Comienzo esta etapa dedicada a El Cairo retrocediendo a la tarde anterior, pues al regreso de Alejandría salimos a dar una vuelta por los alrededores del hotel.
Paseo por El Cairo al regreso de Alejandría.
A las seis de la tarde ya estábamos en nuestro hotel. Tras descansar un rato, decidimos salir a dar una vuelta. Hacía un tiempo estupendo en El Cairo. Decidimos caminar junto a la orilla del río, pero nos encontramos con que el paseo estaba cortado por obras. Teníamos que cruzar el puente e ir a la otra orilla. Claro que antes necesitábamos llegar, lo cual exigía jugarse el pescuezo pasando tres tramos de calles infernales repletas de vehículos que venían por todos los lados a increíble velocidad. Bueno, ¿quién dijo miedo? Vamos, a la egipcia. Al fin, alcanzamos el Puente del 6 de Octubre, que nos deparó unas vistas fantásticas con puesta de sol incluida.


Recorriendo la Nueva Corniche cairota.
Desde el puente, divisamos la Nueva Corniche o “Mamsha Ahl Masr” (Paseo del Pueblo de Egipto), un moderno proyecto de renovación de las orillas del Nilo con zonas peatonales, restaurantes, cafés, áreas de descanso, un teatro y muelles para barcos, que se extiende entre los Puentes Imbaba y 15 de Mayo.

La idea era transformar el paseo marítimo tradicional en un espacio público más accesible y tranquilo, sin tráfico ni vendedores pesados, limpio y moderno, dotado de pérgolas, zonas ajardinadas e iluminación que permite recorrerlo tanto de noche como de día, admirando de paso unas bonitas vistas panorámicas del Nilo.

Vale. Estupendo. La sorpresa nos la llevamos cuando nos pidieron que pagásemos una entrada al llegar a uno de los accesos que estaban abiertos, pues la mayoría permanecían bloqueados y otros son exclusivos para los barcos y sus restaurantes de lujo. Sin ser una cantidad alta (25 EGP), nos dejó un poco descolocados, así que decidimos primero dar un paseo por la parte superior, desde donde se ve el panorama sin pagar.


Más adelante, a la altura del Puente del 26 de Julio, pagamos la entrada. Ciertamente, resulta muy cómodo y agradable pasear por allí. Había muchos turistas y algunos jóvenes locales, pero no parecía un lugar muy visitado por las clases populares cairotas. Claro que quizás es lo que se pretende… Ya de noche, volvimos al hotel. La comida egipcia había sido muy contundente, así que no teníamos mucho apetito y cenamos unas hamburguesas en el Court Garden.

Al día siguiente por la mañana, hicimos las visitas a Saqqara y Dashur que he relatado en la etapa anterior.
Paseo nocturno por El Cairo.
Cuando terminamos, volvimos a nuestro hotel de El Cairo. Llegamos pasadas las cuatro de la tarde, así que tomamos algo ligero en la cafetería, pues esa tarde teníamos cena en el centro. Como habíamos hecho varios tours con ellos, recibí un importante descuento de Viator para un tour nocturno por El Cairo con cena incluida. No nos quedaba mucho tiempo para movernos por nuestra cuenta y nos daba pereza lidiar con el tráfico y con los taxis, así que, aunque pudiera ser una turistada, me atrajo la idea de caminar de noche por Jan al Jalili. Así que acepté.


Nos vinieron a buscar a las seis y media. Era un pequeño grupo de siete personas, nosotros dos, tres holandeses y una pareja hispano-peruana. Durante el viaje era la primera vez que compartíamos tour y nos resultó algo extraño, pero también agradecimos intercambiar impresiones con otros turistas.
Paseo en faluca tradicional.
En primer lugar, fuimos al embarcadero, frente al Hotel Four Seasons, para tomar una faluca tradicional, de las que no llevan motor. Ciertamente son otra cosa. Se respira silencio y tranquilidad mientras la barca, hábilmente pilotada por un señor mayor que se ha dedicado toda su vida a eso, se deslizaba sobre las aguas del Nilo.



Un paseo fluvial muy agradable, con unas bonitas panorámicas en tanto caía la tarde sobre El Cairo.


Recorriendo la calle Al-Muizz.
Ya era totalmente de noche cuando allegamos frente a las antiguas murallas; cruzamos la Puerta Al-Futuh y ya estábamos en la calle Al Muizz, de un kilómetro de longitud y que fue durante siglos la principal de El Cairo.

Entramos a ver la Mezquita Al Hakim, tras descalzarnos y dejar los zapatos en unos estantes, como es preceptivo. Su origen se remonta a 1013, pero fue restaurada con mármoles y lámparas doradas durante el siglo pasado y solo conserva los alminares de la construcción original, aunque no pudimos distinguirlos porque estaban cubiertos por toldos. No me llamó demasiado la atención.


A partir de ahí, nos metimos de lleno en la vorágine de las tiendas y los puestos callejeros, que vendían todo tipo de cosas. Yo no tenía intención de comprar nada porque ya había comprado todo lo habido y por haber en mi anterior viaje, además, últimamente me he vuelto muy comedida. Así que nada de visitar a Jordi esta vez.



Aparte de las tiendas, recorrer esta calle no deja de llamar la atención, repleta de antiguas mezquitas, torres, palacios, arabescos, hammams, terrazas de madera, casas medievales… No hay que perdérselo ni de noche ni de día, porque el ambiente es distinto. No voy a enumerar lo que fuimos viendo porque me equivocaría; solo pondré unas fotos.


Tras caminar medio perdidos por callejones laberínticos, tomamos el inevitable té con menta en el Fishawy Café (el Café de los Espejos), que abrió sus puertas en 1769 y se ha convertido en un referente turístico cairota. Creo que nos sentamos en la misma mesa de la vez anterior, en el exterior, viendo pasar a un enjambre de personas.


En un puesto callejero, probamos unos dulces tradicionales, llamados zalabyas: unas bolitas crujientes por fuera y esponjosas por dentro, elaboradas con una masa que lleva harina, almidón de maíz, levadura, azúcar y agua. Se fríen en aceite caliente hasta que se doran y luego se sumergen en almíbar o miel. Una especie de buñuelos. Muy ricos. También tomamos falafel, que estaba delicioso. Luego fuimos a cenar khosari, el plato nacional egipcio. Lo habíamos tomado el día anterior en Alejandría para comer, pero el guía nos dijo que el mejor khosari del mundo se hace en el restaurante Abu Tarek, donde va la gente local, aunque últimamente se ha puesto de moda en algunos tours y entre los turistas que indagan un poco. Realmente el khosari estaba muy rico, aunque me pusieron tal cantidad que me sobró la mitad. Además, me han comentado que es económico. El guía pagó la cena, así que ignoro el precio. La bebida era por nuestra cuenta y cada botella de agua de medio litro nos costó 10 libras, el precio más barato de todo el viaje.

Volvimos al hotel y ahí finalizó prácticamente nuestro segundo viaje a Egipto, pues al día siguiente salíamos para Madrid. Un guía, un chaval muy majo que aseguraba tener una novia valenciana, nos vino a buscar con un coche y un conductor. Nos acompañó a facturar y a rellenar la tarjeta de salida, similar a la de entrada, que tuvimos que entregar en el control de pasaportes. El avión de EgyptAir despegó puntual a las 10:20 y, tras cinco horas de vuelo, llegamos a casa sin incidencias dignas de mención.

Recuerdos de nuestro primer viaje a El Cairo.
En esta ocasión nuestro recorrido por El Cairo fue breve, así que no quiero terminar este diario sin citar otros lugares que visitamos en 2010, pues sin conocerlos cualquier viaje se quedaría algo cojo.

Ciudadela de Saladino.
Construida en la colina de Mokattam por Saladino en 1176 para defender la ciudad de los cruzados, fue la sede del gobierno desde el siglo XIII al XIX. En su interior, se hallan la Mezquita al-Nasir, el Palacio Gawhra, el Palacio Ablaq, el Pozo de Yusuf y, sobre todo, la Mezquita de Muhammad Ali, edificada entre 1830 y 1848, también conocida como la Mezquita de Alabastro por el material que la recubre. Destaca su sala de oración, decorada con mosaicos, piedras preciosas, alfombras y una gran lámpara. En el patio está el reloj que nunca funcionó, regalo de Luis Felipe I de Francia a cambio del obelisco del Templo de Luxor que se exhibe en la Plaza de la Concordia de París. Se ha convertido en uno de los símbolos de El Cairo.


Además, desde las fortificaciones se contempla pudimos una fantástica panorámica de El Cairo, teniendo en primer plano dos mezquitas muy interesantes que visitamos en otro momento por nuestra cuenta. La Mezquita del Sultán Hassan es un gran ejemplo de arquitectura del periodo mameluco. De grandes dimensiones, con 150 m. de largo, muros de 36 m. de alto y un minarete que alcanza los 68 m. La Mezquita Al Rifai está separada de la anterior por una estrecha calle peatonal y aunque por su aspecto parezca lo contrario, es cuatro siglos posterior, pues se terminó en 1912.

También visitamos el Barrio Copto, con la Iglesia de Santa Bárbara y alguna otra que no recuerdo, pues no conservo fotos; así como la sinagoga. Por supuesto, no faltó el Museo de Antigüedades Egipcias, el más importante entonces, cuando el GEM todavía era un proyecto. Paseamos mucho por los alrededores de Jan el Jalili, compramos en Jordi, vimos varias mezquitas y fuimos hasta el final de Al Muizz, donde los puestos callejeros son más para los locales que para los turistas. No faltó el té con menta en el Fishawy Café, aunque con menos gente al ser de día. Y otras muchas escenas de la ciudad que aún me gusta repasar y que no parecen haber cambiado demasiado con el paso del tiempo.




Tampoco se me olvidan los mercados de ganado (ahora no los he visto, aunque sí los de aves en Alejandría), la ciudad de los muertos, los barrios periféricos y los cafés. El Cairo, eterno El Cairo, con su enjambre de escombros y minaretes.



De nuevo en el momento actual, para acabar este diario kilómetrico, solo me queda añadir que cuando emprendí este viaje estaba segura de que me quedaría satisfecha y no tendría ganas de volver. Ahora no lo tengo tan claro. Así que ¡hasta siempre, Egipto! 

