![]() ![]() CABO VERDE en clave de sol ✏️ Blogs de Cabo Verde
Viaje a Cabo Verde en marzo-2018 centrado en la hermosa isla de Santo Antao, aunque también conociendo los principales puntos de interés de las islas de Santiago y Sao Vicente.Autor: Meha Fecha creación: ⭐ Puntos: 5 (31 Votos) Índice del Diario: CABO VERDE en clave de sol
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Etapas 4 a 5, total 5
![]() Por los caminos de Santo AntaoCaminar es la mejor (y a veces la única) forma de descubrir los rincones de Santo Antao, aprovechando las calzadas vecinales que comunican aldeas. Sus caminos invitan a prestar atención a lo que sus losas cuentan de la historia de sus habitantes: sus esfuerzos y sus alegrías. Santo Antao no sirve para turismo rápido, de coche, mirador y foto. Santo Antao se saborea en cada paso. Es una isla para sentimentales, para perderse por sus rincones, para escuchar los sonidos de los recodos y percibir sus olores. Caminar es la mejor (y a veces la única) forma de descubrir sus rincones, aprovechando las calzadas vecinales que comunican aldeas. Sus caminos invitan a prestar atención a lo que sus losas cuentan de la historia de sus habitantes: sus esfuerzos y sus alegrías. Ruta del Valle de Paul desde Cova Cráter La ruta del Valle de Paul es una de las más populares de Santo Antao. La caminata comienza bordeando el Cráter da Cova, en las inmediaciones de la carretera de montaña interior de la isla que pasa por Corda. Esta caldera volcánica está sembrada de parcelas de cultivo y rodeada de crestas dentadas. Tras una pequeña subida se alcanza el Mirador de Paul. Todo el mundo quiere visitar este mirador, el cual ofrece una vista prodigiosa sobre el verde Valle de Paul que desciende de las montañas hasta el mar. Nosotros nos quedamos un buen rato escrutando el paisaje. Después se trata de caminar entre cultivos tropicales saludando a los lugareños que bajan cargados con fajos de plátanos. En el fértil Valle de Paul se salpican aldeas rodeadas de terrazas agrícolas que trepan por las escarpadas laderas. Del Cráter da Cova a la aldea Cha Manuel dos Santos requiere un par de horas, mayoritariamente en bajada. Después se puede seguir descendiendo hasta Vila das Pombas en la costa, o bien tomar alguna alternativa circular por las aldeas del Valle de Paul. El área está repleta de caminos vecinales. ![]() ![]() ![]() Pico Antonio a Vila das Pombas Preciosa ruta por una zona del Valle de Paul menos transitada por turistas. La ruta discurre por caminos vecinales que comunican aldeas sin acceso por carretera. Los cultivos tropicales colonizan las escarpadas laderas, trepando en terrazas por las montañas. El agua se distribuye mediante canales de regadío. El paisaje es una maravilla y la interacción humana con la alegre gente de los pequeños poblados colma la experiencia con sobresaliente. Agricultura heroica es como yo califico lo que practican estas gentes aguerridas a la montaña en una isla. Todo lo que necesitan, aparte de sus cultivos y animales, lo tienen que transportar a pie haciendo equilibrios sobre sus cabezas. Desde Cha Manuel dos Santos subimos a las aldeas de Pico Antonio alcanzando Cabeça do Figueiral. Sería imperdonable no comentar lo increíbles que son las vistas desde Cabeça do Figueiral. Además del valle de Paul, que divisamos completamente hasta fundirse con el mar, también se deja ver un estrecho valle tallado en bancales de cultivo que escalan por pendientes inconcebibles. Bajamos después hacia Boca do Figueiral. De terraza en terraza avanzamos entre plantaciones de ñame, del cual obtienen su tubérculo. Me encanta estar aquí. Es como un mundo de hace décadas. Finalmente nos dirigimos a Vila das Pombas hasta alcanzar el borde del mar. ![]() ![]() ![]() ![]() Ribeira da Torre La isla de Santo Antao atesora lugares tan bonitos como la Ribeira da Torre. Las casas se desparraman entre terrazas agrícolas, arrastrando una vida del pasado. Es el escenario de esta ruta entre Xoxo y Agua das Caldeiras. Los pocos senderistas que vienen por aquí suelen hacer esta ruta en bajada. Sin embargo, tras consultarlo con nuestras rodillas, optamos por tirar hacia arriba. ¡Total, qué suponen los sudores de subir 1300 m de desnivel comparado con soportar los lamentos del menisco roto!. Xoxo es una pequeña aldea inmersa en la Ribeira da Torre, justo donde el paisaje empieza a reverdecer alejándose de la costa. La calma es total. El valle estrecho queda acordonado entre paredes montañosas. Avanzamos por el camino tradicional empedrado, que sus habitantes han construido a mano para llegar a pie a las casas que se desperdigan por las laderas. La tierra es fértil y generosa. El agua también, y fluye por los canales. Todo el paisaje es una auténtica obra de ingeniería hidráulica y agrícola. Resulta inverosímil la verticalidad por la que trepan las terrazas de cultivo. No, no puede ser que esas brutales pendientes estén cultivadas por el hombre, agarradas con descaro a los riscos rocosos. A 600 m de altura alcanzamos Rabo Curto. Todo este trayecto ha sido una cadena de saludos, de cruzarnos con los campesinos del lugar que portan una eterna sonrisa dibujada en sus rostros. No hay prisa. Esto es África. Lo que sí hay son muchas ganas de conversar. Se nota que es gente de campo. Entre bancales de cultivo nos alejamos del valle. Cuando el terreno es más pedregoso, desaparecen las plantaciones tropicales. Son los aloes los únicos que se atreven a crecer entre las rocas. Sobrepasados los 1000 m de altura, las vistas son más alucinantes todavía. Ya no sólo divisamos el Valle de Ribeira da Torre. Ahora también el Valle de Paul aparece tras las montañas. Y al fondo, el mar. Es impresionante porque las montañas se alzan arrogantes 1500 m por encima del valle. Finalmente alcanzamos la cima en Agua das Caldeiras, a 1470 m de altura, poblada por pinos y mimosas. Otro regalo nos espera cuando el sendero nos conduce al Cráter da Cova, sembrado por un mosaico de parcelas que ocupan el fondo de la caldera volcánica. ![]() ![]() ![]() Sendero costero de Cruzinha a Ponta do Sol Partiendo de Cruzinha, el primer tramo de esta ruta es una oda al desaliento. Paisaje desolado, sol insistente, viento en contra, arenas voladoras que nos dejan rebozados………….Pero, todo cambia superada la media hora inicial. Nos internamos en un camino excavado en la roca que se encaja en los acantilados. Subimos y bajamos, subimos y bajamos, hasta que a lo lejos divisamos la aldea de Formiguinhas. En Formiguinhas paramos a comer en un humilde chiringuito con grandes vistas. Aquí vive gente aislada, sólo comunicada por caminos pedestres……..contemplando siempre la inmensidad del Océano Atlántico, escuchando siempre sus rugidos que se funden con la música que suena en la radio. A Corvo es media hora más de camino. La vida se manifiesta en sus terrazas de cultivo y en los campos de ñame inundados que reverdecen en medio de los áridos acantilados. Corvo se empotra en la desembocadura de un río. El camino asciende a continuación para remontar el acantilado. Desde lo alto reparamos en la pintoresca estampa de Fontainhas. Este pueblo se encaja en un profundo valle escondido entre los acantilados. Toda la montaña está cincelada en terrazas de cultivo. Hay vida en Fontainhas, la gente quiere charlar y nos cuentan mil y una historias. Ya estamos a menos de una hora de Ponta do Sol, y la siguiente subida nos ofrece como premio unas imágenes impactantes de Fontainhas. Sus casas de colores quedan suspendidas sobre el risco. En el tramo final percibimos los diferentes tonos de las rocas volcánicas que componen los acantilados, hasta que nos da la bienvenida Ponta do Sol. ![]() ![]() ![]() Ribeira de Tarrafal En la carretera a Tarrafal existe un lugar conocido como Garagem, desde el cual se puede bajar a pie por un camino empedrado. Nada más apearme del vehículo, me sentía en medio de la nada bajo un sol insolente, en un desolado terreno volcánico que finaliza en el mar. Pero caminando únicamente unos pasos más y echando un vistazo hacia abajo, descubro la vida que se esconde en Tarrafal. El pequeño riachuelo que baña este pequeño valle hace posible que crezcan los cultivos. El color verde emerge entre los marrones. La visión es fantástica desde 500 m por encima: el ocre de las montañas, el verde de los huertos y el azul del mar. Por el camino tradicional desciendo poco a poco hasta Tarrafal. Me pica la curiosidad al ver un sendero que bordea la ladera y se dirige a unas casas que cuelgan en lo alto. Hasta allí decido continuar, disfrutando de sensacionales estampas. Tarrafal se dispone escalonado en el inclinado terreno. Y también los cultivos, en terrazas. El azul del mar se torna turquesa en la bahía…………y más abajo se destapa la playa de arena negra. ![]() ![]() Caminata de Tarrafal a Monte Trigo La caminata de Tarrafal a Monte Trigo es una ruta de senderismo impresionante, que habitualmente se recorre a pie en un sentido para después regresar en barca a Tarrafal. Debido al fuerte oleaje, nosotros tenemos que apechugar con la paliza de caminar ida y vuelta a pleno sol por terreno volcánico. El sol inclemente cae a plomo y recalienta las rocas de lava convirtiendo el recorrido en un horno. Por lo demás, el camino es un vaivén de subidas y bajadas sin fuertes pendientes. Es un paisaje espectacular, de acantilados volcánicos, de coladas de lava que crean territorios desolados, cuyos colores se potencian bajo el sol en bronces, cobrizos, rojos……….Y especialmente imponente resulta la silueta del volcán Tope de Coroa, con casi 2000 m de altura, cuyas erupciones han engendrado estos parajes tan deshabitados. Cada roca ha solidificado a su manera, y su forma es única. Hay que fijarse en los detalles. De vez en cuando desenmascaramos algunas playas de arena negra entre acantilados volcánicos, completamente vírgenes e inaccesibles. Por momentos, el camino está enlosado con las piedras del entorno, otras veces es de tierra o de arena. Monte Trigo es un respiro. Esta pequeña aldea de pescadores se recuesta en la falda del volcán Tope de Coroa, la cumbre más alta de Santo Antao. Buscamos un bar y pedimos a la mujer que nos preparase algo de comer. Qué bien cocinan en Cabo Verde. No hay más turistas. Levantamos expectación y las niñas se acercan a preguntar y a pedir fotos. Con la cocinera charlamos largo y tendido en portugués. No teníamos prisa. Hacíamos tiempo para que se debilitase el sol y evitar el trayecto de regreso bajo los rayos verticales. ![]() ![]() ![]() Ribeira das Patas Caldeira das Patas es un escenario grandioso. Es una caldera volcánica que cobija varias aldeas. Por el fondo discurre la Ribeira das Patas, convirtiéndose en otro de esos encantadores lugares de la isla de Santo Antao. Esta ruta transcurre entre Alto Mira y Cha do Morto. La aldea de Alto Mira permanece recóndita entre montañas por las que escalan los bancales de cultivo. Algunas rocas están cinceladas en agujas, otras son paredones, como si imitasen murallas de un antiguo castillo. Esa es la impresión al subir el camino empedrado que parte de Alto Mira. Es como dirigirse a una fortificación encaramada en lo alto. El paisaje es espléndido mientras subimos. Pero, es al final de la subida cuando adquiere el calificativo de sobresaliente, al abrirse ante nosotros la Caldeira das Patas. Montañas y más montañas heridas por surcos de lava la rodean. Dibujan picos escarpados y formaciones creadas por la solidificación de la lava, componiendo un paisaje espectacular. A los huertos descendemos bordeando la aldea de Joao de Bento. Aunque el río está seco en esta época, el aprovechamiento del agua es magistral en la isla. Nos asomamos al cañón que quiebra la tierra. Me encanta el paisaje. Hay montañas amarillas, rojizas, verdes. Se nota que es un entorno volcánico, diferente a todos los que hemos conocido antes en Santo Antao. Ni tan verde como el Valle de Paul ni tan desolado como las coladas de lava de Tarrafal. Es una mezcla de todo. Un lugar fantástico. Finalmente debemos atravesar el cañón para terminar la ruta en Cha do Morto. ![]() ![]() Etapas 4 a 5, total 5
![]() Isla de Sao Vicente musicalEn la Isla de Santo Antao visitamos los principales puntos de interés: - La ciudad de Mindelo, sus mercados, su arquitectura criolla y sus bares con música en vivo. - Monte Verde, punto más alto de la isla, con vistas panorámicas. - Baía das Gatas, extensa playa salvaje.
Nos quedamos día y medio en la isla de Sao Vicente, y me hubiera sobrado un día. Lástima no haberlo aprovechado en Santo Antao. La isla de Sao Vicente es pequeña, y su paisaje desértico y desolado no incita al asombro. Mindelo, Monte Verde y Baía das Gatas son sus principales puntos de interés.
El día amanece nublado y fresco en Sao Vicente. Ya es raro. De todas formas, después de localizar una tienda de música donde comprar unos cuantos discos de artistas caboverdianos, no desistimos de intentar subir al Monte Verde. Con 750 m de altura, es el punto más alto de la isla y se accede por una carretera adoquinada. En taxi llegamos a la cima en un periquete. Pero, las sospechas se convertían en realidad. Todo está tapado por las nubes e incluso hace fresco. Pensábamos senderear por Monte Verde, pero así no tiene sentido. En días despejados se puede divisar una amplia panorámica de la isla de Sao Vicente. ![]() Hacia abajo regresamos, a por el plan B. En taxi seguimos por la carretera que bordea la Baía das Gatas hasta llegar a Calhau. El arco de Baía das Gatas está ocupado por una extensa playa salvaje. En cada extremo se sitúa un pueblo de pescadores, Calhau a un lado y el pueblo Baía das Gatas al otro. En Calhau nos despedimos del taxista para emprender un paseo de casi 10 Km a lo largo de toda la playa. El cielo nublado motiva a caminar contemplando el oleaje furioso. La playa es sorprendente, en blanco y negro. Las blancas arenas voladoras procedentes del Sahara se han amontonado formando dunas, que contrastan con la lava negra de origen volcánico. Diversos conos volcánicos circundan el solitario paisaje. Curiosas son también las formaciones de arena endurecida que casi se han convertido en rocas erosionadas. Unas dos horas y media tardamos en recorrer la playa de Baía das Gatas, con tiempo para fijarnos en los detalles. Qué sorprendente es que en los áridos campos no sobrevive nada, y en cambio crecen plantas sobre la arena de la playa. Bueno, en realidad sí que hay terrenos cultivados en la isla de Sao Vicente. Nos contaban que cuando llueve, los agricultores acuden a Monte Verde para sembrar sus parcelas. En otras épocas, su agricultura de subsistencia pervive en un valle protegido que antaño recibía riego de viejos pozos y ahora lo recibe de una planta desalinizadora. Es también desalinizada el agua corriente de uso doméstico, puesto que en la isla no existen corrientes de agua dulce. En el pulcro pueblo playero de Baía das Gatas encontramos un restaurante animado donde se mezclan turistas con nativos. El pulpo grelhado no estaba tan bueno como el nuestro. El oleaje se calma al final de la bahía. Es un recodo muy tranquilo y adecuado para bañarse, aunque la fresca temperatura del día no anima al baño. En agosto de cada año es escenario de un festival de música internacional que congrega a multitudes caboverdianas y extranjeras. El festival de Baía das Gatas es la fiesta más relevante de Cabo Verde. No es fácil encontrar transporte por aquí. Sin embargo, tenemos suerte y pillamos un taxi frente a la playa para regresar a Mindelo. Conos volcánicos en Calhau
![]() Playa salvaje de Baía das Gatas
![]() ![]() Barquitas de pescadores en Baía das Gatas
![]() La bahía de Mindelo ocupa un antiguo cráter hundido. Según nos comentaron, el puerto fue diseñado por los ingleses, como punto de entrada de carbón y de esclavos, fundamento de su floreciente comercio en aquellos tiempos. Los esclavos eran capturados en los países africanos, transportados a Cabo Verde y vendidos al mejor postor para trabajos forzados en las haciendas de Sudamérica. Las islas eran un punto clave en el transporte marítimo entre Europa y América, y también con Asia en aquella época cuando todavía no se había abierto el canal de Suez. Los buques hacían escala y se aprovisionaban de carbón como combustible para sus máquinas de vapor. ![]() La tarde de domingo no es en absoluto tercermundista en Mindelo. Las tiendas cierran, la gente descansa o pasea. Se nota que ha perpetuado la vena católica de los portugueses y siguen conservando el descanso dominical como mandamiento. La ciudad mira a Europa y casi parece estar en Portugal. Los edificios coloniales del centro están bien conservados y las calles bastante limpias (de hecho, vemos visto numerosas campañas de concienciación medioambiental), e incluso dispone de un agradable paseo marítimo y puerto deportivo. Pasear es también lo que hacemos nosotros, llegando hasta la playa urbana de Laginha. Unas cafeterías con impresionantes terrazas frente al mar nos quieren convencer de que estamos más en Miami que en África. Tanto oriundos como visitantes aprovechan esta playa como espacio de esparcimiento. Algunos se bañan, otros se refrescan en las terrazas, o bien pedalean en bicicleta. Hay quien prefiere practicar gimnasia, o simplemente sentarse a descansar y esperar que pase el tiempo. También contemplar la puesta de sol es una de sus aficiones preferidas. Mira que son dicharacheros y curiosos los caboverdianos. En cuanto ven que entiendes su idioma, les encanta pararse a charlar con los extranjeros y preguntar montones de cosas. Les gusta bailar o improvisar raps. Hay que llevar los ojos y los oídos abiertos, porque en cualquier rincón puedes encontrarte un baile improvisado. Arquitectura criolla en Mindelo
![]() Paseo marítimo de Mindelo
![]() Puesta de sol en Mindelo
![]() El lunes por la mañana todos están en la calle en Mindelo. La animación es bulliciosa y pausada a la vez. No está de más darse una vuelta por los mercados locales, uno cubierto y otro descubierto. El mercado municipal interior se sitúa en la Rua Lisboa. El mercado exterior ocupa una amplia plaza cercana a la réplica de la Torre de Belém. Venden productos del campo así como manufacturas. Por ejemplo, un hombre elaboraba cestos de palma en su puesto del mercado. Los frutos tropicales adornan los tenderetes guardando un orden: papayas, mandioca, ñame, verduras o legumbres. Mercados de Mindelo
![]() ![]() El cielo estaba mucho más despejado y queríamos intentar de nuevo conseguir las vistas desde Monte Verde. Realizamos una nueva tentativa, pero allí estaban instaladas permanentemente las nubes y sólo permitían apreciar una panorámica parcial. ![]() ![]() Me despedí de Mindelo mirando hacia el Monte Cara. Es uno de los montes áridos y picudos situados en uno de los extremos de la bahía de Mindelo. Se pueden imaginar los ojos, la nariz, la boca………….. Pero, no sé……………. me parecía una cara anodina, nada que ver con los expresivos rostros de los caboverdianos. Aquellas sonrisas y aquellos ojos grandes mirándome son de los mejores recuerdos que me traigo de Cabo Verde. ![]() ¡¡OBRIGADO CABO VERDE!! Etapas 4 a 5, total 5
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