Los próximos dos días los aprovechamos para disfrutar de la sierra de las Cascadas y de la compañía de nuestras amistades, así que aquí toca hablar un poco de ellas (y de la cocina de que disfrutamos esos días)
Realmente, no creo que hubieramos podido estar mejor que donde estábamos. Teníamos una espectacular habitación, mucho mayor que la del mejor hotel, con una cama King, un magnifico baño privado, nuestra tele y una terraza con vista a los bosques y la sierra. Estábamos rodeados de paisajes preciosos y de buenos amigos. Y, encima, Mary Margaret hacia ya unos años que había decidido abandonar la carrera que había estudiado en la universidad para ingresar a un instituto culinario, donde paso 2 años perfeccionando su arte como chef. Después de trabajar en algunos restaurantes, ha optado por dedicarse a organizar, por periodos determinados, la cocina de residencias particulares de cierto nivel o de “spas”. De mas esta decir que en esas tres noches tuvimos unas aventuras gastronómicas impresionantes organizadas por nuestra amiga utilizando los materiales proveídos por Pat, que sale con frecuencia en su barco de recreo y acababa de traer mas de 40 kilos de salmón Coho y King, y un montón de cangrejos de Dungeness, de una expedición pesquera por las islas San Juan. No esta mal, verdad?
Esa primera noche Mary Margaret nos preparo una cena a la griega. Chuletitas de cordero a la barbacoa, ensalada campesina (con productos de la huerta de la casa), tsatziki, unas patatas exquisitas al grill con una salsa de limón y un buen vino del valle del río Columbia. Mientras cenábamos, nos contó sus aventuras durante los últimos tres meses, cuando estuvo trabajando como chef particular en un gran yacht privado de súper lujo en el que un millonario de Alaska pasa el verano con sus familia y unos 15 o 20 huéspedes (el numero, al parecer, varía de un día para otro) pescando por la zona, visitando fiordos inaccesibles para los cruceros y parando en islas poco exploradas donde se veía a los osos pescar salmones al borde del mar. A pesar de que la experiencia fue increíble, nos aseguro no lo volvería a hacer porque le resulto muy difícil alejarse de su casa y de los suyos por tanto tiempo.
Al día siguiente, nuestra anfitriona nos despertó en plan mejicano, con quesadillas de gambas gigantes que, aunque la idea suene un poco rara, estaban buenísimas y una tarta casera. Una vez desayunados, y bien desayunados, decidimos pasar el día en el cercano North Cascades National Park, otro parque nacional adonde yo no había estado en mucho tiempo y que mi señora no conocía. North Cascades es uno de los parques nacionales mas jóvenes del país, uno de los tres que hay en Washington (los otros son Mt. Rainier y el Olympic) y uno de los menos conocidos. A propósito, el parque esta cruzado solo por una carretera que discurre de este a oeste. Por lo tanto, la gran mayoría de los lugares de interés son accesibles solo por senderos. El parque, que es enorme, contiene paisajes absolutamente espectaculares, pero es casi todo zona oficialmente “salvaje” (solo se puede entrar andando o a caballo). Tiene la mayor concentración de glaciares en los EEUU contiguos (es decir, sin contar Alaska, que es la madre y la abuela de los glaciares).
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Donde primero paramos fue en Diablo Lake, que es, en parte, el resultado de una represa. Ya allí vimos los típicos colores azul turquesa y verde azul del agua de los lagos de la zona, que toma ese color gracias a la arenilla que se desprende de los glaciares. La verdad que el color del agua es increíble y el paisaje, con los lagos rodeados por altísimos picos nevados y profundos bosques, parece de calendario. Aquí realmente no tiene gracia tirar una buena foto porque, para donde quiera que se apunte el lente, los resultados acaban siendo, por fuerza, extraordinarios.
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Visitamos primero el embarcadero que hay en Diablo Lake. Se toma allí un ferry que cruza el lago y lleva una especie de “resort”, inaccesible por carretera, a una hora de distancia por agua y a mucha mas distancia andando si se baja desde un parking. Me imagino que debe ser un lugar súper agradable para estar unos días, pero no llegamos a visitarlo. Continuamos subiendo un poco hasta llegar a unos riscos desde donde se ve una impresionate vista de Ross y Diablo Lakes. Nuevamente, el color de los lagos es impresionante. Como comento TrekOrange, uno de los foreros, el color recuerda mucho al del también fabuloso Payto Lake en las rocosas canadienses pero estos lagos, me parece, son un poco mayores. Que crees Mapani?
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Después de visitar el mirador no quedo mas remedio que volver a casa, porque se iba haciendo tarde y a todos nos apetecía ya comer algo. Pat tenia idea de que probáramos unas hamburguesas en un pueblo cercano que, según el, estaban muy bien y acabamos por marcharnos. Las hamburguesas estaban muy ricas pero yo hubiera preferido seguir hasta Winthrop, un pueblito en un valle al otro lado de la cordillera que, segun recuerdo, parece haber salido directamente de un Western. Otra vez será…. Por la noche, y ya en casa, tuvimos un pequeño refrigerio que consistía en una cacerola de cangrejo de Dungeness con alcachofas y crema (para morirse de bueno), pan hecho en casa y un Riesling de Washington. Paradise… De nuevo…
El día siguiente lo pasamos descansando en casa de nuestros amigos. No nos apetecía hacer otra cosa, la verdad, así que dedicamos el día a charlar, ver algunas de las fotos que habíamos traído, jugar a las cartas, caminar por la zona y, esa noche, dar cuenta de un fabuloso salmón a la barbacoa acompañado por una ensalada tipo Auvergne con queso de chevre y unas verduras de la huerta al grill que, nuevamente, eran un escándalo. Esta vez el vino lo puse yo. Me había traído un Ribera del Duero de nuestra casa en la Florida (por allá no se ven muchos los vinos españoles, aunque haberlos, si que los hay). Aqui van unas fotos de parte de la huerta, el King salmon en la barbacoa y la mesa del "family room" informal donde cenabamos.
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Al día siguiente no nos quedo más remedio que hacer camino. Íbamos en dirección a la península olímpica, los bosques de lluvia y la costa de Oregon, lugares todos espectaculares pero la verdad es que, en ese momento, a los dos nos hubiera apetecido quedarnos por allí más tiempo. Nos despedimos de nuestros amigos con tristeza pero haciendo planes de vernos en el invierno en la Florida, de forma que ellos se puedan escapar un poco del mal tiempo y de la lluvia y que nosotros podamos disfrutar de su compañía . Espero que así sea y que los tengamos unos días por casa. Después de todo, la Florida tampoco esta mal y, si a Mary Margaret le da por cocinar, pues miel sobre hojuelas….