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Canadá: Las Provincias de Ontario y Quebec -Diarios de Viajes de Canada- Juanmaycarol
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Diario: Canadá: Las Provincias de Ontario y Quebec  -  Localización:  Canada  Canada
Descripción: Viaje de 15 días recorriendo las ciudades más importantes de Ontario y Quebec.
Autor:    Fecha creación: 
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01: Inicio

02: Ontario

03: Quebec




Etapa: Inicio  -  Localización:  Canada Canada
Fecha creación: 19/06/2010 18:49  
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Lo mejor: el Festival de Jazz de Montreal.
Lo peor: los grandes Parques Nacionales están al otro lado del país.
Prescindible: alguna que otra ruta por la provincia de Quebec
Imprescindible: las cataratas del Niágara, claro.

Preparativos

Canadá es el segundo país más grande del mundo después de Rusia, así que, cuando nos planteamos hacer un viaje de 15 días a este país, lo primero que pensamos fue centrarnos en una parte del mismo. Y como era la primera vez que íbamos, la decisión fue muy simple: había que ver las cataratas del Niágara. Por tanto, decidimos concentrarnos en las provincias de Ontario y Quebec, en la costa este canadiense.
Una vez comprado el billete más barato, en este caso con Air France vía París hasta Montreal, reservamos un coche por internet, que recogeríamos a nuestra llegada al aeropuerto, y reservamos las dos primeras noches en un hostal bastante céntrico. Nos llevamos la guía National Geographic, tan visual unas veces y tan escasa de información otras, y obtuvimos cierta información en un par de webs autóctonas. La ruta la iríamos improvisando según las inclemencias meteorológicas que nos fuésemos encontrando.

Montreal

A nuestra llegada a Montreal nos llevamos la que, a la postre, sería la mejor sorpresa del viaje: el Festival Internacional de Jazz. Sabíamos que coincidía con nuestra estancia porque cuando quisimos reservar hotel en la ciudad, nos encontramos con precios desorbitados por ese motivo. Lo que no nos esperábamos es lo que este festival significa para la ciudad. Habían colocado cinco escenarios de distintos tamaños en el centro de la ciudad, que permitían hasta tres conciertos simultáneos. Había conciertos desde las 12 de la mañana hasta las 12 de la noche, todos gratuitos, y hasta dos y tres al mismo tiempo. En total, unos 30 conciertos diarios, de todo tipo de música: jazz, música latina, soul, góspel… Aparte, en los teatros de la ciudad había más conciertos, estos ya de pago.
Así que lo primero que hicimos fue coger un folleto con los horarios de cada día y seleccionar qué conciertos queríamos ver. Y entre concierto y concierto, aprovechar para visitar la ciudad.



El ambiente que se respiraba en la ciudad esos días es difícilmente explicable. Realmente fue algo digno de disfrutarse. El segundo día alargamos nuestra estancia en Montreal una tercera noche más. Y después una cuarta. Íbamos para dos días y finalmente nos quedamos cuatro.
De la ciudad, lo que más nos gustó fue la mezcla que tiene: entre antigua ciudad europea y moderna ciudad norteamericana. Edificios clásicos típicamente franceses junto a grandes rascacielos.


Comenzamos la visita por lo que llaman el Viejo Montreal, y más concretamente por la Plaza Jacques Cartier, auténtico centro de la ciudad, donde se encuentra el ayuntamiento. Después nos acercamos al puerto para ver el Puente Jacques Cartier. No sabemos si el amigo Jacques fue antepasado del de los relojes, pero sí parece que fue el primer europeo que visitó esas zonas, a las que denominó Canadá.
Vagando por las calles de Montreal pasamos por todos los rincones más o menos turísticos, como el mercado de Bonsecours, la Iglesia de Bonsecours, la Basílica de Notre Dame, la calle Notre Dame… se ve que a los canadienses, cuando les da por un nombre, lo exprimen.



Al atardecer subimos al Mont-Royal, que es una colina desde la que hay una magnífica vista de Montreal. Suponemos que de ahí le vendrá el nombre a la ciudad.
Al día siguiente, entre concierto y concierto, paseamos por el barrio de St. Georges, en el que pudimos ver algunos de los rascacielos de la ciudad. Por la tarde fuimos a un concierto de Manu Chao (este sí fue de pago) que se celebró en una isla vecina, que al parecer usan generalmente para conciertos multitudinarios. El concierto estuvo muy animado: primero unos teloneros, luego un chaparrón enorme, luego otros teloneros, después más lluvia, y al final, tras más de tres horas de espera, y cuando ya habíamos perdido la esperanza, apareció el colega para deleitarnos con sus canciones.
El tercer día cogimos una atracción en el puerto que consistía en ir en una lancha hasta unos rápidos, y ahí ponerse tibio de agua. Afortunadamente daban un mono impermeable, con lo que solamente nos mojamos la cabeza. Estuvo muy entretenido, aunque por motivos obvios, no pudimos inmortalizar el momento, pues nos dejamos la cámara en tierra.


También visitamos el Oratorio St. Joseph, lugar de peregrinación para los creyentes y desde el que también tuvimos una buena vista de otra parte de la ciudad, y el Estadio Olímpico, en el que se celebraron las Olimpiadas del 76.
Cuando dimos por finalizada nuestra visita a la ciudad, decidimos poner rumbo al sur, a la provincia de Ontario. Y la primera parada la hicimos en la capital.

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Etapa: Ontario  -  Localización:  Canada Canada
Fecha creación: 19/06/2010 19:15  
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Ottawa

La frontera entre Ontario y Quebec la marca el río Ottawa, y en la ciudad se da un caso muy curioso: a un lado del río estamos en Ontario, y por tanto los nombres de los lugares son ingleses, todos los carteles están en inglés, las calles se llaman streets, etc.; si se cruza el puente, se pasa a Quebec, y por tanto los nombres de los lugares son franceses, todos los carteles están en francés y las calles se llaman rues.




Comenzamos la visita a Ottawa en el animado Byward Market. De ahí fuimos caminando hasta el imponente Château Laurier (quizá el único nombre francés en la zona inglesa), donde nos cayó otro chaparrón. Vimos la Confederation Square, las esclusas del Canal Rideau y llegamos hasta el Parlament Hill, pequeña colina en la que se encuentran los edificios del Parlamento Canadiense.



Intentamos entrar para verlos, pero ya estaban cerrados, así que tuvimos que dejarlo para el día siguiente. Desde los jardines que hay detrás del Parlamento hay una bonita vista de la zona de Quebec y del puente que los une, el Pont Alexandra Bridge, suponemos que llamado así por estar en terreno neutral. Al otro lado del canal, y ya cerca del río, se encuentra el Major’s Hill Park, desde donde hay una espectacular panorámica del Parlamento.


Al día siguiente comenzamos visitando los edificios del Parlamento. Destaca la vista que hay de toda la ciudad desde lo alto de la Torre de la Paz. A nuestra salida pudimos contemplar toda la parafernalia del cambio de guardia.



Para finalizar nuestra visita a Ottawa, cogimos el coche y fuimos al otro lado del río, al Musée Canadien des Civilisations, en el que se muestra las distintas etapas de la historia del país. En la puerta de entrada al museo había un cartel que indicaba que estaba prohibido fumar a menos de 9 metros de distancia de la entrada.
Debemos reconocer que, sin ser nada del otro mundo, la ciudad nos gustó más de lo que esperábamos.

Niagara-on-the-lake

De Ottawa pusimos rumbo hacia el sitio más esperado del viaje: las cataratas del Niágara. A medida que nos acercábamos a nuestro destino empezó a llover, hasta tal punto, que por una autopista de cinco carriles teníamos que ir a 50 km/h porque el limpiaparabrisas no daba abasto. De hecho, por extraño que parezca, pasamos por la avenida que deja las cataratas a la derecha, y no las vimos. Nos pasamos de largo. Huyendo un poco de la lluvia llegamos hasta el pequeño pueblo de Niagara-on-the-lake, un poco más al norte, donde “solamente” llovía. Encontramos la oficina de turismo, donde por el módico precio de un dólar (canadiense, of course), nos buscaron alojamiento, en este caso un bed & breakfast. Hasta ese momento, y salvo al principio en Montreal, habíamos pernoctado en los típicos, cómodos y baratos moteles de carretera.
Como no pensábamos visitar las cataratas, decidimos hacer otra cosa típica de la zona: visitar alguna bodega. La zona del Niágara está llena de viñedos, así que dejamos el coche en la casa y dando un pequeño paseo fuimos a dos bodegas. En cada una de ellas, por el módico precio de 10$, nos dieron a catar cuatro tipos diferentes de vinos de los que tenían. Y nos llamó mucho la atención el Icewine: se trata de un vino cuya peculiaridad reside en que recogen la uva con la primera helada. Al parecer, eso produce que la uva pierda agua y la concentración de azúcar sea mayor (no es una explicación muy científica, pero sabréis perdonarnos). Suponemos que a los eruditos del vino esta variedad no les parecerá interesante, pero a nosotros nos gustó mucho. Según nos comentaron, este vino sólo se produce en Canadá, Alemania, Austria y Francia. Para nosotros fue todo un descubrimiento.


Tras las dos catas decidimos que lo mejor era introducir alimento en el cuerpo, así que nos fuimos al pueblo. Allí preguntamos en la oficina de turismo por el tiempo para los siguientes días, y nos comentaron que en esa zona iba a seguir lloviendo durante dos días, pero en Toronto dejaría de llover al día siguiente. Así que, aunque teníamos que desandar camino, decidimos que pondríamos rumbo a Toronto, para volver más tarde a ver las cataratas.

Toronto

Al día siguiente condujimos hasta Toronto. Según nos íbamos acercando, poco a poco fue dejando de llover y empezó a asomar tímidamente el sol. Al final, tal y como nos dijeron en la oficina de turismo de Niagara-on-the-lake, cuando llegamos a la ciudad lucía un sol espléndido. Encontramos un bed & breakfast en el que decidimos pedir habitación para dos noches. Como aquí no había ningún festival de jazz, pensamos que sería suficiente para ver Toronto.
Comenzamos nuestra visita recorriendo la interminable Yonge Street, donde lo primero que vimos fue un enorme cartel con la foto de Penélope Cruz anunciando un lápiz de labios.
Hicimos un pequeño recorrido recomendado por nuestra guía por lo que sería el centro de la ciudad, pasando por el Old City Hall, el Royal York Hotel y Union Station; recorrimos Front Street hasta llegar al St. Lawrence Market. Durante este trayecto estuvimos siempre rodeados de rascacielos.




Por la tarde paseamos por Chinatown y llegamos hasta una animada y multicultural zona llamada Kensington Market. En esta zona pudimos platicar español con los camareros de un bar mexicano, mientras le dábamos al guacamole y a los tacos con sus correspondientes cervezas mexicanas.
Antes de irnos a descansar, dimos un agradable paseo por las dependencias de la Universidad de Toronto.
A la mañana siguiente nos fuimos directos a la famosa CN Tower. Según leímos, el Libro Guinness de los Records la cataloga como la Torre más alta del Mundo, porque se refiere a que menos del 50% de su construcción es suelo habitable. Así que la nueva torre de Dubái es el “edificio” más alto del mundo, pero no la torre más alta, que sigue siendo la de Toronto. Parece un poco cogido por los pelos, pero no vamos a poner en duda las decisiones de tan honorable organización.



Sea como fuere, subimos a la plataforma de observación, a 346 metros de altura. Desde ahí, tomamos otro ascensor que nos subió hasta el Sky Pod, a 447 metros. La vista de la ciudad es bastante impresionante. Una de las atracciones de esta torre es el suelo de cristal que tiene en una parte de la plataforma, aunque nos resultó menos espectacular de lo que lo venden.


Una vez hecho el chiste de rigor, que podéis escuchar en el vídeo anterior, bajamos para visitar el vecino SkyDome. Hicimos una visita guiada por el interior de este enorme estadio, en el que lo mismo se juega al beisbol, al fútbol o al fútbol americano. Tiene un techo retráctil que, según nos dijo la guía, es la más grande del mundo, y pudimos ver en un pasillo un bate de beisbol que parece que también es el más grande del mundo. Se ve que en Toronto son muy aficionados a aparecer en el Libro Guinness.
Al acabar la visita, tomamos un ferry para ir a las islas que hay en frente de la ciudad. Fuimos hasta la isla Ward y desde ahí recorrimos, dando una agradable paseo, los 6 kilómetros que hay hasta la otra punta de la isla para tomar el ferry de vuelta en Hanlan. Desde estas islas hay una vista panorámica de los edificios de Toronto realmente espectacular.


Cataratas del Niágara

Finalmente íbamos a poder verlas. Después de pasar dos días visitando Toronto y haciendo tiempo para que apareciera el sol en la zona de las cataratas, nos desplazamos hasta allí y llegamos con un día espléndido. Aunque suene muy tópico, diremos aquello de “qué se puede decir que no se haya dicho ya” sobre las cataratas del Niágara. Todo el mundo ha visto montones de fotografías, e incluso alguna que otra película, en la que salen reflejadas. Lo único que podemos decir es que es algo digno de verse.



Las cataratas del Niágara son dos cataratas. Una, que está completamente en el lado estadounidense, y otra, que separa los dos países (llamada catarata horseshoe o herradura, por la forma que tiene). Habíamos leído y escuchado que la vista desde el lado canadiense era más bonita que desde el lado estadounidense. Y sin duda así es. Desde el lado canadiense se aprecian las dos cataratas en todo su esplendor.


Todo en torno a las cataratas es bastante caro. La comida, la bebida, los helados, las atracciones… De entre estas últimas, nosotros nos decantamos por dos: el barco Maid of the Mist (Doncella de la Niebla) que navega hasta casi rozar la catarata de herradura, y la Skylon Tower, desde donde suponíamos habría una magnífica vista de ambas cataratas.
Primero subimos en el barco, que pasó frente a la catarata estadounidense y llegó, suponemos que todo lo que pudo, hasta la catarata de herradura. Salpica mucho agua, como es lógico, pero con el precio de la entrada regalan un plástico que viene muy bien.


Después subimos a la Skylon Tower. En este caso no hubo record Guinness, pero sí una espléndida vista de la zona, tal y como esperábamos.





Al final, entre unas cosas y otras se nos había olvidado comer, así que condujimos hasta un restaurante italiano que recomendaba la guía y que estaba un poco alejado de todo el emporio de las cataratas. Llegamos un poco antes de las cinco y tuvimos que esperar a que abrieran. Cuando entramos, el camarero nos hizo el comentario de “qué pronto vienen a cenar”. No quisimos sacarle de su error, y simplemente esbozamos una sonrisa y pedimos de comer, ya que estábamos a punto de desfallecer.

Kingston y las Mil Islas

En este punto pusimos rumbo al norte. Antes de volver a la provincia de Quebec paramos en Kingston, lugar de partida de los cruceros por las Thousand Islands (Mil Islas). Lo primero que hicimos fue comprar dos tickets para el primer barco, y mientras esperábamos dimos un paseo por la ciudad. Kingston es una ciudad pequeña, repleta de zonas verdes, que se ve dando un pequeño y agradable paseo. Tiene unos cuantos edificios característicos, como el Ayuntamiento, un par de catedrales, varias iglesias…


A la hora convenida montamos en un barco del estilo de los que surcaban hace tiempo el Mississippi para hacer un viaje de dos horas por las Mil Islas. La primera hora del crucero resultó ser un tanto aburrida, a pesar de que estaba “amenizada” por música en vivo. Finalmente llegamos a la zona de las islas. En general eran islas pequeñas en las que habían construido casas.




Algunas eran tan pequeñas que solo tenían una casa. Suponemos que las villas no serían baratas, entre otras cosas porque también se necesita una embarcación para llegar a ellas. Durante el trayecto vimos varios taxis acuáticos que recogían a la gente en su casa-isla. Pasar un fin de semana en una casa así estará bien, pero más tiempo, en islas tan pequeñas, debe ser un poco claustrofóbico.
Una vez de nuevo en tierra, seguimos hacia la ciudad de Quebec.
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Etapa: Quebec  -  Localización:  Canada Canada
Fecha creación: 19/06/2010 19:29  
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Quebec

El centro de la “Ville de Québec” está totalmente reformado y es muy agradable pasear por él. Se divide en Ciudad Alta y Baja, porque entre ambas hay un considerable desnivel. Las principales atracciones se encuentran en la Ciudad Alta, donde destaca sobre todo el Château Fontenac, enorme castillo que alberga un hotel. Este hotel puede verse desde prácticamente cualquier punto de la ciudad. Delante del hotel se encuentra la Plaza de Armas, donde llega el funicular que sube de la Ciudad Baja, y desde donde comenzamos nuestro itinerario.



Detrás del hotel se halla la magnífica Terrase Dufferin, una especie de paseo marítimo de madera, desde donde se puede contemplar el enorme río San Lorenzo, el Barrio Champlain de la Ciudad Baja, el Puerto Viejo y, por supuesto, el propio Château Fontenac.



Tras deambular un poco por esta terraza, caminamos hasta el final, donde unas escaleras nos condujeron a La Ciudadela, fortaleza en forma de estrella que es la única ciudad amurallada de Norteamérica. Hicimos una visita guiada por el interior que fue un tanto aburrida, y que se salvó por las impresionantes vistas que había desde sus murallas, ya que la Ciudadela se encuentra en el punto más alto de Quebec.



Cuando terminó la visita, seguimos paseando por la Ciudad Alta viendo los edificios más importantes, y paramos a comer en el que dicen es el restaurante más antiguo de Quebec (data de 1675) llamado “Aux Anciens Canadiens”.



Después nos encaminamos hacia la Ciudad Baja por la Rue du Petit-Champlain, que nos condujo al Barrio Champlain, donde nos pilló la consabida tormenta diaria.
Finalmente, pasamos al lado opuesto del río San Lorenzo con el coche, desde donde pudimos contemplar una vista muy bonita de Quebec.



Rutas por la provincia de Quebec

Llegados a este punto habíamos estado en todos los lugares que teníamos señalados como obligatorios. Nos quedaban cuatro días por delante así que decidimos ir un poco hacia el norte de la provincia de Quebec, pues habíamos visto que había varias rutas que se podían hacer: la Ruta de la Nueva Francia, la Ruta del Río y la Ruta de las Ballenas.
Comenzamos con la Ruta de la Nueva Francia, que partía desde el mismo Quebec. La primera parada interesante fue el Parc de la Chute-Montmorency, pequeño parque en torno a las cataratas Montmorency, que tienen una caída de 82 metros.




Una vez hicimos el pequeño itinerario propuesto en el parque para recorrerlo, continuamos hasta la vecina Sainte-Anne-de-Beaupré, donde hicimos noche en un agradable bed & breakfast. En esta pequeña población se encuentra la Basílica Sainte-Anne-de-Beaupré, que atrae a peregrinos de toda Norteamérica. La última parada digna de mención de la Ruta de la Nueva Francia fue el Cañón de las Cataratas de Ste.-Anne, donde también hicimos el itinerario propuesto, que pasaba por dos puentes, uno de ellos colgante, y donde pudimos ver unas cuantas cataratas más.



Continuamos subiendo paralelos al río San Lorenzo para hacer la Ruta del Río. Esta ruta nos decepcionó bastante. Hicimos algunas de las paradas propuestas, pero no encontramos ningún sitio digno de mención.
Así pues, continuamos bordeando el río hacia el norte, para llegar al punto de inicio de la Ruta de las Ballenas… y de repente se acabó la carretera. Justo en la desembocadura del fiordo Saguenay, donde debía comenzar nuestra ruta, no había puente para atravesarlo. Sin embargo, había ferris para hacer ese trayecto. De hecho, a falta de un puente para atravesar el fiordo había un ferry gratuito cada ocho minutos durante las 24 horas del día. Así que tuvimos que hacer un poco de cola hasta que nos llegó el turno para pasar a Tadoussac. Una vez allí, paramos en la oficina de información turística para que nos aconsejaran sobre la ruta. Nos pareció un tanto larga, y se nos acababan los días, así que decidimos remontar un poco el fiordo Saguenay para llegar al lago Saint-Jean, y dejar la Ruta de las Ballenas para otra ocasión. Aún así, mientras íbamos en el ferry, tuvimos ocasión de ver alguna ballena.
Hicimos noche en un bed & breakfast llevado por un matrimonio que solamente hablaba francés. Tuvimos nuestras dificultades, pues nuestro nivel de francés dejaba mucho que desear, pero al final nos quedamos. Lo gracioso vino a la hora de desayunar. A pesar de decir (y demostrar) que el francés no era lo nuestro, el dueño no paró durante todo el desayuno de hablarnos. Suponemos que era muy simpático, pero no podemos asegurarlo.
Tras eso, iniciamos nuestra vuelta hacía Montreal para tomar el vuelo que nos traería de vuelta a España, y decidimos hacerlo por la orilla contraria del río San Lorenzo. Nos subimos a otro ferry y cruzamos hasta Rivière-du-Loup. En esta ciudad estaban en fiestas, así que nos quedamos a pasar la noche. Cenamos de maravilla en un restaurante en la calle principal, y al día siguiente volvimos a Montreal, nuestro punto de partida, donde finalizó nuestro viaje.

Y para terminar

No queremos terminar este relato sin hacer al menos un pequeño comentario sobre los canadienses. Para ello, vamos a contar unas cuantas curiosidades y una anécdota.
Aquí van las curiosidades:
- Conducir en Canadá es diferente de hacerlo en cualquier otro sitio del mundo: cuando cometes una infracción, nadie toca la bocina; si te demoras más de lo necesario a la hora de aparcar y tienes coches detrás, esperan pacientemente a que termines la maniobra; hay cruces de cuatro calles en los que hay un stop en cada esquina: la manera de saber cuándo pasar es por estricto orden de llegada al cruce (y lo cumplen siempre a rajatabla).
- No podemos recordar con exactitud el número de veces que nos pasó estar en una calle parados mirando el mapa o la guía, y que alguien se parase a nuestro lado para preguntarnos si necesitábamos ayuda o si andábamos perdidos.

Y ahí va la anécdota: cuando llegamos al bed & breakfast de Niagara-on-the-lake, la dueña nos enseñó la habitación, el baño, quedamos a una hora para desayunar al día siguiente… lo típico. Y ya cuando se iba le preguntamos por la llave. Nos dijo que la habitación no tenía llave, y que la puerta de la calle la dejaban siempre abierta durante el día. Y para cerrarla por la noche, dejaría a la entrada tres post-it cada uno con el apellido de cada huésped que tenía esa noche. Según se llegaba se arrancaba el post-it con tu apellido. El que recogía el último, cerraba con llave. Así que salimos a hacer la cata de vinos, a media tarde volvimos para abrigarnos un poco y todas las puertas hasta nuestra habitación estaban abiertas a pesar de que no parecía que hubiese nadie. Salimos a cenar, y a la vuelta vimos que había un solo post-it con nuestro apellido. Por tanto lo arrancamos y dimos una vuelta a la llave al cerrar la puerta de la casa.
Cuando vimos hace tiempo el documental “Bowling for Columbine” de Michael Moore, decía que los canadienses dejaban la puerta de su casa abierta. Nunca pensamos que fuese tan literal, ni que fuéramos a tener ocasión de comprobarlo.

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  Últimos comentarios al diario  Canadá: Las Provincias de Ontario y Quebec
Total comentarios 8  Visualizar todos los comentarios

Mjgarcia  mjgarcia  27/06/2010 08:17
Como soy una seguidora tuya y de tus diarios, de nuevo me ha encantado este relato. Tienes una gracia especial para acercarnos y entusiasmarnos con tus viajes. Éste en concreto me trae muy buenos recuerdos, ya que hace 3 años estuve por alli y el sitio me fascinó. Quiero hacer la parte oeste, eso si cuando el peque se haga algo más mayor pq ahora tiene 2 añitos. No me enroolo mas, q sigas escribiendo, q yo te sigo leyendo!! Ahi van las estrellitas y saludos para ti y Carol jejeje.

Juanmaycarol  juanmaycarol  27/06/2010 19:01   
Estoy viendo que Carol me está robando protagonismo... Gracias por vuestros comentarios. ¡¡Un saludo y hasta el próximo viaje!!

Parisina88  parisina88  26/04/2011 22:27
felicidades por el diario!!!poco a poco mi viaje va tomando forma..^^
gracias!

Jmbigas  jmbigas  28/09/2011 13:02   
Me ha gustado mucho el diario. Yo hace veinte años estuve por esa zona, y reconozco algunas de las cosas que contáis. Pero era un viaje organizado, y no tuvimos demasiada libertad. Eso sí, nos llevaron a un pueblecito de Québec (Saint Jovite), que nos dijeron que de ahí hacia el Norte, ya no había más que nieve y caribous.

Lapilvi  Lapilvi  14/09/2017 23:39   
Ya sé que el diario es un poco antiguo, pero eso no ha sido impedimento para que me haya gustado un montón. Os dejo 5 estrellitas y mi enhorabuena.

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Willy Fog
Willy Fog
Ago 23, 2011
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Fecha: Sab May 11, 2019 11:26 am    Título: que costa escoger para Viajar a Canadá: oeste? este?

tienes un hilo especifico sobre el tema

¿Qué Costa de CANADÁ escoger para viajar?

pero vaya! a poco que mires y siendo un primer viaje lo verás claro

Foro de Costa Oeste De Canada
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Willy Fog
Willy Fog
Ago 23, 2011
Mensajes: 28888

Fecha: Sab May 11, 2019 11:28 am    Título: hotel, alojamiento en costa Oeste Viajar a Canadá:

kira78 Escribio:
porfa, alguien que me diga por donde buscar alojamientos que no se me vayan de madre, porque estoy mirando y son una burrada de caros, no necesito hotelazos, pero si dormir sin habitación compartida, no se si este mensaje iria aqui pero no encuentro donde. gracias.

Alojamiento, hotel en las Rocosas: Banff, Jasper (Canadá)
wanderlust
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Willy Fog
Willy Fog
Ago 23, 2011
Mensajes: 28888

Fecha: Sab May 11, 2019 11:32 am    Título: servicios en Hoteles de Canadá: máquinas de hielo

ader Escribio:
Queria preguntar si sabeis si en los hoteles de Canada tienen maquinas expendedoras de hielo gratis como en Estados Unidos. Ojos que se mueven

recuerdo haberlas visto sip...pero en algún lugar era hielo picado, con lo que se deshace antes...compramos también en algún super
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Experto
Experto
May 31, 2017
Mensajes: 109

Fecha: Dom May 12, 2019 12:22 pm    Título: Re: Viajar a Canadá: Consejos, rutas, qué ver...

Buenas!!

Estoy aún pensado mi próximo destino y una de las opciones es Canadá. Nuestro viaje sería de finals de septiembre a mediados de octubre. Cómo lo veis con el clima? Me encantaría ver los colores del otoño pero no se si es la mejor época o no.

Tampoco tenemos claro si ir al este o oeste. Somos una pareja que queremos disfrutar de entornos naturales y minimizar el máximo posible las ciudades. Él está mucho más en forma que yo así que no me veo subiendo cimas complicadas, más bien, rutas accesibles.

Gracias por vuestros consejos!
wanderlust
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Willy Fog
Willy Fog
Ago 23, 2011
Mensajes: 28888

Fecha: Dom May 12, 2019 12:31 pm    Título: colores del otoño, fall-foliage en Canadá: dónde verlos

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si el "leitmotiv" es el follaje otoñal yo tal vez escogería como primera opción

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