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Mis escapadas por España -Diarios de Viajes de España- Miguelang031075
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Diario: Mis escapadas por España  -  Localización:  España  España
Descripción: En este diario trataré de describir algunas de las escapadas por España que he hecho y que espero seguir haciendo.
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Etapa: Acantilados y oficios perdidos en el occidente asturiano  -  Localización:  España España
Fecha creación: 30/11/2008 21:48  
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Desde que estuve por primera vez en Asturias en el 2001 sabía que probablemente iba a volver en más ocasiones. Aunque iba de fiesta para un fin de semana a Gijón, y en realidad apenas si ví algo de la ciudad, ya que fue un viaje de comer y salir por la noche, hubo algo que me impactó, no sé si fue el olor del mar, el influjo de las mareas, la gastronomía, el llegar a esa región escuchando música típica o un compendio de todo, pero me atrajo tanto que no me equivoqué: fue la primera de un largo número de escapadas Sonriente (hasta 12 en total), en todas las estaciones del año, unas veces para realizar turismo cultural y otras para descubrir sus espectaculares parajes naturales a través de diversas caminatas.

El año 2007 había sido especialmente prolífico, ya que había hecho anteriormente 2 escapadas en puentes. La última apenas 1 mes antes. En esta ocasión, a través de un viaje organizado de senderismo, me proponía conocer un poco de la parte occidental de Asturias, tomando como base el pueblo Navia. A lo largo de 4 días caminaría por los acantilados cercanos a San Esteban de Pravia y Navia, el pequeño concejo de Taramundi, famoso por sus navajas, y por la comarca de los Oscos. La fecha del viaje era durante el Puente de la Constitución, y aunque en principio el tiempo no iba a ser demasiado favorable, en Asturias nunca se sabe. Puedes tener buen o mal tiempo en cualquier mes del año, de un día para otro o incluso en el mismo día.

El primer día del viaje salimos de Madrid rumbo a Asturias en torno a las 7:30, para después de una pequeña parada en el bonito pueblo de Tordesillas, en Valladolid, y 6 pesadas horas de autocar, llegar al pueblo de San Esteban de Pravia, antiguo puerto carbonero. Este lugar, que ya conocía de otra escapada está ubicado a lo largo de la parte final de la ría del Nalón, en su salida al Mar Cantábrico. Este día tuvimos la suerte de que el tiempo era excelente: mucho sol y calorcito. Invitaba a estar de manga corta. Tras un rato libre para comer, nos dirigimos hacia la parte del espigón del Puerto de San Esteban, donde comenzaríamos la ruta de la Senda Costera, camino que a lo largo de unos 5 ó 6 km va pasando por diferentes miradores para ver los acantilados de la zona. La primera parte de la ruta, quizás la más pesada, era subir hasta la Ermita del Espíritu Santo, en lo alto del acantilado. Esta parte del camino se hacía un poco cansada porque era un sendero con escalones interminable, o sea que al llegar arriba estaba uno algo agotado. Afortunadamente durante la subida había buenas vistas sobre la desembocadura del Nalón, con la playa de los Quebrantos o de la Arena.


Cuando llegamos a lo alto del acantilado, lo de menos era la ermita, ya que lo verdaderamente destacable era el mirador que ofrecía una vista espectacular de los acantilados Aplausos , que por la parte occidental alcanzaba hasta Cabo Vidio, por el concejo de Cudillero. La pena era que había en la lejanía una brumilla que hacía que la visión de la costa quedara un tanto difuminada, aunque a pesar de todo merecía la pena. El camino a partir de aquí transcurría en todo momento por la parte alta de los acantilados, sin grandes desniveles, aunque a ratos era algo cansado, porque era como un tobogán. Atravesamos un paisaje de praderas con caseríos dispersos a la izquierda, con bosque de eucaliptos en algún tramo Malvado o muy loco (que es lo que menos me gusta, me parecen estéticamente feos, no es una especie autóctona y no entiendo que manía tienen con hacer repoblaciones con este tipo de árbol, por más aprovechamiento comercial que tenga), mientras a la derecha contemplábamos casi en todo momento la costa. Paramos en los miradores de la Atalaya y de los Glayos, sobre la playas de la Cazonera y de las Llanas. En esta parte la costa era muy abrupta, tanto que a mi no me quedó claro cómo se podía bajar a esas playas de una forma que no fuera saltando por el acantilado o dejándose rodar. A pesar de que el camino era fácil, a trozos estaba muy húmedo y con musgo, por lo que había que tener cuidado para no plantar el culo en el suelo.


Finalmente hicimos el descenso final hasta el mirador sobre la playa del Aguilar, donde terminamos la ruta. Este paseo es bastante recomendable y fácil de realizar. Por lo corto que es se puede realizar de ida y vuelta, en caso de que no se disponga de varios coches o de que no se quiera perder tiempo en dejar los coches en los extremos de la ruta. Vistos los miradores de la Ermita, Atalaya y Glayos, se puede uno dar la vuelta, por ahorrarte la pequeña bajada y subida del final. Eso sí, lo que no nos quita nadie es subir todas los escalones hasta el mirador de la Ermita del Espíritu Santo.


Desde la playa del Aguilar, y ya prácticamente anocheciendo, era turno de irse hasta el pequeño pueblo de Navia, donde estaríamos alojados las 3 próximas noches en el HOTEL ARIAS, pero antes hicimos una parada de 1 hora u hora y media en Cudillero, que nos pillaba de paso más o menos, aunque en esta ocasión nos dejaron en lo alto del pueblo, y claro, la cantidad de escaleras que tuvimos que bajar para llegar al puerto no está escrita. ¡Y encima de noche!. Una vez abajo, la visión del pueblo dispuesto en forma de anfiteatro y con las casitas de colores desparramadas por la montaña, es de lo más pintoresco. Como no teníamos mucho tiempo fuimos a la búsqueda de un buen bar donde tomar unas sidras y ya se nos echaba el tiempo encima. De nuevo era el turno de subir todas las escaleritas de marras. Entre que estaba de noche, mi escasa visión nocturna y las sidras de más que había tomado, no sé cómo no me pegué un tortazo, porque veía doble. ¡En fin!

Una horita y pico de carretera y una siesta después, ya estábamos en Navia, dispuestos a entrar al hotel. El edificio tenía 2 partes: el Palacio Arias, antigua casona de indianos, para los huéspedes más pudientes; y otro edificio anexo que fue en el que estuvimos y que supongo que sería menos lujoso. De todas formas las instalaciones eran correctas. Al ir a entrar al hotel noté olor a mar y pude ver que estábamos al lado de la ría. Tras cenar fuimos a dar una vueltecilla por el pueblo, pero como que no había demasiado ambiente no tardamos en darnos la vuelta.

Al día siguiente el objetivo era hacer una ruta por la comarca de los Oscos, en concreto en el concejo de Santa Eulalia de Oscos. Salimos por la carretera de la costa con dirección a Galicia, pasando junto a los pueblos de Tapia de Casariego, Castropol y Vegadeo, estos últimos a orillas de la ría del Eo y al lado del límite con Lugo, antes de internarnos por carreteras secundarias de montaña hasta el pueblecillo de Santa Eulalia. Como anécdota el conductor se pasó más de una vez algunos desvíos y nos tenía de los nervios, porque empezaba a maniobrar hacia atrás y no tenía demasiado espacio antes de caer por la ladera. ¡En fin! Malvado o muy loco . El día había amanecido totalmente opuesto al anterior. Estaba muy nublado, hacía frío y amenazaba lluvia, así que nos pusimos todos los bártulos montañeros.

Íbamos a hacer una ruta al Forcón de los Ríos, de las típicas de la zona y de unos 12 km. Aparentemente la ruta estaba señalizada, pero digo esto porque hasta el guía se perdió y ya íbamos camino de hacer la ruta a la cascada de Seimeira Doblemente malvado (también muy recomendable). Por suerte se subsanó el error. Tras subir por un bosquecillo, pasados por agua, comenzamos a bajar por la garganta del río Barcia. Esta fue una de las partes más bonitas de la ruta, con la típica vegetación de ribera, las piedrecitas con musgo, las hojas caídas por el suelo. De esta parte fue la única foto que tomé el día, y es que entre ir de charla todo el rato y que estaba un poco apático por el tiempo, no tuve ganas de sacar la cámara Avergonzado . Aparte, cuando has hecho mucho senderismo, no te libras de hacer comparaciones y ciertos paisajes no te impactan, a pesar de la indudable belleza que tengan. Y éste fue el caso. Luego me arrepentí de no haber hecho muchas fotos.


Continuamos el camino junto al río Barcia hasta que llegamos al Forcón de los Ríos, que no es ni más ni menos que el nombre que se le da al lugar donde unen dos ríos, en este caso el Barcia y el Villanueva. El paraje era de ensueño. El típico lugar donde se te puede aparecer una xana, un duende, un elfo o cualquier tipo de personaje mágico.¡Y yo sin hacer fotos!. De aquí seguimos el camino por senda más fácil y menos resbaladiza hasta llegar a las mini aldeas de las Casías y la Valía. En la primera me sorprendió que de una de las pocas casas que había (que no llegaban a los 5 dedos de la mano) salía humo de la chimenea y me pareció de mérito que alguien continuara viviendo en aquel paraje, puesto que a simple vista no parecía que hubiera carreteras cerca ni un coche podría pasar por aquel camino. Nosotros además llevábamos caminando sobre una hora o más alejados de cualquier carretera. Tras cruzar un puente sobre el río (no sé cómo se llamaría después del punto de unión entre los dos ríos) llegamos a la aldea de la Valía. Ésta era un poco más grande y no parecía que viviera nadie en ella. Se notaba que estaba en restauración y tenía un aspecto bastante solariego, en aquel lugar tan apartado. De hecho la casa más importante de la aldea tenía un escudo donde figuraba la inscripción “Vizcaia”. Nos explicaron que en esta aldea se habían establecido herreros de origen vasco. Para variar no hice fotos.

De aquí continuamos hacia las siguientes aldeas, ahora en ascenso. Al poco de haber reanudado el camino nos encontramos con un señor mayor que vivía precisamente en una de las aldeas por las que habíamos pasado. Nos dijo que cada vez que iba al pueblo de Santa Eulalia tenía 1 hora y pico de camino, ¡andando!. Increíble. Un rato después tuvimos la anécdota desagradable del día. En todas estas zonas de Asturias y supongo que de Galicia donde hay tantas aldeas casi abandonadas, suele haber perros sueltos que en muchas ocasiones no son precisamente inofensivos. Nos cruzamos con una pareja joven que venía en sentido contrario y que al pasar por una aldea donde había varios perros, el chico se acercó a uno de ellos y fue atacado. El perro le había hecho un buen agujero al pantalón por la entrepierna y además le había conseguido morder Llorando o muy triste . El chico llevaba una herida ensangrentada y tenían que ir a un médico de urgencia para que le pusieran la vacuna de la rabia. Claro, cuando estás en un pueblo es más fácil, pero cuando estás en mitad del campo y tienes que salir de allí andando durante un buen rato, pues no es tan agradable. Total, que hay que tener cuidado en las zonas muy rurales con los perros, que muchas veces te salen al paso y no sabes con qué intenciones.

Avisados como íbamos pasamos pies en polvorosa la aldea donde estaba el perro mordedor, que por cierto no paró de ladrarnos, pero supongo que al ser un grupo de 50 personas su actitud amenazante no pasó de ahí (Creo que era la aldea de Caraduje o la de San Julián). Eso sí, no nos entretuvimos ahí ni 3 segundos. A mí que de por sí ya me dan miedo los perros no lo pasé muy bien que digamos.

Después de pasar alguna aldea más llegamos de nuevo al pueblo de Santa Eulalia, y tras comer y dar una vueltecilla por allí, o más bien conocer alguno de sus bares, iniciamos el regreso hacia Navia. Después de cenar, como no había demasiado ambiente por el pueblo, nos fuimos a la búsqueda de una sidrería y al final dimos con una bastante agradable: SIDRERÍA LA VILLA. Aquí tomamos algún pincho acompañado de sidra. En este local lo peculiar era que la sidra no la escanciaban los camareros, ni tampoco nosotros, sino que se ponía la botella hacia abajo en un soporte especial, se le daba a un botón, y ya teníamos la sidra en el vaso. Quizás no sea tan espectacular como que te la escancien, ni que tenga el mismo sabor en este caso, pero como digo, no hay mal que por bien no venga, y así por lo menos desperdiciaríamos menos sidra. Después de estar un ratín allí volvimos al hotel y hasta el día siguiente.

El tercer día tampoco es que amaneciera especialmente bien Malvado o muy loco . Pintaba como el día anterior: lluvioso. Nos íbamos a adentrar aún más en el comarca de los Oscos para hacer una interesante ruta paisajística y etnográfica, a través de la cual íbamos a descubrir oficios tradicionales, ya abandonados, de la zona, visitando el complejo etnográfico de Os Teixois, en el concejo de Taramundi. Hicimos parte del recorrido por carretera del día anterior, pero en este caso nos internamos más en los Oscos, pasando por zonas más montañosas, con las carreteras en peor estado, más estrechas y con más curvas. Aquello parecía el viaje al país de Ninguna Parte. Tardamos una barbaridad en llegar hasta los alrededores de la aldea del Teixo, donde comenzaba la ruta. El día estaba muy frío, con viento y amenazando lluvia o quizás aguanieve. Por suerte no pasó de ahí la cosa y como suele ser habitual a los 10 minutos ya hacía calor. Por diversas pistas y sendas fuimos bajando hasta llegar al arroyo de las Mestas. Nuevamente estábamos ante el típico paisaje de ribera, con el musgo, las hojas, las piedras húmedas, que supusieron más de una caída, alguna de las cuales terminaron en lesión.


Tras caminar un rato junto al arroyo y sin ver ningún personaje mágico, llegamos al complejo etnográfico de Os Teixois, donde haríamos una visita guiada para conocer las diferentes herramientas y usos del lugar. En concreto nos explicarían el funcionamiento de una piedra de afilar, de un batán (este artilugio golpeaba con unos mazos determinados tejidos para hacerlos más compactos), un molino para moler el cereal y la fragua. Además nos harían una demostración. El punto en común entre todas estas instalaciones es que son accionadas por la fuerza del agua proveniente de un pequeño embalse que recoge las aguas del arroyo de las Mestas a través de un canal. Sin duda me pareció una visita imprescindible, ya que hoy en día estos oficios están perdidos.

Podéis ver información detallada del funcionamiento de todas las herramientas en la siguiente página.

Os Teixois

De izquierda a derecha podemos ver el batán, la piedra de afilar y los mazos que golpean los tejidos en el batán.



En el siguiente grupo de fotos, de izquierda a derecha, aparecen el molino, el batán en plena acción y el martillo de la fragua, que igualmente accionado por una rueda, golpea el hierro candente.


En el último grupo se ven de izquierda a derecha, la rueda accionada por la fuerza del agua y el guía (que por cierto vivió allí) calentando un hierro antes de ponerlo bajo el martillo.


Tras la magnífica visita de Os Teixois continuamos camino a pie por un bosque tan encantador o más que el anterior, pasando por la aldea de Esquíos, donde reside uno de los últimos artesanos que fabrican, para seguidamente desviarnos por un sendero hacia la cascada de Salgueira. El camino era de unos 20 minutos o algo más, cuesta arriba, con sus piedras, sus musgos y sus hojas por el suelo, es decir, un gusto para las rodillas y para resbalar durante la bajada . Había un sendero que permitía acercarse a pocos metros de la cascada, pero como era aún más empinado que el anterior y decían que estaba bastante resbaladizo, no tuve ganas de subir Confundido , así que la foto que hice de la cascada no se aprecia demasiado bien.


Regresando con cuidado de no terminar por los suelos, llegamos hasta la carretera por donde continuamos ya hasta el final de la ruta. Paramos a comer en un lugar sensacional, junto al Museo de los molinos de Mazonovo, y aunque no entramos a visitarlo sí que vimos al menos desde el exterior parte de las instalaciones. Estos molinos también han sido recuperados de cara a poder mostrar cómo se utilizaban antiguamente en las tareas agrícolas.


A Taramundi llegamos como no podía ser menos cuesta arriba, después de haberse pegado el atracón de comer. El pueblo no era feo pero parece que lo más visitado eran las tiendas de souvenirs. Me llamó la atención a la entrada del pueblo un hórreo donde tenían colgados varios racimos de panochas de maíz.


Pasando a la vuelta por territorio gallego y asturiano varias veces, llegamos hasta nuestro hotelito de Navia. Como teníamos 2 horas libres antes de cenar decidimos darnos una vuelta por el pueblo..........hasta la sidrería del día anterior. Allí empezaron a caer los vasos de sidra y los pinchos uno detrás de otro, botella tras otra, y cuando nos dimos cuenta nos habíamos soplado cada uno más de una botella. No es que terminara borracho, pero sí que salí viendo doble, colorado y me faltó poco para perder la claridad en el habla. Me bebo unos vasos más y.... Lo peor es que después de lo que habíamos bebido y comido nos esperaba la cena, que no era precisamente escasa. ¡Es lo que tiene Asturias!. Para bajar un poco la cena nos fuimos con más gente de nuevo hasta la sidrería. Ya por último, para despedir la última noche en Asturias, nos fuimos a una discoteca que había justo enfrente del hotel, y aunque la música era pachanga y el grupo que actuaba sólo cantaba salsa, allí estuvimos unas horillas más.

Después de la tregua del día anterior, donde al final salió el sol, el último día amaneció muy nublado, amenazando lluvia y con bastante viento. Lo ideal para recorrer una senda pegados al acantilado y es que íbamos a recorrer la Travesía Costa y Playas de Navia, de 8 km y apenas desnivel. Desde luego si hacía viento, yo que soy peso pluma me veía siendo arrastrado por el viento y lanzado por los acantilados. Comenzamos a caminar junto a la playa de Navia. El sendero transcurría la mayor parte del tiempo junto al acantilado, pasando por diferentes calas y playas de difícil acceso la mayoría. El fuerte oleaje que rompía contra los acantilados hacía que la panorámica fuera fantástica. Incluso parte del grupo hizo un intento de bajar a una de las playas y atravesarla, pero se vieron sorprendidos por la marea y tuvieron que volver a toda prisa. Hicimos una parada en la playa de Frejulfe, declarada monumento natural. La última parte del recorrido antes de llegar al pueblo de Puerto de Vega fue bajo una intensa lluvia, frío y mucho viento, que hacía el trayecto bastante incómodo, aunque muy espectacular.




Tras comer en esta población iniciamos el regreso hacia Madrid.
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Ver Etapa: Acantilados y oficios perdidos en el occidente asturiano



Etapa: Hayedos, brañas y prehistoria en Asturias  -  Localización:  España España
Fecha creación: 01/12/2008 16:57  
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Aproximadamente 1 mes antes de hacer mi escapada por la zona occidental de Asturias, había realizado otra para el Puente de Todos los Santos en la misma comunidad. En esta ocasión un grupo de amigos íbamos a descubrir las maravillas que ofrecía el pequeño concejo de Teverga, más desconocido para la inmensa mayoría de la gente que otras zonas como Picos de Europa, Oviedo o toda la zona costera. Para que os situéis, Teverga está al sur de Asturias, limitando por el sur con el valle de Babia en León, al oeste con Somiedo y al este y norte con los famosos valles del Oso. El por qué habíamos elegido este lugar para pasar unos días era por su tranquilidad, alejado de las rutas más concurridas, la belleza de sus paisajes, el patrimonio cultural tan variado, en el que podíamos disfrutar desde las conocidas brañas asturianas, hasta pinturas rupestres, cuevas, y por qué no, también su gastronomía. Por si fuera poco, por las previsiones que habíamos visto nos iba a hacer buen tiempo Sonriente .

Salimos una avanzadilla de Madrid el 31 de Octubre a media tarde, sobre las 6, con destino a la Villa de Sub, en Teverga, donde estaríamos alojados varios días. Por una vez en la vida, y sin que sirva de precedente, tuvimos la suerte de salir de la gran ciudad sin un sólo km de atasco, por lo que casi sin darnos cuenta, 4 horas después estábamos ya pasando por el pueblo leonés de Torrebarrio, en el valle de Babia, para comenzar a subir el puerto de la Ventana, que nos daría acceso a Teverga, ya en Asturias. La carretera de subida estaba mejor de lo que yo me pensaba, claro, desde mi punto de vista de copiloto (No sé que pensaría el conductor que se tragó todo el viaje). Sin embargo, al cruzar el límite a Asturias, la carretera cambió como la noche y el día. Una carretera la mitad de estrecha, no demasiado bien asfaltada y con una sucesión de curvas una detrás de otra. Y todo a oscuras. De hecho, si no fuera por los palos reflectantes de la nieve, se vería todo negro. Sin embargo, hubo algo que ya nos maravilló. Parecía que estábamos atravesando un hayedo y.......¡veíamos que tenían los colores típicos otoñales!. Mejor suerte no se podía tener y esperábamos que se confirmara al día siguiente. Al buen rato de ir bajando el puerto de la Ventana, empezamos a ver unas luces en lo alto del valle. Pues sí, allí era donde estaba Villa de Sub. Encontrar la carretera de acceso fue complicado, de hecho nos la pasamos, y no había a quién preguntar. La carreterilla, que no puede recibir otro nombre, tenía bastante pendiente, pero la cuesta final para llegar a las casas ya era descarado. Fácilmente podía tener un 25% de pendiente o más. De hecho, al día siguiente nos dijeron que había muchos coches que incluso no podían subir Loco , pero nosotros lo conseguimos, aunque a punto de caer en alguna cuneta.

A las 11 de la noche ya estábamos frente a nuestra casa en Villa de Sub. Era un precioso apartamento de dos plantas para 4 personas y que había sido reformado ese mismo año. Antiguamente había sido una casa con su corral y todo. El nombre: APARTAMENTOS MONTEGRANDE. Después de echar una ojeada a toda la casa y de colocar la compra que habíamos hecho días antes, nos fuimos ya a dormir. Las habitaciones eran una maravilla porque tenían la ventana en el techo.

Al día siguiente nos levantamos temprano. Íbamos a hacer una ruta corta, porque nuestros otros dos amigos llegarían al mediodía y no queríamos demorarnos demasiado. El día lucía con un sol espléndido y un cielo celeste, de los que a mí me gustan. La dueña de la casa decía que estábamos de suerte, que ahora estaba haciendo el buen tiempo que no habían tenido en el verano. Mientras nos preparábamos para la ruta tuvimos tiempo de ver dónde estaba situada nuestra aldea. El lugar era privilegiado.



Las casas se asentaban en lo alto del valle, justo donde éste hacía una especie de rellano, y bajo otra montaña, donde supimos que hacían escalada. Montados en coche salimos carretera abajo para subir varios km por la carretera del puerto de la Ventana. La sensación de la noche anterior era correcta y los colores otoñales estaban en su máximo apogeo. Nos paramos a la derecha de la carretera, junto a unos paneles explicativos que informaban de que ahí comenzaba el itinerario didáctico del hayedo de Monte Grande, uno de los más importantes de la comunidad.


La ruta era de ida y vuelta, en total 8 km, por lo que suponíamos que no tardaríamos más de 2 horas. El camino estaba en buen estado, en algún punto algo embarrado. En cuanto empezamos a andar nos internamos en el hayedo. La vista no alcanzaba a ver todo el hayedo que se extendía ladera abajo. El sol empezaba a calentar y hacía que las hojas brillaran, mostrando sus colores, desde el verde, hasta los tonos amarillentos y rojizos. La única pega, pero sólo de cara a las fotos, es que a veces salían a contraluz. Al mismo tiempo, el camino estaba cubierto de hojas, así que estaba mullidito. De vez en cuando nos encontrábamos con pequeños arroyos cayendo en cascada. ¿Dónde estarían los duendes y las ninfas? En algunos puntos había algún panel informativo acerca de la flora y de la fauna en el hayedo, e incluso ya hacia el final había otro panel que indicaba que allí se podían ver huellas de oso. ¡Bueno! Yo verlas no las ví.



En ese punto había otro panel sobre posibles rutas que se podían hacer a partir de allí. Una de ellas creo recordar que era la cascada del Xiblo, cerca de la braña de las Navariegas, así que pensamos en ir hasta ella. Cruzamos el río, que no era cosa fácil, porque estaba muy resbaladizo y llevaba suficiente caudal para terminar en remojo. A partir de ahí seguimos el sendero que parecía más evidente, pero no tardó en desaparecer. Se suponía que había que continuar ladera arriba, buscando el sitio más fácil para pasar, pero entre que la susodicha ladera tenía demasiada pendiente, que no había ningún tipo de sendero y que era un barrizal, yo decidí quedarme admirando el paisaje y mi amigo decidió continuar. Regresó a la media hora y había conseguido encontrar la cascada, no sin antes resbalarse y caerse un par de veces. Menos mal que no fui, con lo torpe que soy. Las fotos de la cascada eran impresionantes.


Decidimos darnos la vuelta, porque entre pitos y flautas ya habían pasado más de 2 horas y no teníamos cobertura (gracias a Dios por otro lado) para hablar con nuestros amigos. En el camino de regreso no paramos demasiado, así que al final tardamos unas 3 horas y pico ó 4 en completar la ruta. Hablamos con nuestros amigos y acababan de llegar al alojamiento, así que pusimos rumbo a Villa de Sub. A mitad de camino paramos un par de minutillos en una curva desde la que teníamos vista de la carretera de subida al pueblo y también de su situación.


Llegamos a la casa y después de los saludos de turno decidimos que íbamos a ir a comer a un restaurante a la capital de Teverga, San Martín. Decir capital, es decir demasiado, porque en realidad son 2 calles y media. En este concejo la población se distribuye en pequeñas aldeas. Tras mirar en varios restaurantes, que estaban todos llenos (era 1 de Noviembre), dimos con uno que se llamaba BAR NUEVO. Por supuesto estaba lleno, pero como la dueña nos dijo que nos pasaría en cuanto hubiera una mesa de 4 nos quedamos esperando. Y claro, picamos, porque cada vez que preguntábamos era que teníamos un grupo delante, que los de la mesa estaban ya con el postre, que en cuanto pudieran nos preparaban la mesa. Entre una cosa y otra estuvimos esperando más de 1 hora. Estábamos que nos subíamos por las paredes Malvado o muy loco . Menos mal que nos llamaron y que finalmente la comida terminaría mereciendo la pena. Era un menú que costaba 15 E. De primero nos pusieron una perola de pote tevergano para 2, que me gustó bastante, pese a que no estoy acostumbrado a ese tipo de comidas y otro pidió fabes con almejas, que le costó sudores y lágrimas acabárselo. De segundo nos volvimos a dividir entre una bandeja de pitu de caleya (siempre me ha hecho gracia este nombre, que es pollo de corral) y otra de rabo de toro. Ninguno pudimos acabar tampoco nuestras respectivas bandejas. En broma siempre pienso que por qué nos quieren cebar tanto los asturianos cuando vamos los turistas, jajaja. Supongo que será por el clima o, ¿es cuestión de aprecio por la buena mesa?. De postre en Asturias siempre me ha privado la tarta de queso, pero desde que había estado en Pedroveya el arroz con leche había pasado a liderar el ránking, y eso fue lo que pedí. ¡Hum!, qué rico, tan cremoso, con su canela y su azúcar quemada. Creo que estábamos en trance todos con nuestras respectivas tartas de queso y arroces con leche. Hubiéramos deseado que fueran inagotables.

Bueno, pues con el estómago lleno hasta la saciedad y cara de felicidad salimos del restaurante pasadas las 5 de la tarde. Hacía frío pero no queríamos volvernos tan pronto a la casita, así que nos acercamos a la población de La Plaza, que estaba a 500 m de San Martín, y tuvimos la suerte de que estuviera abierta la Colegiata de San Pedro, del siglo XI, con estilo transición del prerrománico al románico. Estuvimos hablando con la señora que tenía las llaves de la colegiata, que era de Teverga, y que nos estuvo contando cosillas de la iglesia, del estado en el que se encontraba (decía que por ejemplo la techumbre no se encontraba en demasiado buen estado debido al rigor del invierno, y que si no la rehabilitaban no sabría cuánto duraría), de las familias a las que había pertenecido, de cómo pasaba ella los días allí e incluso del valle. Nos contaba que le daba pena que en una zona como aquella, en la que la minería había sido durante mucho tiempo la actividad principal, no se hubiera hecho un museo de la minería, ya que en su opinión era el turismo lo único que podía evitar que Teverga terminara despoblándose. Una charla muy amena. Aparte de ver la nave principal de la iglesia y el claustro, que también necesitaba un repasillo, había una sala museo con las momias del marqués de Valdecarzana y su hijo Pedro de Miranda, que fue abad en la colegiata allá por el siglo XVIII. Yo preferí abstenerme de ver las momias Confundido .

Ya oscureciendo, y con bastante frío, nos marchamos a Villa de Sub, previo paso por la oficina de turismo. Aquella noche cenamos en la casa, que para algo habíamos llevado la compra desde Madrid. Además, planeamos ya lo que íbamos a hacer al día siguiente. Desde varios años atrás, tenía en mente el hacer el Camín Real de la Mesa, una calzada romana que transcurría por lo alto del cordal montañoso (Cordal de la Mesa) que separaba Teverga de Somiedo y que comunicaba Asturias con León. El inconveniente era que se trataba de una travesía en línea, que eran 22 km y que estábamos en Noviembre, por lo que había menos horas de luz. Por otro lado, había que contar con que teníamos que dejar los coches en cada extremo de la ruta, y que eso suponía una pérdida importante de tiempo. No obstante, decidimos que lo íbamos a intentar.

Al día siguiente madrugamos bastante y salimos con dirección a León. Subimos el puerto de la Ventana y ya en la provincia de León tomamos una carretera, por llamarla de alguna manera, que nos llevaría a la aldea de Torrestío. Nos debió de llevar por lo menos 45 minutos. Como no sabíamos dónde acabaría la ruta dejamos el coche lo más arriba posible. Iniciamos el regreso subiendo de nuevo el puerto y atravesando todo el concejo de Teverga, para subir hasta el puerto de San Lorenzo, límite entre Teverga y Somiedo, y donde comenzaba nuestra ruta. Nuestra excursión era de suponer que transcurriría con contínuas vistas a Teverga y a Somiedo.

A las 10 de la mañana, con un frío que pelaba, empezamos la excursión y como no podía ser menos por un empinado cortafuegos, para ir entrando en calor. Menos mal que era el desnivel más fuerte del día. Durante 1 hora fuimos atravesando un bosquecillo con vistas a Somiedo hasta que llegamos a una pradera enorme cuyo nombre era Piedrajueves (Petra Jovis), porque se supone que en tiempos de los romanos había un altar en honor a Júpiter. Había unos caballitos pastando y otros en un bebedero, así que como era un lugar bastante agradable paramos para tomar un piscolabis. Aunque se supone que la ruta estaba señalizada con marcas blancas y rojas, al formar parte de un GR, Piedrajueves era una inmensa pradera en la que sólo se veía un arbolillo a lo lejos por un lado y unas ruinas por otro, así que con cara de circunstancias la pregunta era por dónde seguimos, ya que por otro lado la descripción y mapa que llevábamos no eran muy buenos. Menos mal que con nosotros venía un geólogo que tenía 2 dedos de frente, porque los demás, si hubiéramos seguido el camino más evidente no sé donde habríamos terminado.



La siguiente parte del camino estaba bastante desdibujado (vamos, que no había) y simplemente procuramos no perder altura, hasta que llegamos al siguiente punto de control, los pastizales del Xuego La Bola, donde tuvimos vistas cercanas por primera vez de Somiedo. Qué mejor lugar para hacer otro piscolabis. Hasta el momento estaba contento con la excursión: ruta de alta montaña, buen tiempo y nosotros 4 sólos. Y como lo bueno no puede durar empezaron a asomar unas cuantas personas. ¡Mientras que sólo sean unas pocas!.

Continuamos camino por donde nos marcaba el miliario. ¿Y qué es un miliario? Es como una gran piedra que los romanos ponían en las calzadas romanas para ir marcando cada milla. En pocos minutos llegamos a la braña de la Corra, con sus teitos o cabañas de piedra con techo vegetal compuesto por escobas. De pronto la tranquilidad se esfumó, y comenzó a aparecer gente por todos lados, a pie y en bicicleta de montaña. Estaba allí hasta la prima de la Bernarda Malvado o muy loco . Se trataba de un grupo de multiaventura que venía del País Vasco.



Procurando dejarlos atrás y otras veces delante, para ir solos, y no formando parte de una excursión organizada, atravesamos el tramo donde mejor conservada estaba la calzada romana, aunque la progresión se hacía difícil porque era un auténtico barrizal y por el incordio de las bicicletas.


Seguimos camino rodeados de acebos, abedules y piornos, con colores muy otoñales, rodeando el pico de Peña Negra, desde cuya cumbre dicen que se ve Oviedo. Como nosotros no teníamos tiempo no hicimos el intento de comprobarlo. Seguimos hasta una zona de caza llamada la Sedernia, desde la que vimos por primera vez en toda la ruta vistas de Teverga, y del lado de Somiedo una braña cercana a la Foz de Arbayún, garganta de impresionante profundidad.



De momento todo iba según lo planificado. El siguiente punto al que tocaba dirigirse era el Puerto de la Magdalena, por donde pasaba el camino que proveniente de Saliencia llevaba hasta los famosos lagos de Somiedo. Como el ya mencionado grupo vasco estaba comiendo en el puerto nosotros aprovechamos para comer en la ladera de enfrente, lo más alejados posible, con la braña de Saliencia a nuestros pies.


Por pista continuamos por detrás del puerto de la Magdalena hasta llegar a la braña de la Mesa, sin duda la más espectacular que habíamos visto, pues era un poblado inmenso que mantenía aún gran cantidad de cabañas de todo tipo: corros (cabañas de piedra con planta circular), cabañas con techo de teja y también las cabañas con techo de teito. Cuando atravesamos toda la braña llegamos al Puerto de la Mesa, límite natural con la provincia de León.





Estábamos ya en la parte final del trayecto y nos quedaba tan sólo bajar por el camino más aparente hasta la aldea de Torrestío, en el valle leonés de Babia. Este tramo nos llevó unos 45 minutos, acompañados en buena parte por una hermosa panorámica de Peña Ubiña, el cordal de mayor altura en Asturias después de Picos de Europa.



Llegamos a la aldea pasadas las 5 de la tarde, después de algo más de 7 horas de marcha, y como se suele decir, baldados. Habíamos disfrutado de lo lindo, buen día y no habíamos tenido tampoco demasiados problemas para seguir la ruta. Después de tomar algo en un bar emprendimos el regreso a Villa de Sub y ya no nos movimos de allí.

Al siguiente día nos levantamos un poco más tarde, que todavía se notaba el cansancio del día anterior. Queríamos hacer una ruta más corta, para no terminar demasiado cansados, y nos decantamos por la ruta de los Puertos de Marabio, de 10 km, por lo que se suponía que en 3 horas estaría acabada. Para ir al punto de comienzo de la excursión había que tomar la carretera que unía los concejos de Teverga y Tameza, subiendo un puerto de montaña. Durante el camino temimos que no se pudiera hacer por la intensa niebla que había, pero superada cierta altitud se quedó un precioso mar de nubes debajo de nosotros.




La ruta era circular y el objetivo era explorar el paisaje kárstico de Marabio, con los lapiaces, las dolinas y todo lo que suele formar parte de un paisaje calizo. Supuestamente estaba señalizada con marcas blancas y amarillas, y digo supuestamente porque no había manera de que encontráramos por un lado las señales, ni mirando nuestro mapa, ni el que había en el punto de inicio, ni la descripción. Y como nosotros, más personas. Por suerte, mirando para el otro lado conseguimos encontrar una marca que nos indicara un poco el camino. Atravesando un campo de helechos primero (nos pusimos de barro hasta arriba como para la lavadora) y un camino embarrado después, llegamos hasta unos pastizales desde donde teníamos una visión completa de la reserva de Marabio en su conjunto, dominada por el pico Caldoveiro, el más alto. Muchos helechos, con el característico color entre rojizo y marrón de cuando están secos, acebos y otros arbustos, caballos pastando. Un típico paisaje en definitiva. Aunque no se aprecia bien por la falta de contraste en la foto, cuando llegamos al puerto de Marabio se podía contemplar otro mar de nubes hacia el norte.



A partir de este punto la ruta se complicó bastante, porque no había manera de encontrar un sendero que evitara la carretera. Al final, después de hacer unos cuantos intentos y de subir y bajar pequeñas colinas, como no estaba claro que existiera tal sendero y por otra parte el terreno era cada vez más vertical, decidimos hacer los últimos 4 ó 5 km por carretera. Entre el asfalto y el cansancio acumulado del día anterior terminé reventado. Me había decepcionado en parte la ruta, porque a pesar de que el paisaje era precioso el caminar por carretera no me gustaba. Lo más interesante que ví fue una especie de cavidad kárstica que había a un lado de la carretera. No sé si sería una dolina porque no ví la forma de poder acercarme.


Al final hubiera sido preferible hacer una ruta panorámica en coche. Recogimos los coches y bajamos hasta San Martín de Teverga y allí estuvimos un buen rato en una terraza al aire libre tomando un aperitivo y también el sol. Después fuimos a buscar una carnicería, porque......nuestra casa tenía una barbacoa, así que eso hicimos, comer al aire libre.

Después de la sobremesa pensamos que sería buena idea hacer una visita del Parque de la Prehistoria, situado 1 ó 2 km antes de llegar a San Martín (desde el puerto de la Ventana).


Parque de la Prehistoria

La entrada nos costó 5 E a cada uno y la visita constaba de 2 partes. En primer lugar, y dado lo tarde que era, hicimos la visita guiada por la Cueva de Cuevas. Este recinto era una inmensa cueva donde habían conseguido reproducir varias de las cuevas paleolíticas más importantes, como las de Lascaux, Niaux, Altamira, Tito Bustillo. Después de esta visita, nos fuimos ya por libre a ver la Galería, donde había una exposición acerca de las diferentes técnicas que se utilizaban en el arte rupestre, los motivos que se representaban, reproducciones de utensilios, etc...

Tras esta mas que recomendable visita aprovechamos que estábamos tan cerca de San Martín para ir a cenar al restaurante del primer día, el BAR NUEVO. La única pega es que no era menú y salió más caro, pero la comida igual de rica y abundante. No pudimos ni comernos la mitad del segundo plato. Nos marchamos para la casa e iba siendo hora de empezar a recoger el equipaje, que había llegado el último día del viaje.

Al día siguiente, queríamos visitar una cueva antes de emprender viaje de retorno a Madrid, así que después de dejar la casa fuimos a la Cueva Huerta, situada en la Foz de la Estrechura, junto a la carretera que veníamos recorriendo todos estos días. La entrada tenía cupo de 20 personas, así que no pudimos conseguir hueco hasta las 12, y gracias a que el grupo de vascos que también andaba por allí no estaba completo, si no, nos hubiéramos quedado compuestos y sin cueva. Ah, la visita costaba 3 E. Llegada la hora nos dieron unos cascos de obrero con una luz frontal Mr. Green incorporada y bajamos la senda que daba acceso a la cueva. El itinerario que íbamos a seguir era el básico y consistía en caminar simplemente por la pasarela que habían acondicionado. Era la típica cueva de estalactitas, estalagmitas y murciélagos. Nos explicaron algunas de las formas más curiosas que se habían formado por combinación del goteo del agua y de las corrientes de aire. La cueva estaba formada por varios niveles y dependiendo de la época del año el río que circulaba por su interior inundaba más o menos niveles. Otra de las actividades guiadas que realizaban en la cueva era espeleoturismo por el tramo subterráneo del río. Creo recordar que el guía comentó que duraba unas 3 horas. Como mi nivel de aventura no da para tanto yo me dí por satisfecho por esta visita de 45 minutos Sorprendido . En el interior lógicamente no se podían hacer fotos y las que hice en el exterior no me salieron bien, así que pongo un par de ellas sacadas de Internet.


Era hora de irse ya hacia Madrid, pero antes, y como llevábamos geólogo en el grupo, nos convenció para parar en el puerto de la Ventana y acercarnos hasta los restos de una explotación minera de carbón para buscar fósiles. Y así estuvimos un buen rato, mirando en los escombros a ver si veíamos alguno, y sí que encontramos. De aquí partimos ya definitivamente hacia Madrid, con ninguna incidencia en el viaje, tal y como había ocurrido a la ida.
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Ver Etapa: Hayedos, brañas y prehistoria en Asturias



Etapa: Tesoros naturales y artísticos de Asturias  -  Localización:  España España
Fecha creación: 02/12/2008 14:48  
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Unas semanas antes de las vacaciones de Semana Santa del 2007, vi un viaje en una agencia de senderismo de Madrid con la que solía ir muchas veces, una escapada a Asturias para conocer algunos de los tesoros del arte prerrománico y varios parajes naturales. Como no hacía falta que me presionaran mucho para que yo fuera a Asturias, me apunté sin dudarlo un solo momento. En el plan de ruta destacaban las visitas a Oviedo, Gijón y las iglesias prerrománicas, pero también nos acercaríamos a Cudillero, cabo de Peñas y las Xanas.

El primer día salimos por la mañana temprano de Madrid en dirección a Asturias, con los habituales problemas de tráfico en las fechas vacacionales, por lo que llegamos a la aldea de Pedroveya, inicio de nuestro paseo por las Xanas, a eso de las 3 de la tarde. Antes teníamos almuerzo concertado en CASA GENEROSA: comida casera, rica y abundante. Recuerdo que nos pusieron perolas de pote, ensalada, bandejas de carne con patatas, una bandeja de pasteles y sobre todo el fabuloso arroz con leche, que hasta ese momento no lo había probado tan exquisito. Después del almuerzo llegaba el turno de comenzar el paseo por el desfiladero de las Xanas, y digo paseo porque según la guía acompañante que llevábamos, eran únicamente un par de km como mucho y totalmente llanos, salvo una pequeña pendiente al principio. Poca cosa en definitiva. La mayoría de la gente, incluido yo, Íbamos vestidos en plan paseo por el parque del Retiro, puesto que al fin y al cabo se suponía que era un viaje cultural. Salimos de Pedroveya a la búsqueda del desfiladero de las Xanas y a los pocos minutos nos encontramos un grupo que venían precisamente del desfiladero y que nos advirtieron de que había bastante barro. También con cierto tono de sorna nos dijeron que íbamos vestidos de domingo, así que me temí lo peor.

Efectivamente, según llegamos hasta el río, todo el sendero que seguimos junto a él ganando poco a poco más altura, era bastante estrecho y embarrado, por lo que con el calzado que llevábamos la mayoría de la gente, se convertía en un deslizador. Y de pronto.....tras un recodo del sendero ahí aparecía el desfiladero de las Xanas. En algunos puntos no había excesiva distancia entre las paredes de cada lado y de hecho no se aprecia a veces en las fotos que hay dos paredes.


El sendero que teníamos que seguir a partir de ahora estaba excavado en la roca, por lo que era bastante irregular a trozos, estrecho (1 m o poco más) y húmedo, ya que había llovido días antes. Lo ideal para el calzado que llevaba. De vez en cuando se atravesaban pequeños túneles hechos en la roca. Por si fuera poca, en algunos tramos que quizás eran más resbaladizos había cadenas en la pared para agarrarse, cosa que no dudé en hacer dada mi vestimenta Trist . Poco a poco el camino fue perdiendo altura y el desfiladero ganando en amplitud. Abajo se veía como el río iba perdiendo altitud también en una secuencia de cascadas. La bajada hasta el pueblo de Villanueva, donde acababa la ruta, era ahora vertiginosa. Se veía muy abajo. Desde luego no me estaba pareciendo un camino muy llano y estaba claro que nos habían dado gato por liebre.





Días después averiguaría que la ruta tenía en total unos 5 km y que el desnivel había sido de unos 100 m de subida y cerca de 500 m de bajada. Igualito a lo que había dicho la guía Mr. Green , jajaja. El caso es que como resultado del calzado que llevaba y lo agarrotadas que había llevado las piernas por el miedo a resbalarme, recuperé una lesión de semanas atrás y que ya no me abandonaría el resto del viaje. No obstante, la ruta es muy sencilla con buen tiempo y si vas equipado adecuadamente. La pueden hacer niños sin problema.

A todo esto, ¿sabéis qué son las xanas?. Pues son ninfas que viven en las fuentes, cuevas y riberas de los ríos. Son muy guapas, de pequeña estatura, delgadas y mirada encantadora, con una larga melena rubia que peinan con peines de oro. Cantan en las noches de primavera y verano, y quien tiene la suerte de escucharlas, si tienen el alma pura y están enfermos se curan, si están enamorados se casan enseguida. Si por el contrario albergan malos sentimientos terminan volviéndose locos y ahogándose.

De Villanueva fuimos a ver la iglesia prerrománica de Santo Adriano de Tuñón, en el concejo de Santo Adriano (en el centro de Asturias). Esta iglesia era de finales del siglo IX. Se suponía que estaba en muy buen estado, pero llegamos demasiado tarde para comprobarlo y no pudimos visitarla por dentro Malvado o muy loco .



Desde aquí continuamos hasta el concejo de Las Regueras, donde teníamos una cita para visitar la iglesia prerrománica de San Pedro de Nora, ubicada en la ribera del río Nora. Aquí sí llegamos a tiempo y pudimos entrar. Era una pequeña iglesia de 3 naves con la techumbre de madera y una cámara secreta sobre una pequeña ventana de 3 arcos (trífora) y que no tenía comunicación con el interior de la iglesia. Nos dijeron que estas cámaras eran habituales en las iglesias prerrománicas, pero que no estaba muy claro el uso al que estaban destinadas.




Tras terminar la visita nos marchamos hasta el concejo de Noreña, donde teníamos el alojamiento, que era el HOTEL CRISTINA, de 4*, situado en una finca a las afueras del pueblo.

Al día siguiente salimos hacia la ciudad de Gijón para hacer una visita guiada por la mañana. Comenzamos por una panorámica de la ciudad en el autocar, pasando por varios puntos como el estadio de fútbol (la mar de interesante), la Universidad Laboral y por último el Parque del Cabo San Lorenzo, donde hicimos una parada para contemplar la costa desde el mirador.


Finalizado tan instructivo paseo Mr. Green nos trasladamos hasta el puerto deportivo para hacer un itinerario a pie por el barrio de Cimadevilla. Comenzamos junto a la plaza del Marqués, donde estaba el monumento en honor a Pelayo, el fundador de la monarquía asturiana y que aparece en el escudo de la villa. En la plaza había edificios interesantes como el Palacio del Marqués de San Esteban y algún que otro intruso.


Atravesando la Plaza Mayor, donde había un mercadillo, llegamos hasta la plaza donde estaba la Iglesia de San Pedro y las Termas romanas, que ya conocía de un viaje anterior. La Iglesia de San Pedro estaba situada junto a la Playa de San Lorenzo, la más importante y concurrida de Gijón. Pasamos por donde supuestamente estuvo en tiempos de los romanos el puerto y también por el Museo Casa de Jovellanos, antes de subir al Cerro de Santa Catalina, donde estaba el monumento Elogio del Horizonte, diseñado por Eduardo Chillida. Su forma tan peculiar hace que cuando el viento es fuerte se produzca un sonido muy especial.




La visita guiada terminó nuevamente en el puerto deportivo, donde ya teníamos tiempo libre para comer antes de continuar con el plan del día.


Después de comer nos fuimos hacia el concejo de Gozón, para subir hasta el faro del Cabo Peñas, donde estuvimos un rato recorriendo la senda costera. Sobre todo me pareció muy bonita esta zona por los acantilados y por los pequeños islotes rocosos que salpicaban el mar, a poca distancia de los acantilados. Había también bastantes bandadas de aves, aunque no tuve la suerte de poder fotografiarlas, con excepción de una descarriada.


En este lugar nos ocurrió la anécdota del día. Cuando llegamos al faro, sobre las 4 de la tarde, no había apenas gente, así que el autocar aparcó sin problemas. La carretera de acceso al faro es estrecha y no queda demasiado espacio para aparcar. La gente va dejando normalmente sus coches a lo largo de la carretera. Después de 1 hora y pico ó 2, cuando nos teníamos que marchar a Luanco, había tal cantidad de vehículos que nuestro conductor por más que intentaba maniobrar no tenía espacio suficiente para salir. Poco a poco, aunque se fueron yendo algunos coches, seguía habiendo algunos que por su situación impedía salir a nuestro autocar. A todo esto el embotellamiento que se formó al maniobrar el autocar fue monumental. Al final tardamos más de una hora en poder salir de aquel atolladero. Si ya decía yo que nos iba a dar problemas que el autocar tuviera 13 m de longitud en vez de 12 Mr. Green .

El resto de la tarde, antes de regresar a Noreña, lo pasamos en la localidad costera de Luanco. Es un pueblo agradable aunque desde mi punto de vista sin gran cosa que visitar. Como estábamos en Semana Santa dió la casualidad de que esa misma tarde celebraban una procesión, y en eso gastamos el día.

Al día siguiente temprano fuimos a visitar la ciudad de Oviedo, a unos 20 minutos de Noreña. La visita la comenzamos en las afueras de la ciudad, donde teníamos hora reservada para ver la iglesia de San Julián de los Prados o de Santullán, de estilo prerrománico, destacable por sus pinturas al fresco. Tiene además el honor de ser el edificio prerrománico más antiguo de Asturias, ya que fue construida a principios del siglo IX.


Volvimos hasta el casco histórico, sin hacer gracias a Dios la ruta ”Letizia”, pasando por edificios de interés como el Monasterio de San Pelayo, el Museo Arqueológico y el Palacio Arzobispal.


Por fin llegamos a la catedral. Primero vimos la torre vieja y tránsito de Santa Bárbara, torre cuadrada construida en el siglo IX con carácter defensivo, probablemente para proteger el tesoro que albergaba la Cámara Santa; después la Catedral de San Salvador, de estilo gótico. En el interior destacaba la Cámara Santa, construida en el siglo IX, que acoge el Tesoro Catedralicio, con el Arca Santa, que contiene entre otras reliquias el Santo Sudario. También accedimos a la parte inferior de la sala, donde estaba la capilla de Santa Leocadia. En la misma plaza de la catedral había otros edificios de interés como el Palacio de Valdecarzana.




Saliendo por la calle de San Francisco, enfrente del parque y junto al Teatro Campoamor había unas esculturas cuando menos originales. Yo me inmortalicé junto al lindo culo.


Como ya era hora de comer nos dirigimos hacia la calle Gascona, donde hay bastantes sidrerías y bares para tapear. Antes de elegir sitio nos acercamos un momento hasta la Fuente de Foncalada, monumento prerrománico del siglo IX y probablemente la única obra pública que queda en España.


Después del almuerzo nos fuimos a ver y pasar el resto del día en el pueblo marinero de Cudillero. Nos dejaron en el aparcamiento situado al final del muelle, así que la primera visión que tuve fue mi preferida, que es la plaza principal con todas las casas de colores asentadas en la ladera de la montaña en disposición semicircular, es decir, como si fuera un anfiteatro en el que las gradas son las casas. Cudillero no es un pueblo que tenga gran número de monumentos de interés para visitar, de hecho sólo una iglesia, pero no importa, porque su principal aliciente es recorrer los pequeños callejones que pasan entre las casitas o subir a alguno de los miradores que permiten obtener una panorámica a vista de pájaro. Si no te apetece hacer tanto ejercicio se disfruta igualmente tomando una sidra en una de las innumerables terrazas que hay en la plaza, viendo pasar la tarde. Como no nos apetecía andar demasiado éste fue el plan que seguimos. Si además la tarde era tan soleada apetecía estar allí sentado.


Ya un poco antes del anochecer regresamos a nuestro hotel de Noreña. Al día siguiente, último de nuestra estancia en Asturias, teníamos un interesante programa cultural y no sólo el regreso a Madrid. Tempranito y con el tiempo amenazando lluvia, salimos con dirección al Monte del Naranco, donde íbamos a hacer sendas visitas guiadas a las iglesias de Santa María del Naranco y San Miguel de Lillo, visitas que llevaba varios años esperando con ganas, pues la primera vez que había visitado Oviedo, unos años atrás, no había tenido tiempo de acercarme hasta ese lugar. La situación de las iglesias me sorprendió bastante, sobre todo la de Santa María, porque me esperaba que estuvieran en lo alto del monte y rodeadas de bosque, o al menos eso había deducido de fotos que había visto. Sin embargo estaban a media ladera y muy cerquita de las últimas casas de la ciudad.

La primera visita que íbamos a hacer era a Santa María del Naranco. Como todavía no era la hora aproveché para verla bien por el exterior y hacer fotos por cada uno de sus cuatro costados, de modo que cuando comenzara la explicación de la iglesia no perdiera detalle. La luz no era la mejor para fotografiarla por alguno de los lados, pero aunque alguna me salió a contraluz no me importó lo más mínimo. La iglesia de Santa María del Naranco, de estilo prerrománico, había sido mandada construir por el rey Ramiro I a mediados del siglo IX. La iglesia tenía 2 plantas, pero ¿por qué?. Pues resulta que inicialmente su función fue la de palacio para descanso de los reyes en coto de caza. En la planta inferior pudimos ver la cripta y en la superior un salón con dos miradores al exterior, con columnas corintias y gran decoración de esculturas. En uno de los miradores había también un altar para celebrar el sacramento de la eucaristía. En aquella época la iglesia oficial era la de San Miguel de Lillo, pero debido a un derrumbamiento, Santa María adquirió las funciones de iglesia.



Unos cientos de metros más arriba estaba San Miguel de Lillo, la otra joya del prerrománico o arte asturiano. Construida también a mediados del siglo IX por el rey Ramiro I, se derrumbó parcialmente (no recuerdo exactamente si se mantuvo en pie 1/3 de la iglesia o bien 2/3). Según las crónicas de la época parece ser que se había construido con gran perfección técnica. Destacaban fundamentalmente la decoración de esculturas y de frescos en el interior de la iglesia.



A mí me gusta hacer fotos más que a un tonto un lápiz, como se suele decir, pero hay muchos monumentos en los que no es posible, bien porque tienes que pagar el derecho a foto, o porque así te compras la tira de postales, bien para mantener la privacidad o simplemente porque puede dañar el patrimonio que contenga. Este último era el caso de la iglesia de San Miguel de Lillo. No se podían hacer fotos de ningún tipo (ni con flash ni sin él) en el interior. Pero siempre hay alguien que cree que esas normas no van con él y que trata de hacer alguna foto a escondidas. Por supuesto la guía le pilló, por lo que yo personalmente sentí gran vergüenza ajena y propia Malvado o muy loco , y nos echó una pequeña bronca, diciendo por lo bajini que estaba ya harta de turistas.

Información detallada de las Iglesias del Monte del Naranco

Vistas estas dos iglesias tomamos ya la autopista con dirección a León, pero antes de despedirme de tierras asturianas hasta la siguiente vez, nos quedaba una última visita a otra iglesia prerrománica, situada si cabe en un escenario mucho más rural, cerca de la población de Pola de Lena: la iglesia prerrománica de Santa Cristina de Lena. No había que desviarse apenas de la autopista para acceder a la pequeña población. La iglesia estaba situada en lo alto de una colina, por lo que me iba a fastidiar un poco la lesión que llevaba desde el primer día del viaje, pero a estas alturas no me la iba a perder. La iglesia era de la misma época que las del monte del Naranco, es decir, que fue mandada construir por el mismo monarca. De esta iglesia, con respecto a las otras que había visto anteriormente, me encantó particularmente su interior, con la bóveda de cañón, el suelo a dos alturas, los 3 arcos de piedra separando el presbiterio del resto de la iglesia y el iconostasio, todo ello contemplado desde la tribuna en la que me encontraba. La iglesia tenía determinados elementos que se consideraba que podían proceder de una construcción anterior de época visigótica. Pues al final fue una de las iglesias que más me gustó Aplausos .



Lo último que vimos fue el aula didáctica del prerrománico asturiano, ubicado en la antigua estación de ferrocarril de la Cobertoria, en la población de Lena.

Información detallada de Santa Cristina de Lena

Después de esto ya sólo nos quedaba hacer las paradas técnicas oportunas antes de regresar a Madrid, con los mismos atascos que con los que habíamos salido días atrás.
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  Últimos comentarios al diario  Mis escapadas por España
Total comentarios 126  Visualizar todos los comentarios

Marimerpa  marimerpa  07/02/2016 21:19   
Comentario sobre la etapa: Tenerife, visita por el norte de la isla
Qué buenos recuerdos me trae esta etapa. Fue la primera isla canaria que visité y me gustó mucho. Y las que he conocido después también me han gustado mucho, osy fan de las Canarias.

Vinadas1  vinadas1  09/02/2016 18:35   
Comentario sobre la etapa: Tenerife, visita por el norte de la isla
Que buenos recuerdos me trae Puerto de la Cruz, donde fui varias veces siendo un niño; sobre todo el Loro Park. Me está entrando el gusanillo de volver a Canarias con todos estos diarios.
Como no te dejo mis estrellas Muy feliz

Marimerpa  marimerpa  10/07/2016 07:57   
Comentario sobre la etapa: Badajoz y la ruta de los templarios
Coincido bastante con tu conclusión sobre estos pueblos que has visitado, la provincia de Badajoz esconde más de lo que mucha gente cree. Lástima del malísimo tiempo que tuviste en Olivenza, pero aún así pudiste visitar bastantes cosas y te han salido unas fotos muy chulas con la lluvia. Ni que decir tiene que me hubiese gustado acompañarte por ese paseo. La relación de Olivenza con Portugal puede verse en las calles, en la gente, en las costumbres, y hoy día el país vecino no reconoce la soberanía española en la localidad. Pero eso son disputas históricas que nada afecta a la vida cotidiana. Muchas gracias por compartir esta etapa, te dejo 5 estrellas.

Gadiemp  gadiemp  02/08/2016 22:53   
Comentario sobre la etapa: Costa oriental de Cantabria y ría de Bilbao
La costa cántabra es realmente bonita y en ella se encuentran localidades realmente interesantes como Laredo y Castro.

Hace un mes estuve cenando un besugo buenísimo en el restaurante Itxas Bide del Puerto Viejo de Algorta. Estos restaurantes (Itxas Bide y Karola) realmente funcionan en fin de semana. Los domingos -si no llueve- muchísima gente se va a tomar el aperitivo al bar Arantzale y el Txomin (los bares de la placita del Puerto Viejo). Es cierto que este lugar (que es la parte vieja de Getxo, precisamente el Ayuntamiento inicial es el edificio que se encuentra justo detrás de las estatuas de la pareja de pescadores) es muy distinto al resto del municipio.

Me ha gustado leer tus impresiones sobre mi pueblo y sus alrededores y espero leer más etapas de tu diario poco a poco. 5* y un saludo.

Vinadas1  vinadas1  05/08/2016 12:36   
Comentario sobre la etapa: Costa oriental de Cantabria y ría de Bilbao
Muy bien aprovechada esta escapada, sí señor.
A mí también me sorprendió mucho Portugalete y me pareció un placer pasear por Las Arenas (creo que te lo saltaste para ir directo a Getxo)
Y respecto a la costa oriental cántabra le tengo muchas ganas, pero no acaba de caer, y mira que la tengo a un par de horas...
Te dejo mis puntitos Muy feliz

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Fecha: Mar Jul 24, 2018 07:18 am    Título: Re: Viaje por España ¿Dónde ir?

Recorrer España y verla mas o menos bien es imposible. Debes de seleccionar un poco, también dependiendo de las fechas. Por ejemplo, si fuese en verano iría más por el norte. Si es por invierno, por el sur. Lo ideal sería en primavera y hacer un buen recorrido por parte del norte y del sur. A ojo podrias empezar por Madrid y subir hacia el norte por Salamanca, Leon, Oviedo, Gijon, costa asturiana hasta La Coruña, bajar a Pontevedra, Oporto, Lisboa, seguir bajando hasta el sur, para tirar luego a Sevilla, Cordoba, Granada y volver a Madrid. De esa manera te faltaría bastante: Cantabria...  Leer más ...
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Fecha: Mar Jul 24, 2018 09:21 pm    Título: Re: Viaje por España ¿Dónde ir?

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Fecha: Dom Sep 02, 2018 05:03 pm    Título: Re: Viaje por España ¿Dónde ir?

Hola!

Quería recomendaciones de donde ir de Gijón solo día y medio (saldríamos el sábado 22 a las 12am y volveríamos el domingo de noche). Descartamos Galicia, Cantabria, Leön ciudad y Bilbao porque ya lo tenemos muy visto. Palencia? Burgos? Algo por estas zonas? De límite nos hemos puesto unas 3 horas o así de coche. Buscamos tanto pueblo como ciudad pero no rutas de montaña.

Gracias por la ayuda Sonriente
Nestavo
Nestavo
New Traveller
New Traveller
Oct 20, 2018
Mensajes: 1

Fecha: Sab Oct 20, 2018 09:32 am    Título: Viajar por españa

Hola, soy residente en canarias, quiero a partir de la tercera semana de noviembre, viajar por el territorio español, voy con mi coche, lo que mas me preocupa es a la hora de pasar la noche, quisiera algun consejo de hostales baratos o donde pudiera pasar la noche sin tener que pagar, algun sitio de yoguis también me gustaria saber, gracias por alguna información
anmovasa
Anmovasa
Willy Fog
Willy Fog
Jun 08, 2012
Mensajes: 12345

Fecha: Sab Oct 20, 2018 12:19 pm    Título: Re: Viajar por españa

Nestavo Escribio:
Hola, soy residente en canarias, quiero a partir de la tercera semana de noviembre, viajar por el territorio español, voy con mi coche, lo que mas me preocupa es a la hora de pasar la noche, quisiera algun consejo de hostales baratos o donde pudiera pasar la noche sin tener que pagar, algun sitio de yoguis también me gustaria saber, gracias por alguna información

Depende de que ciudad visites tienes albergues Amistad , o algun hostel , gratuito ni idea ....por lo menos en Madrid Ojos que se mueven
!!! suerte !!
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