29 Marzo 2010
Primera mañana, tomo mi café, mis barritas de muesli (el tentempié perfecto), la reflex (un aliciente para el viaje ya que puedo tomarme el tiempo que quiera), el paraguas por si acaso, guantes, bufanda y muchas ganas.
Callejeo un poco dirección al centro y me meto por Drottninggatan si no me equivoco. He de decir que me asombra el número de esculturas que encuentro a mi paso en todas partes... muchas pasan desapercibidas pero tienen su encanto. Por aquí me llama la atención esta.

El día no es muy frío (para ser Estocolmo) así que se hace transitable. Tuerzo por Sergels Torg pero me parece todo demasiado moderno y acabo por Jakobs kyrka que me enamora por su color rojizo, aquí ya estoy más en mi salsa. No se porqué me recuerda a la Rusia de los zares... pero será de las pelis porque no he ido nunca.

Sigo mi camino hasta divisar el primer puente. El Riksdag (Parlamento) a mano derecha y el Kungliga Slotten (palacio real) en frente que me parece bastante austero (opino del exterior ya que no llegué a visitarlo por dentro). Pero algo que me llama la atención es la cantidad de aves, patos, cisnes... que hay por los canales. Algunos aún están helados parcialmente y sirven de plataforma para los animalillos. Volviendo al palacio me quedo para hacer algunas fotos a los guardias.

Doy un paseo por la parte de arriba, el patio con los cañones donde hay una estatua de la reina Cristina de Suecia (s. XVII) que evoca en mi inmediatamente a esa Greta Garbo en la proa del barco... ¡qué decir!. Luego ya tendremos otro momento Greta.

Tras un poco de callejeo por Gamla Stan, descubriendo calles estrechas con sus fachadas de colores hago un alto en el camino para comer. Los precios pues como en todas partes, hay sitios muy turísticos y otros para todos los bolsillos. Recomiendo uno que visité al día siguiente, Hermitage, un restaurante vegetariano de buffet libre por unos 99 SEK. Tienen unos 8 platos de variedad pero todos ellos exquisitos. Por cierto recordad que el agua del grifo es potable y la ofrecen gratis en las comidas.
Me hizo gracia un pequeño detalle: entra un joven autóctono con su mochila, abrigo y bolsas con compras, mira un poco los platos, se dirige a una mesa y deja todo en el asiento. A continuación sale, yo estoy acabando de comer, no vuelve, pago, no vuelve, yo extrañado pero me voy del restaurante. Al salir lo veo apoyando la bicicleta en el muro y entra. En fin, en España dudo que hubiesen durado tanto sus pertenencias. Y es algo más o menos general por lo que vi, la gente va al lavabo y no se lleva las cosas; ya sería bonito poder confiar en la buena fe del prójimo pero creo que aún nos quedan unos años...
Siguiendo con el viaje me dirijo hacia la isla de Djurgården. Hay un paseo hasta ahí que repetiría varias veces a lo largo del viaje. Pasado el Teatro Dramático Real, a la izquierda una hilera de edificios en plan siglo XIX con sus toldos de colores y decoraciones geométricas adorna el paseo, mientras que al otro se encuentra uno infinidad de barquitos amarrados, todo un lujo en medio de la capital.

Al acceder a la isla me llama la atención el Nordiska museet y como llevo todo el día andando y no es que haga muy bueno decido entrar a culturizarme un poco por 80 SEK audioguía incluida. El edificio en si impresiona tanto por fuera como por dentro. Son tres pisos y un techo muy elevado desde al que a medida que ves las diferentes áreas del museo puedes observar el gran hall desde nuevas perspectivas. Preside en la entrada una figura enorme de un rey de la dinastía Vasa, diría que el mismo encargado de mandar construir el buque de guerra pero no estoy seguro. El resto consiste en exposiciones mostrando cómo eran las costumbres culinarias en la corte, cómo se servía la mesa, diferentes platos, los aperitivos, etc. Otra sección trata de los vestidos típicos a lo largo de varios siglos, otra sobre fiestas célebres del calendario como la Navidad, el solsticio de verano, las bodas, los entierros y sus tradiciones, trajes y objetos asociados. Otra parte importante se centra en el diseño de interiorismo sueco con modelos de habitaciones para cada década del siglo XX. La verdad que el museo parece inconexo pero es un popurrí que cubre muchos aspectos de la vida del día a día al estilo sueco como no.

Al acabar me apetece dar un paseo por el parque de Djurgården cuyo lago está completamente helado. Me empiezo a perder por los caminitos de nieve. Es increíble ver que estás a 10 minutos de las calles transitadas por los coches y sólo te rodean árboles, pajarillos y nieve. Un paseo relajado cámara en mano en modo contemplativo total y acabo dando la vuelta a la isla y pasando por delante de Skansen, así ya lo tengo localizado para otro día.


Como aún hay bastante luz natural me decido a ir a Södermalm que tengo entendido es una zona con bastante ambiente. Como quiera que sea no doy con ningún sitio interesante; la zona es bastante normalita, mucha tienda, viviendas, todo nuevo aunque no muy moderno, o al menos eso es lo que recuerdo. Aprovecho uno de los supers para aprovisionarme y de paso me adjudico una cerveza para el albergue, eso sí, 3,5º y gracias. Lo bueno es que de camino al Citybackpackers la temperatura se mantiene bien bien fría.
Allá doy con unos italianos con los que hablé cuatro palabras a mi llegada el día anterior y tiramos de recurso fácil sureño: fútbol. Por suerte ser del Barça facilita las cosas en los tiempos que corren y al acabar la cerveza ya llevo la tontería suficiente encima para dormir placenteramente... lo cual hasta es humillante! He de decir en mi defensa que es debido al cansancio de ir andando todo el día
¡A dormir!
pd: algunas de mis fotos llevan firma ya que las tengo subidas en flickr, por supuesto podéis visitar aunque hay fotos de todo tipo