DÍA 5. BAMBERG
Nos levantamos relativamente rápido y nos vamos a desayunar a una cafetería en la misma calle principal (Königstraße). Volvemos al hotel a por las maletas y al coche. Hoy vamos relajados porque nuestro siguiente destino que es Bamberg está a apenas unos 60 km, pero antes queremos visitar la zona del Partei Gelande,
El Parteigelände es el área donde el partido nazi daba sus mítines, con tres puntos de interés principales que orbitan alrededor de una laguna en la que antes de la guerra (y de nuevo ahora) se practicaban deportes náuticos: la Tribuna principal (Haupttribune), que es monumental, una extensión enfrente con gradas y capacidad para unas 50.000 personas, con el Zeppelinfeld a un lado, y que hoy en día se utiliza entre otras cosas para los campeonatos de DTM (carreras de coches turismos preparados).
La calzada de granito (Grosse Strasse) que se pretendía que midiera un kilómetro, pero que quedó incompleta, y el Kongresshalle, un palacio de congresos granítico que pretende transmitir la sensación de pequeñez frente a la monumentalidad del estado, de granito en su exterior, pero que por dentro paradójicamente es de pobre ladrillo rojo, en una buena metáfora de lo que fue el régimen nazi, monumental y magnifico por fuera, y pobre y corrupto por dentro.
Tras la visita cogemos el coche y nos dirigimos a Bamberg. Dejamos las maletas en el Hotel Andres, comemos rápidamente en la habitación y nos dirigimos hacia el centro histórico donde llegamos al puente (Obere brüke) donde está el ayuntamiento antiguo (Altes Rathaus), cruzamos al puente que hay un polco más al sur, (el Geyerswörhsteg) desde donde se obtiene una vista privilegiada del edificio del ayuntamiento construido sobre el puente.

La leyenda cuenta que la población le pidió unos terrenos al obispado para construir la casa consistorial, y que al negarse este, decidieron ir rellenando el rio con tierra y material de desecho para construir una isla artificial donde construirían el ayuntamiento. Si es cierto o no, lo desconozco, pero el ayuntamiento cuenta con una increíble mezcla de estilos arquitectónicos -gótico, renacentista y barroco- que reflejan los diferentes periodos durante los cuales se realizaron modificaciones en esta estructura. La fachada que mira río arriba hacia Obere Brücke muestra pinturas de estilo rococó, mientras que la que mira río abajo exhibe arquitectura alemana de entramado de madera. Las paredes exteriores están adornadas con intrincados frescos que representan escenas históricas del pasado de Bamberg junto con figuras mitológicas que añaden encanto a este edificio ya de por sí impresionante. Un mural especialmente interesante muestra una pierna que sobresale de una pared; la leyenda dice que simboliza el desafío a la autoridad episcopal cuando se inició la construcción.
Subimos a la catedral, vimos la antigua residencia de los obispos (Alte Hofhaltung) y la nueva (Neue Residenz), con el jardín de las rosas,
y luego subimos al castillo abadía de St. Michael, aunque sabíamos que estaba en obras y no se podía visitar, pero ofrece unas buenas vistas de la ciudad desde lo alto.
Bajamos por unos viñedos y vimos el atardecer en la pequeña Venecia (parece que hay una "pequeña Venecia" en todas partes...) , una zona con antiguas casitas de pescadores que hoy en día son villas preciosas con embarcaderos al rio.
Fuimos a cenar al del Spezial Keller, un biergarten en una colina con unas preciosas vistas de la ciudad (recomendado por nuestro amigo) donde pudimos degustar otra vez un schäuferla, con un schnitzel y una bratwurst probando también las famosas cervezas ahumadas con aroma a jamón, que se hacen en esta misma cervecería.
Tras esto damos un paseo de vuelta fotografiando los sitios de noche y volvemos ya ateridos de frio al hotel.
Habíamos incluido a Bamberg en la ruta sobre todo por la insistencia de nuestro amigo, y aunque yo tenía mis dudas, definitivamente ha sido un acierto, pues la ciudad merece mucho la pena.