Ghar Dalam no entraba en los planes iniciales pero estábamos cerca, es históricamente importante y entra dentro del bono de monumentos megalíticos que ya habíamos comprado. El Bolt hasta allí nos costó 10,50 euros.
En primer lugar se pasa por un edificio donde están la taquilla, una pequeña tienda, los WC y un sala no muy grande donde huesos de animales y algunos esqueletos se exponen a la manera de los museos de ciencias naturales del siglo XIX. Pero vayamos por partes.

Għar Dalam es una cueva prehistórica situada en las afueras de Birżebbuġa cuya importancia se debe a que conserva los restos animales y humanos más antiguos de Malta. Las excavaciones científicas comenzaron en el siglo XIX, primero en 1865 y después en 1885, revelando huesos de elefantes enanos, hipopótamos, ciervos, osos y otros animales que quedaron aislados en Malta cuando el nivel del mar bajó durante la Edad de Hielo y luego se extinguieron al subir de nuevo las aguas . Las capas inferiores de la cueva contienen fósiles de más de 500.000 años, mientras que la capa superior, llamada “cultural”, conserva las evidencias más antiguas de presencia humana en Malta, datadas en unos 7.400 años.

La cueva fue incluida en la Lista de Antigüedades en 1925, se abrió al público en 1933 y durante la Segunda Guerra Mundial se utilizó como refugio antiaéreo. Hoy está protegida dentro de la red Natura 2000 por su valor ecológico y paleontológico.
El enanismo de los animales encontrados en Għar Dalam es uno de los fenómenos más interesantes de la prehistoria maltesa. Cuando Malta quedó unida al continente europeo durante las glaciaciones, grandes mamíferos como elefantes, hipopótamos, ciervos y osos pudieron llegar caminando. Al terminar la Edad de Hielo, el nivel del mar subió y Malta quedó aislada, convirtiéndose en una isla pequeña con recursos limitados. En ese entorno cerrado, los animales grandes no podían mantener el tamaño que tenían en el continente porque la comida era escasa y el espacio reducido, así que, generación tras generación, fueron haciéndose más pequeños.
Este proceso se conoce como enanismo insular y está documentado en muchas islas del mundo, pero en Malta es especialmente evidente: los elefantes se redujeron hasta el tamaño de un perro grande y los hipopótamos hasta el de un cerdo. El aislamiento, la falta de depredadores y la necesidad de gastar menos energía favorecieron que estos animales evolucionaran hacia formas enanas antes de extinguirse, dejando sus restos en las capas más antiguas de la cueva.

En las vitrinas pueden verse restos de elefantes enanos, hipopótamos enanos, ciervos, osos, zorros, lobos, dormice (ratones gigantes) y también aves, todos ellos animales hoy extintos en Malta. En el museo se exhiben, como dije, esqueletos completos, como los de un elefante enano, un hipopótamo, un zorro, un oso pardo y un ciervo, procedentes de las excavaciones del siglo XIX. Además, en las capas inferiores de la cueva se hallaron fósiles de micromamíferos y aves, mientras que en la capa superior se encontraron restos humanos neolíticos y huesos de animales domésticos introducidos por los primeros pobladores.

Después de ver los huesos vamos a la cueva propiamente dicha. Que nadie vaya con la idea de encontrar una cueva como la de Pistojna, en Eslovenia. Ni siquiera es la cueva de Nerja. Pensemos en la importancia histórica y paleontológica, no es su tamaño.
Se trata de una cueva natural con una longitud total de unos 144–150 metros, de los cuales el público puede recorrer aproximadamente los primeros 50 metros por pasarelas de madera. Es un espacio relativamente estrecho, de techo bajo en algunos tramos y más amplio en otros, con paredes de roca caliza que muestran claramente las capas estratigráficas donde se encontraron los fósiles. En su interior hay estalactitas y estalagmitas, aunque no son muy abundantes (ojos con eso, no vayáis con la idea equivocada de ver grandes e imponentes formaciones) y la iluminación es tenue para conservar el ambiente natural.

Tendremos que salir por donde hemos entrado.
Las capas superiores de Għar Dalam, como dije, contienen evidencias claras de presencia humana neolítica, como fragmentos de cerámica y restos de animales domésticos introducidos por los primeros pobladores de Malta, lo que indica que la cueva fue utilizada por humanos hace unos 7.400 años . Esto demuestra que la cueva fue visitada y utilizada, probablemente como refugio temporal, lugar de actividad o espacio ritual, pero no hay pruebas de que fuera un asentamiento estable.
En 1917 se hallaron dos molares humanos que algunos investigadores relacionaron con posibles neandertales, aunque su interpretación sigue siendo debatida y no se consideran evidencia de ocupación continua, sino restos arrastrados o depositados en circunstancias no del todo claras.
Ya comenté el aislamiento que sufrieron los animales, que les llevó primero a irse haciendo cada vez más pequeños y después a extinguirse. Sus cuerpos fueron arrastrados hacia la cueva por corrientes de agua, inundaciones y procesos de erosión, quedando atrapados en su interior, que es un callejón sin salida. Con el tiempo, las capas inferiores —de más de 500.000 años— se llenaron de huesos de elefantes enanos, hipopótamos y micromamíferos. Gracias a eso hoy se sabe de su existencia.
La cueva, como indiqué, es pequeña y estrecha. Solo caben 50 personas (y me parecen muchas). Tampoco es accesible porque hay algunos escalones para entrar.
Għar Dalam fue utilizada como refugio antiaéreo durante la Segunda Guerra Mundial. Cuando una cueva se usaba como refugio, era muy común que los soldados y civiles dejaran marcas como iniciales, fechas, símbolos, nombres y marcas de posición o de turnos
Esto ocurrió en muchas cuevas y refugios. Están sobre todo en la zona exterior y en áreas usadas como refugio.
El entorno está muy bien cuidado. En los jardines del complejo se cultivan especies autóctonas maltesas, con el objetivo de preservar la flora local y reforzar el valor ecológico del lugar.
Hay matorrales mediterráneos (garrigue): tomillo, romero, hinojo marino y lavanda marítima. También hay arbustos resistentes a la sequía como lentisco, aladierno o espino negro o plantas rupícolas adaptadas a la roca caliza.
Junto a Għar Dalam hubo una villa romana, en la colina inmediatamente superior, a pocos metros del yacimiento. Se trataba de una villa rústica romana dedicada a la agricultura, probablemente parte de una red de pequeñas explotaciones que abastecían a los asentamientos romanos de la zona sur de Malta. En las excavaciones de la zona exterior aparecieron fragmentos de cerámica romana, restos de muros, pavimentos y estructuras agrícolas, lo que confirma la presencia de una villa romana en funcionamiento entre los siglos I a.C. y II d.C.
La fuente principal de agua habría sido un sistema de recogida de lluvia, porque en Malta no hay ríos permanentes. Las villas romanas solían disponer de cisternas excavadas en la roca y canales que conducían el agua desde los tejados y patios hacia depósitos subterráneos. En zonas como Birżebbuġa, donde está Għar Dalam, también era habitual aprovechar manantiales estacionales y pozos poco profundos excavados en la roca caliza, que retiene agua en pequeñas bolsas subterráneas. Es muy probable que la villa cercana utilizara una combinación de ambos métodos, como hacían otras villas romanas documentadas en Malta (por ejemplo, la de Żejtun o la de Rabat).
En cuanto a qué cultivaban, las villas rurales romanas de Malta se dedicaban sobre todo a cultivos mediterráneos clásicos: trigo, cebada, vid y olivo. También se cultivaban legumbres, higos, almendras y plantas forrajeras para animales. La zona de Birżebbuġa es fértil y cercana al mar, por lo que también es probable que hubiera huertos y viñedos, además de ganado menor como cabras y ovejas. Todo esto sería para el autoconsumo.
Una villa romana típica en Malta era una explotación agrícola organizada para producir alimentos, aceite y vino, y seguía el mismo modelo que las villae rusticae del resto del Mediterráneo, pero adaptada al clima seco y a la roca caliza de las islas. Normalmente estaba formada por un núcleo residencial sencillo, con habitaciones alrededor de un patio central, y por una zona productiva mucho más grande donde se encontraban los almacenes, los establos, los lagares y las cisternas. Las casas no solían ser lujosas: los restos encontrados en Żejtun, Rabat o San Pawl Milqi muestran muros de piedra local, suelos de tierra apisonada o losas simples, y techos de madera y teja.
En Għar Dalam, los visitantes no pueden ver restos visibles de la villa romana, porque no quedan estructuras en pie y la mayor parte de lo que se encontró fueron fragmentos dispersos (cerámica, muros muy arrasados, suelos perdidos y restos agrícolas) que hoy están enterrados o integrados en estudios arqueológicos, no en un espacio musealizado. Solo se ven algunas piedras dispersas. La villa era pequeña y modesta, típica del campo maltés. Los materiales de construcción eran piedra local y suelos simples, que se erosionan con facilidad. Además, la zona fue reutilizada durante siglos, lo que borró casi todas las huellas superficiales.
Enfrente podemos ver una torre de vigilancia británica de la Segunda Guerra Mundial. Es una coastal observation post construida por el ejército británico entre finales de los años 30 y principios de los 40. Estas torres se levantaron por decenas alrededor de la costa maltesa para vigilar bahías y posibles puntos de desembarco, detectar barcos o aviones enemigos y comunicar señales a otras posiciones defensivas.

La de Birżebbuġa, justo frente a Għar Dalam, controlaba la entrada a Marsaxlokk Bay, una zona militarmente muy sensible durante la guerra. Se construyó con hormigón, en planta cuadrada. Normalmente eran fe dos niveles o de uno elevado, y tenían ventanas estrechas para observación.
Un pequeño grupo de soldados permanecía dentro de la torre realizando vigilancia visual del mar y del cielo. Usaban binoculares militares y, en algunos casos, pequeños telémetros y observaban rutas marítimas, bahías y posibles puntos de desembarco. También vigilaban el paso de aviones enemigos, algo crucial durante el asedio de Malta, cuando la isla sufrió cerca de 3.000 bombardeos La torre estaba conectada con otras posiciones defensivas mediante teléfono militar, radio o líneas de señalización visual (paneles, lámparas, banderas).
Cuando detectaban un barco o avión sospechoso, enviaban un aviso inmediato a baterías costeras, aeródromos o centros de mando.
El puesto funcionaba día y noche, con turnos rotativos. De día había vigilancia visual, y de noche, escucha, detección de luces, motores o sombras en el mar.
Coexiste con una torre más antigua, que se construyó con el mismo objetivo.
Pedimos un Bolt para ir a nuestro próximo destino y mientras venía me tomé un Kinnie. Como dije cuando hablé de la gastronomía, Kinnie es la bebida más emblemática de Malta: un refresco sin alcohol, de sabor amargo‑dulce, hecho con naranja amarga y una mezcla de hierbas aromáticas. Es tan identitario para los malteses como la Coca‑Cola para los estadounidenses.