Tampoco tenemos por delante muchos kilómetros, pero madrugamos ya que vamos a hacer una parada intermedia para visitar el Templo Tondogsa.
Como ocurre en otros muchos templos, el Tondogsa está dentro de un parque nacional, el Gajisan, en el que hay que pagar una pequeña entrada, creo que fueron 2000W. Si no se cuenta con transporte propio creo que puede ser un tanto complicado llegar hasta aquí. Tanto el parking como el templo son gratuitos.
El templo es un centro de peregrinación muy importante para los Coreanos, y la afluencia de nacionales es muy importante sobre todo en fines de semana y fiestas significativas.
El primer lugar que visitamos fue el museo, en el que hay una muy buena colección de pintura budista y de objetos de culto; también es un buen sitio para ver las tablillas xilograficas como las que están en el templo Haeinsa.







Continuamos la visita por los distintos pabellones y capillas viendo a los locales realizar sus ofrendas, monjes con sus oraciones, señoras afanándose en limpiar los objetos de culto, todo ello con mas tranquilidad que en otro templos importantes, visitar este templo fue todo un acierto a mi creo que fue probablemente el que más me gustó tanto por sus edificios como por el ambiente que había., prácticamente todos los visitantes eran locales apenas nos cruzamos con extranjeros.










Comimos en el restaurante que hay en el parking, la carta no es muy grande, pero la comida esta buenísima yo me comí un binbimbang de verduras que estaba riquísimo, además todo a buen precio fueron 17.000W los dos, todos los comensales eran coreanos excepto nosotros. Por lo que pudimos entender hacía un tofu artesano muy reconocido y casi todo el mundo se llevaba un paquete.
Seguimos camino hacia Busan, era la primera gran ciudad en la entrabamos con el coche, el tráfico estaba bastante congestionado y era un poco caótico, pero no nos fue especialmente complicado llegar al hotel, el único que tendríamos en una zona céntrica. El hotel Busan H-Avenue, Seomyeon stationtiene parking gratuito y no ofrece desayuno. Las habitaciones son pequeñas, pero están bien. Nos resultó curioso que el recepcionista del hotel nos aconsejara que dejáramos el coche en el parking ya que los conductores de Busan eran lo peores del país según él; nosotros pensábamos movernos en transporte público, pero nos hizo gracia el comentario.
En la zona hay muchas opciones de restaurantes y justo en la puerta hay un combini.
Descansamos un rato, y salimos a dar una vuelta por la zona para localizarnos un poco y cenar. Había un montón de sitios, pero teníamos antojo de comer un plato típico que aún no habíamos probado, pollo frito. Localizamos un sitio que tenía buena pinta y disfrutamos de un riquísimo pollo en dos versiones una solo frito y otra con ajo, ambas muy ricas.
De vuelta al hotel compramos en la tienda de enfrente el desayuno.
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