La imagen de dos enormes manos de piedra sosteniendo una pasarela dorada por la que la gente cruza sobre una inmensa selva verde se ha hecho viral últimamente y aparece en casi todos los reportajes turísticos de Vietnam. Ciertamente es espectacular por mucho que se trate en realidad de una construcción que forma parte de un parque temático, eso sí, situado en un paisaje casi de ensueño… cuando hace buen tiempo. Porque esa estampa de internet tan nítida, con el cielo de un color azul intenso, no es fácil de conseguir. Y menos en época de lluvias, si bien en diciembre ya no suelen ser continuas ni torrenciales como en los meses anteriores.
En cualquier caso, es una de las excursiones que se pueden hacer fácilmente desde Hoi An, así que nos la ofrecieron, si bien Linda nos dejó claro que tal como estaba el tiempo no se podía garantizar lo que fuésemos a encontrarnos allí: igual diluviaba, igual había niebla, igual no veíamos nada de nada.
En Hoi An, el cielo estaba cubierto, pero no llovía. Aunque nos estábamos librando de los estragos del agua por los pelos, lo cierto era que solo habíamos abierto el paraguas unos minutos en el Delta del Mekong, ya de regreso al hotel. ¿Por qué no podía pasar eso también ahora? Pues, vale, sí: nos arriesgamos. La respuesta fue unánime por parte de los siete: visitar uno de los puentes más espectaculares del mundo merecía arriesgar el precio de la excursión.
Sun World. Bana Hills.
Para llegar al Puente de las Manos o Golden Bridge, debíamos ir hasta el complejo recreativo de Sun World, en las colinas de Bana Hills, provincia de Da Nang, a unos 40 kilómetros de Hoi An, lo que supone algo menos de una hora en coche. Allí, se toma un teleférico (cable car), que en unos veinte minutos recorre una distancia de 5,8 kilómetros por encima de un fantástico entorno selvático, hasta la cima de la montaña Nui Chua, a 1.400 metros de altitud, donde no solo se halla la pasarela dorada, sino otro buen conjunto de atracciones. Pero iré por partes.

De camino hacia la montaña, ya nos dimos cuenta que el asunto pintaba mal. No llovía, pero el cielo estaba negro y, lo que era peor, en las cumbres se arremolinaban las nubes, presagio inequívoco de que podía haber niebla. Incluso llegamos a temer que el teleférico no funcionase.

Ya en los accesos a Sun World, donde está la estación del teleférico, nos quedamos pasmados: ¡menudo chiringuito han montado allí! No hay que olvidar que se trata de un Parque Temático con todas sus connotaciones, buenas y malas. A pesar del mal tiempo, había mucha gente. Aun así, no puedes evitar la tentación de tomar fotos. Vi que entrada para extranjeros cuesta 1.050.000 VND (algo más de 30 euros) e incluye varias atracciones, el puente y el teleférico. A partir de las seis de la tarde son más baratas.


Cuando nos montamos en el teleférico (las cabinas son de hasta ocho plazas, justo para nosotros siete y la guía), no llovía, así que pudimos divisar el fabuloso paisaje que teníamos debajo, aunque las fotos no salieron bien porque la bruma iba cada vez a más. Pero como es eso o nada, prefiero ponerlas para dar una idea del paisaje.

El entorno selvático se veía fantástico, salpicado por enormes cascadas que se precipitaban de forma tumultuosa entre las rocas. Sin duda es uno de los atractivos de la excursión. Hacer una ruta de senderismo por allí debe ser una maravilla. Desconozco si es posible llevarlo a cabo.


Lo peor fue que a mitad del recorrido se puso a llover a cántaros, con lo cual los cristales de la cabina se llenaron de gotas y en adelante resultó imposible hacer fotos. ¡Madre mía la que nos esperaba arriba!

Bajamos del teleférico y tomamos un funicular que nos llevó a otro punto del parque. Existen varios recorridos, pues no se trata solo de ver el puente. Llovía menos que en el teleférico, aunque lo peor era la niebla. Me vais a perdonar por la pésima calidad de las fotos, pero las voy a poner.
La única foto sin niebla de todo el recorrido. No me resisto a ponerla
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Comenzamos a caminar por los llamados Jardines del Amor, con princesas y pavos reales, para pasar después por una zona de ambientación oriental con budas gigantes, pagodas, templos… Todo un cuento de hadas envuelto en la niebla.

La verdad es que aquello parecía una película de miedo. Dejando aparte que casi debíamos adivinar las figuras entre las brumas, la buena noticia fue que dejó de llover; en esa zona había muy poca gente.

Siguiendo un itinerario marcado, llegamos hasta la estación de bajada del teleférico, donde está el famoso puente. Aunque solo veíamos una mano, la estampa no dejaba de impresionarnos.

Inaugurado en 2018, el conjunto consta de una pasarela dorada de 150 metros de longitud que cruza el río Han, en una zona de acantilado, a 1.400 metros de altitud. Está sostenida por dos gigantescas manos de piedra, fabricadas con fibra de vidrio y malla de alambre, que parecen abrazarla. La estructura resulta espectacular, incluso con la cantidad de gente que suele visitarla. Aquella tarde, no tanta.

Hay diversos miradores panorámicos y una especie de balcón para sacar la consabida foto de recuerdo. De repente, un rayo de sol apareció en el cielo y pudimos contemplar la segunda mano. ¡Una suerte, tal como estaba la cosa!

Tras aprovechar para hacer fotos, me acerqué a un mirador lateral, buscando otra perspectiva. Luego, crucé la pasarela, desde el otro lado de la cual también se tiene una estampa imponente, pero la suerte se había agotado. El sol tan rápido como vino, desapareció, poniendo un cielo negro negrísimo. Y empezó a caer el diluvio universal. Así que desistimos de acercarnos a ver otra de las zonas del parque, donde se encuentra la llamada Villa Francesa, y preferimos aprovechar el resto de la tarde en Hoi An.


Pese a la niebla, nos gustó la excursión y ver el puente, finalmente con sus dos manos. Sin embargo, si ya me gusta poco hacerlas, este es uno de esos lugares en los que las recomendaciones resultan odiosas: a unos les encantará y a otros les decepcionará, sobre todo teniendo en cuenta la distancia, el precio de la entrada y que la lluvia y la niebla pueden presentarse en cualquier momento.

Bajando en el teleférico, Linda nos comentó que Vietnam Airlines nos había cambiado el vuelo que debíamos hacer dos días después desde Hué a Hanoi. En vez de madrugada, sería por la tarde, con lo cual tendríamos que pasar dos días en Hue, perdiendo el día completo que teníamos en Hanoi y que íbamos a aprovechar para hacer la excursión opcional a Tam Com y Hoa Lu. Una verdadera faena. Protesté bastante, pero no me sirvió de nada, pues era verdad (lo comprobé por internet) que la línea aérea había cancelado el vuelo y la agencia no tenía la culpa. Así que nos tocó modificar el itinerario de los dos días siguientes.