Estuve tres días completos en Río de Janeiro.
El primer día por la mañana no pude aprovechar todo lo que quería entre el retraso del vuelo para llegar a la ciudad, el check in en el hotel y que estaba lloviendo un poco y me esperé hasta que parara. Sí que me dio tiempo a dar un paseo por la playa de Copacabana.
Por la tarde, después de comer, ya sólo me dio tiempo a ir hasta el Fuerte de Copacabana. La entrada cuesta 10 BRL, aunque no pagué nada por discapacidad física. Este recinto es una base militar activa y es sede del Museo Histórico del Ejército. El museo no me interesaba, o al menos ya esa hora que no faltaba mucho para el atardecer, pero sí las fantásticas vistas de toda la playa de Copacabana, la playa de Leme e incluso el Pao de Açucar. Subiendo por unas escaleras se llega a un mirador desde el que por un lado se observa las mismas vistas pero al otro lado se observa la península rocosa de Arpoador. En el espacio abierto de este mirador se encuentra también la cúpula de los cañones.
Al día siguiente, por la mañana temprano mi primera visita fue al Pao de Açucar. La entrada la había comprado el día anterior a través de la página web, para evitar posibles colas.
bondinho.com.br/
La entrada para turistas internacionales es de 205 BRL, aunque pagué la mitad por discapacidad. El billete de teleférico incluye dos trayectos: de Praia Vermelha a Morro da Urca y de Morro da Urca a Pao de Açucar. Desde el Morro da Urca las vistas ya son maravillosas, porque se puede contemplar Botafogo, Flamengo, el Morro de Sao Joao, el Cerro de Corcovado, y claro está, cuando se va a coger el segundo teleférico para subir al Pao de Açucar, pues también se ve este cerro.
Al llegar al Pao de Açucar la panorámica también es fantástica, porque se ve toda la playa de Copacabana, Ipanema (el barrio, no la playa), el Morro Dos Irmaos, el Cerro de Corcovado de nuevo, y para el otro lado la zona de la bahía donde se encuentra la ciudad de Niteroi.
De allí me fui hacia el barrio del Centro para coger el Bonde de Santa Teresa, o bondinho. Es el tranvía histórico que sube hasta el barrio de Santa Teresa. Conserva su color amarillo original y la tracción eléctrica de 1896. El billete ida y vuelta cuesta 20 BRL y se paga en efectivo. Sin duda es también una buena manera las cuestas que hay para llegar al barrio. Tras atravesar los Arcos de Lapa por encima, hace dos paradas: en Curvelo y en Largo dos Guimaraes. Hace más paradas, pero éstas dos dan acceso a los lugares más interesantes del barrio.
Desde Largo dos Guimaraes recorrí la Rua Paschoal Carlo Magno, la Rua Felicia dos Santos, la Rua Constante Jardim y Ten. Mauricio de Medeiros. Éstas calles tienen bastantes ejemplos de murales en las fachadas. Llegué a la rua Áurea, donde está la Iglesia de Santa Teresa de Jesús. Seguidamente entré en el Hotel Santa Teresa MGallery, que fue una histórica finca de café en 1850. Aquí fue donde comí.
De seguir andando un poco más por la Rua Paschoal Carlo Magno, habría visto el Mosaico Cordao do Boitata y el Mosaico "Um Bonde para Santa Teresa".
Después de comer me fui andando hacia Curvelo y desde allí al Parque das Ruinas. Alberga las ruinas del Palacio Murtinho Nobre, construido a finales del siglo XIX. Sus ruinas actualmente albergan una galería de arte contemporáneo. Este palacio perteneció a Laurinda Santos, una mecenas que reunía a los artistas más intelectuales de la época de los años 20. La panorámica también alcanza desde Botafogo y el Pao de Açucar, el Cristo Corcovado, al barrio del Centro Histórico con la Catedral Metropolitana en primer plano.
El parque actualmente se llama de manera oficial Parque de Glória Maria, en honor a la primera mujer negra que llegó a ser reportera en la televisión negra y referente para futuras generaciones. En el parque hay un mural con su rostro.
Desde ahí me fui caminando por el barrio hasta llegar a la Escadaria Selarón. Es curiosa la decoración de los azulejos de estas escaleras. Estaba a tope de gente.
Tras bajar las escaleras me fui hacia los Arcos de Lapa, donde cogí un Uber para ir hacia el hotel. Después, al rato, fui a la Playa de Ipanema, donde lo que más me gustó fue la vista del Morro Dos Irmaos.
Al día siguiente, comencé el día yendo al Cristo Redentor. Como ya he comentado en el tema correspondiente, pese a ser bastante pronto, sobre las 9 de la mañana, este lugar estaba ya saturado de gente y no me pareció nada cómodo, así que tras hacer las mínimas fotos de rigor, me fui de allí.
El siguiente punto que visité fue el Jardín Botánico. La entrada me costó 80 BRL (13'67€) y me dieron un mapa con un pequeño recorrido que hacer que incluía los siguientes puntos:
- Granja del Molino de Nossa Senhora da Conceiçao da Lagoa: es actualmente el centro de visitantes. Es un ejemplo de arquitectura colonial portuguesa y uno de los edificios más antiguos de la ciudad.
- Jardín de cactus
- Jardín de aclimatización y de la palmera madre Dom Joao: el príncipe regente Don Joao VI creó el espacio en 1808 para la aclimatización en suelo brasileño de especias traídas de oriente. La palmera madre es el nombre que se dio al primer ejemplar de palmera imperial plantada en el jardín.
- Lago Frei Leandro y el montículo: Frei Leandro fue el primer director que tuvo el jardín botánico, bajo cuya dirección se desarrollaron nuevos caminos en el jardín y el arboretum. Se empezó a excavar el lago de nenúfares por los esclavos y también de la extracción de la tierra resultó un montículo. La Mesa del Emperador, que era un lugar donde Dom Pedro I Dom Pedro II tenían sus comidas, fue ubicado en este montículo, además de un busto de Frei Leandro. También se observa una panorámica del Cristo Redentor.
- Fuente de las Musas: decorada en su parte superior con las 4 musas griegas, diosas de las ciencia, literatura y artes.
- Camino de las palmeras imperiales
- Puerta original del Jardín Botánico
Esto como digo es un recorrido reducido, pero se puede pasar bastante más tiempo si se va al orquidiario (no está abierto todos los días de la semana) o el acueducto de la levada.
Del Jardín Botánico fui al Centro Histórico y en concreto al Teatro Municipal, en la Praça Floriano. Es de principios del siglo XX y estilo parisino. Exteriormente es destacable la fachada. Hacen también visitas guiadas, pero no me informé mucho porque no iba a tener tiempo. En la misma plaza hay otros edificios destacables, como son la Cámara Municipal de Río de Janeiro, la Biblioteca Nacional de Brasil y el Museo Nacional de Bellas Artes.
Continué hasta el Largo do Carioca. En esta plaza, en lo alto del Morro de Santo Antônio, se encuentra el Convento de Santo Antônio. Es uno de los monumentos históricos y religiosos más antiguos de la ciudad, fundado por la Orden Franciscana en 1608. Tiene dos iglesias, la principal del convento como tal, y la Iglesia de la Orden Tercera. Ambas están contiguas y me parece que en la que entré es la de la Orden Tercera. Probablemente me dejé más cosas sin visitar en el convento al no llevar información (la guía Lonely Planet actual de Brasil no vale un pimiento).
De aquí me fui a la cercana Confitaria Colombo. Merece la pena echar una ojeada aunque no se vaya a comer nada.
Siguiendo con el recorrido fui hasta la Iglesia de Nossa Senhora do Carmo da Antiga Sé. Funcionó como la Catedral Metropolitana hasta 1976, cuando se construyó la nueva. Ha estado ligada a importantes hechos históricos como la coronación de diversos reyes. En la misma plaza, Praça Quinze de Novembro, se encuentra también el Palacio Imperial, o lo que queda de él, en el que actualmente hay un centro cultural.
Mi último punto del recorrido fue la Praça Mauá, donde está el Museo do Amanha (Museo del Mañana), que es un museo interactivo que explica cuál es el efecto de la presencia humana en nuestro planeta y su capacidad para cambiar el curso del mañana. Edificio diseñado por Santiago Calatrava.
Con esto terminé la visita por la ciudad de Río de Janeiro. Claramente me faltaron más días, sólo para visitar monumentos que vi exclusivamente por fuera o que me dejé por falta de información, y de otros barrios a los que no me dio tiempo a ir.
Dependerá de la calma con la que se quiera ver la ciudad, pero me atrevería a decir que hay suficientes lugares de interés como para pasar 4 ó 5 días en Río de Janeiro.
Saludos.