario de cada uno, pues no siempre se puede llegar a la hora propicia para hacer la foto de Instagram y que, además, haya poca gente. Mis imprescindibles los he ido poniendo en cada etapa, aunque los sitios que más recuerdo son el Lago di Carezza (¡qué color del agua!), Seceda (un paisaje maravilloso), la Marmolada y su glaciar, el paseo circular del Lago di Braies, Cinque Torri, los reflejos en el Lago Alleghe, los frescos del Claustro de la Catedral de Bresanona y, sin duda, la caminata de las Tres Cimas de Lavaredo, quizás porque fue una auténtica ruta de senderismo.

Conclusión final.
Nos ha gustado mucho el viaje y cada vez que lo recordamos, nos agrada más. Contemplamos panorámicas maravillosas, cumplimos prácticamente todos los objetivos del itinerario e incluso más, las tormentas no nos afectaron demasiado, comimos muy bien y los lugareños fueron en general muy amables con nosotros. Había bastante turismo, aunque ni por asomo las multitudes que aparecen a mediados de julio y en agosto. Lo peor, el paso por Génova y el cobro exagerado en algunos aparcamientos. Por lo demás, encantados

