Nuestro último día en Tokyo lo dedicamos a ver cosas del día a día japonés.
Lo primero que hicimos fue dirigirnos a la estación de tren que solíamos coger, Ueno (ficha), y nos metimos en el enorme parque que había detrás. Tengo que decir que cada parada de la línea Yamamote da la sensación de llevarte a distintas ciudades dentro del mismo Tokyo. Entorno a cada parada de tren hay un montón de vida, tiendas, empresas, sus propios puntos turísticos... y Ueno aunque menos conocido no es menos.
Dentro del parque de Ueno nos encontramos todas esas cosas que nos podemos encontrar si vamos al retiro: músicos, ancianos dando paseos, chavales haciendo deporte (baseball en este caso), pequeños edificios (algunos de ellos templos), estanques...
Volvimos a salir casi por el mismo punto por el que habíamos entrado en el parque, pero un poco más al sur y anduvimos un rato por la calle que circulaba bajo las vías del tren:
Fue genial, el aperitivo de por la mañana ( pinchos de piña, que no lo he dicho pero para entonces ya me había aficionado, la fruta es muy cara en Japón pero algo hay que tomar ), mirar tiendas de ropa, alguna de electrónica... y tras mezclarnos con los locales un rato cogimos el tren a la zona de Tokyo que queríamos visitar, Shinjuku (ficha).
Llegamos a la hora de comer y después nos dimos una vuelta por las calles de tiendas al este de la estación de tren de Shinjuku. Visitamos Kabukicho (lo que sería el barrio rojo de Tokyo, aunque ya os digo yo que de día es un poco aburrido) y las calles de tiendas de electrónica (como veis por lo que llevo contado de esto abunda en Japón). Nos tomamos unas cervezas (no yo, por si algún amigo lee esto y dice que miento) y nos fuimos al lado oeste del barrio, al distrito financiero. Pero no antes sin de entrar a un "pachinko", sitio entrañable donde los japoneses gastan su dinero en máquinas tragaperras de manera continuada (y un horror para mi, el ruido de las máquinas es infernal, no pude estar dentro más de 2 minutos).
Ya en la parte financiera todo el mundo de traje andando por las calles, todo muy limpio. Lo mejor fue la "alcaldía" de Tokyo... más conocido en japonés como el "Tocho"... el que le puso el nombre tenía que saber español porque lo clavó:
Un rascacielos!!!! Cierto es que el "área metropolitana de Tokyo" tiene 55 millones de habitantes, más que toda España... pero vamos, descomunal. Lo mejor de todo es que puedes subir al ático de una de las 2 torres, así que hicimos tiempo en un parque que hay debajo viendo a los japoneses patinar y subimos al anochecer:
La verdad es que las vistas están genial, y en cuanto a la inmensidad personalmente superan a las vistas que tienes cuando subes en Nueva York al Empire State.
En el ático del "Tocho" había un restaurante, pero viendo el precio decidimos volver a Asakusa para acostarnos pronto que al día siguiente dejábamos Tokyo. Lo que no sabíamos es que íbamos a tener otro de esos momentos que nunca olvidas en la cena. Y es que uno de nosotros pidió calamar ( siguiendo la única carta que tenían en mal inglés, y justo este restaurante no tenía reproducciones de plástico... vamos, un sitio muy tradicional ). El compañero en cuestión se levantó al baño y cuando volvió estábamos los otros 4 esperando cámara en mano:
El calamar era crudo!!!!!!!!! La cara de mi compañero era un poema, jajaja. Yo la verdad soy un tipo especial para la comida y lo hubiera dejado, pero este era un valiente y se lo acabó tragando!!!
Fue un final atípico para nuestro primera estancia en Tokyo.