El domingo temprano salimos de Cabezo para hacer una ruta en coche por la comarca para hacer las visitas más importantes que nos habían recomendado en la casa rural.
Al ser domingo no había mucho movimiento por los pueblos, pero al menos estaban las carreteras tranquilas.
Desde Cabezo nos fuimos a Ríomalo de Arriba, un pueblo muy pequeño donde solo quedan unos 20 habitantes. Aquí es donde mejor se conservan las típicas casas de piedra y pizarra de toda la zona y además cuenta con un centro de interpretación sobre las tradiciones, artesanía y gastronomía de Las Hurdes.

Siguiendo la carretera hacia Casares de las Hurdes, a poca distancia de Ríomalo, en la parte alta del puerto, nos encontramos el mirador de Las Carrascas, desde donde se ve todo el valle del río Ladrillar y el siguiente valle plagado de los pueblecitos que rodean Casares.
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Casares de las Hurdes es el pueblo más grande de la zona y en él destacan el campanario de la iglesia y algunas casas antiguas en el centro del pueblo. Cuenta también el pueblo con un mirador para observar las estrellas con mesas de interpretación de la Vía Láctea, para visitar obviamente por la noche.

Al llegar a Nuñomoral nos desviamos hacia el pueblo de Martilandrán, pero primero, de camino a este pueblo, en Cerezal, tomamos otra desviación hacia el Valle de los Tejos, una zona de espacio protegido para proteger este tipo de árbol al parecer muy escaso. Cogimos una pista que nos llevó hasta una presa y dimos un pequeño paseo por la zona para después seguir nuestro camino.

Al pasar Martilandrán paramos en los miradores que hay por la carretera, que va desde este pueblo hasta El Gasco para ver los meandros del río Mavellido. Todo el valle, incluidos los meandros están llenos de terrazas hechas por las gentes de estos pueblos para poder cultivar, lo que hace aun más llamativo el paisaje ya de por si bastante bonito. personalmente me gustaron estos meandros mucho más que los del río Alagón, pero la verdad que ambos merecen una visita.
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Por último llegamos a la localidad de El Gasco, situado al final de la carretera, a partir de aquí hay que dar la vuelta para volver a Nuñomoral. A la hora que llegamos todavía estaba el mercadillo puesto en la plaza del pueblo, que consistía en un solo puesto con ropa y buena parte de la gente del pueblo charlando tranquilamente al solito.
Desde esta plaza salen dos rutas cortas de senderismo, una al Volcán del Gasco, algo más larga, que no llegamos a hacer y otra al Chorro de la Miacera.
El sendero va junto al río que pasa bajo el pueblo y desde aquí pudimos ver algo que estropea un poco el pueblo, y es que la plaza del pueblo está situada sobre una estructura de columnas, imagino que de hormigón, y que hacen que la vista del pueblo desde aquí sea bastante fea, aunque la zona sea bonita.
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Un poco más adelante en el camino está la bifurcación que va al Volcán y la del Chorro, nosotros seguimos la del Chorro.
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El Chorro de la Miacera es una espectacular cascada, el camino de subida es entre las piedras que caen desde la parte alta del monte, pero no es muy complicado y por supuesto merece la pena su visita.
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De vuelta al pueblo cogimos el coche para volver a Nuñomoral, donde comimos en uno de los pocos bares que encontramos abierto y ya habiendo visto todo lo que nos habían recomendado visitar decidimos irnos hacia Plasencia, aunque la comarca de Las Hurdes cuenta con muchos más pueblos visitamos solo lo más importante.
La visita a Plasencia se puede hacer de sobra en un día y teniendo en cuenta que al estar cerrados la catedral y otros monumentos por ser domingo, lleva aun menos tiempo. Eso si, la catedral es recomendable verla por dentro, si se puede, claro.
Se trata de una ciudad amurallada, fundada por Alfonso VIII de Castilla, que sirvió como fortaleza en las batallas de la reconquista. Conserva aun parte de lo que fue el castillo y multitud de casas nobiliarias que encontramos por todo el casco antiguo.
Comenzamos nuestra visita en la Plaza Mayor, donde destaca la Casa Consistorial, construida en el siglo XVI de etilo gótico y renacentista, aunque el edificio actual es una reconstrucción, y sobretodo el muñeco del reloj, que fue destruido por los franceses y del que se hizo una copia en 1.977.

Seguimos hacia la catedral, que por cierto, a mitad de camino entre la plaza y la catedral está la oficina de información. La catedral son en realidad dos catedrales distintas, una primera más vieja, construida en el siglo XIII y de estilos entre románico y gótico, se utiliza actualmente como museo. En el siglo XVI se decidió construir una nueva catedral más grande y que podemos ver junto a la vieja, de la que además se destruyeron el crucero y parte de la cabecera para construir la nueva, que por cierto quedo inacabada por falta de fondos.
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De la catedral nueva destacan el coro y retablo mayor en el interior, pero lo mas bonito para mi es la fachada de la puerta principal, de estilo plateresco.
En la misma plaza de la catedral encontramos otras casas palacio, como la Casa del Deán o la Casa de los Monroy, que destacan por sus fachadas de silleria, torres y escudos nobiliarios.

Pasando por la Puerta de Trujillo primero, una de las más llamativas de las cuatro que conserva la ciudad, llegando a ser siete en sus tiempos, nos dirigimos hacia la plaza de San Vicente Ferrer, donde están el Parador de Turismo, la iglesia de San Nicolás y el Palacio Mirabel.

El conjunto de Parador y Palacio lo forman el antiguo Convento de San Vicente Ferrer o Santo Domingo, la Iglesia de Santo Domingo y el Palacio de Mirabel. Los tres edificios fueron fundados por Álvaro de Zúñiga y Leonor de Pimentel, Condes de Plasencia, sobre lo que era la antigua Sinagoga Mayor y parte de la judería, tras la expropiación de estos terrenos a los judíos.
Del convento que ahora es el Parador se puede visitar la zona de la recepción y el claustro, de estilo isabelino.
La iglesia se utiliza como museo de pasos de Semana Santa y el palacio también se puede visitar, pero al ser privado no tiene un horario fijo, hay que preguntar en la portería si se puede entrar, por lo que también nos quedamos sin verlo.
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Seguimos por un callejón que pasa bajo el palacio y que lleva a algunas calles de la judería. Las calles donde principalmente vivían los judíos eran las calles Santa Isabel, Zapatería y Trujillo, aunque podemos ver varios callejones que nos recuerdan mucho a una judería y donde probablemente también vivieron antes de la expulsión por los Reyes Católicos.
Para la siguiente visita nos fuimos hasta la Torre de Lucía, pero esta vez salimos por la Puerta de las Berrozanas para andar un poco por la parte de fuera de las murallas.
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La Torre de Lucía es la torre mejor conservada de la muralla. Se trata de una de las torres defensivas que estaban adosadas al Alcázar, del que ya nada queda, y dentro encontramos un centro de interpretación sobre la fortaleza y la historia de la ciudad, además de poder dar un paseo sobre una parte de la muralla.
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Cerca del la Torre de Lucía están los Arcos de San Antón, que es como se conoce al acueducto. Se construyó en el Siglo XV y aun se conservan unos 55 arcos, algunos de ellos en reconstrucción ya que no están en muy buen estado.
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Más o menos vistos los monumentos de Plasencia, aunque habrá que volver otro día que no sea domingo para poder entrar en los sitios, nos fuimos hasta Malpartida de Plasencia donde teníamos reservada una casa rural, por cierto muy recomendable.
El sitio se llama Casa Rural del Corral y a pesar de que en este pueblo no hay mucho que hacer la casa está muy bien y además muy bien situada para visitar Plasencia, La Vera y Monfragüe.
Las habitaciones son muy cómodas y bonitas, cuenta además con un salón muy bien adecuado para descansar o pasar el rato, cocina con nevera disponible para dejar la comida que se quiera y microondas, aunque no cuenta con menaje de cocina. Tiene además piscina climatizada y patio para con barbacoa.
Aquí pasamos la noche descansando del día ajetreado y preparando nuestra siguiente excursión a Monfragüe al día siguiente. En la casa además encontramos bastante información sobre la zona y el propietario nos indicó bastante bien qué visitar para el tiempo tan reducido que teníamos.