Domingo 31 de Julio: Auckland
Han pasado 43 horas desde que salimos desde Barcelona, pero ya estamos en las antípodas, y ahora ya sólo nos queda una cosa: disfrutar.
Justo a la salida del aeropuerto nos encontramos una parada de shuttle bus que por 40 nzd nos lleva hasta el Hotel Mercure Winsdor, que es donde vamos a dormir las dos próximas noches. La verdad es que la situación del hotel es inmejorable, estamos a un par de minutos del puerto, en plena Queen Street, la calle comercial por excelencia y que debe su nombre a la reina Victoria.
Tras dejar la maleta en la habitación, y como parece que no estamos muy cansados, decidimos tener nuestro primer contacto con la ciudad. Auckland está situada en un istmo cuya anchura máxima es de once kilómetros, y disfruta de las aguas de dos mares: el de Tasmania y el Océano Pacífico. Su nombre maorí es ‘Tamaki Makau Rau’ (Tamaki de los Cien Amantes), debido a lo muy deseada que ha sido siempre.
Lo primero que nos llama la atención son los muñecos de los semáforos y que la gente cruza las calles en todos los sentidos. También nos sorprende la gran cantidad de gente asiática que hay, aunque no es de extrañar ya que una persona de cada quince que vive en Nueva Zelanda es asiática, y de ellas, dos de cada tres viven en Auckland.
Llegamos hasta la Sky Tower, pero no subimos, lo dejamos para el día siguiente. Eso sí nos acercamos hasta el i-SITE situado en la base de la torre para coger información.
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Desde aquí seguimos caminando tranquilamente, intentando llegar a la zona de Viaduct Basin, pero a donde realmente llegamos fue al puerto desde donde salen los ferris.
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El cuerpo empezaba a dar señales de cansancio así que decidimos volver al hotel, pero antes nos paramos en el Burger King para comer algo rápido. El día había sido muy pero que muy largo así que tras una ducha nos metimos en la cama y nos dormimos en seguida.
Lunes 1 de Agosto: Auckland
El dormir casi doce horas seguidas nos ayudó a recuperar las fuerzas perdidas en el viaje, pero no evitó que todavía tuviéramos el cuerpo ‘raro’. Desayunamos en una cafetería justo en frente del Auckland Town Hall (ayuntamiento), que tiene forma de cuña y fue construido en 1911.
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Desde aquí nos fuimos directos a la Sky Tower. Inaugurada en 1997, tiene una altura de 328 metros, detalle que la convierte en la torre más alta del Hemisferio Sur. La estructura de la torre fue diseñada para aguantar vientos de hasta 200 km por hora, y terremotos de magnitud siete en la escala Richter. La entrada a los ascensores se encuentra en un piso subterráneo. Subir a lo más alto cuesta 56 dólares neozelandeses, al cambio unos 35 euros.
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Las vistas que teníamos desde lo alto de la torre eran simplemente espectaculares, y eso que estaba bastante nublado. Como curiosidad decir que existe la posibilidad de hacer el conocido Sky Jump, que es un salto que se hace desde una plataforma de la Sky Tower situada a 192 metros, ni que decir tiene que nosotros no lo hicimos.
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Paseando llegamos hasta el Auckland Domain, situado en el barrio de Grafton, que es el parque más antiguo de la ciudad y uno de los más grandes. De regreso al centro decidimos acercarnos hasta el local de Apex Car Rental para dejar el tema del alquiler del coche cerrado de cara al día siguiente.
El estómago se empieza a quejar de manera insistente, por lo que buscamos algún sitio para comer, siendo nuestra elección el restaurante The Occidental.
En la ciudad de Auckland existen unos sesenta conos volcánicos, que forman parte del denominado ‘Campo Magnético de Auckland’, y algunos proporcionan excelentes vistas. Nosotros nos acercamos al que quizás es más conocido: el Monte Eden, con 196 metros de altitud.
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Para llegar hasta el Monte Eden puedes elegir entre dos opciones: la primera es coger transporte público que te deja en la base del monte y la segunda (la que nosotros elegimos) es pegarte una pateada de casi dos horas. Una vez en la cima del Monte Eden, tenemos unas inmejorables vistas de toda la ciudad de Auckland y sus alrededores.
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Aunque sólo eran las cinco y poco de la tarde ya empezaba a oscurecer así que para cuando llegamos hasta el hotel ya era noche cerrada.
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De esta manera dábamos por cerrada nuestra primera visita a Auckland, sabiendo que la próxima vez que recorriéramos sus calles sería el final de nuestro viaje.
Martes 2 de Agosto: Auckland – Paihia (294,5 km)
Había llegado la hora de la verdad, después de dos días en Nueva Zelanda (realmente un día y medio) tocaba el turno de coger el coche y emprender nuestra aventura alrededor de las dos islas. Aunque habíamos quedado en que nos recogerían a las 8:30 am al lado del hotel para darnos el coche, después de esperar un buen rato, al final tuvimos que ir nosotros a buscarlo a la tienda.
Poco a poco nos fuimos desprendiendo del nerviosismo inicial (sobre todo yo que conducía), gracias también a que para salir de Auckland sólo teníamos que seguir la carretera que pasaba por delante de la tienda de coches.
Conforme nos alejamos de la ciudad el tráfico se hace cada vez menos fluido, cosa que me ayuda a ir cogiendo el ‘truquillo’ al hecho de conducir por la izquierda. La chica de la agencia de coches nos avisó que a las afueras de Auckland está el único peaje del país y que se puede pagar o bien por teléfono o bien usando unas máquinas en una gasolinera BP situada justo antes de llegar al peaje. Nos decidimos por esta última opción y aunque con la tarjeta de crédito no fuimos capaces, pudimos solucionarlo con las monedas.
Ahora sí, ya habíamos abandonado por completo la gran ciudad. La autopista pasó de tres carriles a uno sólo, pero casi ni nos dimos cuenta, absortos como íbamos viendo el paisaje (sobre todo mi pareja, ya que yo cada vez que miraba para otro lado que no fuera la carretera acababa dando un volantazo).
Tras conducir durante dos horas llegamos hasta Whangarei, la ciudad más septentrional de Nueva Zelanda y verdadera puerta de entrada a Northland (así es como se conoce la zona norte de la Isla Norte). En la zona de Tikipunga encontramos las Whangarei Falls, conocidas como las cascadas más fotogénicas de Nueva Zelanda. Si bien es verdad que son muy llamativas, personalmente creo que hay de más bonitas.
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Desde aquí sale una serpenteante carretera escénica que te lleva por la costa hasta Matapouri, donde nos encontramos con una de las más hermosas playas de Northland.
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Con su arena blanca y sus aguas tranquilas daban ganas de pegarse un bañito, pero tampoco estaba el día para muchas alegrías. Justo en el horizonte se podían ver las Poor Knight Islands, considerada como una de las cinco mejores reservas marinas del mundo. Está prohibido desembarcar pero es un lugar muy famoso para el submarinismo.
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A muy poca distancia hay un pequeño sendero que te lleva hasta la que creemos es la playa más bonita de todo el país: Whales Bay, simplemente espectacular.
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Para comer paramos en un bar en medio de la nada y nos comimos unas ‘Chiken Burger with chips’ que estaban de lujo (no sé si por el hambre que teníamos o porque realmente estaban buenas).
Llegamos a Paihia, seguramente la ciudad más conocida de Bay Of Islands, que es una bahía con más de 150 islas y destino muy apreciado en verano. Aquí es donde íbamos a pasar la noche así que empezamos nuestra búsqueda de alojamiento. Decidimos que cada día elegiría uno el sitio donde dormir, siendo la primera elección el Anchorage Motel, situado a muy pocos metros de la playa y muy bien equipado. La mujer de recepción era muy simpática y cuando le explicamos que al día siguiente queríamos hacer la excursión del ‘Hole In the Rock’ se ofreció a reservárnosla por teléfono, cosa que nos ahorraba el tener que ir nosotros al puerto.
Con el tema del alojamiento zanjado y la excursión del día siguiente reservada nos fuimos directos al Waitangi Treaty Grounds. Este lugar es famoso porque el 6 de febrero de 1840 fue donde se firmó un tratado por el cual la corona inglesa reconocía los derechos de los maoríes. A destacar la Canoa de guerra Maorí, construida con tres arboles kauri, y que puede llevar a más de 120 guerreros.
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No muy lejos de la canoa encontramos el Treaty Grounds (‘Explanada del Tratado’), siendo éste el lugar donde se celebra cada año la conmemoración de la firma del Tratado de Waitangi.
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Justo en frente están la Treaty House, hogar del primer gobernador británico permanente, y el Te Whare Runanga (Templo Maorí inagurado en 1940 para conmemorar el centenario del tratado) que contiene hermosas tallas en las paredes.
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Era un poco tarde ya, así que decidimos volver a Paihia. La búsqueda de un supermercado resultó ser más difícil de lo esperado, después de dar varias vueltas pudimos encontrar uno abierto y comprar algo para la cena.
Miércoles 3 de Agosto: Paihia – Kaitaia (128,5 km)
Las previsiones se cumplieron y, aunque el día amaneció nublado, no amenazaba lluvia.
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A las nueve de la mañana salimos del puerto de Paihia. Llegamos a la zona en que se supone que se encuentran los delfines, y efectivamente hacen su aparición. Parece que nos estuvieran esperando, y aunque son cuatro o cinco, tenemos la oportunidad de disfrutarlos de muy cerca.
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El siguiente destino era el famoso ‘Hole in the Rock’ en la Isla Motukokako, pero antes pasamos por el curioso faro del cabo Brett.
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Ya de regreso desembarcamos en la bahía de Otehei de la isla Urupukapuka.
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El crucero te daba la oportunidad de volver a Paihia o parar en Russell y luego coger el ferri por tu cuenta. Nosotros decidimos hacer esto último para poder visitar uno de los pueblos con más encanto de Northland.
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Cuando por fin volvimos a Paihia estábamos hambrientos así que nos fuimos directos al restaurante Frank’s Pizzas, situado justo en frente del puerto.
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Con el estómago lleno pusimos rumbo norte hasta llegar a las Haruru Falls, a tan solo 3 km de Paihia. Es una cascada de tan sólo 5 metros de caída sobre el río Waitangi.
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A poca distancia se encuentra el pueblo de Kerikeri, desde donde sale el camino que te lleva hasta las Rainbow Falls, unas cascadas de 27 metros de altura que nos recordó muchísimo a las Whangarei Falls que habíamos visto el día anterior.
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Hoy me tocaba elegir a mí elegir el motel, así que nada más llegar a Kaitaia me decanté por el Northerner Motel, que tenía mejor pinta por fuera que por dentro la verdad. Intentamos buscar algún sitio para cenar, pero después de caminar durante un buen rato y no ver ningún sitio abierto acabamos en un KFC.
Jueves 4 de Agosto: Kaitaia – Dargaville (547,8 km)
Hoy iba a ser un día muy largo, tocaba recorrer la Península de Aupori, llamada ‘Cola de Pez’ por los maoríes. Es una estrecha franja de tierra de 12 km de ancho bañada al oeste por el Mar de Tasmania y al este por el Océano Pacífico. El pueblo de Waipapakauri está considerado como la puerta de entrada a la península, siendo aquí donde se halla uno de los desvíos que te lleva directamente a la 90 Miles Beach (Playa de las 90 Millas), la playa más larga del país aunque en contra de lo que dice su nombre sólo mide unas 60 millas (aproximadamente 96,5 km).
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Desde aquí hasta el Cabo Reinga, situado en el extremo norte de la península, hay unos 100 kilómetros. Según la creencia maorí es desde este cabo de donde los espíritus de los muertos emprenden el viaje hacía el Hawaiki (El Más Allá), de hecho Reinga significa ‘Mundo Subterráneo’.
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Una imagen clásica de este lugar es el famoso Faro del Cabo Reinga, el más septentrional de Nueva Zelanda.
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Este es también el lugar donde se encuentran las aguas salvajes del Mar de Tasmania con las aguas más tranquilas del Océano Pacífico.
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Tuvimos bastante suerte ya que empezó a chispear justo cuando nos íbamos. Fue una falsa alarma, y para cuando llegamos a Te Paki (Playa de Dunas Gigantes) hacía muy buen día.
Es una zona muy curiosa porque pasas de estar rodeado de una vegetación exuberante, casi tropical, a solamente ver montañas y montañas de arena. Aunque cuesta bastante subir a lo alto de las dunas una vez arriba tienes unas vistas que bien merecen el esfuerzo realizado.
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Desde aquí nos fuimos hasta la no menos conocida Spirits Bay, un lugar sagrado para los maoríes, siendo aquí donde descubrimos las ‘piedraconchas’, pequeñísimas conchas que cubrían toda la playa como si fueran granos de arena.
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En un principio la playa de Rarawa Beach era uno de esos lugares que los apuntas como posibles visitas, pero que si no los ves no pasa nada. Menos mal que al final decidimos tomar el desvío y recorrer los apenas 5 km que hay hasta la playa. Sus brillantes arenas blancas la convierten en una de las playas más hermosas del país. Aprovechamos el hecho de estar en un lugar como este para comer unos sándwiches, tras lo cual pusimos rumbo sur.
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Al pasar de nuevo por el pueblo de Waipapakauri no pudimos evitar la tentación de hacer una nueva visita a la Playa de las 90 Millas.
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A partir de aquí cometimos un error trás de otro. Para llegar hasta el bosque de Waipoua Forest teníamos dos opciones: ir hasta Kohukohu y coger un ferri que nos llevaría hasta Rawene o seguir por la carretera principal hasta Ohaeawai, para luego tomar el desvío dirección Opononi. La ruta más corta era la primera pero como no estábamos seguros de los horarios del ferri nos decantamos por la ruta más larga, esta fue nuestra primera decisión errónea. Aunque la verdad es que el paisaje era muy guapo.
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Había leído en los foros que las distancias en Nueva Zelanda engañan, pero no fue hasta ese día en el que nos dimos cuenta. El trayecto era de unos 140 km pero tardamos una barbaridad en recorrerlos y para cuando llegamos a Opononi ya empezaba a oscurecer. Desde aquí hasta el Waipoua Forest sólo hay unos 22 km pero la carretera está llena de curvas y cubierta de vegetación así que tardamos más de lo pensado en llegar hasta el bosque. Deberíamos haber parado en Opononi y al día siguiente haber continuado, pero este fue nuestro segundo error del día, creer que nos daría tiempo visitar el bosque antes de que anocheciera.
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El Waipoua Forest es un lugar que vale la pena visitar debido a sus magníficos arboles kauri. Los maoríes han bautizado al kauri más grande como Tane Mahuta, ‘el Dios del Bosque’. Mide 51 metros de alto y tiene un contorno de catorce metros, se accede fácilmente a él, gracias a una sencilla caminata de sólo cinco minutos desde el parking. Se cree que tiene más de 1.500 años, lástima que cuando llegamos apenas había luz para apreciar todo el esplendor del bosque.
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El tercer error del día fue decidir avanzar hasta Dargaville en vez de regresar a Opononi. Se nos hizo totalmente de noche, menos mal que en una gasolinera el chico nos indicó donde podíamos encontrar los únicos dos moteles que había en el pueblo y que estaban uno en frente del otro.
Como en la recepción del que más nos gustaba resultó que no había nadie decidimos irnos al otro. Pero cuál es nuestra sorpresa cuando llegamos a la recepción y tampoco hay nadie. Empezábamos a estar un poco preocupados, pensando que íbamos a pasar la noche en el coche, cuando aparece el dueño que había ido a comprarse la cena.
La verdad es que el Dargaville Motel tenía peor pinta por fuera que por dentro, la habitación estaba realmente bien. Después de una buena ducha y mientras veíamos las noticias tomamos la decisión que a partir de ahora cuando llegaran las cinco de la tarde dejaríamos de avanzar.
Viernes 5 de Agosto: Dargaville – Waitomo (540,5 km)
Fue en nuestro camino hacia el sur cuando tuvimos nuestro primer encuentro con la lluvia. Y es que hubo un momento en el que el limpiaparabrisas no daba abasto, aunque para cuando llegamos a la playa de Piha la cosa ya había mejorado. A causa de estar expuesta al Mar de Tasmania las aguas son muy bravas, cosa que la hace muy conocida en el mundo de los surferos.
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No muy lejos de aquí se encuentra la playa de Karekare, famosa por ser donde se rodaron escenas de la película de ‘El Piano’.
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A tan solo cinco minutos del parking de la playa encontramos la cascada de Kitekite Falls, que tiene una caída de 40 metros.
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Casi sin darnos cuenta habíamos echado toda la mañana, y entre que nos costó un poco cruzar la zona de Auckland y que en Hamilton estuvimos parados más de una hora a causa de un accidente, se nos estaba haciendo tarde. El paisaje de toda esta zona nos recordaba a ‘La Comarca’ de la Tierra Media, sólo faltaban los hobbits.
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Llegamos a la cascada de Bridal Veil Falls, que tiene una caída de 55 metros, y nada más verla se convirtió en nuestra catarata favorita. Existe un sendero que te lleva hasta la misma base de la catarata, desde donde se obtienen unas vistas impresionantes.
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Y como el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, nos pasó lo mismo que el día anterior. En vez de ir a Raglan, que estaba a 21 km, y pasar la noche allí, decidimos llegar hasta Waitomo. No hubiera pasado nada si no hubiera sido por que en el único cruce que había nos equivocamos de carretera, y tras circular más de una hora por un camino de cabras llegamos hasta un valla que no nos permitía seguir adelante, teniendo que deshacer el camino recorrido, lo que provocó que se nos hiciera totalmente de noche en medio de la montaña.
Llegamos al Glowworm Motel, situado justo en el cruce que te lleva a Waitomo, pasadas las siete, solamente con ganas de una pegarnos una ducha y meternos en la cama.
Sábado 6 de Agosto: Waitomo – Rotorua (197,7 km)
Waitomo, que en maorí significa ‘Agua que ingresa a un agujero en la tierra’ es una zona con más de 45 km de laberintos de cuevas conectadas con el río del mismo nombre. La cueva de gusanos luminosos de Waitomo Glowworm Caves es la atracción más popular. La visita recorre distintos niveles en los que se pueden ver un montón de larvas en el techo que parecen estrellas en el oscuro firmamento. El último tramo, y quizás el más espectacular, se hace en barca. Lástima que no se permiten hacer fotos en el interior, como ejemplo adjunto una de internet.
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La cueva de Aranui fue descubierta en 1910 por un joven maorí llamado Ruruku Aranui y su perro cuando ambos perseguían a un cerdo. Está llena de estalactitas y estalagmitas y es considerada como una de las cavernas más hermosas la zona.
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Mientras recorríamos los 166 kilómetros que separan Waitomo de Rotorua decidimos no visitar Matamata, ya que creíamos que no merece la pena pagar la entrada para 'sólo' poder ver una pequeña parte y que luego te lleven a ver esquilar ovejas, aunque supongo que todo es cuestión de gustos.
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Situada junto al lago homónimo, Rotorua es el destino turístico más popular de la Isla Norte y donde más población maorí te puedes encontrar. Lo primero que hicimos nada más llegar fue buscar un sitio para comer. Al final nos armamos de valor y decidimos probar un tailandés, que la verdad es que nos gustó mucho.
Empezaba a chispear y tenía pinta de que la cosa iba a ir a peor, así que decidimos buscar alojamiento. La elección fue el Cedar Motel Lodge, con una habitación de dos plantas, más grande que nuestro piso, y que creíamos nos iba a costar un pastón.
El Kuirau Park es un parque situado en medio de la ciudad de Rotorua, lleno de piscinas de lodo burbujeante, pequeños geiseres de agua caliente y un hasta un lago.
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Efectivamente empezó a llover, por lo que aprovechamos para volver al motel y poner una lavadora, parando antes en el supermercado para comprar algo para cenar. En las noticias dijeron que iba a estar toda la noche lloviendo y que sólo despejaría a partir del medio día siguiente. Teniendo en cuenta este dato reorganizamos nuestra ruta de manera que la lluvia no nos impidiera ver todo lo que la zona nos ofrecía.
Domingo 7 de Agosto: Rotorua (472 km)
A 16 km de Rotorua dirección Tikitere se encuentra el parque geotermal de Hell’s Gate, que como se sale un poco de la ruta turística no está tan masificado como los otros parques, aunque realmente merece la pena visitarlo. Es un valle lleno de actividad termal y volcánica, que incluye atracciones con nombres tan sugerentes como Devil’s Bath (Baño del Demonio), Devil’s Cauldron (Caldero del Diablo), Sulphur Bath (Baño de azufre), Inferno (Infierno) o Sulphur Lake (Lago de Azufre).
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También encontramos las cascadas de Kakahi Falls, las únicas cataratas termales del hemisferio sur. Sus aguas tienen una temperatura media de 38ºC, y es aquí donde acudían los guerreros a curar sus heridas de batalla, ya que éstas cicatrizaban antes gracias a la abundancia de azufre en sus aguas.
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De regreso a Rotorua y como parecía que el día se estaba arreglando decidimos no esperar hasta la tarde y visitar el parque de Te Puia, situado en el extremo sur de Rotorua.
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Cuál fue nuestra suerte que justo cuando entramos al parque empieza a llover, menos mal que teníamos cerca la Kiwi House y aprovechamos el momento para poder observar a este simpático animal.
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Parecía que iba a dejar de llover así que nos acercamos hasta la laguna de barro de Ngamokaiakoko.
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Para cuando llegamos hasta el geiser Pohutu la lluvia hizo de nuevo su aparición, y esta vez con bastante fuerza, por lo cual decidimos irnos hasta el Templo de Te Aronui-a-Rua y esperar a ver si mientras vemos la actuación cesa el chaparrón. La actuación en si es una ‘turistada’, pero nos hacía gracia ver en directo una ‘haka’.
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No tenemos suerte, y cuando salimos del templo continúa lloviendo aunque débilmente. Nos acercamos hasta la Geyser Flat, una terraza de sílice de 1 km² que alberga más de quinientos fenómenos termales, entre ellos siete géiseres, de los cuales el más conocido es el géiser Pohutu. Su significado es algo así como ‘Gran Salpicón’, suele entrar en erupción varias veces al día y puede alcanzar hasta treinta metros de altura, siendo la gran atracción del parque.
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Como la cosa no mejoraba decidimos irnos a comer a Rotorua, al restaurante Fat Dog, donde pudimos probar por primera vez el famosísimo ‘fish & chips’.
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Para cuando acabamos de comer ya había dejado de llover, por lo que el resto de la tarde la dedicamos a callejear por la ciudad. Acercándonos hasta los Jardines del Gobernador (Government Gardens), el lago Rotorua, la iglesia anglicana de St. Faith o el templo de Tamatekapua (centro de reunión de la tribu Arawa).
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Lunes 8 de Agosto: Rotorua – Whakapapa Village (202,3 km)
Aunque parezca mentira y casi sin darnos cuenta ya llevábamos una semana en las antípodas. En nuestro camino hacia el Lago Taupo se encuentra uno de los principales parques geotermales de la zona, y de los más grandes del país. Es el Valle Volcánico de Waimangu, creado el 10 de junio de 1886, como resultado de la erupción del volcán Tarawera.
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En tiempo geológico, Waimangu se ha formado hace menos de un segundo. El valle se recorre fácilmente a través de un paseo descendente. Lo primero que nos encontramos en el Southern Crater (Cráter del Sur), llamado así porque es el cráter situado más al sur del valle. Se formó gracias a la erupción de 1886 y tiene 50 metros de profundidad. Lo que más no llamó la atención fue el color rojizo de sus aguas, que según el folleto que nos dieron en la entrada era debido a un helecho rojo llamado Azolla.
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Llegamos al Frying Pan Lake, que con una superficie de 38000 km² es el lago de agua caliente más grande del mundo. Se formó tras una erupción en 1917 y sepultó todos los hoteles turísticos de la zona. Tiene una profundidad media de 6 metros y su temperatura ronda los 55ºC. Lástima que los malditos vapores nos impidieron verlo.
La joya de la corona de este valle es el lago de aguas azul turquesa del Cráter Inferno. El agua del lago alcanza los 80ºC y sube y baja unos metros a lo largo de complicados ciclos. Su comportamiento normal es el de desbordarse durante 2 o 3 días para luego retroceder unos 8 metros durante los siguientes 15 días. Se rellena parcialmente en tres o cuatro semanas, oscila un poco y de nuevo empieza el desbordamiento, dando la sensación de que está respirando. Su profundidad cuando está desbordado es de unos 60 m. Nosotros entre que estaba en pleno retroceso y que de nuevo nos vimos rodeados de vapores no pudimos apreciarlo del todo bien.
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Al final del paseo llegamos al Lago Rotomahana, cuyas aguas cubrieron las famosas Pink and White Terraces (algo parecido a Pamukale en Turquía pero a lo grande) tras la erupción del Tarawea en 1886. El camino de vuelta lo hicimos en un shuttle bus que nos dejó en la entrada del parque.
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No muy lejos hacia el sur se encuentra el otro gran parque de la zona, conocido como Wai-o-tapu Thermal Wonderland. La palabra Wai-O-Tapu, de origen maorí, significa algo así como ‘Aguas Sagradas’, y cuando empiezas a recorrerla en seguida te das cuenta de porque está considerada como la zona geotermal más colorista del país.
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Una de sus principales atracciones es el Artist’s Pallete (Paleta del Artista), una extensión de aguas calientes que varían su color dependiendo de la lluvía, el viento o la cercana Champagne Pool.
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Especialmente llamativa es la Champagne Pool (Piscina de Champán), un lago de agua termal de 65 metros de diámetro y 62 metros de profundidad. Su temperatura es de 74ºC y las burbujas son producidas por el dióxido de carbón. Se formó hace 700 años por una erupción hidrotérmica, y en sus aguas podemos encontrar minerales tales como el oro, la plata, el mercurio, el azufre, el arsénico, el talio o el antimonio. Pero seguramente lo que realmente más llama la atención del turista es el increíble color ocre del borde de piedra, y aunque hacer una foto se hace realmente difícil de conseguir, no hay nada que con paciencia no se pueda lograr. Sin duda alguna de las cosas más espectaculares que te ofrece el parque.
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Justo al lado se pueden ver las Primrose Terraces, una inmensa terraza de cuarzo que nos recordó mucho a Pamukale. El sendero lateral te lleva directamente hasta el final de la terraza y es ahí donde se encuentra las cascadas de Bridal Veil Falls (Cataratas del Velo Nupcial).
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Llegamos hasta Devil’s Bath (el Baño del Diablo), que realmente es un cráter con un color de agua natural que te quita el aliento. Cuanto más verde es el color del agua, más arsénico contiene.
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Una de las principales atracciones turísticas del parque es el géiser Lady Knox, capaz de expulsar agua y vapor a más de 21 metros de altura todos los días a las 10:15 am. Esto es debido a que a esa hora llega un hombre y le echa unos polvos para provocar la erupción. Al ser algo muy artificial decidimos no verlo.
A unos diez kilómetros de Taupo se encuentra la zona antiguamente conocida como Wairakei Park. Su principal interés son las cascadas de Huka Falls (Cascadas de Espuma). En realidad es donde el río Wairakei se estrecha de manera abrupta, precipitándose por la roca a lo largo de once metros hasta caer en una caldera de agua espumosa.
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La ciudad de Taupo descansa a orillas del lago del mismo nombre, el más grande del país, formado por una explosión volcánica en el año 186 a.C. Para comer y aunque parezca mentira nos vimos ‘obligados’ a hacerlo en un Burger King.
Para bajar las hamburguesas dimos un paseo por la orilla del lago hasta llegar al i-SITE donde intentamos coger información del Parque Nacional Tongariro, y digo intentamos porque la chica que nos atendió era bastante estúpida y lo único que nos dijo era que había mucha nieve y que no podíamos hacer nada a no ser que fuéramos con guía. Eso sí no dudó en ofrecernos una excursión guiada por 150 euros.
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Como era relativamente pronto decidimos avanzar un poco más y llegar hasta el pueblo de Whakapapa Village, situado en pleno corazón del Parque Nacional de Tongariro. Aquí está la estación de esquí más grande de Nueva Zelanda, la Whakapapa Ski Area.
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En el ‘Visitor Centre’ muy amablemente nos informaron de todas las caminatas (o ‘tracks’ como las llaman ellos) que podíamos hacer por la zona. Como las previsiones de tiempo para el día siguiente eran buenas, decidimos hacer dos tracks: la Taranaki Falls Track , de unas dos horas ida y vuelta, y la Silica Rapids Track, de dos horas y media (i/v).
Ahora tocaba elegir donde dormir, cosa que no nos costó mucho ya que sólo teníamos dos opciones: el hotel Skotel o el hotel de lujo Bayview Chateau Tongariro. La chica de la recepción del hotel Skotel resultó ser de Girona. Era la primera persona que nos encontramos que hablara español desde que estábamos en tierras neozelandesas, y estuvimos hablando un rato con ella. Nos explicó que llevaba desde noviembre trabajando allí.
La habitación no era gran cosa, seguramente la peor del viaje de momento, aunque lo bueno era que teníamos una terracita con unas vistas que daban directamente al Monte Ruapehu.
Como no estábamos muy cansados, y era relativamente temprano, nos fuimos a tomar una cerveza a la sala de descanso del hotel. La estancia era muy acogedora y estaba dominada por una chimenea, detalle que se agradecía, ya que había anochecido y la temperatura en el exterior era bastante fría.
Martes 9 de Agosto: Whakapapa Village – Wanganui (144,8 km)
Amanece totalmente soleado y sin una sola nube, y nada más salir del hotel nos encontramos con el Monte Ruapehu como claro dominador del paisaje.
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El Parque Nacional de Tongariro es el primer parque que se creó en Nueva Zelanda, y el primero del mundo en obtener el estatuto de Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. La palabra Tongariro proviene de Tonga (viento del sur) y Riro (Dejarse llevar).
El inicio del Taranaki Falls Track está a menos de quinientos metros del hotel. Es un recorrido circular bastante sencillo y está muy bien señalizado. Mientras nos vamos acercarnos a la cascada tenemos unas vistas increíbles de las tierras de Mordor (en realidad es el desierto de Rangipo).
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Con una caída de veinte metros, las aguas de la cascada Taranaki se precipitan desde el borde de un campo de lava que se creó hace 15.000 años tras una erupción del Monte Ruapehu. En la base de la catarata se forma una pequeña piscina cuyos bordes estaban rodeados de nieve, lo que hacía que la imagen fuese más impactante si cabe.
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Durante el trayecto de regreso intentamos conseguir alguna foto del Monte Ngauruhoe, más conocido como el Monte del Destino pero nos fue imposible.
La Silica Rapids Track se inicia desde un pequeño parquing que hay junto al Visitor Centre. Es un recorrido de unos 6,5 kilómetros, durante el cual atravesamos bosques, vimos los Golden Rapids, caminamos por senderos llenos de nieve, tuvimos buenas vistas del Monte Ruapehu e incluso cruzamos un campo de lava.
Tardamos una hora y media más o menos en llegar a las Silica Rapids. Nosotros regresamos por el mismo camino, pero existe la posibilidad de hacer el ‘track’ de manera circular regresando por la Bruce Road.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
De regreso en Whakapapa Village nos acercamos al hotel donde habíamos pasado la noche para comer algo, pero desafortunadamente no tenian servicio de restaurante al mediodía. Fue entonces cuando nos quedamos totalmente impactados ante lo que veían nuestros ojos, y es que el Monte Ngauruhoe había decidido mostrarse en todo su esplendor. Sin duda esta imagen iba a ser una de las más guapas del viaje, y no veíamos mejor manera que ésta para despedirnos de este lugar.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
A tan solo 4 km del pueblo de Whakapapa Village se encuentra el desvío hacia la catarata de Tawhai Falls. El salto de agua es de sólo cinco metros, y sus aguas forman una pequeña piscina natural que es donde Gollum aprovecha para comer pescado.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Dejamos atrás el P.N. de Tongariro con la intención de llegar a Wanganui, que es la ciudad donde habíamos decidido pasar la noche, pero justo antes de abandonar el parque nos topamos con una de las imágenes más típicas del país.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Al llegar a Wanganui no nos apetecía dar muchas vueltas para buscar un motel, así que nos decantamos por el primero que vimos, el motel Midtown Motor Inn, del que siempre recordaremos a la recepcionista y sus preguntas tipo: ¿cuál es el país más cercano a España: Francia o Alemania?, o ¿Eres familia de Jennifer López? El resto de la tarde la dedicamos a pasear y a comprar provisiones.
Mañana era nuestro último día en la Isla Norte, y lo queríamos dedicar completamente a Wellington. Esa tarde y como era ya tradición vimos las noticias de las seis, y aunque no le prestamos mucha atención dijeron algo sobre una tormenta polar que venía de la Antártida…