Paseo en ciclo por la ciudad vieja y el barrio francés.
Luego dimos un paseo en ciclo, que teníamos incluido; en caso contrario, no creo que lo hubiese hecho. Por el centro hay muchas de estas bicicletas, con carrito para dos pasajeros. Ya había ido en uno de estos artilugios en La Habana, pero Hanoi es diferente. La primera impresión al incorporarte al tráfico es casi de pánico; después se te va pasando y lo peor es la cantidad de humo que tragas. No se nos ocurrió ponernos una mascarilla. Muchos motoristas las llevan, por algo será.

El conductor era muy simpático y se empeñaba en explicarnos a mi amiga y a mí todo lo que íbamos viendo: hoteles, plazas, esculturas, monumentos, incluso un Nacimiento Navideño en una tienda. Entre otros, nos señaló la Oficina de Correos, el Monumento a la Resistencia, el Hotel Metropole… Y no podía faltar el Lago Hoam Kiem.



Pero lo que más me gustaba era contemplar el ambiente de las calles y sus gentes sin tener que preocuparme de que me pudiera embestir una moto.


Me resultó curioso lo deprisa que se movía todo a nuestro alrededor, teniendo en cuenta la lentitud relativa a que se desplaza el ciclo. Hice muchas fotos. Qué raro, ¿no?


Templo Ngoc Son (el Templo de la Montaña de Jade).
El Lago Hoan Kiem puede decirse que marca el centro de la ciudad antigua y es otro de los sitios imprescindibles que visitar en Hanoi. Por sus orillas, pasean turistas y lugareños, que leen, conversan o practican taichí. Este lago tiene un pequeño templo en su centro y una leyenda, pero todo eso lo reservo para el relato del día siguiente, cuando lo vimos con más tranquilidad, pues nuestro objetivo de esa tarde era el Templo Ngoc Son.

Estaba empezando a anochecer cuando llegamos a las puertas de este templo, ubicado en el Islote de Jade, al que se accede cruzando el Puente Huc (puente del sol naciente), de madera pintada de rojo y estilo japonés, que se ilumina por la noche, otorgándole un aspecto de lo más romántico. Al ir tarde, pero antes del cierre, pudimos verlo tanto de día como de noche. Eso sí, es un sitio muy concurrido, me atrevería a decir que donde noté más agobio turístico de todo Hanoi.


En su origen, data de 1814, pero fue renovado en 1865 mediante la construcción de un nuevo complejo de reliquias y edificios que incluyó el templo, el puente, la torre de la pluma y el tintero. La entrada se realiza por el bonito Mirador de la Luna, que da paso a dos estructuras conectadas entre sí, el Pabellón Tram Ba, que mira al lago, y el Templo Ngoc San, que mira al norte y está dedicado a un héroe local.

En el interior del templo, se conserva un espécimen momificado de una tortuga que, aunque se pescó en los años 60, según los estudios realizados se cree que vivió en el lago hace más de 500 años, lo que entroncaría con la leyenda de la tortuga y la espada mágica que contaré más adelante. Al fondo, casi flotando sobre el lago, la estampa iluminada de la torre erigida en su honor.


A continuación, fuimos a nuestro alojamiento, The Q Hotel, el mismo de dos noches antes, cuya recepción nos había custodiado las maletas. Tras hacer el check-in, nos despedimos de nuestra amable guía local, a la que ya no veríamos al día siguiente. Nos dieron una habitación diferente, pero de las mismas características, aunque desde la ventana, que solo se podía abrir una rendija, se veía mejor la calle.

Asimismo, nos despedimos en el ascensor del único componente masculino del grupo, que prefirió descansar, ya que de madrugada tenía que tomar un avión de regreso a España, pues él no iba a hacer la etapa camboyana. Un abrazo, Javier. Fue un auténtico placer compartir este viaje contigo. Lo pasamos muy bien.

Paseo nocturno por la ciudad vieja y los mercados.
Después de instalarnos, salimos a dar una vuelta y a cenar. Teníamos hambre pero no queríamos nada pesado y nos apetecía cambiar un poco de tipo de comida, así que decidimos ir a un restaurante italiano que nos había aconsejado la guía. Según ella, estaba a unos 600 metros del hotel. Antes de marcharnos, sufrimos otra baja por parte de una de las chicas valencianas, que se había puesto un poco malucha.


Armadas con nuestro inseparable “Google Maps”, comenzamos a seguir el camino propuesto, a través de calles llenas de motos y enseres de todo tipo que nos obligaban a bajar continuamente a la calzada. Para entonces ya habíamos descubierto el secreto para no sucumbir bajo las ruedas de las motos y dominábamos el arte de cruzar, que consiste en no tratar de esquivar a las motos echando a correr, sino de caminar pausadamente para que ellas te esquiven a ti. Un poco de sangre fría y… todo controlado.

Caminamos y caminamos, cambiando de calles, por aquí y por allá, y el restaurante en vez de más cerca cada vez estaba más lejos. Bueno, mosqueadas estábamos, pero tampoco nos importaba demasiado porque nos lo estábamos pasando bomba viendo lo que veíamos: la noche del Hanoi tradicional, con un sinfín de tiendas todavía abiertas. Hasta me compré un bolso...

Al cabo de no sé cuánto tiempo dando vueltas, llegamos al restaurante en cuestión, que no estaba a 600 metros del hotel, sino a 1.600. Nos preguntaron si teníamos reserva. Pues, no. Entonces nada, estaban completos. ¡Vaya plan! Pregunté a San Google Maps por una pizzería y me salió una a unos escasos tres minutos. Era una Domino’s Pizza. ¡Anda que... ir a Hanoi para terminar en una franquicia! Pero dado que era muy tarde y la “baja” de la jornada, no queríamos arriesgarnos con la comida, pues al día siguiente teníamos vuelo a Camboya. Así que, vale, para allá.


Estaba situado en una calle muy comercial. Y fue curioso porque la mayor parte de los clientes del establecimiento eran… españoles; sí, sí, españoles
. ¿Mande...? Después de tomar unas pizzas, abordamos la tarea de regresar al hotel, aunque previamente decidimos indagar un poco por los alrededores, que seguían muy concurridos.

Mercado Cho Dong Xuan.
Es el mayor mercado cubierto de Hanoi. Con cuatro plantas y corte muy adusto, fue construido por los franceses en 1889. Naturalmente, el interior es un caos, un caos organizado al estilo vietnamita, lo cual no está del todo mal.

No obstante, nos atrajo más su versión nocturna, con multitud de puestos situados en el exterior, a lo largo de un par de calles cubiertas de farolillos de colores. Ofrecen todo tipo de género y gran cantidad de ropa. Aunque también van turistas, sobre todo es un mercado de carácter local.



Al fin, tocaba descansar
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