La jornada de hoy era larga en kilómetros (316), con casi cuatro horas en la carretera. Cambiábamos de región, pues desde Calabria volvíamos a Campania, con parada en Paestum y final en Nápoles.
Perfil del itinerario sugerido por Google Maps.


Atravesando el Parque Nacional de Pollino.
No sé por qué (quizás por estar al sur de Italia) tenía la idea de que Calabria es una zona seca y con poca altitud, pero no, todo lo contrario. Al final de la primavera, nos encontramos un paisaje espléndido, verde y montañoso, que nos dejó un muy buen sabor de boca, aunque únicamente pudimos disfrutarlo de pasada. Desde la carretera, divisar las estribaciones del Parque Nacional de Pollino fue un verdadero placer. Debe haber muchas rutas de senderismo estupendas por allí. Tal vez en otra ocasión.





Paestum.
Los romanos nombraron así a la importante ciudad griega de Posidonia, fundada probablemente a finales del siglo VII a.C. Situado a 40 kilómetros al sur de Salerno y a 92 kilómetros de Nápoles, el sitio arqueológico, que está apenas a un kilómetro de la costa, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1998.


Dejamos el coche en el aparcamiento oficial; precio: 5 euros. Después fuimos a la entrada, para lo cual tuvimos que caminar unos doscientos metros en paralelo a la verja metálica que rodea el recinto, que se divisa bastante ben. De modo que si hay alguien que no quiere pagar el ticket de acceso, puede ver los templos mayores desde el exterior. Pero, claro, se perdería otras cosas y muchos detalles. Todo no se puede tener.

Pagamos 15 euros cada uno, la tarifa completa general, que incluye el museo. Los jóvenes de la UE hasta 25 años y los estudiantes tienen una reducción de dos euros; los menores de 18 años entran gratis. Los seniors no disfrutamos de descuentos; algo habitual en Italia. Pongo las fotos de varios paneles informativos. Y también de un plano del recinto, que conviene consultar antes de empezar a caminar.

La ciudad antigua estaba rodeada por una muralla de bloques de piedra caliza y un foso exterior que son las que se ven hoy en día y que corresponden a la época griega y lucana. Durante varios siglos, todo el yacimiento estuvo cubierto por marismas, lo que favoreció su conservación y evitó el expolio. De hecho, sus tres templos mayores están considerados los templos griegos mejor conservados del mundo.



El Templo de Neptuno (o de Poseidón en el argot griego) es una auténtica maravilla y se conserva estupendamente. De estilo dórico, fue construido a mediados del siglo V a.C. En su origen, se dedicó al culto de la diosa Hera. Tiene forma rectangular con seis columnas en las fachadas frontales y catorce en las laterales.

Se asienta sobre una base de piedra caliza porosa de 24,3 metros de ancho por 59, 9 metros de largo. La piedra estaba recubierta por un estuco blanco de polvo de mármol. No contaba con decoraciones escultóricas exteriores. Fue redescubierto en el siglo XVIII. Se puede recorrer por el interior. En el exterior, se conservan los restos de dos altares donde se realizaban los ritos sagrados y los sacrificios.

Muy cerca se halla el Templo de Hera, la estructura más antigua de Paestum, pues data del siglo VI a.C. De estilo dórico, tiene una forma inusual, ya que cuenta con un número impar de 9 columnas en la fachada frontal y 18 en los laterales. Por ese motivo, los arqueólogos que lo descubrieron en el siglo XVIII pensaron que era un edificio civil romano y le dieron el nombre de “basílica”. Son peculiares el abultamiento central de las columnas y los capiteles muy achatados. Otro detalle significativo de este templo es que la cámara interior estaba dividida simétricamente por una hilera de columnas axiales, lo que impedía colocar la estatua del dios en su mismo centro.

Continuamos el recorrido por las Termas y la Curia en el Foro Romano, que cuenta con numerosos restos de edificios cívicos, como el Commitium. Y tampoco falta un antiguo anfiteatro, el macellum o mercado abierto, una basílica…


En la parte posterior, aparece el Quarteri Avitaviti, el barrio donde residían los servidores de los templos y los más pudientes. Sus casas estaban revestidas de mármol y mosaicos, muchas contaban con imponentes pórticos, jardines, piscinas y spa. También eran centros de reunión social, donde sus propietarios manifestaban su poder y riquezas. Algunas se conservan todavía, como una casa con piscina y mosaicos que representan peces.

Esta zona es muy amplia y recorrerla puede llevar bastante tiempo. Por todas partes hay paneles informativos que explican en italiano e inglés lo que es cada lugar. Otro sitio curioso es el Heroon o Santuario del Héroe que fundó la ciudad. Y, según la leyenda, los fundadores de Posidonia fueron Jasón y los Argonautas.

A través de la Vía Sacra, llegamos al tercer templo mayor, el Templo de Atenea (no de Ceres, como se creyó por error durante algún tiempo), que compensa su menor tamaño con un mayor refinamiento. Construido en torno al año 500 a.C., fue uno de los primeros en combinar los estilos arquitectónicos clásicos, pues su estructura exterior es dórica mientras que las columnas del vestíbulo de entrada cuentan con capiteles jónicos.

Cuenta con 6 columnas en las fachadas frontales y 13 columnas en las laterales, de acuerdo con las proporciones ideales. Mide 32,9 metros de largo por 14,5 metros de ancho. En la Edad Media (siglo VIII), se utilizó como iglesia, cubriendo el templo con muros, lo que ayudó a la perfecta conservación de sus columnas de mármol. Al derribar las paredes medievales en el siglo XVIII se descubrieron numerosas figuras de terracota que confirmaron que estuvo dedicado al culto de la diosa Atenea y no a Ceres.

Yendo y viniendo, se nos fue un montón de tiempo, porque aquello está de lo más interesante. Eso sí, hacía bastante calor, pues el sol pegaba de plano. En un sitio así, hay pocas sombras.
Museo.
En mi opinión, merece mucho la pena. Además, se agradece para librarse un rato del calor. Está incluido en el ticket general, pero se halla fuera del recinto arqueológico, así que hay que estar seguros de haberlo visto todo dentro antes de marcharse, porque en caso de querer volver, habría que pagar una nueva entrada.

Está distribuido en tres plantas por orden cronológico y alberga los artefactos descubiertos en las excavaciones de la antigua Posidonia griega, la Paestum lucana y romana. Los hallazgos van desde la Prehistoria hasta la época romana. Lo vi todo con bastante detenimiento, pero si hay prisa, no hay que perderse:
-La cerámica y las vasijas de arcilla roja (figuras rojas sobre fondo oscuro), atribuidas a los talleres de Asteas y Phyton.

- Las metopas del Heraion del Sele (siglo VI a.C.): relieves tallados en piedra arenisca, representando ciclos mitológicos clásicos como las hazañas de Hércules, que adornaban el santuario de Hera Argiva.


- Las tumbas lucanas pintadas: losas de los siglos IV y III a.C., en las que aparecen guerreros, combates, juegos deportivos, duelos…



Sobre todo, no hay que irse sin ver la Tumba del Nadador (Tumba del Tuffatore), la pieza más famosa del museo. Cuidado porque está un tanto escondida, al final de un largo pasillo. Preguntad, como hice yo, si no lo tenéis claro. Se trata del único ejemplo que se conserva de pintura mural griega, entre los siglos VIII y V a.C., en los que se utiliza la técnica de los frescos, con escenas figurativas en las que aparecen personas.

Se descubrió en 1968. Los cuatro lados y el techo de la sepultura están hechos con cinco losas de piedra caliza unidas mediante yeso; el piso está excavado sobre el suelo de piedra natural. Las escenas de las paredes representan un simposio (banquete), mientras que la losa del techo es la más famosa, con la figura de un joven arrojándose al agua, un símbolo poético del paso de la vida a la muerte. La tumba está datada en torno al año 470 a.C.

Paestum nos gustó mucho. Aunque está un poco a trasmano respecto a otros lugares que visitar en Campania, a los amantes de las “piedras”, la historia antigua y la arqueología el desplazamiento les merecerá la pena.
Desde Paestum, continuamos directamente hacia Nápoles, pero eso lo cuento en las siguientes etapas.
