Después de que Mario nos sirviese el desayuno, le pagamos las tasas turísticas e hicimos el check out. Nos gustó el sitio y el anfitrión: todo perfecto. Esa jornada seguíamos en Calabria, aunque ya rumbo al norte. Nos alojaríamos en Altomonte, pero previamente hicimos una parada en Cosenza para comer. En total, 174 kilómetros, unas dos horas y cuarto en el coche y con el siguiente perfil en Google Maps.

Cosenza.
Situada en la confluencia de los ríos Crati y Busento, es una ciudad calabresa histórica, rodeada por siete colinas. En la actualidad tiene unos 270.000 habitantes incluyendo la periferia. Llamada Cosentia en la época romana, entre sus leyendas, destaca la del rey visigodo Alarico I, quien, según se cuenta, fue enterrado a orillas del río Busento junto con el tesoro que obtuvo al saquear Roma y que, por supuesto, nunca apareció.


La ciudad consta de dos partes muy diferenciadas: la zona moderna, llana y fácil de recorrer a pie; y el casco antiguo, al otro lado del río, con calles empinadas y casas en un lamentable estado de conservación. Dejamos el coche en una calle junto a un centro comercial, a un cuarto de hora del centro, pero en un lugar que nos pareció seguro y, además, gratis.

Museo al Aire Libre Bilotti (MAB).
Estábamos muy cerca, así que fuimos directamente a Corso Mazzini, a lo largo de cuyo recorrido se sitúa este museo al aire libre con esculturas modernas de grandes artistas, como Salvador Dalí o Giorgio de Chirico. Por supuesto, es gratuito.



Aunque apretaba el sol, la calle es llana y nos decidimos a ver todas las obras de fin a principio, empezando por la parte más alejada del casco antiguo. Fue una tarea bastante entretenida y, además, esta zona de la ciudad tiene muchos de sus edificios rehabilitados, con lo cual el paseo resulta muy agradable a la vista.


A medio recorrido, nos tomamos unas “granitas” para combatir el calor. Nos fijamos en que había muy poco turismo y los restaurantes abiertos brillaban por su ausencia. No íbamos a tener fácil almorzar allí. Bueno, al tiempo.


Según nos acercábamos al casco viejo, los edificios deteriorados se hacían más numerosos y evidentes. De cara al Ponte Mario Martire, vimos surgir entre las casas la cúpula de la Catedral y la ciudad antigua, arriba, en lo alto de una colina. En las orillas del río Busento, el panorama aparecía tan pintoresco como decadente, pero más allá se presentía un ambiente que no nos gustó demasiado. Así que no seguimos por allí.


Cosenza Vecchia (casco antiguo).
Cruzamos el puente y empezamos a subir la empinada cuesta del Corso Telesio, flanqueado por bloques de casas que sin duda conocieron tiempos mejores. Una pena, porque algunos de los edificios debieron ser muy bonitos en su origen, incluso se notaba el pasado palaciego de unos cuantos, hoy casi en estado ruinoso.


El abandono causa auténtico pesar. La mayor parte de las casas están en un estado terrible de conservación, aunque muchas siguen estando habitadas; por su parte, las tiendas han dejado de existir como tales, cerradas a cal y canto casi todas. La peor versión de una ciudad calabresa parecía cumplirse aquí. Esta decadencia para mí no deja de tener cierto encanto, agridulce, eso sí, pero sé que hay personas que no se sienten cómodas en estos lugares. Eso sí, en ningún momento notamos inseguridad, que una cosa no tiene que ver con la otra.


Duomo di Santa Maria Asunta.
En un punto dado, la calle se abre a una plaza en la que aparece la encantadora fachada principal de la Catedral, que de frente, muestra su fachada principal impoluta, con tres rosetones de piedra labrados. El templo original data del siglo XI, pero quedó destruido por un terremoto y fue reconstruido en el siglo XIII. Se conservan restos de las teselas de mármol del siglo XII, correspondientes a la primitiva iglesia. En grabados del siglo XIX, se contemplan dos torres a los lados que ya no están.


Es de estilo románico con elementos posteriores del gótico cisterciense francés. En planta de cruz latina, cuenta con tres naves de ocho tramos cada una divididas por dos filas de pilares con capiteles esculpidos. En la nave izquierda hay dos capillas barrocas de los siglos XVII y XVIII. La capilla más importante es la de la Virgen del Pilerio, representada en un icono del siglo XII, que se ubicó en esta Catedral en 1607 para animar la llegada de peregrinos. La entrada es gratuita. Cuando fui, dentro solo estaba una joven tocando el órgano, lo que convirtió la visita en un momento muy especial.

Al salir, seguí hacia arriba por Corso Telesio, pasando junto al Museo Diocesano y, más adelante, llegué a la Plaza Coriolano Martirano, donde se hallan el Palazzo della Provincia y enfrente el Teatro Alfonso Rendano. Ambos edificios se encuentran perfectamente rehabilitados, lo que contrasta poderosamente con las maltrechas casas que hay unos metros atrás. Un poco más adelante, di un paseíto por un parque muy bien cuidado. Por el camino, desde un pequeño jardín, se contemplan unas vistas muy bonitas del campo y las montañas de los alrededores.


De nuevo en la parte nueva de la ciudad, buscamos un restaurante para comer, pero apenas había oferta. Así que acabamos en la terraza de una pizzería tomando un menú del día compuesto por ensalada césar y pizza. Frente a nosotros, una figura en piedra parecía meditar profundamente.



Ya con el coche, paramos cerca del Ponte dei Pignatari y la Vía Giuseppe Serra para contemplar unas panorámicas muy pintorescas del casco antiguo.

Para finalizar la visita, nos dirigimos hacia el Castillo Normando Suevo, situado en la cima de la colina Pancrazio y que fue reconstruido por el emperador Federico II de Suabia en 1239, está situado en la cima de la colina Pancrazio y ofrece unas vistas fantásticas de todo el entorno. Teníamos intención de visitarlo, pero no acertamos con el horario y estaba cerrado. No podíamos ni queríamos pasarnos allí una hora y media esperando a que abrieran, así que nos contentamos con sacar algunas fotos desde el exterior. Una pena, porque desde más alto, en las almenas, el panorama debe ser de infarto.

