Hoy toca de nuevo día de viaje largo: nos vamos a Maramures.
Despedimos Bucovina con un desayuno extraleeentooo y ligeramente extradesesperante (ay, ay, esta pensiunea Elegance), y también con la mente llena de mil imágenes bellísimas que nos gustaría volver a ver. No nos habíamos ido y ya nos estaba entrando la nostalgia (creo que esto de viajar en plan road movie no es lo mío).
El límite entre Bucovina y Maramures lo marca el alto de Prislop. Es impresionante, bosques inmensos de abetos hasta el infinito. Y en lo alto del paso, no podía ser de otro modo, un gran monasterio en construcción, un cementerio militar (¿?) y puestecillos de chucherías variadas.
Despedimos Bucovina con un desayuno extraleeentooo y ligeramente extradesesperante (ay, ay, esta pensiunea Elegance), y también con la mente llena de mil imágenes bellísimas que nos gustaría volver a ver. No nos habíamos ido y ya nos estaba entrando la nostalgia (creo que esto de viajar en plan road movie no es lo mío).
El límite entre Bucovina y Maramures lo marca el alto de Prislop. Es impresionante, bosques inmensos de abetos hasta el infinito. Y en lo alto del paso, no podía ser de otro modo, un gran monasterio en construcción, un cementerio militar (¿?) y puestecillos de chucherías variadas.

Dimos un pequeño paseo para disfrutar de un paisaje espectacular y de la variada fauna humana que había allí arriba: muchos turistas (italianos), rumanos con el traje de los domingos (vimos nuestra primera mujer con el traje típico y nos empeñamos en robar la foto ¡no sabíamos lo que se nos avecinaba!), familias que iban a pasar el día, gitanos trashumantes vendiendo moras y frutos del bosque (había muchos en esta zona, viviendo en campamentos a orillas de ríos), pastores con sus rebaños de lanudas cabras.
Seguimos camino disfrutando de la naturaleza y de las peculiaridades de los pueblos que vamos pasando. Nos llamó la atención especialmente Ciocanesti, con sus casas adornadas con motivos florales y geométricos.
Seguimos camino disfrutando de la naturaleza y de las peculiaridades de los pueblos que vamos pasando. Nos llamó la atención especialmente Ciocanesti, con sus casas adornadas con motivos florales y geométricos.

Metidos ya en pleno Maramures, los pueblos nos parecieron más feos y destartalados, pero se compensaba con el paisaje y... cómo decirlo, con la impresión que causaba el paisaje. Maramures es una zona más abrupta que Bucovina, aunque no llega a haber montañas altas. Los bosques tienen una vegetación muy variada: arces, álamos, castaños... y el suelo está salpicado de mil florecillas de colores. Todo esto le da un aire hermoso y, a la vez, algo salvaje.
De pronto, al llegar a Moisei la gran sorpresa del viaje: hoy es 15 de agosto, el día de la Virgen María ¡y todos los pueblos de esta zona tienen romería!
Fue fantástico, el sueño de cualquier viajero. En pocos kilómetros nos encontramos en caravana entre multitud de personas vestidas con trajes típicos: amplias faldas y blusas bordadas las mujeres, pequeños sombreritos los hombres. Todos iban muy contentos en el día grande de su pueblo, contrastan dos tipos humanos muy diferentes y de rasgos muy marcados: los eslavos, casi rusos, y los zíngaros.
Por si esto fuera poco, nos cruzamos con grupos de niños y jóvenes, todos vestidos de blanco, portando los iconos de la Virgen por la calle y cantando canciones en su honor. Detrás de estas pequeñas procesiones, grupos de viejecillas del pueblo, en línea cogidas del brazo, con sus pomposas faldas y sus pañuelos a la cabeza. Era precioso. Con un poco de pudor, pero emocionados con lo que veíamos, hicimos fotos para guardar en nuestra memoria algo tan bello. Resultaba muy emocionante.
De pronto, al llegar a Moisei la gran sorpresa del viaje: hoy es 15 de agosto, el día de la Virgen María ¡y todos los pueblos de esta zona tienen romería!
Fue fantástico, el sueño de cualquier viajero. En pocos kilómetros nos encontramos en caravana entre multitud de personas vestidas con trajes típicos: amplias faldas y blusas bordadas las mujeres, pequeños sombreritos los hombres. Todos iban muy contentos en el día grande de su pueblo, contrastan dos tipos humanos muy diferentes y de rasgos muy marcados: los eslavos, casi rusos, y los zíngaros.
Por si esto fuera poco, nos cruzamos con grupos de niños y jóvenes, todos vestidos de blanco, portando los iconos de la Virgen por la calle y cantando canciones en su honor. Detrás de estas pequeñas procesiones, grupos de viejecillas del pueblo, en línea cogidas del brazo, con sus pomposas faldas y sus pañuelos a la cabeza. Era precioso. Con un poco de pudor, pero emocionados con lo que veíamos, hicimos fotos para guardar en nuestra memoria algo tan bello. Resultaba muy emocionante.



Pasada la hora de las procesiones y festejos, avanzamos un poco más rápido. En los pueblos que cruzamos vimos que, al ser domingo, no se trabajaba en el campo y todo el mundo estaba sentado en la puerta de su casa, viendo pasar gente y coches por la calle principal. Cuando era muy pequeña recuerdo algo parecido en mi pueblo, ya no. Aquí el ritmo es distinto, volvemos atrás en el tiempo. Las emociones siguen a flor de piel.

Llegamos a Rozavlea, nuestra primera parada, con idea de ver la iglesia de madera más antigua de Maramures. Aquí casi cada pueblo tiene una iglesia de madera, y cada uno se pelea por ponerle un título: la más antigua, la más alta, la más.... ¡cómo si eso hiciera falta!
Entramos después de pasar un precioso portón de madera tallada y encontramos una pequeña iglesia bellísima, con una torre cubierta de lascas de madera que brillaban al sol. Las lascas eran muy finas y daban una extraña impresión de ligereza a pesar del color oscuro. Había silencio y soledad. La iglesia algo misteriosa con las tumbas del pequeño cementerio tan cerca, contrastaban con el bullicio del día de fiesta de fuera.
Entramos después de pasar un precioso portón de madera tallada y encontramos una pequeña iglesia bellísima, con una torre cubierta de lascas de madera que brillaban al sol. Las lascas eran muy finas y daban una extraña impresión de ligereza a pesar del color oscuro. Había silencio y soledad. La iglesia algo misteriosa con las tumbas del pequeño cementerio tan cerca, contrastaban con el bullicio del día de fiesta de fuera.


Continuamos viaje hasta Barsana. Por el camino no dejamos de admirar los portones de madera que cualquier casa particular posee, cada vez más abundantes.

La fiesta sigue y nos cruzamos en nuestro camino con multitud de bodas: limusinas, todoterrenos, dacias... todo profusamente adornado.
Barsana es un gran monasterio de amplio recinto. Todo es nuevo, pero sigue fielmente la tradición de la construcción en madera de la zona. Provoca además gran devoción entre los rumanos, siendo uno de los monasterios más visitados. A pesar de ello, y del día que es, lo vimos casi en solitario, suponemos que por la hora y el calor. Al igual que en Bucovina, este monasterio también es llevado por monjas. En sus distintas dependencias se ha cuidado al detalle la talla de madera, todo guarda proporción y resulta perfecto, rodeado de arboleda y rosaledas, el pequeño río que lo cruza, el pozo... Sin embargo, no llega a trasmitir la misma extraña sensación de paz y misterio que inspiraba la vieja iglesia de Rozavlea.
Barsana es un gran monasterio de amplio recinto. Todo es nuevo, pero sigue fielmente la tradición de la construcción en madera de la zona. Provoca además gran devoción entre los rumanos, siendo uno de los monasterios más visitados. A pesar de ello, y del día que es, lo vimos casi en solitario, suponemos que por la hora y el calor. Al igual que en Bucovina, este monasterio también es llevado por monjas. En sus distintas dependencias se ha cuidado al detalle la talla de madera, todo guarda proporción y resulta perfecto, rodeado de arboleda y rosaledas, el pequeño río que lo cruza, el pozo... Sin embargo, no llega a trasmitir la misma extraña sensación de paz y misterio que inspiraba la vieja iglesia de Rozavlea.


Continuamos hasta llegar a Surdesti. Aquí sí que dimos vueltas y vueltas hasta encontrar nuestra pensiunea. Pasamos mil veces por un cruce (punto de encuentro de los canis del lugar, por lo que se veía) y el único sitio que nunca llegamos a coger, es era la dirección correcta, suele pasar ¿no? Todo el mundo al que preguntamos se deshacía intentando indicarnos la dirección y, finalmente, llegamos gracias a una pareja que estaba sentada tranquilamente en la puerta de su casa y que ¡coge su coche! y nos guía hasta el lugar.
La pensiunea Amethyst es el sitio para quedarse en Maramures, recomendable, recomendable, recomendable. Es una gran casa tradicional en mitad del campo, con estructura de madera. La habitación que nos dieron era más pequeña de lo que habíamos reservado, pero no nos importó porque era preciosa, con suelo, techo y paredes de madera. Un agradable olor a madera de pino lo inundaba todo, como si fuéramos a dormir en mitad del bosque. El gran balcón daba al cuidado jardín y al huerto de la casa. Mi hija decía que parecía una casa de muñecas, y realmente tenía ese aire. Toda la casa estaba decorada siguiendo las tradiciones de la zona, y los pasillos los adornaban viejos husos, colecciones de minerales, platos y paños bordados.
La pensiunea Amethyst es el sitio para quedarse en Maramures, recomendable, recomendable, recomendable. Es una gran casa tradicional en mitad del campo, con estructura de madera. La habitación que nos dieron era más pequeña de lo que habíamos reservado, pero no nos importó porque era preciosa, con suelo, techo y paredes de madera. Un agradable olor a madera de pino lo inundaba todo, como si fuéramos a dormir en mitad del bosque. El gran balcón daba al cuidado jardín y al huerto de la casa. Mi hija decía que parecía una casa de muñecas, y realmente tenía ese aire. Toda la casa estaba decorada siguiendo las tradiciones de la zona, y los pasillos los adornaban viejos husos, colecciones de minerales, platos y paños bordados.


Bajamos a cenar. No hay carta, esta es una pensiunea de las de verdad, se come lo que la dueña ha preparado. Hoy tocaba una sopa deliciosa, y muchas más cosas de las que nos podemos comer, todo exquisito.
Al hacerse de noche dimos un pequeño paseo por los alrededores (eso quiere decir, entre un huerto y un campo de maíz). Empezaba una tormenta, de poderosos rayos y ruidosos truenos. Incluso llegó a irse la luz por un momento. Todo es agreste en Maramures.
Al hacerse de noche dimos un pequeño paseo por los alrededores (eso quiere decir, entre un huerto y un campo de maíz). Empezaba una tormenta, de poderosos rayos y ruidosos truenos. Incluso llegó a irse la luz por un momento. Todo es agreste en Maramures.
Recorrido del día: Gura Humorului - Rozavlea - Barsana - Surdesti.
Kilómetros: 270 aproximadamente.
Tiempo: unas 9 horas (con caravana por las fiestas, paradas y visitas)