El día comenzó con un Uber a la estación de buses. Eran 3 minutos en coche y media hora andando. Quizá no era mucho pero nos permitía dormir más y no cargar de Kms innecesarios a las piernas que los próximos días iban a sufrir. Nos costó 4,5€.
El bus con la compañía Bus Sur, que habíamos comprado por internet nos costó 28€ los dos la ida y otros 28€ las vueltas, y salía a las 6:50 de la mañana para llegar a la entrada de Laguna Amarga a las 8:50.
Lo quise comprar con antelación porque era temporada alta e iba comprobando periódicamente la disponibilidad en la web, y cuando vi que quedaban pocas plazas lo compré, pero si se llega sin billete, hay infinidad de compañías en la terminal que realizan el trayecto y estoy seguro de que sin ticket anticipado se puede conseguir uno, igual no para la primera hora, pero si para la segunda.
No voy a explicar el funcionamiento del parque de Torres del Paine, seguro que por ahí hay otros blogs o webs que lo hacen en profundidad, ni las diferentes entradas del parque. Solo voy a centrarme en explicar cómo funciona la entrada de Laguna Amarga, que es la que se usa para la ruta del mirador de las torres, la que la mayoría de gente realiza en un día.
El bus te deja en la portería de Laguna Amarga, unas pequeñas instalaciones con aseos, una sala de exposición y poco más. Se supone que hay que llegar con la entrada comprada con anterioridad, pero si no se ha comprado, se puede hacer allí. Nos costaron 29€ cada una de las entradas. En teoría para el 01/01/26 las iban a subir bastante, pero lo han pospuesto a Mayo de este año.
Tras hacer una fila bastante informal, un trabajador del parque te mira rápidamente la entrada el teléfono móvil y se acabó todo tipo de control. Antiguamente había que pasar por las taquillas y el control era mucho más riguroso que ahora.
Desde aquí, se coge una transfer que hay que pagar en efectivo, que cuesta 4500CLP y te acerca al centro de visitantes, que se encuentra a unos 7km de la portería Laguna Amarga, y que la verdad, el paseo no vale nada y es mejor hacer en bus.
Aquí vuelve a haber baños, tienda de souvenirs y una cafetería.
Tampoco me voy a extender en la ruta, en wikiloc hay información muy detallada de esta. Es una ruta de dificultad media, con un tramo final duro, si bien antes se ascendía por la pedrera y podía resultar peligroso, ahora se hace una ruta por el lateral de ésta (parece la cola del Corte Inglés en rebajas) y no es nada peligrosa.

Para la gente que no esté acostumbrada a la montaña, siempre se dice que en un día pueden hacer las cuatro estaciones, pero esto aplicado en Patagonia es todavía más cierto. Hay zonas de mucho mucho viento donde la sensación térmica baja bastante, por lo que conviene ir bien abrigado o por lo menos con cortavientos.
Hay disponibilidad de agua en prácticamente toda la ruta, así que no vale la pena cargar con exceso de peso desde el principio, y un par de refugios donde hay comida.
Hay también muchísimo tour organizado, por lo que recomiendo madrugar y coger el primer bus posible (que es el que cogimos nosotros) para evitar masificaciones y colas en la subida.

Respecto a las Torres del Paine, de mi primera vez guardaba un buen recuerdo, pero no espectacular. He de decir que esta vez me gustaron mucho mucho más (pero lo que vimos en los días siguientes lo eclipsaría por completo).

Volvimos con calma, ya que teníamos el bus de vuelta a las 20:10h de la tarde. Habíamos querido dejar margen para no tener que ir corriendo durante el día.
La bajada se convirtió en un safari fotográfico de aves, donde apreciamos la variedad del parque. Eso sí, ni un guanaco y mucho menos ni un indicio de pumas.

Llegamos bastante antes al centro de visitantes, donde nos tomamos una cerveza (unos 8€ la pinta, pero después de la paliza me daban igual) y estuvimos esperando hasta que las transfers nos volvieron a llevar a la portería de Laguna Amarga por otros 4500CLP en efectivo. Afortunadamente, sobre las 19h apareció un bus de la compañía Australbus, que resultó ser la misma que Bus Sur, y nos pudimos subir con el billete de las 20h. Fueron un poco los juegos del hambre, al no ser un bus programado, el primero que llegaba se subía. Lo explicaron en castellano por lo que tuvimos unos segundos de ventaja sobre los extranjeros y subimos de los primeros.
El bus de vuelta fue de dormir. Los paisajes son una pasada, pero el cansancio era bastante más grande.
Volvimos en taxi de la estación de buses, y nos dejó en una pizzería al lado del hotel donde pedimos dos pizzas para llevar por unos 30€ las dos y nos las cenamos en el hotel.
Acabó así el primer día de trekking del viaje, pero aún nos quedaba otro día de transportes antes de empezar lo que realmente iba a ser el viaje.