Tiflis es la capital del país, pero parece más bien uno de esos destinos europeos en los que pasar un puente. Una extraña ciudad de clima mediterraneo pasado por un urbanismo soviético, tradiciones orientales como los baños públicos junto a destacadas iglesias cristianas y una vocación europea expresada con banderas azules.
Enclavada en el fondo de un valle con historia, la ciudad era un punto de parada en la ruta comercial este-oeste, merece muy mucho dedicarle unos días para perderse por sus calles, explorar los baños sulfurosos, aterrizar en su tradición cristiana y disfrutar de cafes y restaurantes. La comida resulta familiar, pero con algunos toques exóticos que la hacen singular. Capítulo aparte es el vino. Veréis tiendas de vino por todas partes y es que los georgianos tienen a gala ser los descubridores del mismo.
Tiflis también tiene una interesante agenda cultural, por lo que puede ser una buena idea asistir a algún espectáculo por un precio módico. En mi caso tuve la ocasión de ver una ópera kazaja gratis.
Recomiendo sumarse a los recorridos gratuitos que ofrecen, por ejemplo Tbilisi Hack Free Tours, ya que se tiene una buena visión inicial para después explorar cada uno a su ritmo.
Particularmente me gustó todo el casco antiguo, la avenida Rushtaveli, el Museo de Geogia (el resto de museos en general no son excepcionales), la zona 'nueva' a la margen izquierda del río Mtkvari, la experiencia en los baños y pasear por el jardín botánico (un bosque en la cara oculta de la ciudad, alucinante). Por el lado contrario, la subida a la fortaleza Narikala no me pareció bada del otro mundo aunque, ¿quién se priva de tener unas vistas aéreas de cualquier ciudad?