El avión de Turkish Airlines salía hacia Estambul a las 06:50, por lo cual tuvimos que darnos un buen madrugón. En la recepción, el hotel nos había preparado bolsas de pic-nic para el desayuno (dos sanwiches, un croissant, un bollito de chocolate, un yogur, una manzana, un plátano y una botellita de agua). Además, tuvieron el detalle de enchufar la cafetera a las 03:30 para que pudiésemos espabilarnos con un cafecito.
A las cuatro de la madrugada, ¡por fin atravesamos Tiflis sin atascos! y llegamos pronto al aeropuerto. La facturación y el resto de trámites fueron rápidos. El vuelo salió en hora y llegó puntual a Estambul. Nos sirvieron un desayuno con huevos revueltos (no sé si auténticos o de pega) que me sorprendieron por lo jugosos que estaban. Nueva escala larga (cuatro horas) hasta la salida del avión hacia Madrid, donde aterrizamos puntualmente y sin incidencias.
Aeropuerto de Tiflis, vacío a esa hora de la madrugada.
Despidiéndome de la capital Georgiana desde el avión, apenas estaba amaneciendo.



Despidiéndome de la capital Georgiana desde el avión, apenas estaba amaneciendo.


Resumen y comentarios.
Mentiría si dijese que este ha sido un viaje top entre los que he hecho. Sin embargo, he regresado satisfecha. No sé por qué me costó más que otras veces adaptarme al destino y sacarle el jugo, pero al final lo logré: acabé sintiéndome bien en Tiflis, me gustó Miskheta y su entorno, y también disfrute mucho de lo que vimos de las montañas, a pesar de que nos falló el sol. En fin, tampoco me voy a quejar, pues pudo haber sido mucho peor de haber llovido. Bueno, si hasta se nos quitó la niebla para contemplar las panorámicas desde el Monumento a la Amistad… Por lo demás, los guía fueron estupendos y hubo buena sintonía entre la veintena de miembros del grupo.


En mi opinión, el desarrollo del viaje hubiera mejorado mucho simplemente con haber pasado un par de noches fuera de Tiflis, aprovechando los desplazamientos para ver más cosas y con más tranquilidad, como suele ocurrir en otros itinerarios de las rutas de la CAM. Aunque sé que a mucha gente le fastidia mover maletas a diario, personalmente no me gusta que la mayor parte de las excursiones se hagan desde una base fija –siempre que voy por libre, procuro evitarlo-, ya que las horas de autobús se alargan demasiado y se pierde demasiado tiempo yendo, viniendo y repitiendo carreteras, sobre todo en una ciudad con unos atascos tan tremendos como Tiflis. Por supuesto, es mi opinión y comprendo que haya quien no esté de acuerdo.

Georgia me pareció un buen destino para pasar unos días: la gente es muy amable, la vida no es cara y cuenta con atractivos históricos, culturales y naturales muy interesantes. Los paisajes en las montañas son una maravilla. Me hubiera encantado estar un par de días más en las zonas de montaña.

Respecto a la comida… ¡Uff! Creo, no, no creo, estoy segura de que en ninguno de mis diarios me he referido tantas veces y he mencionado tantos platos como en este. ¡Qué atracones! Según nos comentó Tina (la guía local), la abundancia en la mesa para agasajar al invitado forma parte de la esencia de los georgianos; pero es que era tal la cantidad de comida que sobraba que nos quedábamos con mala conciencia. Así que no creo que nadie pasé hambre ni se sienta decepcionado en una mesa de Georgia, que dispone de una rica gastronomía y unos precios muy ajustados para nuestros bolsillos.
No se me ocurre qué más contar, así que… ¡hasta siempre Georgia!
