Día 3: 24 Julio
Después de un rápido desayuno, salimos a la puerta del hotel donde habíamos quedado con nuestro taxista para empezar un nuevo día por El Cairo. Allí estaba, como él mismo dijo, con puntualidad inglesa y no egipcia, esperándonos a que le diéramos instrucciones.
Le pedimos que en primer lugar nos lleve a
la ciudadela. Nos deja en la puerta y nos dice que cuando queramos irnos, 10 minutos antes le hagamos una perdida y nos espera en el mismo lugar. Genial, podemos tomarnos todo el tiempo que queramos.
La entrada al recinto son
50 LE por persona, pero como nosotros tenemos el carnet de estudiante y ésta vez no lo olvidamos, conseguimos por 50 entrar los dos. Aquí quiero hacer el apunte de que nosotros llevábamos el carnet normal universitario, el que tenemos en la politécnica de Valencia, y no nos pusieron nunca ninguna pega excepto para el espectáculo de luz y sonido de Philae, unos 8 días después.
Bueno, pagamos la entrada con sus pertinentes controles, arco de seguridad, revisión de bolsos y mochilas y comentario hacia los españoles y su la selección campeona del mundo.
El interior en una primera pasada nos parece bastante diferente al resto del Cairo, bastante más cuidado, ordenado y con señales que indican qué hay en cada dirección. Lo primero que queremos es ver la mezquita de alabastro.

Cuando llegamos lo primero que hacemos es asomarnos al mirador, hay buenas vistas de la ciudad. Hacemos las pertinentes fotos y nos preparamos para entrar. Lo primero es quitarse los zapatos, y después taparse. Yo iba con pantalón largo y camiseta de tirantes así que saco de mi bolso un pareo que había llevado para la ocasión. Una vez pasada la puerta, menudo rollo, sujetando el pareo, las zapatillas, la mochila, la cámara de fotos… y veo las chilabitas tan monas que ponían a las mujeres, así que allá que me voy, yo quiero una de esas! La niña que me la va a poner me saca una nuevecita y limpia, me la pone mientras no para de sonreírme y me pide 3 LE. Ese día es el primero en el que me doy cuenta que los niños, sobretodo las niñas, te miran con tal admiración que te hacen sentirte como si fueras algo especial, siempre regalándote una sonrisa, un gesto, alguna palabra, me encantan estas niñas, parecen muy dulces.

Por fin con mi chilaba e invadida por un profundo respeto hacia otra religión que no es la mía, me pongo la capucha y nos metemos dentro. Me encanta lo que veo, alfombras perfectas, silencio, fresco, iluminación escasa, con esas 365 lámparas que cuelgan y dan ese ambiente tan pacífico al interior, ¿en serio por ésta religión se mata tanta gente? Son cosas que me cuestan mucho entender después de haber vivido entre musulmanes este tiempo, sus templos dan tanta paz…
Nos sentamos en el suelo, bebemos agua y observamos el interior, comentamos sobre lo que vemos, echamos un vistazo a la guía y después de un ratito toca continuar.
Lo que queda es el museo militar, el de caballería… Pero Daniella está un poco malita, así que como no se encuentra bien, de salida del recinto pasamos por el museo de caballería. No tiene nada especial, 4 carruajes sencillos, podeis ahorraros la visita. No entramos al museo militar pero días después otros amigos nos dijeron que no merecía demasiado la pena, que era interminable y no tenía nada de especial. Lo que sí hicimos fue ver los cañones que había en el exterior y sacarnos unas fotos subidos a ellos.
Avisamos a nuestro guía-taxi y nos vamos a ver
la mezquita del sultán Hassan, 15 LE de entrada por persona con carnet de estudiante.
Aquella mezquita es más pequeña y más exterior, pero también más concurrida por los árabes. Allí vemos a unas mujeres rezando, las típicas mujeres de negro, con velo integral a las que solo se les ven los ojos. Las túnicas que llevan son preciosas, con bordados en blanco o azul, y llevan un niño pequeño, de unos 2 o 3 años, con su sombrerito y su minichilaba. Me enamoro de él, le hago una foto que me quedará para el recuerdo. Dentro hay un árabe cantando, esto sí es auténtico, saco mi cámara y grabo unos vídeos, aún no es la hora del rezo, pero allí ya hay actividad.
Tocaba siguiente destino, pero estamos muy cansados y Daniella no se encuentra demasiado bien, así que le pedimos a nuestro taxista que nos lleve al hotel a descansar y nos recoja a las 16.00 para seguir hacia el Cairo islámico.
Cuando llegamos al hotel y después de descansar un rato, a Juan y a mí nos entra el hambre, y como cerca teníamos un Mc Donalds, allá que nos encaminamos. La verdadera aventura de ésta comida fue cruzar. Teníamos que cruzar la avenida de las pirámides, como todos ya sabeis es de 2 direcciones y de unos 4 carriles (bueno, podríamos decir filas ya que allí no se pintan carriles en el suelo) cada sentido. Solo quiero deciros que en lo que tardamos de cruzar no paré de sudarle la mano que llevaba cogida a Juan, tenía un susto terrible, fue toda una experiencia.
Dentro del
Mc Donalds se está fresquito. Está lleno de chicas adolescentes que quedan con amigas a comer, se saludan con los 3 besos de rigor y van vestidas con sus trajes largos, de colores, estampados y con sus pañuelos a juego. La comida basura, como en todos los países, es idéntica a la española, la carne sabe igual, el sundae es el mismo, pero todo bastante más barato. 2 menús completos y un sundae de chocolate 53 LE, unos 7€.
Llegan las 16.00 y subimos de nuevo al taxi. Nuestro destino es
el Cairo islámico, queríamos ir a khan el khalili y ver alguna mezquita más. Nuestro taxista nos había ofrecido ir a un minicrucero por el Nilo, de estos que te dan de cenar y te hacen espectáculo de danza del vientre y derviches. En principio no pensábamos hacerlo, pues pasábamos de esas turistadas y teníamos idea de ver a los derviches en el Gouri, pero después de pensar un rato y como solo costaba 150 LE, le decimos que sí, que nos reservase mesa para 4. Total para ver a los derviches había que hacer cola y además teníamos que buscar sitio para cenar, pues bien, así lo teníamos todo de una y con comodidad nos llevarían y recogerían. Quedamos a las 19 con el taxista y pasamos la tarde de compras.

La idea era, como ya he dicho, ver alguna mezquita más, ir de compras y pasar al Fishawi, pero entre unas cosas y otras al final solo hacemos compras, otro día volveríamos al resto. Echamos un ojo a los puestecillos, la gente es simpática, enseguida se dan cuenta de donde eres y te sueltan alguna tontería del tipo de “estás más buena que el pan”, “yo soy Antonio banderas”, o lo que le decían a Juan, “hombre listo, 2 mujeres”, jajajaja, anda que no nos reíamos con esto.
Todavía no buscábamos la tienda de Jordi, sin embargo un hombre al oírnos hablar español nos ofrece llevarnos, total, qué más daba antes o después, allá que nos vamos. Subimos por una especia de escaleras tenebrosas y entramos a un patio donde están las 3 tiendas de Jordi. Por el camino otros vendedores te sueltan lindeces tales como “Jordi cabrón”, “Jordi hijoputa”, jajaja, claro, ya saben que todos los españoles van allí.
La tienda de Jordi es pequeñita, aunque como digo, al lado tiene 2 más. Tienen de todo, de todo menos chilabas, pero de todo, figuritas, papiros, plata, cartullos, llaveros, imanes de nevera, sishas, lámparas, camisetas… en fin, lo que pidas. Yo iba a comprar solo un par de cartuchos de plata, uno para mí y otro para mi hermana, al final, las compras fueron las siguientes:
3 cartuchos de plata: aprox 5€ cada uno (los venden por peso) = 15
1 llave de la vida: 15 LE
3 escarabajos de plata: 15 LE cada uno
2 escarabajos turquesas: 10 LE cada uno
1 llave de la vida de plata: 15 LE
1 llavero: 5 LE
2 imanes de nevera: 3 LE cada uno
1 espejito para el bolso: 5 LE
1 chupito: 5 LE
1 gorra: 15 LE
1 figura de Bastet: 10 LE
2 papiros pequeños: 5 LE por papiro
Total que, al final entre unas cosas y otras, me gasto 261 LE en compras variadas, y me quedo muy muy satisfecha con todas mis compras. Por cierto, al llegar te ofrecen de beber, todo es gratis, puedes pedir agua, refrescos o té, te lo sacan precintado y totalmente gratis. Todo el personal habla español y son muy amables, sin duda la recomiendo a todo el mundo.
Por la noche toca la turistada, a las 19.30 se entra en
el barco, se llama Memphis, y navega de 20 a 22. La cena es tipo bufet, hay carne, arroz, pescado, sopa… de todo un poco, y muchos dulces de postre, como en todos sitios, buenísimos. La comida está bastante bien, lo que cogemos está bueno y de una calidad bastante decente. Las bebidas se pagan aparte.
Mientras cenamos hay unos cantantes amenizando, cantan algunas canciones en español y nos sorprende ya que éramos pocos en ese barco, por no decir los únicos. Mucho japo y algunos árabes e ingleses son los que abundan.
Nada más cenar comienza el espectáculo, primero danza del vientre, la chica no lo hace mal, es entretenido, pero al que esperamos con más ganas es al derviche. Cuando llega me sorprende el colorido de sus ropas, lleva una especie de faldas preciosas de mil colores. El chico es mono, y comienza a girar y girar sin parar, jugando con unos sombreritos no para de hacer mil figuras, luego levanta una de las faldas, es la parte más chula ya que no para de hacer malabarismos con ellas de mil y un colores. Con la falda que levanta al final, doblándola hace un bebé, y por último trabaja con la otra falda que le queda, sin para de girar se la quita y entonces para él y con una sola mano gira la falda como si fuera una pizza gigante.
Luego otra vez la danza del vientre, y ambos se pasean por las mesas haciéndose fotos, para luego vender, en tamaño folio, creo que a unos 5 dólares. Nosotros no compramos, tenemos muchas fotos y vídeos en nuestras cámaras para el recuerdo.
Cuando acaba el espectáculo, satisfechos, con la tripa llena y muy cansados nos vamos al hotel, son las 23, al día siguiente madrugábamos de nuevo, nos despedimos de nuestro taxista hasta el día siguiente y a la camita.