Madrugamos mucho ya que el vuelo salía a las 9:10 así que nos recogieron a las 6 de la mañana. Hicimos el check-in de nuestras maletas, embarcamos y una vez más nos tocó esperar dentro del avión una hora hasta que despegamos. Nosotros como no teníamos prisa estábamos tranquilos, pero había un grupo de hindúes que tenía un vuelos de conexión y estaban un poco alterados. Después de montar el pollo a las azafatas, ser bastante pesados e insistentes, el avión despegó aunque me imagino que ellos no tuvieron nada que ver.
Justo al salir del avión en Hong Kong, al entrar en la terminal había una señora que me señaló, me llevó aparte y me tomó la temperatura con un termómetro de esos con una especie de ventosa en la frente. Me debió ver cara de sospechosa…
El guía nos estaba esperando, se llamaba William y nos llevó directamente al hotel en un Mercedes gigante. Llegamos al hotel y al hacer el check-in nos vuelven a medir la temperatura a los dos. En el hotel hace un frio horrible, tienen el aire acondicionado a tope porque así los virus no se propagan con tanta facilidad, pero era exagerado, ibamos con chaqueta y un foulard en el cuello. La habitación que nos tocó era horrible, pequeña, congelada, olía mal como a humedad, … eso que sabían que era nuestra luna de miel… Para no deprimirnos, ni morirnos de frío nos fuimos a pasear no si antes pedir que nos cambiasen de habitación, a lo que nos dijeron que no era posible, que estaban completos, bla, bla, bla…
El hotel está en Kowloon que es una zona bastante fea, con edificios altisimos, muy viejos, muy sucios… Fuimos caminando por Nathan Road, hacia Tsim Tsa Sui, la zona del puerto, viendo tiendas.
Llegamos a la zona del Paseo de las Estrellas, y no sentamos en la zona del muelle de dónde salen los ferrys, con unas vistas muy bonitas de la isla de Hong Kong.






A las 20 h, todos los días, hay un espectáculo de luz y sonido, en la zona de los rascacielos de Hong Kong. Cada edificio tiene una iluminación diferente, a través de unos altavoces van presentando cada edificio, a lo que la iluminación del mismo responde con alguna floritura. Una vez terminada la presentación, las luces de todos los edificios, van variando al ritmo de la música. Dura unos 15 minutos más o menos y no es nada del otro mundo pero es algo muy típico de la ciudad y que no queríamos perdernos.



Cuando terminó, cogimos el transfer que el hotel tiene desde esa zona. Cuando llegamos la habitación estaba más congelada todavía, ya que si quitas la tarjeta, el aire se activa automáticamente (al contrario que aquí).
Cenamos una pizza que habíamos comprado en una tienda al lado del hotel y a dormir, tapados hasta las orejas y con la chaqueta encima del pijama y con bufanda. Increíble