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UN DÍA POR TASHKENT
UN DÍA POR TASHKENT
El patio interior de mi alojamiento en Tashkent (Chorsu Inn)
Tashkent, sábado 11 de Octubre, 2025.
Mi último día en Uzbekistán lo iba a pasar en la capital. Me levanté pronto, como de costumbre y para las 8.30 ya estaba bajo el porche del bonito patio de mi hotel desayunando. Esta vez como Dios manda sentadito y en la mesa. El desayuno fue generoso. Hacia las 9.30 ya estaba saliendo del lugar para dirigirme a la Madrasa Kukeldosh (s.XVI), situada junto al Bazar de Chorsu.
Madrasa Kukeldosh.-
Fue construida en 1570 en el reinado de Abdullah II, durante la dinastía de los Shaybanidas, en honor a su medio hermano Kulbobo (que era medio bobo pero muy "cool"
En el siglo XVIII, debido al abandono, la madrasa fue utilizada como caravanserai para comerciantes ambulantes. Pero entre 1830 y 1831 la cosa fue a peor y un aula y una mezquita comenzaron a derrumbarse. En 1865 fue gravemente dañada por la Rusia zarista durante la ocupación de Tashkent. Y ya, para rematar la faena, a consecuencia del terremoto de 1866, la parte superior del techo de la madrasa se derrumbó y quedó destruida, siendo posteriormente renovado el techo por ingenieros rusos en 1886.
Entre 1902 y 1903 la madrasa fue reparada con ayuda de fondos caritativos de la población de Tashkent.
Durante el régimen comunista, el complejo quedó completamente descuidado, utilizándose como almacén. Posteriormente albergó un museo del ateísmo, dormitorios y talleres.
Tras la independencia de Uzbekistán en 1991 se le prestó más atención, siendo protegida como patrimonio cultural material, llevándose a cabo amplias reparaciones y siendo donado a la Junta Musulmana de Uzbekistán bajo la cual, desde 1999 funciona como institución educativa islámica.
Cuando yo la visité ví a través de las puertas entreabiertas de algunas aulas que dan al patio interior de la madrasa, que se estaban impartiendo clases a jóvenes alumnas que dejaron sus zapatos en la puerta. Subí al piso de arriba y ví que ahí había talleres de caligrafía, carpintería, etc...
Y luego me di una vuelta por el edificio que hay al lado que es la mezquita pero estaba cerrada

Inicialmente tenía intención de visitar el complejo Hazrati Imam, pero me enteré por varios medios de que estaba patas arriba debido a las obras de reconstrucción que estaba teniendo, así que ni me molesté. Decidí entonces hacer una pequeña tournée por las estaciones de metro más destacadas.
El metro de Tashkent.-
La primera estación que visité fue la de Alisher Navoy (1441-1501), poeta, escritor, político, lingüista, místico y pintor. Es decir "chico para todo"

Ambos Qays y Layla se enamoraron de jóvenes pero el padre de ella no les permite estar juntos. Qays se obsesionó con ella de tal forma que en su tribu le apodaron "Majnum" ("El Loco"). El padre de ella insistía en no permitir el matrimonio de su hija con un trastornado y la obligó a casarse con un noble y rico comerciante apuesto y de tez rojiza llamado Wahd Althaqafi.
Cuando Majnum se enteró de esto dejó el campamento de su tribu y se fue errante a vagar por el desierto. Su familia le dejaba comida en la zona desértica cercana a la tribu. Se le veía recitando poesía o escribiendo con un palo en la arena. Se fue al desierto buscando el amor estando desconectado con el mundo físico, terminando por fallecer.
Tremenda la historia ¿eh? ¡Qué dramón! Es una especie de versión árabe que preconiza el Romeo y Julieta de Shakespeare.
La estación tiene también azulejos en relieve de otros poemas de Navoy, como uno titulado "Los Siete Planetas", "La historia de Fahad y Shirin" (otro dramón) o "La Muralla de Alejandro", un relato sobre las conquistas de Alejandro Magno.
El poeta, escritor y traductor de varios clásicos al uzbeko G'afur G'ulom (1903-1963) también tiene su estación pues es considerado uno de los escritores más influyentes de la literatura uzbeka, especialmente por su colección de relatos "Shum Bola" ("El niño travieso") que fue llevado al cine en 1977 siendo una de las películas más populares del cine uzbeko.

Otras estaciones son simplemente bonitas y con elegantes lámparas, algunas más tradicionales otras más modernas:

c) Ozbekiston; d) Bodomzor.
La estación de Paxtakor (que significa "Algodonero") simboliza la dependencia que ha tenido Uzbekistán respecto a la producción de algodón. Durante el régimen soviético Moscú asignó a cada una de las 15 repúblicas un cultivo específico para su producción masiva. Esta orientación al monocultivo ha tenido consecuencias para los uzbekos, dándose el trabajo forzoso, incluso de niños, y ha provocado desastres ecológicos como la reducción del Mar de Aral. Hoy Uzbekistán es el octavo productor de algodón del mundo. Los azulejos en las paredes de esta estación representan flores de algodón.
c) Estación de metro Mustakilik Maidoni (Plaza de la Independencia); d) Estación de Chilonzor.
Chilonzor es un barrio de grandes bloques residenciales. Su estación de metro tiene las paredes cubiertas de mármol blanco decorados con paneles de cerámica a tres dimensiones que muestran la vida uzbeka desde una perspectiva soviética mezclando tradiciones rurales, logros urbanos, cultura y trabajo. Y todo ello con unas enormes lámparas de araña al más puro estilo metro de Moscú.
Y finalmente está la estación más espectacular, que es la de Kosmonavtlar, que rinde homenaje a los cosmonautas soviéticos como Yuri Gagarin y Valentina Tereshkova, primer hombre y mujer en el espacio. La estación tiene un diseño "espacial" y sus paredes están decoradas con medallones de cerámica azul. Además de imágenes de cosmonautas, las hay también de Ulugh Bek, de Ícaro, de Galileo, el Sputnik. El techo tiene una especie de Via Láctea con estrellas y todo...


Una vez hecha la "tournée" (por cierto: Un viaje en metro cuesta 11 céntimos de euro) regresé a Chorsu para visitar el mercado.
Gran Bazaar de Chorsu.-
"Chorsu" significa "cruce". Este es el mercado más grande de Asia Central. Chorsu ha sido el centro comercial de la ciudad durante varios cientos de años pero inicialmente estaba al aire libre en su totalidad y aún lo es en gran parte, así que a mediados del siglo XX los soviets hicieron un claro en el centro del laberinto de puestillos para construir un edificio con una gigantesca cúpula decorada con teselas azules y turquesas. En su interior se encuentran los comerciantes que venden carnes, pescados y aves en la planta baja y en la primera planta hay exclusivamente vendedores de frutos secos... ¡¡muchísimos frutos secos!!
Salí al exterior y encontré todo un universo de comidas, productos, ingredientes, joyería, relojes, ropas, complementos, etc, etc... es un sitio donde pasar unas cuantas horas merodeando y de vez en cuando -si puedes- sentarte y ver la vida pasar. Dejo unas cuantas fotos.


c) En el Departamento de Cebollas se matan a trabajar
Después de dar mil vueltas por fin encontré el area donde se sirven comidas. Estaba a tope y había gran humareda. Me senté en uno de los pocos espacios que había libre aprovechando que se fueron un par de personas. Son bancos corridos y se comparte mesa. Frente a mí había una pareja de unos cuarenta y tantos años de edad que de inmediato notaron que yo era guiri. Ellos eran turcos. Vino una chica a recoger el pedido y él se ofreció a pedir por mí ya que el uzbeko y el turco son lenguas de la misma familia y -según me dijo- se "medio entienden" si hablan despacio.
- Este es un sitio de plov, así que plov.
- Pues venga: Plov - dije, acordándome de Astérix y Obélix que siempre comían lo mismo: Jabalí. Pues yo en Uzbekistán: Plov. La verdad es que es el recurso rápido y fácil cuando el idioma es limitado.
- ¿Chai? -me preguntó.
- Chai -respondí- y voda (té y agua).
Hablamos. Me dijo que eran de Estambul. Yo le comenté que había estado en su ciudad en el 2018.
- Ahora es mucho más complicado ir. Los precios son extremadamente caros rozando el absurdo. Tenemos una inflación de un 40% y la gente comienza a pasarlo realmente mal.
Una pena, ya que yo sólo he estado en Estambul y me gustaría conocer el resto del país algún día. Esperemos que la situación se estabilice. Se despidieron y se marcharon. Yo hice lo mismo poco después.
¿Y dónde fui? Pillé el metro otra vez y me bajé en la estación de Yunus Rajabiy, desde donde fui caminando por la Avenida de la Independencia hasta el gigantesco Hotel Uzbekistan, un mamotreto arquitectónico brutal y brutalista construído al más puro estilo de los soviets. Al parecer en su interior aún mantiene el estilo y carácter de la época. Frente al hotel está el Parque de Amir Timur, así que me dí un pequeño paseo por él hasta llegar hasta la estatua ecuestre de Tamerlán para rendirle pleitesía ya que ha estado presente en todo momento durante mi estancia en Uzbekistán.

Eran ya las 4 de la tarde así que decidí tomar un taxi a través de la aplicación Yandex para ir a visitar el Jardín Botánico de Tashkent que, por lo que he leído, a pesar de que está un poco necesitado de mano de obra para mantenimiento, en otoño presenta unos colores espectaculares. La idea es visitarlo cuando cae la tarde peeeeroo.... tuve ciertos problemas de transporte.
Yandex me decía que había mucha demanda de taxis y me aconsejaba tomar el transporte público, así que tomé el metro y al cabo de diez minutos me encontraba en la estación de Bodomzor con sus bonitas lámparas. Salí del lugar y solicité de nuevo un taxi con Yandex, pero el geolocalizador me jugó una mala pasada: El taxi llegó, pero yo no lo encontraba a pesar de que me encontraba justo a la salida del metro y junto a un aparcamiento. El tiempo corría y me comenzaba a cobrar extra. Me puse nervioso y lo cancelé (por lo que me cobraron una cantidad que, gracias a los bajos precios uzbekos, no fue muy alta).
Cambié de lugar: Cerca de la salida del metro y del mismo aparcamiento que además tenía otra entrada para un edificio oficial o algo así y, para facilitar aún más la cosa, con una parada de bus justo al lado. Pedí un nuevo Yandex. Y otra vez la misma historia: El taxi llegó pero no lo encontraba. Busqué en el aparcamiento. Crucé la carretera de varios carriles a cada lado y con tráfico para ver si estaba al otro lado... pero nada. Otra vez el tiempo corría. El taxista me mando un mensaje en cirílico. Regresé al punto inicial y ví que junto a la barrera del parking que daba acceso al edificio oficial estaba un conserje, un hombre de cuarenta y tanto años que, muy amablemente llamó por teléfono al taxista y habló con él indicándole el lugar donde estábamos. Al cabo de 10 minutos apareció para recogerme. Con tanta movida había perdido un tiempo precioso.
Cuando nos dirigíamos al Jardín Botánico pasamos por el punto donde me estaba esperando el taxista: Estaba a unos 300 metros de donde yo me encontraba y además, al otro lado de la carretera. Imposible encontrarnos. Él me dijo -en su idioma- que esto ocurría con cierta frecuencia y que las conexiones en Uzbekistán no son muy buenas.
Llegamos a las 5.30. Salí del taxi rápidamente y pagué la entrada. Los jardines cerraban a las 6, así que sólo tenía media hora. Yo ví en internet que había bicis de alquiler, así que pensé en alquilar una para tener más movilidad por el parque y aprovechar más el tiempo. Pero hubo otro problema.
Cuando entré en los jardines ví mucha gente. Muchas familias. Papás con niños. No encontré el lugar donde alquilar bicis y entoces ví que había algunos espacios cerrados con animales. Y todo muy hortera. Parecía un parque temático y entonces recordé algo que había visto por internet: El Zoológico de Tashkent y los Jardines Botánicos estaban contiguos, compartiendo espacios verdes. ¡El taxista me dejó en el lugar equivocado! Pero ya no había vuelta atrás. Estaba anocheciendo, así que me dí un paseo por el zoo, que no me pareció nada del otro mundo. Es más: Me parecen un poco tristones con los animales ahí, en su bien cuidado cautiverio. Me quedé sin ver los distintos invernaderos y los colores del otoño del Jardín Botánico de Tashkent
Seis y media. Ya era de noche. Salí del zoo y pedí un Yandex rezando para que el geolocalizador de la aplicación no me jugase otra mala pasada. Pero no: El taxi apareció y al cabo de unos 15 minutos estaba de nuevo en la estación de Bodomzor. Cogí el metro a Alisher Navoiy para ir al Tashkent City Park.
Tashkent City Park.-
Es la zona recreativa más grande de Uzbekistán y está situado en el centro comercial de la capital. Para su construcción se hizo una consulta a los ciudadanos preguntándoles qué tipo de parque querían en la zona. Esta fue la primera consulta directa que se hizo a la ciudadanía en la historia del país. Se inauguró en Octubre de 2019 y en él hay dos monumentos históricos recién restaurados: la tumba de la dinastía de los Eshonzodas y la Mezquita Art Decó de Orifijonboy, de principios del siglo XX.
Además se plantaron más de 4.000 árboles y plantas. Hay un lago con un puente que lo cruza, un cine, un museo de cera y un planetario, una zona de juegos infantiles y una cancha de baloncesto. Y por supuesto, infinidad de bares, cafeterías y restaurantes.
Así que nada más salir me dí un paseo por el parque en la fría noche, que estaba a tope de gente. Ví desde el puente del lago un espectáculo de fuentes musicales con luces de colores. Tras el paseo, me fui a un restaurante italiano con precios uzbekos "pelín italianizados",que se encuentra cerca de la estación de metro. Había bastante guiri en el restaurante. La cena fue "amenizada" por un cantante melódico-melososo, alérgico al Factor-X... ¡¡Qué poca gracia cantando...!! Me tomé una pizza y una cerveza y regresé en metro a mi hotel. Mi periplo uzbeko llegaba a su fin.
Al día siguiente me desperté a eso de las 6.30, hice la maleta, me fui a desayunar, recogí las cosas, pagué, devolví la llave y pedí un taxi que me llevase al Aeropuerto Internacional de Tashkent "Islam Karimov" desde donde tomé un puntual vuelo directo de Uzbekistan Airways a Londres Gatwick que transcurrió sin contratiempos.

