Tras el trote del día anterior, hoy nos vamos a tomar las cosas con más calma. Por la mañana visitaremos con tranquilidad la población de
Dingle y por la tarde recorreremos en coche la zona oriental de la ruta
The Dingle Way, disfrutando de sus playas.
Dingle es una relativamente pequeña localidad de unos 2.000 habitantes, que triplica su población en temporada turística, con un puerto donde es frecuente encontrarse con barcos de procedencia española, concretamente de Galicia, especializados en la pesca de merluza y rape.
Por estas aguas del puerto ha sido frecuente el encontrarse durante los últimos 30 años con el simpático delfín
Funguie, convertido ya en la mascota de la población, contando incluso con su propia estatua en la plaza donde se encuentra la oficina de información turística.
A la salida del muelle nos encontramos con una placa que nos recuerda, una vez más, uno de esos intentos inútiles realizados por los irlandeses para liberarse de la colonización inglesa: el malogrado intento de
James Fitzmaurice Fitzgerald de pretender desembarcar en
Dingle con ayuda de un contingente de soldados italianos y españoles en 1580. Fueron rechazados por los propios habitantes de la villa por temor a las represalias inglesas. La masacre se produciría no lejos de allí, en
Smerick Harbour, donde fueron aniquilados más de 600 soldados. Dicen los lugareños que por esos aledaños aún se encuentran de vez en cuando fémures o tibias enterrados bajo las dunas de la playa.
Dingle también es conocido por sus coloridos edificios de una o dos alturas, con sus plantas bajas destinadas a tiendas de artesanía, pubs o restaurantes.
La actividad comercial se realiza en el cuadrado formado por las calles Grey's Line (al sur), Dykegate Street (al este), Main Street (al norte) y Green Street (al oeste).
En esta última calle nos encontramos con la
Iglesia de St. Mary, de enormes proporciones.
Al este de la Main Street nuevamente ( y ya son muchos) nos encontramos con otro documento que resalta los lazos históricos mantenidos entre este pueblo irlandés y nuestro país. En la fachada roja de la
Dingle Historical Society aparece un cartel en bronce con el siguiente texto:
"EL TRATADO DE DINGLE. El 28 de abril de 1529 se firmó el Tratado de Dingle en la iglesia de St. James por el Conde de Desmond, James Fitzgerald, y el enviado del Emperador del Sacro Imperio Romano, Carlos V, rey de España. El tratado incorporaba la mayor parte del Suroeste de Irlanda a la monarquía de los Habsburgo y dio al pueblo irlandés los derechos de ciudadanía en la España, Austria y Holanda de la Habsburgo".
A la derecha de main Street, pasando Green Street, otro monumento vivo de la ciudad, el
pub Foxy John's. Una mezcla de tienda de alquiler de bicicletas, ferretería y pub, lugar de encuentro de buena parte de la población local. A un lado, una barra de bar de 3 metros, al otro, un mostrador de una ferretería especializada en máquinas y recambios relacionados con labores agrícolas y ganaderas. Digno de ver. Y de tomarse una cerveza, of course.
Vinculado con el mundo de la cerveza se encuentra la factoría que produce la cerveza local, la
Crean's, bastante buena por cierto. Visitable previo correspondiente pago. Se encuentra al final de la Spa Road, el
Dingle Brewing Company.
Una cerveza que homenajea a su héroe local, el expedicionario
Tom Crean, conocido mundialmente por sus expediciones a la Antártida, una de ellas con el mítico
Scott y otra en 1916 a bordo del "Endurance" donde obtuvo la consideración de héroe al ayudar a rescatar a parte de los miembros de su tripulación de los hielos polares.
Para quienes tengan interés en su visita:
www.dinglebrewingcompany.com.
Para comer, porqué no probar el, según ellos claro, mejor fish & chip de Irlanda en el
Reel Dingle Fish. Que sea el mejor, ni idea, pero que lo que comimos estaba bastante bueno, confirmado.
Al finalizar el lunch nos disponemos a iniciar la
Dingle Way por la R-560, atravesando el centro de la península hasta llegar al puerto de montaña más elevado del país, con 450 metros de altura, el
Connor Pass.
Dejamos el coche en el parking y luchando contra los fuertes vientos que siempre soplan por estos parajes nos disponemos a contemplar las hermosas estampas que nos transmiten los amplios paisajes que contemplamos desde allí.
Al sur, la
Bahía de Dingle.
Al norte, un escenario dominado por lagunas y valles de origen glaciar. Hace unos 20.000 años estos territorios, como buena parte de irlanda, estaban cubiertos por el hielo. Un enorme glaciar se fue desplazando lentamente desde esta zona de
Connor Pass hacia la
Bahía de Brandon, en la costa norte de la península. Una vez derretidos los hielos, hace unos 14.000 años, quedó este hermoso paisaje.
La carretera que desciende dirección norte es más estrecha, por lo que tenemos que conducir con más precaución. Destino, la inmensa playa de su costa septentrional, la
Castlegregory Beach.
La ruta baja por el oeste entre la R-560 y la N-86 hasta la costa meridional, llegando a la muy famosa
playa de Inch. Situada en la península del mismo nombre, larga y de arena fina. Buen lugar para los surfistas que aprovechan el fuerte viento reinante, se hizo popular a raíz de las escenas rodadas allí en la ya citada película
"La hija de Ryan", como aquella en la que
Rosy Ryan busca con sus propios pies el surco dejado por el maestro
Charles Shaughnessy a su vuelta de Dublín.
Pongo el enlace para escuchar la estupenda banda sonora de la película, compuesta por
Maurice Jarre:
www.youtube.com/watch?v=IyqhZWxzy3U.
Tras un largo paseo por la playa recogiendo jibias y conchas marinas, retomamos la N-86 dirección
Dingle. En el camino pasamos por la población de
Annascaul, observando el litoral de la península vecina de
Iveragh, al otro lado de la bahía. A las afueras se encuentra el
South Pole Inn Pub, el establecimiento que el ya mencionado aventurero
Tom Crean abrió a la vuelta de sus viajes antárticos, un pub repleto de mapas y relatos vinculados con estos viajes. Enfrente, en un pequeño parque, vemos una estatua de bronce suya sosteniendo unos cachorros de perro husky en las manos.
20 minutos más tarde llegamos a
Dingle. Esta noche nos despediremos de esta encantadora península brindando con un enérgico
Slancha, salud en lengua gaélica.
A lo largo de esta jornada vamos a recorrer el contorno de otra hermosa península del condado de
Kerry, la de
Iveragh, siguiendo la muy turística ruta del
"Ring of Kerry". 180 kms. por la N-70 que nos ocuparán todo el día.
Abandonando la
Península de Dingle por la N-86, entramos en la vecina
Península de Iveragh por la N-70, iniciando su recorrido por la costa norte.
El primer punto de interés lo encontramos en la población de
Killorglin, de unos 2.000 habitantes, por donde cruza el río
Laune cargado de truchas y salmones. A su entrada, la estatua del
King Puck, una cabra que, según se cuenta, alertó a la población de esta ciudad para ponerse a salvo, allá por mediados del siglo XVII, de las garras del temido inglés
Oliver Cromwell.
A continuación, parada obligatoria a la altura de
Glenbeigh, en un estupendo mirador de la
playa de Rossbeigh.
Una vez más, unas vistas de postal. La
Playa de Inch en el horizonte. Sesión de fotos.
Más adelante,
Cahersiveen, población donde nació el libertador irlandés
Daniel O'Connell y que acoge en sus alrededores puntos de interés como los restos de la
abadía de la Holly Cross, las ruinas del
Ballycarbery Castle o las de antiguos fuertes celtas.
Seguimos en ruta y tomamos el desvío por la R-555 para dirigirnos a la población de
Portmagee, la puerta de entrada a la
Isla Valentia.
Es desde
Portmagee donde salen los barcos hacia las
islas Skellig. Una de las mayores decepciones de nuestro viaje por el oeste irlandés fue el no haber podido realizar la excursión a estas islas. Sin duda, para el próximo viaje. Nos tuvimos que contentar con verlas de lejos.
Se trata de dos islotes con forma de cresta de gallo, a unos 15 kms. de distancia de la costa. La
Little Skellig - la más pequeña - es una reserva de aves marinas, con alcatraces atlánticos, frailecillos o pardelas, no accesible para los turistas.
Skellig Michael es algo único de ver, un espacio rocoso de algo más de 200 metros de alto, en cuya cumbre se encuentra uno de los monasterios más antiguos y sorprendentes de Irlanda.
Para poder visitar estas islas se tienen que dar varios factores al mismo tiempo: estar en temporada de verano (en invierno no salen barcos), que las condiciones meteorológicas no sean muy adversas (con el mar picado tampoco salen) y, claro, disponer de casi un día entero para este fin. Y no siempre resulta fácil la coincidencia de estos tres factores.
Existen dos tipos de excursiones. Una, el realizar un tour en barco recorriendo el contorno de las dos islas, sin desembarcar en ellas, con una duración entre 3 y 4 horas y precio en torno a los 35 € por cabeza. Otra, la más interesante, una excursión que incluye una visita guiada a la isla de
Skellig Michael, con una duración en torno a las 5 horas y coste sobre los 70 €.
Para más información sobre estas excursiones:
www.skelligislands.com
www.skelligexperience.com
Durante los primeros siglos del cristianismo surgió, de forma paralela a la Iglesia asentada en las ciudades del vasto Imperio Romano con la figura del obispo como eje fundamental, otra forma de entender esta nueva religión por medio de la meditación y la soledad, el ascetismo. Surge en el Oriente Próximo y Norte de Africa pero pronto irá extendiéndose por el Mediterráneo Occidental (Península Ibérica, caso de
San Millán de la Cogolla, por ejemplo) para desde aquí dar el salto a un territorio donde no había ni ciudades romanas ni, por tanto, obispos: Irlanda. Y es así como irán surgiendo una serie de monjes locales que buscan instalarse, o bien solos o bien con un reducido grupo de seguidores, en apartados lugares en busca de soledad y silencio para, por medio de la meditación, poder estar más cerca de Dios. Entre los siglos V y VII,
Enda se irá a las
Islas Aran,
Brendan llegará con su curragh hasta Islandia
, Ciarán fundará Clonmacnoise,
Columcille el monasterio de Iona ... y
Fionan, hacia el año 588, el monasterio de
Skellig Michael.
Irlanda no tiene mártires a quienes les hayan sacado los ojos, cortado la cabeza, quitado la piel a tiras, asado en una parrilla o cosido a flechazos por defender su fe. Sus santos, algo más tardíos que aquéllos, son sufridores silenciosos, ascetas que abandonaron los placeres mundanos (aunque me imagino que pocos habría en la Irlanda paleocristiana) para irse a encontrar con Dios en los rincones más duros, apartados e inhóspitos de la ya de por sí dura, apartada e inhóspita Irlanda, ejemplos de humildad, perseverancia y resistencia frente a la adversidad. Estos son sus mártires, los
"mártires blancos" que llaman ellos - frente a los tradicionales "mártires rojos", por la sangre derramada -.
Skellig Michael viene a ser un ejemplo paradigmático de este concepto ascético del monacato.
Para obtener más información acerca del interesante mundo del monacato irlandés:
www.earlychristianireland.org.
Al igual que ocurre con
Saint Michel's Mount en la británica y sureña costa de
Cornualles, o con el
Mont Saint-Michel en la
Normandía francesa,
Skellig Michael es una tercera roca dedicada al
Arcángel San Miguel, aunque bastante menos visitada por el turismo gracias a esas barreras naturales ya mencionadas.
En su cima se instaló una pequeña comunidad de monjes a finales del siglo VI, llevando una vida auténticamente espartana, en concordancia con el citado ideal de ascetismo, alojándose en unas chozas cónicas de piedra - los
clochans -, circulares por fuera y rectangulares en su interior. Para rezar crearon dos pequeños oratorios. Una supervivencia tan precaria que les obligó a aterrazar las empinadas laderas del islote para poder disponer de algunos terrenos de cultivo. Una dieta a prueba de obesidad: pescado, marisco, hortalizas y huevos de aves marinas.
Como no podía ser de otra manera, a partir del siglo IX sufrieron varias incursiones vikingas, siendo especialmente importante la del año 823. Fue en el siglo XII cuando los monjes abandonaron de un modo definitivo la isla trasladándose al monasterio benedictino de
Ballinskelligs, en las costas de
Kerry. Ya desde la Edad Media
Skellig Michael se convirtió en un lugar de peregrinación, aunque no volvió a tener residentes. En 1996 fue declarado
Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO.
Incorporo un par de fotos prestadas de internet.
(Foto en commons.wikipedia.org. Auto: users:Gdr. Permiso GDFL)
(foto en commons.wikipedia.org - autor: Rob Burke. Permiso GDFL)
(foto en commons.wikipedia.org - autor: Yeats. Permiso GDFL)
Al no poder llegar hasta las
Skellig nos conformamos con visitar
The Skellig Experience Visitor Center que se encuentra en
Valentia Island, nada más pasar el puente que conecta a esta isla con la población de
Portmagee.
En esta tranquila isla vamos a realizar un recorrido circular, el llamado
Ring of Valentia, de unos 30 kms. La isla, de punta a punta, tendrá unos 15 kms.
En primer lugar vamos a conocer la población de
Knight's Town, en el extremo noreste, un buen lugar para pasar un par de días relajado y cuyo principal atractivo es su coqueta torre del reloj de color granate situada en el puerto.
Desde aquí, a través de una cada vez más estrecha carretera, llegamos hasta el
Valentia Lighthouse, el faro de la isla. Inicialmente había allí un fuerte del siglo XVI, desmantelado en 1669. El faro data de 1838, siendo automático desde 1947. Para entrar a verlo hay que pagar, 5 € (de marzo a octubre, de 11:00 a 18:00 h.).
Tomando un camino dirección oeste llegamos al
The Valentia Island Tetrapod footprints, un área que se accede por una pequeña senda entre las rocas y donde podemos ver huellas fósiles de hace unos 370 millones de años, del Período Devónico de la Era Primaria (Paleozoico). Huellas que representan la transición de la vida desde el agua hasta la tierra, la pisada fosilizada de animales anfibios.
Retomando la ruta dirección sur pasamos por una cueva,
"The Grotto", antes de llegar a
Geokaum Mountain & Fogher Cliffs. Aquí también hay que pagar, otros 5 €, por dejar el coche en el parking y así poder dar un cómodo paseo disfrutando de unas estupendas vistas 360º de la isla, sus acantilados y sus alrededores. Hay instaladas varias zonas con bancos, siendo un lugar ideal para tomarse un buen bocata en plena naturaleza. Una vez más nos encontramos solos, alejados de las masas turísticas, en un entorno envidiable, naturaleza en estado puro.
Finalizamos el
Rinf of Valentia al sureste de la isla, no muy lejos del Centro de Visitantes, junto a la
Bray Tower, con buenas vistas a las
Islas Skellig, a la
Península de Dingle y a las
Islas Blaskets.
Salimos de la
Isla de Valentia nuevamente por
Portmagee para retomar el
Ring of Kerry por la N-70, haciendo cortas paradas en
Waterville, con su tan fotografiada estatua de
Charles Chapiln junto a la carretera, o en
Caherdaniel, donde se encuentra la que fue casa familiar de
O'Connell, con bonitos jardines en su exterior de acceso libre.
La siguiente parada fue para visitar uno de los fuertes antiguos mejor conservados del condado de
Kerry, el
Staigue Fort. Circular y bastante amplio - área de 30 mts. de diámetro -, fue construído entre los siglos I y V d.C., antes de la llegada del cristianismo a Irlanda.
Hogar edificado para algún terrateniente o jefe guerrero de la zona, cuenta con una gran barrera defensiva con un muro circular de 6 mts. de alto y 4 de ancho, realizado enteramente en piedra, sin mortero. La entrada, en teoría, cuesta 1 €.
Junto a su acceso, una coqueta casita de madera pintada en blanco y rojo donde puede uno tomarse un café con tarta irlandesa.
Retomamos nuevamente la senda de la N-70 por la costa sur, frente a la tercera península del condado de
Kerry, la de
Beara.
45 kms. más adelante llegamos al agradeble pueblo de
Kenmare, frecuentado por turistas.
El último tramo del
Rinf of Kerry nos lleva por unos paisajes rocosos, de montaña, permitiéndonos disfrutar de hermosas vistas, con el
Carrantuohill al fondo, la cumbre más alta del país con sus 1.039 metros de altura. Tras pasar el cruce de
Moll's Gap paramos para hacer las fotos de rigor en
Ladie's View, un mirador que se hizo famoso a raíz de la visita realizada a ese lugar por la reina británica
Victoria y que nos permite unas buenas vistas del
Parque Nacional de Killarney.
Por último, la muy turística y visitada villa de
Killarney, fin de trayecto. Parada y fonda.
KILLARNEY
Con algo más de 15.000 habitantes,
Killarney acoge a turistas de todo el mundo y, especialmente, a norteamericanos. Son muy estrechos los vínculos que existen entre ellos debido a la emigración masiva de los habitantes del condado de
Kerry hacia esas tierras americanas entre 1850 y 1950 huyendo del hambre y de la miseria.
Como buenos irlandeses, sus habitantes son alegres, comunicativos y siempre dispuestos a una fiesta. Dentro de su país tiene fama de "rarillos" y se les menciona en chistes del mismo modo que nosotros mencionamos a los habitantes de Lepe (la verdad es que, pobrecillos, sigo sin saber porqué) o los estadounidenses a los polacos.
Por estas tierras nacen los bailes más típicamente irlandeses, las jigas (jigs), remontándose a la Irlanda celta, cuando los druidas practicaban las danzas rituales y religiosas alrededor de los grandes robles, danzas circulares con las que conectaban con la naturaleza y el dios Sol. Son bailes donde únicamente entran en acción las piernas y, sobre todo, los pies que no paran de moverse en todas direcciones, con un dominio del "taconeado" increíble. Guarda una curiosa semejanza en este sentido con el flamenco andaluz. La versión más comercial y moderna la tenemos en el conocido espectáculo "Riverdance" (un ejemplo en youtube,
www.youtube.com/watch?v=HgGAzBDE454 ).
Es frecuente el poder ver algunos de estos típicos bailes en muchos de sus pubs, acompañados, cómo no, con las gaitas, flautas o arpas de rigor. Al menos hasta hace poco, en el pub
Flaherty's del hotel
The White Gate, todos los lunes por la noche la gente del pueblo viene aquí a echarse unas jigas, reels o slips. Por cierto, nunca falta el "baile de la escoba".
Quien ande por estos lugares del 24 al 28 de febrero no debe perderse el festival de música irlandesa, "The Gathering".
La actividad en
Killarney se canaliza en una zona no muy amplia, bordeada entre la High Street, la main Street, la College Street y la New Street, con dos ejes, la iglesia anglicana de
Santa maría y la católica del mismo nombre, con una gran cantidad de hoteles, B&B, restaurantes y pubs.
Hablando de iglesias, un pequeño comentario sobre ellas. Casi todas las iglesias históricas, de cientos de años de antigüedad, pertenecen a la Iglesia de Irlanda, una especie de "sucursal" de la Iglesia Anglicana. Casi todas las iglesias construídas durante los últimos 100 años son católicas. Motivo: hasta 1922 Irlanda se encontraba bajo el dominio británico, imponiendo su política y religión. En gran parte de los casi 800 años que duró este dominio la religión católica estaba incluso prohibida. A partir de 1922, cuando consiguieron la independencia, los irlandeses se volvieron locos a construir iglesias católicas, cuanto más grandes mejor. La iglesia católica de
Santa María de
Killaney es un buen ejemplo de ello.
En resumen,
Killarney, una bonita población que suele hacer el papel de campamento base para conocer, con calma, el atractivo condado de
Kerry. También para pasar allí unos días de relax y descanso jugando en su estupendo campo de golf o paseando por el Parque Nacional que arranca desde el mismo centro histórico.
Una buena referencia para cenar: el
McSweeney Arms, en el cruce entre Lewis Road y College Street. Como pubs, entre las decenas de ellos, el
Murphy's, en College Street.
KILLARNEY NATIONAL PARK
Tras haber pasado 12 días disfrutando de esta ruta por el oeste irlandés, nuestro viaje anda próximo a su fin. El último día vamos a dedicarlo, íntegramente, a conocer el
Parque Nacional de Killarney, distinto de los otros dos parques visitados - el de
Connemara y el del
Burren - pero igualmente atractivo.
La excursión por el
Killarney National Park va a constar de 3 partes.
La primera arranca desde casi las puertas de la iglesia de
Santa María. Recorremos andando, ya dentro del Parque, la Ross Road hasta llegar al
Ross Castle. Seguimos caminando por la senda que, bordeando el
Lower Lake, nos lleva hasta puntos como
Cooper Mines, Governor's Rock o la
O'Donohoe's Library. Dentro del lago swe encuentra la histórica isla de
Innisfallen, lugar de asentamiento de un monasterio fundado por
San Fionán a principios del siglo VII. Allí, entre los siglos XI y XIII se escribieron los
"Anales de Innisfallen", una obra fundamental para poder conocer la historia de Irlanda de la Alta Edad Media. Hay un pequeño barco que te acerca a la isla.
La segunda parte de la visita al Parque arranca desde la Muckross Road, visitando la enorme mansión de mediados del siglo XIX
Muckross House, previo pago de 9 €, la anexa
Traditional Farm por otros 9 € o sus hermosos jardines, éstos gratis. Para más información:
www.muckross-house.ie.
A continuación seguimos por la Muckross Road bordeando el
Middle Lake hasta alcanzar la zona donde se encuentra un de las cascadas más altas del país, la
Torc Waterfall.
El tercer y último tramo del Parque consiste en seguir subiendo por la N-71 hasta alcanzar el
Upper Lake, disfrutando de la calma y silencio que se respira a su alrededor, y del mirador de
Ladie's View, del que ya tuvimos ocasión de ver el día anterior.
Para las personas interesadas en obtener más información sobre este Parque Nacional:
www.killarneynationalpark.ie.
Y desde este mirador elogiado por la reina Victoria y sus Damas de Honor allá por el año 1861, a 20 kms. de
Killarney, es donde ponemos punto y final a nuestro viaje. Un viaje por Irlanda que nos ha permitido conocer su interesante historia (desde las culturas neolíticas, de la Edad del Bronce y del Hierro o celtas hasta los orígenes del cristianismo, los muy interesantes monasterios mediavales, el sometimiento al dominio inglés, el desastre de la Spanish Armada, la Gran Hambruna de 1845, los levantamientos populares o la Irlanda independiente de las últimas décadas), sus monumentos (dólmenes megalíticos, fuertes milenarios o construcciones religiosas de todas épocas y estilos), su geografía, su deslumbrante naturaleza, sus costumbres ancestrales, su literatura, el cine realizado en esos escenarios naturales, su música tradicional, su comida y su cerveza ... Pero, sobre todo, de su maravillosa gente.