Cuando acabamos en las pirámides, el conductor debía llevarnos de vuelta al hotel, pero como íbamos al GEM, le comentamos al guía si nos podía dejar en la entrada, que está apenas a dos kilómetros. Tras consultar con la agencia, nos contestó que sin problema, pero que tendríamos que regresar al hotel por nuestra cuenta. Por supuesto, era lo que teníamos previsto; así que dicho y hecho: un taxi (y su negociación) que nos ahorrábamos.
Gran Museo Egipcio.
Horario: Domingos, lunes, martes, jueves y viernes: complejo general, de 08:30 am a 07:00 pm; galerías, de 09:00 am a 06:00 pm. Los miércoles y los sábados hay horario ampliado: complejo de 08:30 am a 10:00 pm; galerías de 09:00 am a 09:00 pm. La última entrada, siempre una hora antes del cierre. Al reservar la entrada, hay que elegir una franja horaria para el acceso (08:30 a 11:00; 11:00 a 13:00; 13:00 a 15:00 y 15:00 a 17:00). Se puede entrar después, pero no antes del primer horario escogido. Una vez dentro, se puede permanecer todo el tiempo que se desee en el interior hasta el cierre de cada recinto.
Precio: adultos, 1.590 EGP; niños entre 6 y 12 años y estudiantes, 800 EGP.
Nosotros llevábamos las entradas compradas online. Según los días de nuestra estancia en El Cairo (sábado, domingo, lunes y martes), estaba claro que teníamos que ir el sábado para beneficiarnos del horario ampliado por la tarde, pues queríamos tomarnos la visita con toda tranquilidad. Dio la coincidencia de que ese día visitábamos las pirámides a primera hora, así que nos vino fenomenal para, después, acercarnos al Museo. Escogí la franja horaria de 11:00 a 13:00, quizás la más solicitada, aunque no nos preocupaba demasiado, pues teníamos pensado quedarnos hasta el cierre si era preciso. Se puede contratar una visita guiada, pero como disponíamos de mucho tiempo preferimos movernos completamente a nuestro aire. La decisión es muy personal, por supuesto. Todas las piezas están numeradas y tienen una explicación en árabe e inglés, donde figura también la sala en la que se expone (pongo un ejemplo).


El complejo del GEM visto desde el exterior ya impresiona. Inaugurado el 1 de noviembre de 2025, exhibe más de 100.000 piezas en un espacio de 500.000 m2, el doble que el Museo del Louvre. Nos hacía mucha ilusión visitarlo, de hecho fue el motivo por el que tardamos tanto tiempo en volver a Egipto.

El edificio principal consta de seis grandes galerías ascendentes, a las que hay que añadir otro edificio independiente donde se encuentra la Barca Solar de Keops. En el GEM, los objetos no aparecen ordenados cronológicamente de un modo estricto, como en el museo antiguo, sino de una forma más aleatoria, distinguiéndose cinco bloques temáticos: el Gran Hall y la escalinata con las 10 estatuas de Sesostris I, la Gran Escalinata de acceso a las dos exposiciones, el edificio de la Barca Solar de Jufu (Keops), las dos galerías del tesoro de Tutankamon y las doce salas histórico-temáticas, llamadas galerías principales.

En el patio, frente a la entrada, nos encontramos con el obelisco de Ramsés II, ubicado sobre una estructura de cuatro patas que permite ver la inscripción del cartucho del faraón en su base. Todo el entramado es alucinante, empezando por la colosal estatua de granito rojo y 11 metros de altura de Ramsés II que nos da la bienvenida en el vestíbulo principal.





Llegamos poco después de las once. Sabíamos que en el complejo hay varios restaurantes, así que íbamos con la idea de almorzar allí, lo que nos permitiría perder el menor tiempo posible. Pero no contábamos con que la restauración está en el recinto exterior, fuera de la zona de exposiciones, y que, una vez dentro (hay que pasar los tickets por un torno), no se puede salir y volver a pasar con la misma entrada. Así que teníamos un problemilla, que rápidamente solucionamos: haríamos tiempo visitando primero el Museo de las Barcas Reales, uno de los lugares imprescindibles en el GEM.
Museo de las Barcas Reales.
Está incluido en el precio de la entrada general, pero se encuentra pasando el vestíbulo principal, saliendo al exterior y dejando a la izquierda el recinto de las galerías de exposiciones. El edificio es fantástico, aunque su contenido resulta aún más sorprendente.

Al atravesar una puerta en forma de arco, salimos a un patio gigante acristalado donde se exhibe la gran nave, de 43 metros de longitud, construida en madera de cedro del Libano. En 1954, fue descubierta en una fosa junto a la gran pirámide, sellada y desmontada en 1.224 piezas, que se tardaron 14 años en unir utilizando solo cuñas de madera y soga de cáñamo, materiales utilizados en el antiguo Egipto. Aunque algunas marcas en la madera lo sugieren, no está claro si la barca se utilizó antes de ser enterrada o si se trataba de una ofrenda al dios-sol o si estaba destinada al viaje del faraón a través por las aguas eternas del firmamento.

El barco mide 43 metros de largo y 5,9 de ancho. Mediante pasarelas y rampas, es posible contemplarla completamente, de proa a popa, por arriba y por abajo.




Al lado, se exponen los restos de una segunda barca, montados en una estructura moderna a tamaño real. También es impactante, pero no tiene nada que ver con la principal. Hay un espacio con paneles informativos, explicando los antecedentes de las barcas, su hallazgo, la manera en que se ensamblaron los restos y su traslado al GEM desde el museo antiguo, en el recinto de las pirámides.


Se nos fue un buen rato en el Museo de las Barcas, tanto que decidimos comer algo antes de entrar al recinto de las Galerías, pues una vez dentro, solo podríamos salir cuando hubiésemos terminado definitivamente nuestra visita. Había mucha gente, así que después de pasar un buen rato sentados en la mesa de uno de los restaurantes sin que nos atendiesen, fuimos a un local de platos y bocadillos preparados. Nada del otro mundo, pero fue barato y nos despacharon enseguida. A continuación, nos dispusimos a adentrarnos en el núcleo del museo.

Vestíbulo y escalera de Sesostris I.
A la izquierda, en una escalinata, divisamos diez estatuas de Sesostris I, cuya figura encarna la unión de las dos tierras mediante la representación de la unión del Alto y Bajo Egipto en los tronos donde está sentado.


Además de dar acceso a las salas de exposiciones, la Gran Escalina exhibe 59 piezas únicas en sus escalones. Destaca el Sarcófago de piedra de Tutmosis I, con textos escritos en jeroglíficos y representaciones de deidades. Había tanta gente en esta zona, que subimos directamente por la escalera mecánica hasta las salas de exposiciones, dejando la escalinata para el final. Fue un acierto.



La parte superior de la escalera conduce a las salas histórico-temáticas, si bien previamente nos asomamos a un mirador sobre las pirámides. Allí mi marido y yo nos separamos para verlo todo cada uno a su aire y a su ritmo.


Galerías temáticas.
Son doce y están organizadas por orden cronológico. Traté de respetar ese orden, pero había tanta gente que pronto me di cuenta de que sería mejor saltarme las primeras salas, ya que según me alejaba del comienzo, el número de visitantes disminuía. Además, podía sortear más cómodamente a los grupos y sus guías. Por supuesto, ni se me pasó por la cabeza ir, de momento, a visitar las salas donde está el Tesoro de Tutankamón.



Mi estrategia dio buen resultado y fui viendo piezas tranquilamente, leyendo la información en inglés y haciendo fotos. Poco a poco, avancé por las salas, tratando de no desfallecer en el intento. Pero hay tantas piezas que, al final, decidí prestar una atención mayor a las que tenían en su panel informativo el dibujo de unos auriculares, lo cual significaba que se trata de una pieza destacada, mencionada en la audio-guía oficial (no la adquirí porque me dijeron que no funciona muy bien).



Está permitido hacer fotos en todo el Museo (salvo que se indique lo contrario), aunque en las Salas del Tesoro de Tutankamón tienen que tomarse con dispositivos móviles. Así que tentación se convirtió casi en vicio y me empleé a fondo con la cámara, pese a que muchas fotos no salieron bien por los destellos de las luces y los reflejos en los cristales de las vitrinas que protegen a muchas piezas. Bueno, para mí lo que importa es haberme traído el recuerdo de tantas maravillas.




Además de las esculturas destacadas que se encuentran en la escalinata, tras consultar algunas revistas especializadas, anoté algunas piezas de las consideradas "imprescindibles" y las fui buscando, aunque entre el maremagnum de fotos que tengo no he conseguido casarlas. En la sala 2, el Ajuar de Hetepheres, madre de Keops en la sala 2. Hallado en una tumba cercana a la pirámide de Keops, es el más suntuoso de la IV dinastía: baldaquino, cama, reposacabezas recubiertos de oro, cofre de alabastro, brazaletes, litera de transporte…



En la sala 4, el ataúd de madera de Senbi, con vivos colores y una decoración que presenta la fachada del palacio real. En un lado, están los dos ojos de Horus, con los que el difunto observaba eternamente el renacer diario del sol por oriente. También en la sala 4, destaca la escultura de la Gestación de Horus, con el mito de Isis y Osiris, cuyo cuerpo inerte, amortajado y con la corona del Alto Egipto se ofrece a Isis, quien en forma de pájaro aletea sobre el pene oculto de su esposo para engendrar a Horus.




En la sala 7, está la escultura del sacerdote Ramessesnakht, cuyo tocado exhibe juegos metafóricos y simbólicos. Y también se puede contemplar la colección de ostraca, fragmentos de piedra caliza empleados como pizarras para aprender a escribir, dibujar o hacer esbozos. Muchos proceden del pozo de Deir-el-Medina que habíamos visto días atrás. Hay bellas imágenes, como la diosa cobra, flores, figuras humanas, animales, etc. También en la sala 7, las estatuas de Amenhotep, hijo de Apu, también llamado Hui, uno de los personajes más influyentes de Egipto: escriba, sacerdote, sabio y arquitecto de algunas de las columnas de Karnak y Luxor en el reinado de Amenhotep III. Lo recordé de algunas novelas de Christian Jacq que había leído en mi juventud. En la sala 8, destaca la escultura de Hatshepsut, que aparece arrodillada, ofreciendo dos jarras-un a Amón-Ra, su verdadero padre según la leyenda, lo que legitimaba su reinado como faraón pese a ser una mujer. En la sala 9, está la estela de granito de la restauración, flanqueada por dos estatuas de Tutankamón, donde se narra cómo se restauró el culto a Amón, aboliendo el culto a Atón establecido por Akhenaton.




Lo que he citado, naturalmente, solo es una mínima referencia de las piezas más destacadas que alberga el Museo, pues se necesitarían varios días enteros para descubrir siquiera una parte de los increíbles tesoros que contiene. Sería imposible casar siquiera las fotos que tengo con sus respectivas piezas, pero no me resisto a poner algunos collages. De verdad que me entran ganas de volver.


