Nos levantamos temprano ya que hemos quedado a las 7:30 (creo, aunque también podría ser a las 7:00). Estamos solos desayunando y de repente llegan un mogollón de ¿chinos? que nos dejan alucinados...
Nos montamos en la furgoneta y cogemos carretera hasta Sukhothai. El camino no es muy largo, hay unos 80 km. Allí paramos para visitar las ruinas arqueológicas de la primera capital del Reino de Siam. El reino de Sukhothai se considera como la edad de oro de la civilización thai, y el arte religioso y la arquitectura de la época se consideran como los más clásicos de los estilos thai. La capital original estaba rodeada por tres fortificaciones concéntricas y dos fosos salvados por cuatro puertas.

Visitamos el templo Mahatat (el templo real) y Wat Sri Chum, donde se encuentra la imagen de buda más grande de Sukhothai, 15 metros de altura.

De esta zona me encantan los reflejos de las ruinas, los budas y las flores en los pequeños estanques que hay por ahí.


Por los alrededores de estos estanques se venden unas bolsas con distintos tipos de peces y bichos acuáticos para que los liberes en plan ofrenda o para atraer a la suerte (no lo tengo claro). La gente lo hace bastante a menudo y los estanques se ven realmente con “superpoblación”.... Supongo que el proceso es cíclico, o sea, la gente libera los peces y a los días los vuelven a coger y los vuelven a poner a la venta para que otra persona los libere… pero aún así los estanques se ven a tope de habitantes…. ¡qué agobio pobrecillos!

Más curiosidades... Vemos caracoles de tamaño descomunal y unas bolitas rosas muy majas, que según nuestro guía son los huevos que ponen los caracoles. Ninguno de los 4 lo sabíamos…

Nos encontramos un grupo de niños que están de excursión con el colegio por ahí. Nos convertimos en una “atracción turística” los unos para los otros. La verdad es que estos niños con los ojos rasgados, y las caras redonditas son encantadores.... Y nosotros como somos tan diferentes a ellos también les resultamos curiosos... Nos hacemos fotos con ellos y sus madres nos hacen también fotos a nosotros y pasamos un rato genial.

Estamos un buen rato paseando por la zona y es que nos gusta mucho, hace un día maravilloso. Por alguna razón recuerdo esta zona de forma especial... me dejó en cierto modo “cautivada”.
El día avanza y tenemos muchos kilómetros por delante así que hay que continuar el viaje porque tenemos que llegar a Lampang a comer y tenemos unos 250 km. Hacemos una parada técnica a mitad de recorrido y llegamos a Lampang donde tenemos la comida reservada en un hotel. Nos sirven en la mesa un menú degustación que está bastante bien, similar al del día anterior. En esta ocasión las Shingas nos cuestan algo menos que ayer, creo recordar que sobre 100 Baht cada una.
Avanzamos un poquito más por carretera y paramos a visitar una plantación de piñas. Todos los días comemos algo de piña en los hoteles en el desayuno porque la verdad es que la piña en este país sabe riquísima, pero la de la plantación nos sabe especialmente bien. Nos comemos una piña ahí en un pis pas... Nos enseñan un poco la plantación, con las distintas fases. De cada planta sale una piña y tras dos o tres años tienen que quitar la planta y poner una nueva. Luego nos llevan a una especie de caseta donde nos dan a probar la piña en cuestión. La prepara con mucho arte el señor y estamos allí un rato con ellos. Tienen una mesita con recuerdos y compramos alguna cosa para contribuir a sostener su economía (personalmente prefiero esto que lo de la propina….).

Nuestro destino final de hoy es Chiang Rai. Como desde Lampang hay un montón de kilómetros se hace una parada en el Lago Payao, que está a unos 140 km de Lampang (casi 2 horas). Es un sitio bonito, un lago grande y calmado. Es justo el atardecer y el día nos regala unas imágenes preciosas. Estamos ahí cerca de 1 hora dando un tranquilo paseo y haciendo fotos del atardecer.


Volvemos a la furgoneta para recorrer los casi 100 km que nos quedan hasta Chiang Rai (algo más de 1 hora por carretera). Por fin llegamos a nuestro destino.
Nos alojamos en el hotel “The Legend”, que es precioso. Son pequeños edificios de dos plantas y en cada uno hay 4 habitaciones. Está al lado del río y el entorno es muy bonito. La habitación está muy bien, es grande y la cama está en el centro y tiene un dosel-mosquitera. La ducha es impresionante, una habitación de unos 10m2, con la posibilidad de que el agua salga por el telefonillo o que caiga de una especie de teja…. El único problemilla es que la ducha tiene ventanas en la parte de arriba que son sólo mosquitera, es decir, abierto y entonces hace un poquillo de frío al anochecer y al amanecer… Nuestros compis de circuito están de luna de miel y se encuentran la cáma llena de pétalos de rosa formando un corazón, un bonito detalle. Por cierto, las paredes (y todo) están llenas de salamanquesas…. Menos mal que no nos entra ninguna a la habitación…. Esto es de las salamanquesas es muy común, ya vimos en el hotel de ayer, y a partir de ahora veremos en todos los hoteles, incluso en el de la playa…

Nos damos una ducha rápida y cogemos un minibus del hotel que lleva al centro del pueblo (el hotel está un poquito apartado). Como siempre, mercadillo que nos encontramos… Este mercadillo me gusta porque es pequeñito (en comparación con los demás) y no tengo la sensación de estar perdida en ningún momento. Hacemos algunas compras, es dificil evitarlo… Hay un par de plazas en las que hay música en directo y unas chicas haciendo bailes típicos. En ellas hay un montón de mesas para comer, ya que hay varios chiringuitos alrededor que hacen comidas…. Como la noche es maravillosa decidimos sentarnos a cenar algo ahí con nuestros amigos de circuito. La carta es un libro de un montón de páginas, así que cogemos un papel y empezamos a apuntar los números de los platos que nos resultan apetitosos (hay fotos). Al final pedimos 10 ó 12, un montón. Acertamos con todos, ya que todos nos gustan. Alguno está un poco picante pero se puede comer. Nos ponemos las botas y comemos un poco de todo, ensaladas, marisco, noodles…. A Javi y a mí nos preocupa un poco lo de las ensaladas por el tema de las diarreas. Él casi no come, pero yo no me puedo resistir que con el calor apetece un montón comida fresquita. Este gran homenaje nos cuesta 900 Baht entre los 4 incluyendo Shingas grandes y el café o té…. Lo de la comida en este país es increible….
Damos un paseito más y ya cogemos un tuk tuk para volver al hotel (80 Baht). Es nuestra primera experiencia en tuk tuk porque en Bangkok no cogimos ninguno, que nos dio miedo… Lo cierto es que conducen como locos, pero el viajecito resulta divertido…. Como no hay mucho tráfico pasamos poco miedo…. Ahora toca dormir que mañana madrugaremos, como siempre….