Esta era una de las jornadas que esperábamos con más ilusión: la excursión a las montañas del norte. Sin embargo, el tiempo no pintaba bien. Según los pronósticos, iba a llover, y mucho; así que quizás no podríamos ni siquiera atisvar esos paisajes que suponían uno de los motivos primordiales del viaje
. El itinerario de la jornada comprendía la Carretera Militar Georgiana y sus paradas básicas: la fortaleza de Ananuri, Stepansminda (Kazbegui), la Iglesia de la Trinidad de Guergueti y el Monumento a la Amistad entre los pueblos ruso y georgiano. El alojamiento de esa noche se hizo en el Hotel Gudauri Inn, en la estación de esquí de Gudauri. Como era poco tiempo, mi amiga y yo preferimos llevar solo una mochila cada una, dejando las maletas custiodiadas en la recepción del Hotel Moxy, adonde volveríamos para pasar finalizar nuestra estancia en Georgia. Fueron en total unos 200 km de recorrido con el siguiente perfil en Googe Maps.

Carretera Militar Georgiana.
Denominada oficialmente S3, se trata de una ruta histórica y milenaria de 208 kilómetros entre Tiflis y Vladikavkav (Rusia), que cruza la cordillera del Gran Caucaso a través del Desfiladero de Darial. Formaba parte de la Ruta de la Seda y por ella han transitado a lo largo de los siglos caravanas, ejércitos y viajeros célebres (Puskhin, Nicolás II, Tolstoi, Chejov…). Desde siempre ha supuesto un punto vital para el desarrollo económico y cultural de Armenia, Azerbayán y Georgia con Rusia.



En los primeros años del presente siglo, el tráfico disminuyó por el mal estado del firme en la zona fronteriza, los desprendimientos de tierra y la disputa entre Rusia y Georgia por Abajasia y Osetia del Sur. En 2006, la carretera se cerró por parte de Rusia aduciendo la reconstrucción de un punto de control froterizo, volviéndose a abrir en 2010. Actualmente, es una de las principales vías de transporte por carretera entre Rusia y Georgia, si bien el país más beneficiado es Armenia a causa de su conflicto con Azerbayán por Nagorno-Karabaj, que limita bastante sus salidas hacia el este. En nuestro caso, hicimos el tramo más habitual, desde Tiflis hasta Stepantsminda (Kazbegi), unos 150 kilómetros de carretera escénica con unos paisajes inigualables. Sin paradas, se puede recorrer en unas cuatro horas; pero eso no suele real.
Vista de la carretera militar a la altura de la Estación de Esquí de Gudauri. Casi de madrugada, la pillé sin tráfico.


La mañana amaneció nublada, pero no llovía. Según todas las webs meteorológicas que consultamos, había llovido toda la noche en la zona adonde nos dirigiamos y se preveía que continuase así toda la jornada. A esas alturas ya sabíamos que los pronósticos casi nunca acertaban, tal como nos dijo nuestra guía local. Cruzamos los dedos para que fuese así. Desde Tiflis, seguimos la misma carretera y recorrido de dos días antes hasta Miskheta. Allí, tomamos la ruta hacia el norte.

Embalse de Zhinvali.
Se halla en el río Aragvi, a unos 70 kilómetros de Tiflis y lo construyeron los soviéticos en 1985 junto con una Central Hidroeléctrica, que pudimos ver desde el autobús, lo mismo que la presa y un monumento conmemorativo un tanto raro, brutalista, supongo. Está rodeado por las sierras de Alevi, Gudamakari y Kartli, que aparecían coronadas por las nubes ese día.

El embalse forma un lago artificial de aguas turquesas (si brilla el sol, que no era el caso), con una superficie de 11 km2 y una profundidad máxima de 75 metros. Supone una fuente vital de agua potable y electricidad para la capital georgiana. Las montañas empezaban a aparecer a ambos lados y el paisaje tenía su encanto pese a que la visibilidad no acompañaba demasiado. Por nuestra parte, con tal de que no lloviese íbamos tan contentos. A lo largo del embalse hay puestos que venden recuerdos y un par de miradores para tomar fotos.


Fortaleza de Ananuri.
A la derecha de la carretera, parece surgir de pronto como una revelación de cuento sobre las aguas del embalse. Fue una primera toma de contacto muy bonita desde el punto elevado que ofrecía el autobús. Menguó un poco el encanto al bajar y ver la gente que había ya a una hora tan temprana.

Se trata de un complejo fortificado, propiedad de los duques de Aragvi, dinastía feudal que dominó la zona a partir del siglo XIII, fecha de la que data el castillo, que fue objeto de enconadas batallas a lo largo de los siglos. En 1739, fue atacado por las tropas de un ducado rival, que prendió fuego al castillo y masacró a los duques de Aragvi. Unos años después, los campesinos se rebelaron contra los usurpadores, cediendo el mando al rey Temuraz I de Kajetia. La fortaleza se utilizó hasta principios del siglo XIX.

Consta de dos castillos unidos por una muralla con almenas. El superior cuenta con una torre cuadrada mientras que la torre del inferior es redonda. Desde ahí se toman buenas fotos panorámicas, y también desde la inclinada pasarela de piedra que sube al adarve.



El recinto contiene dos iglesias. La más antigua es la Iglesia de la Virgen, que alberga las tumbas de algunos duques de Aragvi. La más grande es la Iglesia de la Asunción, del siglo XVII, con puertas y paredes muy decoradas, destacando una cruz de sarmiento de vid tallada en la fachada sur.




En el interior, hay varios frescos, el más destacado representa el Juicio Final. Había Misa, lo que no impidió que los turistas entrásemos, saliésemos, nos moviésemos y tomásemos fotos sin problemas.


No hay que engañarse, es un sitio muy concurrido (en el exterior hay un mercadillo con puestos que venden de todo) pero no le falta encanto. Caminando un poco por los alrededores y con algo de paciencia se pueden tomar fotos muy resultonas. Además, empezaron a brillar unos tímidos rayos de sol que nos reconfortaron bastante.



Tramo de la carretera en obras.
A la derecha de la carretera, vimos un gran aparcamiento para los camiones en ruta, pues algunos deben esperar a circular a una hora determinada para no colapsar la carretera. A un par de kilómetros de Ananuri, nos encontramos con un tramo (unos diez kilómetros) en obras, con el firme en tierra y maquinaria pesada, lo que originaba fuertes retenciones al cortarse el paso alternativamente en cada uno de los dos carriles. La lluvia de la noche anterior había traído barro y alguna pequeña zona inundada.

Por lo demás, la carretera, a lo largo de su recorrido, está asfaltada, pero es estrecha, con un único carril en cada sentido, y la presencia de trailers y vehículos pesados la hace parecer peor de lo que es; más yendo en un autobús. No todos los conductores tiran de paciencia y prudencia: los camiones pasan a medio centímetro y los coches adelantan sin comprobar lo que viene de frente. Por fortuna, no tuvimos ningún incidente. Bueno, tampoco tiene por qué pasar nada: hubo muchos tramos en los que circulamos sin problemas, a buen ritmo y con unas vistas espléndidas aunque no hiciese sol.

Los dos ríos paralelos.
Una vez superado el pueblo de Pasanauri, convergen los ríos Aragvi Blanco y Aragvi Negro. Es curioso como durante kilómetros fluyen en paralelo sin llegar a juntarse del todo. Los cristales del autobús estaban sucios por la lluvia de la tarde anterior; pido disculpas porque las fotos no salieron bien, pero me apetece poner algunas de las que tomé por el camino. Pasamos una zona donde vi muchas empresas que alquilan canoas y ofrecen tours de rafting. También me llamó la atención la cantidad de maquinaria pesada que había en el lecho del río, removiendo tierra, al parecer. Ignoro el motivo.


En un punto dado, divisé también una antigua torre de vigilancia, sobresaliendo sus muros entre lo árboles. Antes de comenzar el ascenso a la estación de esquí de Gudauri, vimos un gran viaducto que conectará con el tunel que se está construyendo para traspasar la pared de roca y evitar el paso de montaña. Todavía no se sabé cuando funcionará. Sin duda será muy positivo para la circulación de trailers y camiones, pero el viaje turístico se resentiría mucho si se utilizase en vez del itinerario tradicional.


La carretera se retuerce sobre sí misma, proporcionando unas vistas espectaculares, sobre todo yendo del lado del abismo en un autobús. Lástima de las nubes bajas y no haber tenido una mejor visibilidad. Todavía sí que distinguimos claramente una iglesíta monísima que quedaba como de postal recortada contra la montaña.



Pasamos por la estación de esquí de Gudauri sin ver nada a tres metros. La niebla se había adueñado del paisaje y nos echamos a temblar: temimos no ver nada de nada. En el punto más alto del recorrido, el Paso Jvari, a 2.379 m. de altitud, solo pude medio atisvar la cruz que lo marca. Estaba previsto hacer una parada en el Monumento a la Amistad, pero no tenía sentido con semejante panorama, mejor dicho, sin ningún panorama a la vista. Así que seguimos adelante, empezando la bajada hacia Stepantsminda, con la esperanza de que a la vuelta la niebla se hubiese disipado. Tina nos comentó que si no levantaba, podríamos intentarlo de nuevo antes de irnos, a la mañana siguiente.


Más adelante, ya en el descenso, la niebla se abrió y empezamos a distinguir el paisaje. Las montañas estaban coronadas por nubes bajas y la visibilidad no era un dechado, pero podíamos distinguir lo que teníamos delante. A esa altitud y con el frío que debe hacer en invierno y el azote del viento, apenas crecen árboles de gran porte, así que distinguiamos perfectamente las empinadas colinas cubiertas de hierba y musgo verde, salpicadas por regueros de agua convertidos en serpenteantes cascadas. Precioso, la verdad. Un punto curioso lo constituye una pared de roca caliza de colores naranja y rosa por la que fluye agua mineralizada, formando una especie de terrazas de travertino naturales y escalonadas.



Stepantsminda (Kazbegi).
Con el tiempo aguantando sin lluvia, llegamos a Stepantsminda (¡qué nombre tan sugerente!), que en georgiano significa “San Esteban” (Stepan, Esteban, y minda, santo), en homenaje al primer mártir cristiano y a un monje ortodoxo, también llamado Esteban, que erigió una ermita en el lugar. Entre 1921 y 1925, pasó a denominarse Kazbegi, en honor a Alexander Kazbegi, un ilustre escritor nacido allí. En 2006, el pueblo recuperó su nombre primitivo, si bien la municipalidad sigue denominándose Kazbegi.


El pueblo, rodeado de montañas, está situado a orillas del río Terek, a 157 km de Tiflis, a 46 km de Vladikavkaz, la población donde acaba la carretera militar, y a 10 km de al sur del desfiladero de Darial.

Pese a la ausencia del sol, por fortuna no hacía viento, así que la temperatura no era muy baja, rondando los 10 grados, y se estaba bien al aire libre. Los wc públicos estaban atendidos por una taquillera que no perdonaba el pago de 1 lari por persona. De estilo turco, no destacaban por su limpieza, pero muy amablemente nos proporcionó un ambientador en spray para pasar mejor el trago. Bueno, también es cierto que desde la puerta la vista de la Iglesia de la Trinidad de Guergueti, allá en lo alto, ya compensaba todos los males.
